La Nouvelle vague (Nueva ola) fue un movimiento cinematográfico que se desarrolló en Francia entre finales de los años 50 y mediados de los años 60 del siglo XX y que abanderó un cambio de paradigma en el cine, reivindicando una mayor ligereza de los medios de producción y una mayor independencia de los creadores, y, por tanto, una mayor libertad formal y narrativa para estos. El término había sido acuñado en 1957 por la periodista Françoise Giroud en referencia a un contexto más amplio que el meramente cinematográfico.
En realidad, la Nouvelle vague no fue un movimiento homogéneo; si bien los miembros del grupo inicial provenían de la crítica y a partir de 1958 comenzaron a rodar largometrajes que compartían algunas características, la etiqueta no satisfizo a ninguno de ellos, y en particular a Claude Chabrol, que dijo: “No existe una ‘nueva ola’, solo existe el mar”. De hecho, las carreras de los cineastas que suelen considerarse de la Nouvelle vague se desarrollaron por líneas formales y narrativas muy distintas entre ellas, como expresión de personalidades muy diferentes.
La revista Cahiers du Cinéma
La revista Cahiers du Cinéma, fundada en París en 1951 por André Bazin y otros críticos y escritores cinematográficos, fue el verdadero germen de la Nouvelle vague, pues algunos de los cineastas más representativos del movimiento (François Truffaut, Jean-Luc Godard, Claude Chabrol, Éric Rohmer y Jacques Rivette) ejercieron en ella la crítica antes de pasar a realizar sus primeras películas.
Bazin, una persona muy respetada en todos los ámbitos culturales franceses, no solo en el cinematográfico, por su capacidad de análisis y su agudeza de criterio, se constituyó en la figura paternal de un grupo de críticos curtidos en filmotecas, cineclubes y festivales que comenzaron a enfrentarse agresivamente al cine “de calidad” francés (al que llamaban “el cine de papá”) y a defender una “política de los autores” que consideraba al director el máximo responsable de una obra cinematográfica, su verdadero autor, cuya firma debía ser reconocible por la puesta en escena. Los críticos de Cahiers du Cinéma solo respetaban, de la rica tradición francesa, a Jean Vigo, Jean Renoir, Robert Bresson y Max Ophüls, y en cierta medida a Jacques Becker, Georges Franju y Jean-Pierre Melville. Apreciaban enormemente la obra de Roberto Rossellini y el cine estadounidense, en especial el de Alfred Hitchcock, Howard Hawks y Fritz Lang.
Los cuatrocientos golpes Bazin murió en 1958, a los 40 años, así que no pudo llegar a ver los primeros largometrajes de los críticos de su revista, a los que llamaba “los jóvenes turcos” y a quienes había marcado poderosamente.
Los postulados de la Nouvelle vague
Los postulados de la Nouvelle vague partían de la premisa de que en una película el director es el único autor, y por tanto reclamaban para este la independencia y la libertad expresiva, creativa, y en definitiva, artística, que necesitaba. Sus reivindicaciones fundamentales, basadas en una voluntad de ruptura con las convenciones del cine tradicional, pueden resumirse así:
- Libertad formal y narrativa
- Bajos presupuestos
- Rodajes en escenarios naturales
- Simplicidad técnica
- Utilización de la cámara en mano
- Luz, sonido y música que emanaran de la propia historia
En realidad, todos estos postulados teóricos venían a sostener algo sumamente práctico: poder rodar películas personales con poco dinero, que era lo que verdaderamente deseaban los pioneros de la Nouvelle vague, y lo que efectivamente consiguieron, respondiendo en mayor o menor medida a esos criterios.
Las películas de la Nouvelle vague tuvieron un enorme éxito entre la crítica y el público cinéfilo de todo el mundo, que apreció su frescura, si bien en el mercado francés convivieron en términos equiparables con el cine “tradicional” o “comercial” que venía ocupando la cartelera.
El año pasado en Marienbad La Rive gauche
Aunque generalmente se la considera incluida en la Nouvelle vague, la corriente cinematográfica denominada de la Rive gauche (en referencia a la margen izquierda del río Sena, una parte de París tradicionalmente relacionada con artistas, intelectuales y vida bohemia) estaba vinculada a la revista Positif, más izquierdista que Cahiers du Cinéma y en cierto modo “enemiga” suya. Los de la Rive gauche marcaban sus diferencias con los de la Nouvelle vague al defender un cine más vinculado a lo literario y a la vez más “político”. Pero estos no se tomaban demasiado en serio esos ataques: “Nos acusaban de ser de derechas porque nos gustaba el cine norteamericano”, dijo Éric Rohmer.
Las figuras más representativas de la Rive gauche fueron Alain Resnais, Agnès Varda y Chris Marker, que habían comenzado a hacer cine antes de la Nouvelle vague, y los escritores del Nouveau roman Marguerite Duras y Alain Robbe-Grillet, más tarde también cineastas.
El Cinéma vérité
El “cine directo” o “cine de realidad” es una corriente del cine documental que en su vertiente francesa de los años 60 tomó el nombre de Cinéma vérité (Cine verdad) y tuvo una especial relación con la Nouvelle vague. El término tiene su origen en el Kino-Pravda soviético de Dziga Vertov y su voluntad de revelar con la cámara la realidad que resulta inaccesible al ojo humano. El padre del Cinema vérité francés fue el ingeniero, etnólogo y cineasta Jean Rouch, que rodó en 1961 con el sociólogo Edgar Morin el innovador documental Crónica de un verano.
La piel suave El final de la Nouvelle vague
En la segunda mitad de los años 60 las novedades que había introducido la Nouvelle vague fueron siendo asumidas por la poderosa industria cinematográfica francesa, las diferencias entre los distintos cineastas del movimiento fueron acentuándose y el prestigio de este fue remitiendo.
La convocatoria en Mayo de 1968 de los “Estados generales del cine francés” supuso a la vez el triunfo y el final de la Nouvelle vague, pues en ellos se reclamó corporativamente una completa reestructuración de los medios de producción y de difusión cinematográficos. A partir de ese momento todo se politizó: Cahiers du Cinéma se centró totamente en los aspectos políticos e ideológicos del cine y Jean-Luc Godard rompió con la industria y con el cine de ficción para realizar películas militantes dentro de lo que llamó “Grupo Dziga Vertov”, mientras otros cineastas siguieron sus propios caminos, por lo general dentro del cine “comercial”.
Apreciación
Pocos movimientos cinematográficos han tenido una influencia comparable a la de la Nouvelle vague francesa en la historia del cine. La renovación del lenguaje cinematográfico que supuso tuvo una enorme repercusión en los cineastas de numerosos países, lo que propició el surgimiento por todas partes de “Nuevos cines” inspirados en postulados similares. Puede decirse que la Nouvelle vague vino a cambiar las cosas en la medida en que introdujo de una vez por todas la “modernidad” (aunque esto, obviamente, sea discutible) y así provocó que todo el cine coetáneo envejeciera de repente como Dorian Gray en su trance final.
Por ello no resulta fácil desvincular el juicio actual sobre las películas más representativas de la Nouvelle vague del reconocimiento de lo que supusieron en su momento, pues algunas de ellas no se han visto favorecidas por el paso del tiempo.
Quizá hoy día solo un puñado de películas de la Nouvelle vague puedan considerarse verdaderas obras maestras, pero no puede negarse la trascendencia, la creatividad y la vitalidad de un conjunto de obras que, en pocos años, cambió el curso de la historia del cine.
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