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La Guía FilmAffinity

La historia del cine en sus principales etapas y movimientos

La Nouvelle vague francesa (1956-1965)
autor/a: Miguel Verdú
Qué es la Nouvelle vague
La Nouvelle vague (Nueva ola) fue un movimiento cinematográfico que se desarrolló en Francia entre finales de los años 50 y mediados de los años 60 del siglo XX y que abanderó un cambio de paradigma en el cine, reivindicando una mayor ligereza de los medios de producción y una mayor independencia de los creadores, y, por tanto, una mayor libertad formal y narrativa para estos. El término había sido acuñado en 1957 por la periodista Françoise Giroud en referencia a un contexto más amplio que el meramente cinematográfico.

En realidad, la Nouvelle vague no fue un movimiento homogéneo; si bien los miembros del grupo inicial provenían de la crítica y a partir de 1958 comenzaron a rodar largometrajes que compartían algunas características, la etiqueta no satisfizo a ninguno de ellos, y en particular a Claude Chabrol, que dijo: “No existe una ‘nueva ola’, solo existe el mar”. De hecho, las carreras de los cineastas que suelen considerarse de la Nouvelle vague se desarrollaron por líneas formales y narrativas muy distintas entre ellas, como expresión de personalidades muy diferentes.

La revista Cahiers du Cinéma
La revista Cahiers du Cinéma, fundada en París en 1951 por André Bazin y otros críticos y escritores cinematográficos, fue el verdadero germen de la Nouvelle vague, pues algunos de los cineastas más representativos del movimiento (François Truffaut, Jean-Luc Godard, Claude Chabrol, Éric Rohmer y Jacques Rivette) ejercieron en ella la crítica antes de pasar a realizar sus primeras películas.

Bazin, una persona muy respetada en todos los ámbitos culturales franceses, no solo en el cinematográfico, por su capacidad de análisis y su agudeza de criterio, se constituyó en la figura paternal de un grupo de críticos curtidos en filmotecas, cineclubes y festivales que comenzaron a enfrentarse agresivamente al cine “de calidad” francés (al que llamaban “el cine de papá”) y a defender una “política de los autores” que consideraba al director el máximo responsable de una obra cinematográfica, su verdadero autor, cuya firma debía ser reconocible por la puesta en escena. Los críticos de Cahiers du Cinéma solo respetaban, de la rica tradición francesa, a Jean Vigo, Jean Renoir, Robert Bresson y Max Ophüls, y en cierta medida a Jacques Becker, Georges Franju y Jean-Pierre Melville. Apreciaban enormemente la obra de Roberto Rossellini y el cine estadounidense, en especial el de Alfred Hitchcock, Howard Hawks y Fritz Lang.

Los cuatrocientos golpes

Bazin murió en 1958, a los 40 años, así que no pudo llegar a ver los primeros largometrajes de los críticos de su revista, a los que llamaba “los jóvenes turcos” y a quienes había marcado poderosamente.

Los postulados de la Nouvelle vague
Los postulados de la Nouvelle vague partían de la premisa de que en una película el director es el único autor, y por tanto reclamaban para este la independencia y la libertad expresiva, creativa, y en definitiva, artística, que necesitaba. Sus reivindicaciones fundamentales, basadas en una voluntad de ruptura con las convenciones del cine tradicional, pueden resumirse así:
- Libertad formal y narrativa
- Bajos presupuestos
- Rodajes en escenarios naturales
- Simplicidad técnica
- Utilización de la cámara en mano
- Luz, sonido y música que emanaran de la propia historia

En realidad, todos estos postulados teóricos venían a sostener algo sumamente práctico: poder rodar películas personales con poco dinero, que era lo que verdaderamente deseaban los pioneros de la Nouvelle vague, y lo que efectivamente consiguieron, respondiendo en mayor o menor medida a esos criterios.

Las películas de la Nouvelle vague tuvieron un enorme éxito entre la crítica y el público cinéfilo de todo el mundo, que apreció su frescura, si bien en el mercado francés convivieron en términos equiparables con el cine “tradicional” o “comercial” que venía ocupando la cartelera.

El año pasado en Marienbad

La Rive gauche
Aunque generalmente se la considera incluida en la Nouvelle vague, la corriente cinematográfica denominada de la Rive gauche (en referencia a la margen izquierda del río Sena, una parte de París tradicionalmente relacionada con artistas, intelectuales y vida bohemia) estaba vinculada a la revista Positif, más izquierdista que Cahiers du Cinéma y en cierto modo “enemiga” suya. Los de la Rive gauche marcaban sus diferencias con los de la Nouvelle vague al defender un cine más vinculado a lo literario y a la vez más “político”. Pero estos no se tomaban demasiado en serio esos ataques: “Nos acusaban de ser de derechas porque nos gustaba el cine norteamericano”, dijo Éric Rohmer.

Las figuras más representativas de la Rive gauche fueron Alain Resnais, Agnès Varda y Chris Marker, que habían comenzado a hacer cine antes de la Nouvelle vague, y los escritores del Nouveau roman Marguerite Duras y Alain Robbe-Grillet, más tarde también cineastas.

El Cinéma vérité
El “cine directo” o “cine de realidad” es una corriente del cine documental que en su vertiente francesa de los años 60 tomó el nombre de Cinéma vérité (Cine verdad) y tuvo una especial relación con la Nouvelle vague. El término tiene su origen en el Kino-Pravda soviético de Dziga Vertov y su voluntad de revelar con la cámara la realidad que resulta inaccesible al ojo humano. El padre del Cinema vérité francés fue el ingeniero, etnólogo y cineasta Jean Rouch, que rodó en 1961 con el sociólogo Edgar Morin el innovador documental Crónica de un verano.

La piel suave

El final de la Nouvelle vague
En la segunda mitad de los años 60 las novedades que había introducido la Nouvelle vague fueron siendo asumidas por la poderosa industria cinematográfica francesa, las diferencias entre los distintos cineastas del movimiento fueron acentuándose y el prestigio de este fue remitiendo.

La convocatoria en Mayo de 1968 de los “Estados generales del cine francés” supuso a la vez el triunfo y el final de la Nouvelle vague, pues en ellos se reclamó corporativamente una completa reestructuración de los medios de producción y de difusión cinematográficos. A partir de ese momento todo se politizó: Cahiers du Cinéma se centró totamente en los aspectos políticos e ideológicos del cine y Jean-Luc Godard rompió con la industria y con el cine de ficción para realizar películas militantes dentro de lo que llamó “Grupo Dziga Vertov”, mientras otros cineastas siguieron sus propios caminos, por lo general dentro del cine “comercial”.

Apreciación
Pocos movimientos cinematográficos han tenido una influencia comparable a la de la Nouvelle vague francesa en la historia del cine. La renovación del lenguaje cinematográfico que supuso tuvo una enorme repercusión en los cineastas de numerosos países, lo que propició el surgimiento por todas partes de “Nuevos cines” inspirados en postulados similares. Puede decirse que la Nouvelle vague vino a cambiar las cosas en la medida en que introdujo de una vez por todas la “modernidad” (aunque esto, obviamente, sea discutible) y así provocó que todo el cine coetáneo envejeciera de repente como Dorian Gray en su trance final.

Por ello no resulta fácil desvincular el juicio actual sobre las películas más representativas de la Nouvelle vague del reconocimiento de lo que supusieron en su momento, pues algunas de ellas no se han visto favorecidas por el paso del tiempo.

Quizá hoy día solo un puñado de películas de la Nouvelle vague puedan considerarse verdaderas obras maestras, pero no puede negarse la trascendencia, la creatividad y la vitalidad de un conjunto de obras que, en pocos años, cambió el curso de la historia del cine.
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Películas esenciales
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Título original: Les Quatre Cents Coups (Les 400 Coups)
    Dirección: François Truffaut
    El primer largometraje de François Truffaut anunció al mundo el nacimiento de la Nouvelle vague, y es sin duda una de las obras maestras del movimiento y una de las películas más bellas y conmovedoras que se hayan hecho sobre la infancia. La historia de Antoine Doinel (un alter ego del autor al que volvería varias veces en su obra), dolorosamente autobiográfica, termina con un plano memorable que Truffaut situó metafóricamente en el momento de su encuentro con su mentor André Bazin, muerto un año antes del estreno de esta película a él dedicada.
  • Título original: Hiroshima mon amour
    Dirección: Alain Resnais
    Alain Resnais rodó Hiroshima, mon amour después de realizar más de una veintena de cortometrajes documentales, entre ellos los esenciales Noche y niebla (1955) y Toda la memoria del mundo (1956), en los que ya abordaba los grandes temas sobre los que construiría gran parte de su obra, el tiempo y la memoria. Esta película, quizá la obra maestra de Resnais, que en principio iba a ser un documental antinuclear, narra una poética historia de amor entre una francesa y un japonés profundamente heridos por su memoria personal y por la memoria histórica de sus países.
  • Título original: À bout de souffle
    Dirección: Jean-Luc Godard
    Jean-Luc Godard, que dijo: “Todo lo que se necesita para hacer una película es una chica y una pistola”, rindió un homenaje al film noir estadounidense en su primer largometraje, que hoy día sigue siendo considerado el más emblemático e influyente de todos los de la Nouvelle vague. Indiscutiblemente “moderno”, ágil e innovador, este ejercicio de insolencia contra todas las reglas del cine aceptadas hasta entonces ha sido alabado hasta la extenuación y es pasto de mitómanos. Dicho esto, hoy no faltan quienes lo juzgan bastante banal y claramente machista.
  • Título original: L'année dernière à Marienbad
    Dirección: Alain Resnais
    Después de Hiroshima, mon amour Alain Resnais siguió con su indagación sobre el tiempo y la memoria en esta fascinante película-enigma, situada en un lugar casi onírico entre el relato fantástico o de misterio y el melodrama romántico, que viene a ser una ensoñación contada a través de un radical ejercicio de estilo. Fría, abstracta, hermética, con una estructura laberíntica hasta cierto punto indescifrable, esta película, una apoteosis del formalismo, fue una de las más innovadoras de la historia del cine, si bien por su propio solipsismo su influencia fue limitada.
  • Título original: Chronique d'un été
    Dirección: Edgar Morin, Jean Rouch
    Jean Rouch, autor de numerosos documentales etnográficos, rodó con la ayuda del sociólogo Edgar Morin Crónica de un verano, que puede considerarse el manifiesto del Cinéma vérité francés y una de las obras maestras del cine documental. Morin, que había acuñado el término Cinéma vérité, sostenía que no se trataba tanto de pretender captar la verdad sino de plantearse el problema de la verdad. Y así, con una vuelta de tuerca, la película termina con la proyección de lo rodado a las personas que habían intervenido en ella para que den su opinión.
  • Título original: Cléo de 5 à 7
    Dirección: Agnès Varda
    El segundo largometraje de Agnès Varda, la figura femenina más relevante de la Nouvelle vague, sigue a través de París en tiempo real, con un estilo casi documental y largos travellings, a una joven y bella cantante pop mientras espera los resultados de una biopsia. Cleo de 5 a 7, una bellísima película innovadora y poética sobre el significado y la fugacidad de la vida, con un enfoque cálidamente humanista y un especial cariño por su atribulado personaje, es una de las indiscutibles obras maestras del movimiento.
  • Título original: Jules et Jim
    Dirección: François Truffaut
    Es sabido que François Truffaut era un romántico irredento cuyas principales pasiones fueron el cine, las mujeres y los niños (no necesariamente en ese orden), que pueblan abundantemente su obra. Esta historia de las singulares relaciones entre una mujer y dos hombres, que tuvo un gran éxito y se convirtió en una de las referencias fundamentales de la Nouvelle vague, trata de la estéril búsqueda del amor ideal y se apoya ante todo en la fuerza y el carisma de Jeanne Moreau; así, los dos personajes del título resultan algo ensombrecidos, e incluso, hoy día, un tanto ridículos.
  • Título original: La Jetée
    Dirección: Chris Marker
    Esta obra maestra de 27 minutos es una de las pocas películas de ficción (más bien de ciencia ficción) de Chris Marker, una figura de referencia en la historia del cine documental. Es un cuento narrado con imágenes fijas y voice-over, una especie de fotonovela en la que solo se inserta una imagen en movimiento, un parpadeo. Transcurre en un futuro posterior a un apocalipsis nuclear y podría tomarse por un alegato pacifista, pero en realidad escribe con las imágenes, el sonido y el montaje un fascinante poema sobre el amor, el tiempo y la memoria.
  • Título original: Vivre sa vie: Film en douze tableaux
    Dirección: Jean-Luc Godard
    El cineasta más de vanguardia, más intelectual y más innovador de la Nouvelle vague logró la que para muchos es su obra maestra con esta corta película estructurada en doce cuadros muy distintos entre sí que no siguen una narración lineal. Siendo una obra abiertamente experimental, literaria y cinéfila, no resulta frenética ni pedante, sino poética, cálida y emotiva, y nunca sentimental. La actriz Anna Karina y las influencias de Brecht y de Rossellini iluminan esta hermosa reflexión sobre la existencia, el lenguaje en general y el lenguaje del cine en particular.
  • Título original: Le Mépris
    Dirección: Jean-Luc Godard
    Basada en una novela de Alberto Moravia, producida por Carlo Ponti e interpretada por Brigitte Bardot, podría parecer que esta película iba a suponer un giro hacia lo comercial del radical Godard. No fue exactamente así, aunque es cierto que los productores le pidieron que rodara escenas suplementarias que mostraran más generosamente el cuerpo de Bardot y él accedió a ello. Pero El desprecio, que trata del deterioro de una relación de pareja en el contexto del mundo del cine, es una de las obras más personales y visualmente más poderosas del mejor Godard.
  • Título original: La Boulangère de Monceau (The Baker of Monceau)
    Dirección: Éric Rohmer
    Este cortometraje de 22 minutos es el primero de los "Seis cuentos morales" de Éric Rohmer, y en él está el embrión de lo que el cineasta irá desarrollando a lo largo de esa serie y de otras que la siguieron: un universo a medio camino entre cine y literatura, unas precisas referencias de tiempo y lugar, un continuo juego entre seducción y elección, unas variaciones sobre un tema en principio banal que acaban resultando hipnóticas y que, a la manera de las pinturas de interiores holandeses del siglo XVII, van construyendo un poético mosaico costumbrista de su tiempo.
  • Título original: Pierrot le Fou
    Dirección: Jean-Luc Godard
    Pierrot el loco viene a ser un manifiesto estético, un poema pop, un audaz collage que muchos consideran el canto del cisne de la Nouvelle vague. En la confusa y disparatada historia que narra se acumulan los géneros cinematográficos (la película de gánsteres o de aventuras, la road movie, el thriller, la comedia romántica) y las referencias literarias, pictóricas y cinéfilas; el “argumento” es aquí un mero pretexto para una revolucionaria y fulgurante exhibición de poderío visual y empanada mental que en algunos momentos resulta apasionante y en otros agotadora.
Otras películas relevantes
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Título original: Le coup du berger
    Dirección: Jacques Rivette
    Esta película de 28 minutos es para algunos un precedente de lo que más tarde significaría la Nouvelle vague. Jacques Rivette, a quien Truffaut definió como “el más fanático de nuestro grupo de fanáticos”, fue un personaje radical, ajeno a modas y proclive a la desmesura en cuanto a la duración de sus películas, lo que le llevó a que en su larga carrera careciera muchas veces de distribución comercial. En cambio, esta excelente película sobre las relaciones de pareja como jugadas de ajedrez, en la que colaboró Claude Chabrol, es muy corta, y además muy divertida.
  • Título original: Le beau Serge
    Dirección: Claude Chabrol
    El primer largometraje que estrenó un crítico de Cahiers du Cinéma (para cuya producción, de bajo coste, Claude Chabrol utilizó una herencia de su mujer) no presentaba grandes novedades formales o narrativas, al margen de su largo travelling inicial, rodado desde un Citroën 2CV. El cineasta no se sentía especialmente orgulloso de esta película, una amarga crítica a la vida en el medio rural filmada en el pueblo donde él pasaba los veranos con su abuela, pues lamentaba su enfoque demasiado humanista y haber cortado una hora de su metraje original.
  • Título original: Les bonnes femmes
    Dirección: Claude Chabrol
    Esta película, que no tuvo éxito y que algunos encontraron feminista y otros machista, trata de la vida cotidiana y de los sueños de cuatro chicas que trabajan en una tienda parisina. La mirada casi documental y naturalista de Chabrol, todavía muy próxima a los principios rectores de la Nouvelle vague, comienza aquí a aproximarse al ejercicio analítico y cruel que distinguiría su notable obra posterior, la de las “tramas simples con personajes complejos”, próxima al cine policiaco y casi siempre centrada en la crítica feroz a la burguesía francesa de provincias.
  • Título original: Tirez sur le pianiste (Shoot the Pianist)
    Dirección: François Truffaut
    François Truffaut se aproximó al film noir estadounidense en su segundo largometraje, que no fue bien recibido y que está considerado menor dentro de su filmografía, pero que es quizá el más cercano a los patrones de la Nouvelle vague de todos los suyos. La película, rodada en escenarios naturales, con diversos cambios de estilo, de tono y de tiempo, fluctúa entre el homenaje, la parodia y la reflexión melancólica sobre las relaciones entre hombres y mujeres, un tema recurrente en la obra de Truffaut, todo ello contado con su habitual romanticismo.
  • Lola 1961 Francia
    Dirección: Jacques Demy
    El primer largometraje de Jacques Demy, marido de Agnès Varda, fue su película más afín a la Nouvelle vague y una de las escasas aproximaciones del movimiento al cine musical, que después Demy reinventaría “a la francesa” en Los paraguas de Cherburgo (1964) y Las señoritas de Rochefort (1967). La película trata de una bailarina y cantante de cabaret y de sus amores pasados y presentes, y su fuerza se basa sobre todo en el gran encanto de la protagonista, Anouk Aimée, y en la mirada romántica, tierna y melancólica con la que el director la contempla.
  • Título original: Une femme est une femme
    Dirección: Jean-Luc Godard
    La primera película en color de Jean-Luc Godard es quizá la más irreal, ligera y divertida de todas las suyas. El cineasta, que dijo: “Toda película debe tener planteamiento, nudo y desenlace, pero no necesariamente en ese orden”, utiliza irónicamente una peculiar historia de triángulo amoroso para ir deconstruyendo la narración, la estructura de las escenas, las imágenes y el sonido en un relato paradójicamente continuo y fluido que viene a rendir homenaje a las comedias musicales estadounidenses y a Anna Karina, por entonces pareja y musa de Godard.
  • Título original: Paris nous appartient
    Dirección: Jacques Rivette
    Jacques Rivette rodó su primer largometraje en 1958, pero por problemas económicos no pudo estrenarlo hasta 1961; Truffaut le rindió un cariñoso homenaje al mostrar en Los cuatrocientos golpes a la familia Doinel yendo al cine a ver esta película que en 1959 aún no se había estrenado. París nos pertenece cuenta una larga y extraña historia, enmarañada en una atmósfera de misterio y amenaza, en la que Rivette introduce su devoción por el teatro en una trama algo confusa con unos personajes existencialistas muy del París de su momento.
  • Título original: Adieu Philippine
    Dirección: Jacques Rozier
    Esta película hoy bastante olvidada, que trata de unos jóvenes que disfrutan de su juventud, con la guerra de Argelia como vago trasfondo, fue en su momento una especie de manifiesto de la Nouvelle vague en su vertiente yeyé, y es cierto que su lenguaje (todo parece improvisado) puede entenderse como la quintaesencia formal del movimiento. Quienes la defienden sostienen que es un canto a la libertad y a la joie de vivre y elogian la espontaneidad, la inocencia y la frescura que transmite. Quienes no la defienden no aprecian mucho su evidente banalidad.
  • Título original: Le Signe du Lion
    Dirección: Éric Rohmer
    El primer largometraje de Éric Rohmer, rodado en 1959, no pudo ser estrenado hasta 1962 y fue un fracaso de público. A partir de ahí Rohmer creó con Barbet Schroeder una empresa, Les Films du Losange, para producir sus propias películas, que siempre fueron “de autor” y nunca tuvieron grandes presupuestos. El signo de Leo, que se atiene estrictamente a los postulados de la Nouvelle vague, anticipa algunas de las constantes del cine de Rohmer, como su carácter íntimo, la precisión del espacio o el cuidado de los diálogos, e incluso sus convicciones jansenistas.
  • Muriel 1963 Francia
    Título original: Muriel ou le temps d'un retour
    Dirección: Alain Resnais
    Muriel fue la película de Alain Resnais que siguió a sus deslumbrantes Hiroshima, mon amour y El año pasado en Marienbad. Otra vez el tiempo, la memoria y el lugar (aquí una ciudad que parece situada a medias entre el pasado y el presente), los temas recurrentes en la obra del cineasta, conforman el núcleo de la película, esta vez más realista, en color, con personajes más identificables y construida casi como un melodrama tradicional, en la que una y otra vez se introducen incómodas sensaciones derivadas de la dificultad de asumir un pasado traumático.
  • Título original: La peau douce
    Dirección: François Truffaut
    En La piel suave François Truffaut vuelve sobre el amor y las relaciones entre hombres y mujeres con una visión menos romántica y más analítica que otras veces. Esta sencilla e infravalorada película es un depurado ejercicio de estilo que va desarrollando una trama de adulterio nada original tejiendo una sutil, elegante y melancólica red de matices y detalles no exenta de toques hitchcockianos (Truffaut acababa de terminar su famoso libro de entrevistas con Hitchcock), que quizá no debería concluir de un modo tan abrupto.
  • Título original: Paris vu par...
    Dirección: Éric Rohmer, Claude Chabrol, Jean-Luc Godard
    Una notable película colectiva formada por seis episodios dedicados a distintos barrios de París, ciudad omnipresente y referencial para la Nouvelle vague. Cada uno de los episodios está firmado por un director, lo que permite una comparación de los intereses y estilos de algunos cineastas del movimiento en el periodo final de este. Las historias tienen interés y están bien contadas; las mejores son la de Jean Rouch, austera y trágica, resuelta en cuatro planos (literalmente), y la de Éric Rohmer, divertida y minuciosamente descriptiva del espacio en el que se desarrolla.
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