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La Guía FilmAffinity

La historia del cine en sus principales etapas y movimientos

El cine clásico estadounidense (1930-1952)
autor/a: Daniel Andreas
Ninguna otra época o movimiento ha marcado tanto el medio, en todas sus facetas, como el llamado “cine clásico” estadounidense, cuya época de esplendor fueron los años 30 y 40.

Un modelo de negocio exitoso
A partir de 1915, mientras la industria fílmica europea se desplomaba por la Primera Guerra Mundial, los estudios de Hollywood fueron puliendo su modelo hasta llegar a controlar el 85 % del mercado mundial a principios de la década de 1920. Gestionado por hábiles empresarios y enriquecido por el talento de numerosos directores, guionistas, técnicos y actores de todo el mundo deseosos de triunfar en la meca del cine, el llamado “sistema de estudios” encontró el espaldarazo definitivo en la invención del sonoro a finales de esa década (El cantor de jazz, Alan Crosland, 1927) y la implantación del color en la siguiente. Ambos avances técnicos, acogidos con entusiasmo por el público, consagraron un modo de entender el cine aún hoy predominante. Es esta supremacía comercial y cultural, y no la adecuación a lo que se entiende en el campo del arte por ese adjetivo, lo que explica el calificativo de “clásico” (Mark Cousins, por ejemplo, prefiere el término “realismo romántico”). Para muchas generaciones, el cine estadounidense de los 30 a los 50 era el cine, hasta el punto de que las propuestas alternativas –el neorrealismo, la Nouvelle vague, los nuevos cines…– se definían con relación (de oposición) a Hollywood.

Semejante éxito fue posible gracias a decisiones comerciales y artísticas muy concretas. Por un lado, la consideración eminentemente industrial del cine hizo que pronto comenzaran a aplicarse criterios de eficacia empresarial. Ello llevó a la integración vertical de las tres fases de la industria fílmica –producción, distribución y exhibición– en las llamadas majors: Paramount, Warner Bros., Metro-Goldwyn-Mayer, RKO y 20th Century Fox. Este modelo garantizaba no solo la reducción de costes y la maximización de beneficios gracias a las economías de escala, sino también la planificación meticulosa y la explotación hasta el último centavo de cada película. En las minors –Universal, Columbia y United Artists– no se daba una integración vertical completa, por lo que dependían de otras compañías para distribuir o exhibir sus productos. Las productoras de la llamada Poverty Row –Republic, Monogram–, aunque ocasionalmente crearon obras de gran calidad, no podían competir con unas majors y minors que controlaron durante dos décadas el cine mundial en un régimen de oligopolio.

King Kong

El mismo criterio empresarial llevó a los grandes estudios a adoptar el modelo de “producción en cadena”, que tomaron prestado tanto del taylorismo de Henry Ford para elaborar su modelo T como del sistema de equipos desarrollado por la UFA en Alemania. En él, cada departamento –producción, guion, dirección, música, montaje– contaba con un buen número de efectivos en nómina, incluyendo a actores y actrices, que trabajaban a un ritmo endiablado a las órdenes del productor, responsable último de todo el proceso. En este sistema, la fama del estudio o el gancho de los protagonistas, mimados y explotados mediáticamente dentro del llamado star system, eran más importantes a la hora de atraer al público que el nombre del director. La división de los productos en serie A (grandes producciones) y serie B (películas de bajo presupuesto para los programas dobles) y su desglose en distintos géneros permitía cubrir todos los nichos de un mercado conquistado gracias a unas técnicas de distribución muy agresivas –y no siempre fieles al espíritu de la libre competencia–, así como a innovadoras estrategias de mercadotecnia (preestrenos, encuestas, etc.) y publicidad.

Un modelo creativo singular
Frente a otras concepciones del cine como una disciplina fundamentalmente artística, comunes en Europa, en EE. UU. se asumió muy pronto que, si deseaba llegar al gran público, el cine debía ser ante todo entretenimiento: una fantasía que hiciera olvidar a los espectadores durante 90 minutos su vida cotidiana, especialmente en épocas tan duras como la Gran Depresión o la Segunda Guerra Mundial. Ello pasaba por hacer películas amenas, de ritmo ágil, con actores atractivos y buenas dosis de espectáculo: cine bien hecho y de fácil digestión.

Tiempos modernos

En lo referente a los contenidos, Hollywood era fuertemente idealista, hasta el punto de ser conocido como “la fábrica de sueños”. En el romanticismo exacerbado de la historia de amor que toda película incluía, en su defensa a ultranza del American way of life –esa peculiar combinación, típicamente estadounidense, de individualismo y comunidad–, en los literarios diálogos a corazón abierto o en su maniquea visión del mundo, en la que los buenos salían siempre victoriosos mientras los malos eran castigados en el inevitable happy ending, Hollywood contaba el mundo antes como le gustaría que fuese que como realmente era (con algunas excepciones, como el film noir). A ello contribuyó en buena medida el establecimiento en 1934 de un fuerte sistema de autocensura por parte de los propios estudios, el llamado Código Hays, que lo mismo obligaba a los matrimonios a dormir en camas separadas que imponía el castigo para cualquier acto delictivo; aún hoy resulta curioso comprobar el grado de atrevimiento de algunas películas anteriores a su implantación. Con todo, ideológicamente Hollywood era (es) más progresista que la media de EE. UU., como prueba su sintonía con el New Deal de Roosevelt durante la Gran Depresión o sus fricciones con el Comité de Actividades Antiamericanas en la Guerra Fría.

Este idealismo se extendía también a aspectos formales como el diseño de producción (iluminación, decorados, maquillaje), las actuaciones o el empleo de la música extradiegética. Por contraposición, en lo narrativo se buscaba ante todo la eficacia y la concisión. Primaba la claridad expositiva y narrativa (los guiones solían seguir el clásico esquema presentación-nudo-desenlace, siendo generalmente la primera y el último bastante breves), y en los rodajes se prefería la acción a la descripción. Tanto la cámara como el montaje debían pasar inadvertidos (“invisibles”), y se preferían los encuadres y movimientos de cámara capaces de proporcionar más y mejor información al espectador. Aunque hay excepciones notables, Hollywood tendía a preferir la transparencia a la ostentación y la norma a la personalidad.

Casablanca

El final de una época
A partir de 1948, año en que una sentencia del Tribunal Supremo de EE. UU. declaró que los métodos de las majors violaban las leyes antitrust, el sistema entró en una fase de reconversión. Obligados los estudios a deshacerse de sus cadenas de exhibición y a redefinir su modelo empresarial, en la década siguiente acusaron los profundos cambios que, como la expansión de la televisión, sacudieron la sociedad occidental. Si bien el modelo clásico pervivirá aún un tiempo, el cine estadounidense de los años 50 y 60 se ceñirá ya a otros parámetros.

La llamada “edad dorada” de Hollywood ha sido objeto de apreciaciones muy distintas. Con el surgimiento en los años 50 del cine moderno y su concepción autoral, se tendió a destacar que el modelo industrial asfixiaba la creatividad individual, como demostraba de forma palmaria el caso de Orson Welles. Sin embargo, tal y como explicaron los críticos –luego directores– de la Nouvelle vague, la industria no excluía la autoría: André Bazin llegaría a hablar del “genio del sistema”, es decir, la posibilidad de que la genialidad surja no de una sola mente, sino de la conjunción de muy variados talentos. En esta línea, autores como David Bordwell, Douglas Gomery o Thomas Schatz resaltan hoy la capacidad de Hollywood de producir a un ritmo endiablado películas de una calidad media notable, incluso entre las de bajo presupuesto. En otro régimen de producción, cineastas como John Ford, Howard Hawks, Michael Curtiz, William Wyler, Raoul Walsh, King Vidor, William A. Wellman y tantos otros habrían sido seguramente incapaces de rodar varias películas solventes al año en los más distintos géneros, incluidas algunas obras maestras.

Sobre la selección
Hollywood producía varios cientos de películas al año, por lo que cualquier pretensión de englobar su legado en tres docenas se antoja disparatada. Por ello, se ha optado por elegir aquellas películas que mejor recogen el espíritu del cine clásico estadounidense, o que son significativas de sus más importantes estudios, géneros –excluido el film noir, considerado un movimiento en sí mismo– y directores; siempre en la subjetiva opinión del autor.
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Películas esenciales
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Título original: Freaks
    Dirección: Tod Browning
    El descarnado relato de la venganza que una troupe de circo formada por personas con diversas discapacidades emprende sobre una bella joven que ha intentado aprovecharse de ellos le sirve a Tod Browning para retratar, sin concesiones de ningún tipo, la crueldad de los seres humanos. Esta rareza inclasificable, producida por la MGM e impensable después de la entrada en vigor del Código Hays, es un verdadero negativo de todo lo que finalmente acabará representando Hollywood. Tan turbadora hoy como entonces, duele verla.
  • Título original: Modern Times
    Dirección: Charles Chaplin
    Pese a su origen inglés, Charles Chaplin, con su mezcla de comedia y drama y su sentimentalismo intemporal, representa inmejorablemente lo que fue Hollywood; no en vano fue su primer ídolo (Charlot), su primer crítico (como fundador de la United Artists) y su primera víctima (durante el macartismo). Su muy tardío debut en el sonoro parece anunciar el fin del idilio: su humanismo y conciencia social chocan con el taylorismo sin escrúpulos del capitalismo y del propio Hollywood. Una desternillante sátira sobre un mundo que, literalmente, nos devora.
  • Título original: Bringing Up Baby
    Dirección: Howard Hawks
    Howard Hawks fue a un tiempo prototipo y excepción dentro de Hollywood. Su estilo encarna las principales virtudes del cine clásico: claridad expositiva, tensión narrativa y ritmo vivo. Al mismo tiempo, su obra posee una marcada personalidad, solo posible porque, en contra de lo habitual, ejerció también de productor. Esta fresca y divertida comedia romántica de la RKO reúne el humor disparatado, la “guerra de sexos” y el retrato socarrón de las clases altas característicos de uno de los subgéneros más geniales del cine clásico, la screwball comedy.
  • Título original: Stagecoach
    Dirección: John Ford
    El wéstern es el género estadounidense por excelencia, y John Ford su Shakespeare. Quintaesencia del clasicismo por su manejo de la puesta en escena, su economía de medios y su transparencia narrativa, su visión del mundo –caracterizada por la rudeza, el alcohol, el sentido del honor y la amistad– puede parecer hoy primaria y machista. Pero como demuestra esta producción de la RKO, fundacional por su complejidad psicológica, su vibrante estilo visual y por crear el icono “John Wayne”, Ford era también un poeta capaz de crear belleza en cada encuadre.
  • Título original: Gone with the Wind
    Dirección: Victor Fleming, George Cukor, Sam Wood
    Esta superproducción es quizá el mejor compendio de lo que Hollywood pensaba que debía ser el cine: un grandioso espectáculo narrativo y visual, bien escrito y filmado (en tecnicolor), y protagonizado por actores y actrices solventes y atractivos. Que contara con varios guionistas y directores y pese a ello acabara siendo una obra genial es un tributo tanto al talento que atesoraba el sistema de estudios como al papel determinante que en él ejercía, en ocasiones despóticamente, el productor: aquí, David O. Selznick en colaboración con la MGM. Su edulcorada visión de la esclavitud es hoy cuestionada con justicia.
  • Título original: Citizen Kane
    Dirección: Orson Welles
    La ópera prima de Orson Welles, coproducida por la RKO, es una de las obras fundacionales del cine. Su complejidad narrativa, que mezcla registros en un montaje prodigioso, su deslumbrante empleo de la luz y la cámara, cortesía de Gregg Toland, y la ambigüedad de su mensaje son solo algunos de sus muchos logros; todos, por lo demás, en gloriosa contravención de los principios de Hollywood. Su enfant terrible se pasaría la vida luchando contra el sistema de estudios para hacer el cine que quería, subrayando así las limitaciones creativas de aquel.
  • Dirección: Michael Curtiz
    El mejor ejemplo de lo que Hollywood era capaz de hacer, incluso en las condiciones más difíciles. Una producción menor de la Warner, cuyo guion se reescribía cada noche y cuyo final nadie tenía claro, acabó convertida, gracias al talento común, en un destilado perfecto del idealismo romántico clásico. Como todo icono, resulta imposible verlo con ojos inocentes; pero destacan los afilados diálogos, la genial construcción de personajes –secundarios incluidos– y la excepcional dirección de Michael Curtiz, uno de los más geniales “artesanos” del cine clásico.
  • Título original: To Be or Not to Be
    Dirección: Ernst Lubitsch
    Con sus ingeniosos diálogos, su gusto por la frivolidad, la sutileza de sus alusiones y su uso del fuera de campo –el famoso “toque Lubitsch”–, Ernst Lubitsch es el padre de la comedia sonora clásica. Durante la Segunda Guerra Mundial, el género demostró que podía ser algo muy serio: poco después de El gran dictador (1940), Lubitsch bromea sobre la ocupación nazi de Polonia en una sátira que combina sus habituales triángulos amorosos con la clásica suplantación de personalidad. Ambientada en el mundo del teatro, la lectura en clave metafílmica es evidente.
  • Título original: Notorious
    Dirección: Alfred Hitchcock
    Alfred Hitchcock fue el primer director de Hollywood cuyo nombre atraía al público a las salas, consciente de que el “mago del suspense” iba a mantenerle pegado a la butaca; algo que conseguía dándole más información que a sus personajes y exprimiendo el lenguaje visual y el montaje. Impregnada del aire de los tiempos y con dos actores –Cary Grant e Ingrid Bergman– que son la elegancia personificada, esta película de espionaje de la RKO representa el culmen de la etapa clásica del maestro, antes de que reinventara varios géneros en los años 50 y 60.
  • Título original: The Best Years of Our Lives
    Dirección: William Wyler
    William Wyler fue otro creador de obras geniales en casi todos los géneros, conocido por su perfeccionismo. Este conmovedor drama sobre el retorno a casa de tres soldados estadounidenses tras la Segunda Guerra Mundial muestra la capacidad de Hollywood para abordar con crudeza la amarga realidad, siempre que en última instancia se imponga la esperanza de un nuevo comienzo a través del inevitable final feliz. Producida por Samuel Goldwyn, fotografiada por Gregg Toland y con un excelente reparto, se convirtió en un clásico instantáneo.
  • Título original: It's a Wonderful Life
    Dirección: Frank Capra
    El cine de Frank Capra, y especialmente Qué bello es vivir, encarna a la perfección el ethos del American way of life. Esta autoproducida comedia dramática adapta el Cuento de Navidad de Charles Dickens para mostrar cómo la bondad siempre se ve recompensada y cómo la solidaridad de la comunidad contrarresta los excesos del capitalismo mal entendido: un derroche de idealismo y sentimentalismo que sin embargo Capra entreteje hábilmente con la dura realidad para lograr emocionar al espectador. Por obras así Hollywood era llamada “la fábrica de sueños”.
  • Título original: Singin' in the Rain
    Dirección: Stanley Donen, Gene Kelly
    En sus postrimerías, el cine clásico recreaba brillantemente el difícil paso del mudo al sonoro en un musical, el género que mejor condensa la visión idealizada, romántica, artificiosa y escapista del mundo de Hollywood, como ejemplifican los números Make ‘em Laugh y Singin’ in the Rain. No obstante, esta obra de la MGM muestra también la acerada (auto)ironía de la que el sistema era capaz. Su guion hace de ella una comedia genial, pero sus contagiosas escenas musicales y de baile, perfectamente engarzadas en la trama, la convierten en una obra maestra.
Otras películas relevantes
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Dirección: James Whale
    Desde los años 20 la Universal venía realizando con gran éxito películas de terror que hoy se consideran clásicos del género. La mejor es esta adaptación de la conocida novela de Mary Shelley, dirigida por el especialista James Whale y protagonizada por un icónico Boris Karloff. Su combinación de terror, drama y poesía la han convertido en un mito y en origen de muchas otras obras, desde la estupenda secuela La novia de Frankenstein (1935), a cargo del mismo equipo, a revisiones tan fascinantes como El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973).
  • Título original: The Public Enemy
    Dirección: William A. Wellman
    En plena Ley Seca (1920-1933), La ley del hampa (Josef von Sternberg, 1927) había inaugurado el cine de gánsteres. Con la llegada del sonoro, este (sub)género, precursor del film noir, fue hábilmente explotado por la Warner en obras que, como esta, combinaban el morbo popular con cierto toque social. Dirigida por el especialista en películas de acción William A. Wellman e interpretada por un James Cagney que acabaría especializándose en este tipo de papeles, destacan su realismo y violencia pre-Código, tanto explícita –la escena del pomelo– como en off –la de la cuadra–.
  • Título original: Duck Soup
    Dirección: Leo McCarey
    El humor de los hermanos Marx fusiona a la perfección el slapstick del cine mudo, representado por Harpo, con la verborrea del primer sonoro, evidente en los delirantes diálogos de Chico y Groucho, con Zeppo como contrapunto serio. Pese a su tibia acogida inicial, esta película de su etapa en la Paramount, dirigida por el especialista en comedias Leo McCarey, es su obra maestra: tanto las salidas de tono de Groucho como presidente de Libertonia como la descacharrante batalla final son dos espléndidos ejemplos del corrosivo poder de la sátira.
  • Título original: The Scarlet Empress
    Dirección: Josef von Sternberg
    Josef von Sternberg, tras su estupenda carrera en el cine mudo, formará a comienzos del sonoro uno de los más famosos tándems de la historia del cine con la actriz Marlene Dietrich. De las siete obras que rodaron juntos para la Paramount las mejores son la coproducción con la UFA El ángel azul (1930) y esta película histórica sobre la zarina Catalina la Grande, en la que brillan en todo su esplendor –nunca mejor dicho– tanto el barroco esteticismo y la intensa fotografía del cineasta de origen vienés como la sensualidad y elegancia de su musa berlinesa.
  • Furia 1936 Estados Unidos
    Título original: Fury
    Dirección: Fritz Lang
    Tras su huida de Alemania en 1933 y una larga estancia en Francia, Fritz Lang recaló finalmente en Hollywood. Su primera obra estadounidense, una producción de la MGM con un magnético Spencer Tracy, abunda en sus temas habituales: el mal, el poder y la culpa. Como tal, supone una fascinante transición entre sus películas expresionistas alemanas y sus posteriores trabajos en el film noir, marcada, como ellos, por el estudio psicológico de los personajes, el uso simbólico de luces y sombras y un control magistral de la tensión narrativa.
  • Título original: The Great Dictator
    Dirección: Charles Chaplin
    La más seria de las comedias de Charles Chaplin, producida por su United Artists, es una sabia y complejísima combinación de humor visual, sátira política y alegato humanista estrenada en plena guerra –pero antes de que EE. UU. entrara en ella–. A lo largo de la película se suceden las escenas humorísticas, a cada cual más brillante (el afeitado al ritmo de la Danza húngara n.º 5 de Brahms, Hynkel jugando con el globo, el encuentro entre este y Napaloni), pero todas palidecen ante el conmovedor discurso final, uno de los momentos cumbre de la historia del cine.
  • Título original: The Philadelphia Story
    Dirección: George Cukor
    Producida por el guionista y más tarde director Joseph L. Mankiewicz, protagonizada por tres de los más carismáticos actores de la historia –Cary Grant, James Stewart y una Katharine Hepburn redimida por esta película– y dirigida por el siempre chispeante George Cukor, esta producción de la MGM es una de las grandes comedias de la historia del cine.Toma como modelo las screwball comedies de los años 30, pero lo enriquece con una mayor profundidad psicológica y un toque agridulce, mientras mantiene su humor rápido, disparatado y encantador.
  • Título original: The Grapes of Wrath
    Dirección: John Ford
    Adaptación casi instantánea a cargo de la 20th Century Fox del novelón homónimo de John Steinbeck, futuro premio Nobel, este durísimo retrato de la Gran Depresión rodado durante la Segunda Guerra Mundial combina sabiamente el realismo sin concesiones del escritor con el humanismo del director: el emocionante discurso final de Tom Joad muestra que, para el conservador John Ford, la dignidad del hombre está por encima de todo. Formalmente es puro clasicismo fílmico, gracias entre otras cosas a la soberbia fotografía de Gregg Toland.
  • Título original: Sullivan's Travels
    Dirección: Preston Sturges
    La comedia, tan querida por el público, siempre tuvo en Hollywood un peso fundamental, pese a lo cual arrastraba ya entonces una imagen de superficialidad que nunca se ha quitado de encima. Incomprendida en su día, esta producción de la Paramount del especialista Preston Sturges aborda precisamente esa cuestión, y llega a la conclusión, en una conmovedora escena final, de que hacer reír al público es mucho más útil socialmente que impresionarlo con un drama social. Los hermanos Coen se basarán en ella para rodar ¿Dónde estás, hermano? (2000).
  • Título original: All About Eve
    Dirección: Joseph L. Mankiewicz
    Implacable sátira del mundo del teatro –y de rebote, de Hollywood–, esta producción de la 20th Century Fox se convirtió muy pronto en un verdadero icono popular (como prueba, entre muchas otras, la explícita cita almodovariana en Todo sobre mi madre). Impecablemente interpretada y magistralmente escrita y dirigida por Joseph L. Mankiewicz, quizá la mente más afilada de su época, convirtió en universales el miedo a la vejez de la estrella, el arribismo de la joven promesa y la soberbia del crítico. Recibió 14 nominaciones a los Óscar, un récord solo igualado por Titanic (1997) y La La Land (2016).
  • Título original: Winchester '73
    Dirección: Anthony Mann
    Anthony Mann quizá sea, tras John Ford, el director que más y mejores wésterns rodó, todos ellos en la década de los 50. El primero, una producción de la Universal escrita por el especialista Borden Chase y protagonizada por el actor fetiche de Mann, James Stewart –con el que rodó ocho películas, cinco de ellas de este género–, es quizá el más recordado, por ofrecer una versión más compleja y torturada del hasta entonces siempre modoso actor, por convertir al arma del título en un personaje más, por su uso del paisaje y por su famoso tiroteo final.
  • Título original: The African Queen
    Dirección: John Huston
    Coproducida al final de la edad dorada de Hollywood por el independiente Sam Spiegel y por una productora británica, se trata no obstante de un claro ejemplo de lo que el sistema de estudios mejor sabía hacer: entretener y emocionar a partes iguales. El inverosímil relato de la lucha contra los alemanes de una estricta misionera metodista y el borrachín capitán de un destartalado barco en el corazón de África durante la Primera Guerra Mundial da lugar, en las manos del intenso e irregular John Huston, a una inolvidable historia de amor y de aventuras.
Otras películas de interés
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Título original: All Quiet on the Western Front
    Dirección: Lewis Milestone
    Basada en la popular novela de Erich Maria Remarque, esta producción de la Universal es una de las mejores películas (anti) bélicas de todos los tiempos. Pese a ser bastante larga para la época, está magníficamente rodada por el director de origen judío-ruso Lewis Milestone y no pierde intensidad en ningún momento. Además de las poderosas escenas ambientadas en el frente, todavía hoy conmueven momentos como la discusión del protagonista con los burgueses en la cervecería, su segunda visita a la escuela o el poético y desesperanzado final.
  • Título original: Scarface
    Dirección: Howard Hawks
    Esta producción independiente del magnate Howard Hughes, escrita por Ben Hecht –uno de los mejores guionistas del Hollywood dorado– y dirigida y coproducida por el todoterreno Howard Hawks, es otra de las películas capitales del género de gánsteres. Basada en la figura de Al Capone, su atrevimiento a la hora de representar la violencia, exaltar el crimen y arrojar sombras sobre la naturaleza de las relaciones entre el protagonista y su hermana hizo que la oficina de Hays impusiera varios cambios, incluidos un prólogo y un final moralizantes.
  • Dirección: Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack
    Como tantas obras fundacionales –y esta lo es en al menos dos géneros, el de aventuras y el de terror–, King Kong es más citada que conocida. Sin embargo, esta genial versión de la RKO del viejo mito de la bella y la bestia sigue siendo hoy tan fascinante como en su momento, por su combinación de crudeza y romanticismo, por los geniales efectos especiales “fotograma a fotograma” de Willis O’Brien y por la banda sonora de Max Steiner. Pero, sobre todo, por ver al salvaje King Kong defender su amor del ataque de la civilización en lo alto del Empire State.
  • Título original: Snow White and the Seven Dwarfs
    Dirección: David Hand
    Los logros técnicos y estéticos del primer largometraje de animación en color, evidentes sobre todo en los movimientos de los animales, están muy por encima de su pobre guion, que poda aspectos interesantes del original de los hermanos Grimm mientras lo estira con canciones cursis e inanes. Su éxito marcó la evolución del cine de Walt Disney, así como su tendencia –hoy sin duda problemática, pero que marcó a varias generaciones– a la apropiación y reinterpretación formal, cultural, moral y en clave de género de los cuentos populares universales.
  • Título original: The Adventures of Robin Hood
    Dirección: Michael Curtiz, William Keighley
    El género de aventuras en todas sus variantes –coloniales, de piratas o, como en este caso, de espadachines (swashbuckler)– fue muy popular en el Hollywood dorado, sobre todo entre el público joven. Esta producción, inusual para la Warner por su presupuesto y uso del tecnicolor, es una de las siete colaboraciones entre Michael Curtiz, Errol Flynn y Olivia de Havilland, y como todas ellas posee el encanto de los clásicos imperecederos. Leyenda, acción, romanticismo y humor envueltos en el talento narrativo del siempre eficaz Curtiz, que sustituyó a William Keighley.
  • Título original: The Wizard of Oz
    Dirección: Victor Fleming
    Rodada al mismo tiempo que Lo que el viento se llevó, con la que compartió tecnicolor (aquí combinado con blanco y negro virado a sepia), cambios en la dirección y firma final de Victor Fleming, esta adaptación del clásico infantil convertirá a MGM en el estudio de referencia en el género musical. Hoy está considerada, sobre todo en EE. UU., un icono entre pop y kitsch, por su llamativa estética, por su joven y talentosa protagonista, la malograda Judy Garland, y por números musicales tan emblemáticos como Over the Rainbow.
  • Título original: Midnight
    Dirección: Mitchell Leisen
    Menospreciado por sus colegas Preston Sturges y Billy Wilder, quienes afirmaban que destrozaba los guiones que ellos escribían, Mitchell Leisen es sin embargo otro de los grandes de la comedia clásica. Esta versión de Cenicienta en clave screwball de la Paramount es su obra maestra. Escrita por Wilder y su colaborador habitual Charles Brackett, resulta encantadora por el ingenioso guion y las estupendas interpretaciones de Claudette Colbert y los secundarios, pero también por la elegancia de la puesta en escena y el uso de la cámara de Leisen.
  • Título original: The Roaring Twenties
    Dirección: Raoul Walsh
    Coescrita por el también director Robert Rossen, interpretada por la estrella del género James Cagney y por un Humphrey Bogart aún secundario, y magníficamente dirigida por el especialista en películas de acción y aventuras Raoul Walsh, se trata de un estupendo proto-noir de la Warner. Narra la relación entre tres viejos amigos desde la Primera Guerra Mundial hasta el periodo de la Ley Seca, y cómo su moral y sus decisiones acabarán marcando su destino. Actor y director repetirían en la no menos genial Alma negra (1949).
  • Título original: Leave Her to Heaven
    Dirección: John M. Stahl
    El melodrama, a menudo despreciado como “cine para mujeres”, es un género fascinante por cuanto muestra, sublimados, los miedos y deseos del Hollywood clásico. El émigré judío John M. Stahl fue su gran especialista: varias de sus obras serían objeto de remakes igualmente brillantes en los años 50 a cargo de Douglas Sirk. Esta producción de la 20th Century Fox es especialmente interesante por su complejo personaje femenino –una estupenda Gene Tierney con rasgos de femme fatale–, su atrevimiento e intensidad y su magnífica fotografía.
  • Título original: Duel in the Sun
    Dirección: King Vidor
    Proyecto personal de David O. Selznick a mayor gloria de su entonces amante Jennifer Jones, se trata de uno de los más intensos wésterns del Hollywood dorado. Coescrito por Ben Hecht y dirigido con pulso firme por King Vidor, hace buen uso de casi todos los conflictos habituales en los guiones de la época (el paterno-filial, el fraternal, el triángulo amoroso, el de tradición versus progreso), a los que suma sin impudor otros más delicados (el racial, el del consentimiento sexual y la honra), para culminar en un final tan febril como romántico.
  • Título original: The Heiress
    Dirección: William Wyler
    El universo femenino es objeto de un fino análisis en este estupendo drama de la Paramount. Basada en una obra de Broadway que adaptaba a su vez la novela de Henry James Washington Square, este relato sobre la relación entre una mujer rica, madura y poco agraciada y un hombre pobre, joven y guapo destaca por la ambigüedad y complejidad de los personajes, las excelentes interpretaciones –especialmente la femenina, premiada con un Óscar– y la elegante pero intensa dirección –atención al estremecedor final– del también productor William Wyler.
  • Título original: The Quiet Man
    Dirección: John Ford
    Una muestra más, a cargo de la pequeña productora Republic, del talento de John Ford para captar la esencia de la naturaleza humana: el amor, ya sea a nuestras raíces, a la tierra, a la comunidad o a un semejante. Por el camino, el cineasta alumbra una asombrosa combinación de drama y comedia, realismo y romanticismo, virilidad y sensibilidad, tradición y modernidad. En sus películas todo fluye de manera natural, como la vida misma: esa y no otra es la cualidad esencial de los clásicos. En palabras de uno de sus personajes, John Ford es… “¡Homérico!”.
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