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La Guía FilmAffinity

La historia del cine en sus principales etapas y movimientos

El final de un siglo. El cine en el mundo (1980-1999)
autor/a: Andrea Franco
El cine en el mundo en las décadas de 1980 y 1990
En los años 80 y 90 del siglo XX casi todas las cinematografías del mundo tuvieron que enfrentarse a la televisión (presente en la mayor parte de los hogares de los países desarrollados) y al vídeo doméstico. Las salas de cine, numerosísimas en países como India, Turquía o Egipto, empezaron a cerrar, y tanto cineastas como exhibidores perdieron su público de forma irremediable. A esto hubo que sumar la importante crisis financiera en gran parte de Asia y los golpes de Estado y regímenes autoritarios en muchos países de Oriente Medio, el Sudeste Asiático y Latinoamérica, que restringieron la libertad de expresión y paralizaron la producción.

Pese a todo, fórmulas como la de la coproducción empezaron a popularizarse y a hacer posible que los viejos maestros rodaran sus últimas películas y que los cineastas emergentes comenzaran a renovar las distintas cinematografías. Pero si en EE. UU. y Europa, e incluso en parte de Asia, ya se hablaba en aquel momento de un cine “posmoderno”, este no fue tan visible en otros países hasta un tiempo después, a excepción de algunos gestos y tendencias como los numerosos ejercicios metafílmicos del cine iraní en los años 80 y 90.


El lejano Oriente
China continental alumbró en este periodo la que sería su quinta generación de cineastas. Zhang Yimou, Chen Kaige, Tian Zhuangzhuang y otros, todos ellos graduados en la Academia del Cine de Pekín, conformaron el primer grupo de autores chinos en lograr reconocimiento internacional a pesar de la censura que imperaba en su país.

En los años 80 la cinematografía asiática de mayor esplendor, la única capaz de combatir el monopolio de Hollywood, fue la de Hong Kong. Autores como John Woo, Tsui Hark o Wong Ping lideraron el cine de acción y modernizaron el género fantástico y la comedia. A finales de esa década surgió una segunda ola integrada por cineastas formados en el extranjero (sobre todo en EE. UU.), con Wong Kar-Wai y Stanley Kwan a la cabeza. Pero a finales de los años 90 la crisis económica, el auge de la piratería y la presión de Hollywood en los mercados orientales terminaron por agotar los modelos de la productiva industria hongkonesa, que salvo algunas excepciones, como la exitosa productora de Johnnie To, no volvería a igualar su prosperidad anterior.

Rebeldes del dios neón

En Taiwán, la creación de la filmoteca y la posibilidad de formarse en EE. UU., que entonces invertía en atraer talento para extender su radio de influencia, impulsan una nueva cinefilia que pronto pasará a la acción como respuesta al cine comercial hongkonés que dominaba las pantallas. El manifiesto de 1987, firmado por 53 cineastas, será el germen de una nueva ola que tratará de reivindicar la identidad social, cultural y cinematográfica de una isla históricamente sometida al dominio exterior.

En Japón no será hasta 1997, con la creación del “New Cinema from Japan”, cuando el país empiece a salir de su aislamiento y a exportar un nuevo cine a los mercados exteriores, abandonando el estancamiento en el que se encontraba desde hacía años con la repetición de las mismas fórmulas de sus principales géneros: cine de yakuzas y samuráis, anime, pinku eiga (cine erótico) y honban (cine porno), este último, por cierto, escuela en la que no pocos realizadores se entrenaron antes de pasar al “cine serio”. En ese momento figuras como Hirokazu Koreeda, Naomi Kawase o Kiyoshi Kurosawa empezaron a participar en los festivales occidentales.

Los poderosos
India, la industria cinematográfica más prolífica del mundo, producía en este periodo casi 1.000 películas anuales desde varios centros de producción repartidos por todo el país en función de sus idiomas y dialectos: Bombay (ahora Mumbai) era el centro del cine hindi (Bollywood), Tollygunge el del bengalí (Tollywood), Madrás (ahora Chennai) el del tamil (Kollywood), Kerala el del malayalam o malabar (Mollywood), y así sucesivamente. Rodar en tantas lenguas consiguió crear tal cercanía con los espectadores que el cine llegó a ser la afición más popular del país, gracias también a las más de 10.000 salas de exhibición y al precio irrisorio de las entradas. En este periodo se dieron a conocer autores como Goutam Ghose, Buddhadeb Dasgupta, Shaji N. Karun o Kumar Shahani.

La turca, por su parte, fue durante décadas la mayor industria cinematográfica del mundo islámico, por encima incluso de la egipcia, aunque el grueso de su producción consistía en pobres imitaciones de los modelos occidentales. A partir del golpe de Estado de 1980 el gobierno cierra la cinemateca, y la falta de libertades y la intensificación de la crisis económica hacen que la producción descienda drásticamente. A pesar de todo aparecieron en ese momento cineastas e iniciativas que revivieron el mermado panorama de la época.

Un lugar en el mundo

África y el mundo árabe
El África francófona nunca habría podido desarrollar su industria cinematográfica de no ser por las ayudas del Ministerio de la Cooperación francés –en la práctica, un mecanismo de control que perpetuaba la hegemonía colonial y censuraba aquellos discursos críticos con la metrópoli–, pero en los años 80, con la presidencia de François Mitterrand, Francia deja de intervenir directamente y comienzan las coproducciones con cadenas de televisión europeas o agencias de cooperación, si bien estas demandaban a menudo películas “exóticas” o “muy africanas”, lo que finalmente llevó a que el cine se volviera más complaciente y menos crítico. El papel de algunos certámenes, como el Festival Panafricain du Cinéma et de la Télévision de Ouagadougou (FESPACO), o el de Harare, en el África anglófona, sería clave en la consolidación del público local e internacional y como espacio para la difusión del cine independiente.

En el mundo árabe los Gobiernos modernizaron las infraestructuras para la televisión, pero abandonaron totalmente las ayudas al cine. Ni siquiera una gran industria productora como la de Egipto pudo competir con la televisión y el vídeo o con la hegemonía de India y Hollywood.

El cine latinoamericano
En Latinoamérica la revolución cubana trajo nuevas esperanzas para el cine, como más tarde el triunfo de Salvador Allende en Chile. Pero tras el golpe militar de Augusto Pinochet, en 1973, comenzó en todo el Cono Sur un periodo de dictaduras militares que detuvo la producción y llevó al exilio a cineastas como los chilenos Raúl Ruiz, Patricio Guzmán y Miguel Littín, el argentino Fernando Pino Solanas o el hispanoargentino Octavio Getino.

Brasil, que había superado su régimen militar autoritario, entró en los años 80 en una fase de liberalización paulatina. La edad de la Tierra (1980), última película de Glauber Rocha, tuvo una fría acogida en el Festival de Venecia y puso fin simbólicamente al Cinema novo. Aunque en general la producción derivó hacia películas más “populistas”, surgieron también propuestas interesantes de cineastas como Hector Babenco o Rogério Sganzerla.

El piano

El cine periférico anglosajón
El cine australiano, que tras un periodo de esplendor en la época muda había caído en la atonía, experimentaría a finales de los años 70 un pequeño renacimiento a través del trabajo de cineastas como Peter Weir o George Miller. En Nueva Zelanda el éxito de El piano (1993), de Jane Campion, dio a conocer mundialmente a una de las creadoras más interesantes del país, aunque las limitaciones de la industria llevaron a que, con la notable excepción de Peter Jackson, gran parte de los cineastas, actores y productores neozelandeses continuaran su carrera en EE. UU.

Canadá vivió una renovación de su cinematografía con la creación del Toronto International Film Festival y de la Ontario Film Development Corporation (OFDC), un organismo de ayudas al cine. Ambos hechos contribuyeron a definir una cultura cinematográfica propia que culminó en una nueva ola de cineastas con base en Toronto, situando en esta ciudad el nuevo centro creativo del país, hasta entonces en Quebec. A partir de 1995, con la llegada al poder de los conservadores, se cortaron las ayudas de la OFDC y el boom entró en declive.
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Películas asiáticas esenciales
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Título original: Sadgati (Deliverance) (TV)
    Dirección: Satyajit Ray
    Liberación es una de las películas menos conocidas de Satyajit Ray, y sin embargo una de las mejores y quizá la más conmovedora. Es un contundente alegato contra la impiedad de los brahmanes (sacerdotes) de la religión hinduista, pero sobre todo una sobrecogedora denuncia de la profunda injusticia del sistema de castas indio. Rodada en hindi como un mediometraje para la Televisión Nacional de India, Ray volcó en ella su amargura y desesperanza por el futuro de su país y su rechazo a las directrices oficiales sobre el optimismo que debía mostrar el cine indio. MV
  • Título original: Yol
    Dirección: Yilmaz Güney, Serif Gören
    Yilmaz Güney cumplía su segunda condena por ataques al régimen cuando logró dirigir desde la cárcel una de las obras mayores del cine turco, la penosa gesta de cinco presos para llegar a casa durante unos días de permiso. Arranca apresurada, pero pronto encuentra el ritmo y la forma para conducir esta odisea y componer el mosaico de esos hombres y sus circunstancias. El viaje por las distintas Turquías durante un invierno atroz revela también lo dura que puede ser la vida en una sociedad sometida, dos años después de un segundo golpe militar.
  • Título original: Qingmei Zhuma (Qing mei zhu ma)
    Dirección: Edward Yang
    La temprana muerte de Edward Yang privó al cine mundial de uno de los mayores creadores del momento, autor de siete obras inagotables. En este drama sobre una separación, muy influido por Michelangelo Antonioni, contó con la participación de Hou Hsiao-Hsien como coguionista y actor. Gran parte de la historia se narra a través de rejillas, persianas, retículas y puertas entreabiertas por las que se filtra no solo la luz, sino una tristeza infinita por un pasado que desaparece bajo miles de torres de hormigón.
  • Ran 1985 Japón
    Dirección: Akira Kurosawa
    No es fácil abordar la épica, género que tiende siempre a la abundancia y al subrayado, pero nada de esto hay en Ran, un rey Lear en el Japón feudal filmado con suma elegancia y equilibrio. La fuerza y el color del pintor Akira Kurosawa vibran tanto en las praderas, bajo los implacables elementos, como en los interiores, donde las flechas se lanzan con las palabras. Ran fue la gran obsesión de Kurosawa (tardó diez años en sacarla adelante), y por eso su estreno, aunque llegó al final de su carrera, supuso para él un nuevo comienzo.
  • Título original: Bashu, gharibeye koochak
    Dirección: Bahram Beizai
    Nacido en el seno de una familia de grandes poetas, Bahram Beizai no solo es uno de los pioneros de la Nueva ola iraní, sino uno de los mayores dramaturgos de su país, donde se le conoce como «el Shakespeare de Persia». Bashu es una suerte de pequeño salvaje llegado de una tierra lejana y en guerra de la que huye tras perder a su familia. En el duro camino por ser aceptado en una supersticiosa comunidad de campesinos se encontrará con el fantasma de su madre, poderosa figura negra con la que Beizai dialoga con el teatro tradicional persa.
  • Título original: Beiqing chengshi (A City of Sadness)
    Dirección: Hou Hsiao-Hsien
    La abolición de la ley marcial permitió a los cineastas taiwaneses abordar temas prohibidos durante décadas. Con Ciudad doliente Hou Hsiao-Hsien inicia su trilogía sobre el pasado de Taiwán con una intrincada puesta en escena que fragmenta y obstaculiza visualmente el plano para aludir a la historia de sometimiento de la propia isla tras sucesivos gobiernos que fueron anulando su identidad, aquella que los protagonistas de la Nueva ola taiwanesa empezarán a reivindicar a partir de ese momento a través de un cine que toma por fin conciencia de sus raíces.
  • Título original: Kuroi ame (Black Rain)
    Dirección: Shôhei Imamura
    Tras una serie de documentales realizados con supervivientes de la Segunda Guerra Mundial, Shohei Imamura abordó el holocausto nuclear con una película de ficción, un drama desgarrador sobre el daño humano de la bomba atómica («el relámpago»). Si la estética nos remite al melodrama de los años 50, la trama principal, el necesario matrimonio de la joven Yasuko, afectada por la lluvia negra, emparenta directamente a Imamura con el maestro Yasujiro Ozu.
  • Título original: Ah fei zing zyun (Days of Being Wild)
    Dirección: Wong Kar-Wai
    Noches tropicales de amor, sudor y lágrimas bajo el prisma del fotógrafo Christopher Doyle, mano derecha de Wong Kar-Wai en todas sus películas hasta 2046 (2004). Su mirada borrosa y ahumada, los desenfoques, los planos en picado y contrapicado, la cercanía con los personajes o las panorámicas alrededor de los objetos conforman una estética sensual y pausada a ritmo de bolero, todavía sin el vértigo de Chungking Express (1994).
  • Título original: Mathilukal
    Dirección: Adoor Gopalakrishnan
    Adoor Gopalakrishnan fue uno de los principales cineastas del estado de Kerala, un gran humanista, como Satyajit Ray, a quien admiraba profundamente. Este relato nos sitúa en los años previos a la independencia de India, cuando muchos hombres fueron encarcelados por desobediencia civil. La película enfatiza la idea del confinamiento a través del formato cuadrado y de la composición, con una arquitectura de diagonales y sombras de gran belleza formal que, pese a todo, termina por convertir la prisión en un espacio de amor y libertad.
  • Título original: Da hong Deng long Gao gao Gua (Raise the Red Lantern)
    Dirección: Zhang Yimou
    Una vasta fortaleza medieval que impide ver el horizonte encierra un denigrante sistema de jerarquías entre un señor de la guerra y sus concubinas, enredadas en crueles intrigas palaciegas. El fotógrafo y cineasta Zhang Yimou deslumbró con su visión de este mundo terrible y sin esperanza. El empleo expresivo del rojo y un sugerente trabajo de sonido, al otro lado de cada puerta del castillo, dejó una obra de gran belleza plástica que situó a Yimou en el plano internacional como uno de los nombres mayores de la quinta generación de cineastas chinos.
  • Título original: Zendegi va digar hich (And Life Goes On…)
    Dirección: Abbas Kiarostami
    Abbas Kiarostami regresa a los escenarios de ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987) después de que un grave terremoto haya destruido la región donde rodó. La película avanza a través de olivos y ruinas mientras un padre y su hijo conducen por carreteras zigzagueantes que hacen del destino final, la aldea de Koker, una suerte de Ítaca como la que cantaba el poeta Konstantinos Kavafis, un destino consagrado al camino y a los encuentros, a las reflexiones que surgen en él. Desde el asiento del copiloto, el cineasta filma el viaje en largos planos secuencia.
  • Título original: Seopyeonje
    Dirección: Im Kwon-taek
    Áspera y elegíaca como el pansori —la música tradicional coreana que arranca lamentos entrecortados al compás de un tambor—, así es la tragedia de una familia que recorre los valles para difundir ese arte centenario en un momento en que el pop y la música japonesa son la nueva moda en la Corea del Sur de los años 60. Ante los árboles desnudos, el grito interior de la joven cantante, ensayado sin descanso por orden de un padre severo hasta la crueldad, encoge el corazón del espectador.
Otras películas asiáticas relevantes
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Título original: City After Dark (Manila by Night)
    Dirección: Ishmael Bernal
    Entre Nashville (1975), de Robert Altman, y Boogie Nights (1997), de Paul Thomas Anderson, City After Dark da buena cuenta de la explosión de hedonismo que, a finales de los años 70, sacudía cada noche las calles de la capital filipina mientras de día el duro régimen de Ferdinand e Imelda Marcos aplacaba cualquier muestra de indecencia. Fresca, improvisada, descarada y subversiva, la película de Ishmael Bernal sacó a la luz todas las especies nocturnas en un conjunto de historias cruzadas que sobrevive hoy como expresión de una época y de un deseo de libertad.
  • Dirección: Govindan Aravindan
    Pintor, músico y caricaturista, Govindan Aravindan fue uno de los grandes cineastas en lengua malabar. Además, contribuyó a la creación del «cine paralelo», un movimiento alternativo al cine comercial con el que cultivó un estilo neorrealista y poético políticamente comprometido. Stephen, que recuerda mucho a Barravento (1962), de Glauber Rocha, cuenta los milagros de un místico en una colonia cristiana de pescadores. La fuerza del mar y la música hipnótica del propio Aravindan acompañan una película de líneas muy puras y hermosos encuadres.
  • Título original: Bao gio cho den thang muoi
    Dirección: Dang Nhat Minh
    «La verdadera imagen de Vietnam se encuentra en el campo, donde habita la mayor parte de la población». Es a los campesinos a quienes Dang Nhat Minh dedica este hermoso melodrama que refleja la vida y costumbres de una aldea durante los últimos meses de la guerra. El teatro cheo, la poesía y la música ponen en escena la tragedia de una joven que ha perdido a su marido en el frente y cuya única esperanza son ya solo los fantasmas de su cultura popular: mil faroles flotando sobre el río o un desfile de rostros blancos en la noche.
  • Título original: Nema-ye Nazdik (Close-Up)
    Dirección: Abbas Kiarostami
    «¿Qué puedo hacer por usted?», pregunta Abbas Kiarostami a un hombre acusado de suplantar la identidad del cineasta Mohsen Makhmalbaf. «Haga una película sobre mi sufrimiento». De eso habla el primer plano del rostro de un hombre arrepentido al que volvemos una y otra vez mientras se desmoronan y entremezclan las frágiles estructuras de la realidad y la ficción, la verdad y la mentira, el documental y la puesta en escena: reconstrucción de una historia real, documento de la génesis de una película y canto de amor al cine.
  • Título original: Agantuk (The Stranger)
    Dirección: Satyajit Ray
    En el cine de Satyajit Ray la calma formal y narrativa trasciende el drama y el conflicto, en este caso tal vez por esa forma de estar en el mundo de ciertas culturas orientales o quizá por el pulso diferente que siempre tiene una última película. «El extraño» es un viejo tío que vuelve a casa 35 años después de haber partido tras un súbito wanderlust (un deseo interior de salir a ver mundo). Frente a la desconfianza inicial de la familia, que teme que pueda ser un impostor, el relato de sus viajes y su filosofía vital borran finalmente las primeras sombras de duda.
  • Título original: Gizli yüz
    Dirección: Ömer Kavur
    Basada en uno de los capítulos de El libro negro, de Orhan Pamuk, que firma el guion junto a Ömer Kavur, The Secret Face desprende tanta melancolía como la obra literaria del premio Nobel. Este viaje por los territorios azules del sueño, narrado en un tiempo impreciso, sigue a un fotógrafo a través de paisajes en ruinas con nombre de ciudades invisibles en su búsqueda de un rostro que le obsesiona. Hay una elegía por la Turquía que se occidentaliza y el fin de viejos oficios como el de los relojeros, los únicos capaces de detener el tiempo.
  • Título original: Qing shao nian nuo zha (Rebels of the Neon God)
    Dirección: Tsai Ming-liang
    Tsai Ming-liang lleva treinta años representando la soledad del individuo en las grandes ciudades a través de su alter ego, Hsiao Kang (Lee Kang-sheng). En su primer largometraje para cine después de algunos telefilms se anuncian ya los que serán motivos recurrentes en toda su obra: agua estancada y filtraciones en viviendas opresivas —metáforas del estancamiento vital—, sexo y atracones de comida para canalizar la ansiedad, alienación laboral, incomunicación entre padres e hijos… todo ello en el marco de un Taipéi frío y permanentemente iluminado.
  • Título original: Daijiga umule pajinnal (The Day a Pig Fell Into the Well)
    Dirección: Hong Sang-soo
    El debut de Hong Sang-soo muestra hoy la increíble coherencia de su prolífica carrera cinematográfica, pues aborda ya esa estructura de historias cruzadas que terminan por reunir a sus personajes en un momento determinado. Celos, posesión, deseo, miedo, infidelidad o estallidos de violencia se revelarán como preocupaciones habituales del universo del coreano y de sus alter ego. Su limpia e invisible puesta en escena se mueve, como siempre, entre pequeños apartamentos, callejones, calles en pendiente y habitaciones de hotel.
  • Título original: Nun va Goldoon (A Moment of Innocence) (Bread and Flower)
    Dirección: Mohsen Makhmalbaf
    El cine iraní de los años 90 fue rico en ejercicios metafílmicos. Aquí Mohsen Makhmalbaf reconstruye un episodio de juventud por el que pasó cinco años en prisión, la agresión a un guardia del sah durante una manifestación encarnizada. El laberinto de callejuelas de Teherán acompaña muy bien los vericuetos narrativos que va tomando la historia, mezclando los saltos temporales con el recuerdo, su dramatización y los puntos de vista de los distintos implicados.
  • Título original: Hana-bi
    Dirección: Takeshi Kitano
    Distante y silencioso, llevado por la culpa y el dolor, el detective Nishi acompaña a su mujer en los últimos días de la enfermedad de esta mientras lidia con viejos enemigos de la yakuza que aparecen a veces para reclamar sus deudas, salpicando de sangre la calma narrativa por la que nos guía la presencia poderosa del taciturno Takeshi Kitano. La música melancólica de Joe Hisaishi hace de contrapunto entre los violentos recuerdos que asaltan al policía y las fugas poéticas de los personajes con pinturas fantásticas del propio cineasta.
  • Título original: Beshkempir
    Dirección: Aktan Arym Kubat
    Existe una tradición en Kirguistán que dice que las familias numerosas deben dar un bebé varón en adopción a aquellas parejas que no pueden tenerlos. Aktan Arym Kubat fue uno de ellos, un beshkempir, y esta es la segunda parte de una trilogía autobiográfica interpretada por su propio hijo. Es una película bellísima, muy cinemática, que captura los rituales cotidianos y las viejas tradiciones resaltando su movimiento y su sonido. Filmada en blanco y negro, vira mágicamente hacia el color en momentos puntuales para resaltar un pájaro, un amuleto, una ensoñación.
  • Título original: Sib
    Dirección: Samira Makhmalbaf
    El valor de esta película no solo reside en el hecho de que su autora tenía 17 años cuando la realizó, sino en la madurez narrativa y en la sensibilidad con que reconstruye, con los propios protagonistas, el caso real de dos niñas a quienes sus padres encerraron durante once años, su primera salida al exterior, como dos torpes polluelos que empiezan a andar, y el primer encuentro social con otros niños. La hija de los cineastas Mohsen Makhmalbaf y Marzieh Meshkini comenzaba así una carrera brillante y multipremiada.
Películas relevantes de otros países
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Dirección: Peter Weir
    «Con aquel regimiento se fue la flor de la juventud de Australia Occidental. Los hijos de los pioneros. Jóvenes, a veces dos o tres de una misma casa; hombres conocidos y populares […] se apresuraron hacia su muerte». Tanto esta cita, extraída de una recopilación de cartas de soldados, como una visita clave al lugar de la batalla de Galípoli donde, rodeado de fantasmas, Peter Weir encontró todo tipo de recuerdos enterrados en las trincheras, explican el enfoque humano de una película que trasciende la causa histórica y política de la guerra para situarse del lado de una generación que no tenía nada que perder en el mundo nuevo y virgen de la Australia de 1900.
  • Título original: Pixote a lei do mais fraco
    Dirección: Héctor Babenco
    Desde una favela de São Paulo, la cámara enfoca la casa de Fernandinho Ramos (Pixote), un niño de ojos tristes a quien la vida ha cambiado la mirada infantil por una expresión adulta. Como él, todos los protagonistas de la película son niños de la calle enredados en drogas, crímenes y prostitución. Su tragedia comienza en el reformatorio y avanza hacia un destino fatal en las noches oscuras. Con crudeza pero sin miseria, con emoción pero sin esperanza. El propio Fernandinho murió en un tiroteo con la policía pocos años después de rodar la película.
  • Título original: Wend Kuuni (God's Gift)
    Dirección: Gaston Kaboré
    El antiguo Alto Volta, la actual Burkina Faso, fue en los años 80 la región más efervescente del continente africano, alumbrando a cineastas como Idrissa Ouedraogo o Gaston Kaboré, cuya ópera prima, Wend Kuuni, animaría a muchos cineastas a emplear, como él, la fábula y la fantasía para lanzar un mensaje político. Esta película inauguró también el llamado «modelo Burkina», que tendía a mostrar una visión armónica e idealizada de la vida rural y una defensa de los propios mitos religiosos frente al islam y el cristianismo.
  • Dirección: Med Hondo
    Si para llegar al público africano, lingüísticamente fragmentado, muchos cineastas tuvieron que rodar en francés, fue en coproducciones como Sarraounia, destinadas sobre todo a un público internacional, donde paradójicamente empezaron a escucharse idiomas como el peul, el dioula, el wolof o el yoruba. Esta épica historia es un grito contra el colonialismo que denuncia a los soldados franceses que arrasaron aldeas, violaron mujeres y degollaron hombres. Al son de los tambores de la tribu brilla el discurso de una carismática guerrera.
  • Yeelen 1987 Mali
    Dirección: Souleymane Cissé
    En los años 80 la crítica colonialista dejó de ser el tema principal del cine africano y autores como Ousmane Sembène, Djibril Diop Mambéty, Med Hondo o Souleymane Cissé empezaron a explorar las tradiciones locales. Yeelen, uno de los hitos de esta nueva tendencia, narra una leyenda medieval bambara en la que un joven cruza el desierto para enfrentarse a su padre, un hechicero que le acusa de traición. Bajo su apariencia fantástica y mitológica hay también una lectura política en favor de la era precolonial como ideal social.
  • Título original: Camp de Thiaroye
    Dirección: Ousmane Sembène, Thierno Faty Sow
    Solo rechazando las ayudas que el gobierno francés otorgaba al África francófona pudo Ousmane Sembène mantener su independencia creativa y realizar el cine militante que quería. En el Campo de Thiaroye esperan para volver a sus aldeas centenares de soldados del ejército colonial que lucharon contra Alemania. La babilonia de lenguas africanas, unida por un torpe francés, aúna sus fuerzas cuando los oficiales se niegan a pagar lo acordado. Esta película sobre un motín que terminó en masacre estuvo prohibida en Francia durante diez años.
  • Dirección: Adolfo Aristarain
    En el año del Quinto Centenario, Adolfo Aristarain, que desde finales de los años 70 se había labrado una interesante carrera a base de thrillers con una fuerte carga social, juntó a su actor fetiche Federico Luppi con el español José Sacristán para lanzar una lúcida y emotiva mirada a las vidas de unos personajes desgastados por años de lucha laboral, oposición política y sueños rotos. Esta elegía al compromiso, la amistad y la nostalgia se sostiene gracias a unas soberbias interpretaciones en las que son tan importantes los excelentes diálogos como lo no dicho. DA
  • Título original: The Piano
    Dirección: Jane Campion
    A mediados del siglo xix un mundo nuevo, virgen y exuberante era ciertamente propicio para un amor apasionado, pero también para desatar los impulsos más salvajes de los individuos. La tercera película de Jane Campion supuso su consagración como cineasta y puso a Nueva Zelanda en el mapa cinematográfico mundial. La banda sonora de Michael Nyman multiplicó el éxito de la película, aunque pesa demasiado sobre las imágenes, que quedan eclipsadas por una música demasiado descriptiva.
  • Dirección: Arturo Ripstein
    Descenso a los infiernos de una familia burguesa arruinada tras la muerte del padre. Los cuatro hermanos (el bueno, el malo, la fea y el príncipe salvador, el favorito de su madre) maldicen su suerte y arrastran la culpa por los bajos fondos de la ciudad. Como suele suceder en el cine de Arturo Ripstein, los personajes no pueden cambiar su destino, la tragedia domina la trama y la felicidad es un sueño pasajero. Entre una y otra panorámica el cineasta recoge diálogos crueles y atmósferas ominosas.
  • Título original: Exotica
    Dirección: Atom Egoyan
    «Exotica» es un club de striptease destinado a despertar el deseo y liberar las fantasías, pero también un panóptico que esconde, detrás de cada panel o espejo, un ojo que todo lo ve, una conciencia superior que adivina las perversiones de cada uno. El clímax final ordena la compleja arquitectura narrativa que Atom Egoyan había ido desplegando hasta entonces y que explica el trauma de cada personaje y sus propios mecanismos para disfrazar el dolor en ese limbo tan erótico como peligroso que recibe, cada noche, a los hombres más solitarios de Toronto.
  • Título original: Samt el qusur (Les silences du palais)
    Dirección: Moufida Tlatli
    Después de trabajar como montadora en varios de los títulos más importantes del cine árabe, Moufida Tlatli se graduó en el IDHEC francés y comenzó a dirigir películas. Uno de sus principales compromisos como cineasta fue visibilizar la sumisión de la mujer en el mundo islámico. En esta película el contexto de un palacio colonial sirve como espacio simbólico para aludir a una realidad histórica y social más amplia. Un bello fresco femenino que trabaja con inteligencia las contradicciones de las protagonistas con los príncipes que las gobiernan: servidumbre-admiración, erotismo-sumisión o rebelión-aceptación.
  • Dirección: Pablo Trapero
    Sin olvidar que en 1992 Martín Rejtman irrumpió en el barroco y anquilosado cine argentino de la época con una película tan árida y minimalista como Rapado, fue la ópera prima de Pablo Trapero la que inauguró oficialmente el Nuevo cine argentino. Mundo grúa presentaba personajes, acentos, historias y preocupaciones totalmente inéditas en esa cinematografía, trasladando a la pantalla una imagen de la crisis económica abordada por Trapero con una estética ruda y austera que abría una puerta también a lo documental.
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