Lo que se ha dado en llamar realismo poético es una corriente o tendencia cinematográfica que se desarrolló en Francia entre los años 1930 y 1945. El término, al parecer acuñado por el historiador y crítico cinematográfico Georges Sadoul, no trata de designar un “movimiento” o una “escuela”, sino más bien un conjunto de películas con características comunes realizadas por diversos cineastas durante ese periodo. El realismo poético francés influyó notablemente en el film noir estadounidense y también, en menor medida, en el neorrealismo italiano.
El corpus fundamental del realismo poético lo componen las principales películas que rodaron en ese periodo los directores que pueden considerarse iniciadores de la corriente, René Clair y Jean Vigo, y los que pueden representar su quintaesencia, Jean Renoir y Marcel Carné, más algunas películas de otros directores importantes como Julien Duvivier, Jean Grémillon, Jacques Feyder, Jacques Becker, Pierre Chenal y Jean Delannoy.
Los bajos fondos Contexto histórico
En los tres lustros de la historia de Francia que van de 1930 a 1945 pueden distinguirse tres periodos: 1) desde el inicio de la Gran Depresión hasta el triunfo electoral del Frente Popular en 1936; 2) desde 1936 hasta la Ocupación nazi de 1940; y 3) desde 1940 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945. En el cine francés estos periodos se corresponden con:
1) La aparición del cine sonoro y la crisis de las grandes productoras
En los primeros años 30 la aparición del sonoro hizo aumentar notablemente el interés del público por el cine, pero a la vez supuso un gran problema para una industria que no estaba preparada para los cambios técnicos necesarios. La utilización de tecnologías estadounidenses y alemanas y el reequipamiento de los estudios y de las miles de salas de cine existentes en Francia tuvieron un coste muy elevado. Paralelamente, la productora estadounidense Paramount se estableció en Francia y comenzó a rodar películas con versiones en distintas lenguas. Todo ello, unido a la situación general de grave crisis económica, acabó llevando a la quiebra a las dos grandes productoras francesas, Pathé y Gaumont.
2) El apogeo de la producción independiente y del realismo poético
Esa situación de crisis permitió, paradójicamente, que surgieran numerosos productores y realizadores independientes en los años del Frente Popular (1936-1938) y siguientes, que fueron años de gran agitación política y social. El optimismo inicial que siguió a las mejoras sociales emprendidas por el nuevo gobierno prontó derivó en desilusión y pesimismo ante la falta de soluciones a los grandes problemas de fondo de la sociedad francesa, cada vez más radicalizada a derecha o izquierda. En ese contexto se desarrolló el realismo poético más representativo.
3) La nueva situación bajo la Ocupación y la recuperación de los grandes estudios
Inmediatamente después de la Ocupación las autoridades alemanas establecieron en la “zona ocupada” el Propagandastaffel, un potente aparato de control y censura de publicaciones, teatro, cine y emisiones de radio, y el ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, Joseph Goebbels, decidió crear en Francia una productora cinematográfica alemana filial de la UFA, Continental Films, para rodar películas francesas, según sus propias palabras, “ligeras, vacuas, y, si es posible, estúpidas”, y evitar así la promoción de todo nacionalismo que no fuera el alemán. En la “zona libre” de Vichy se estableció además una censura propia, y el “Estatuto de los judíos” que firmó el mariscal Pétain en octubre de 1940 llevó al silencio, a la clandestinidad o al exilio a numerosos cineastas. Ahora bien, en los primeros años de la Ocupación siguió aumentando la afluencia de público a las salas de cine, y se produjo también la recuperación económica de los grandes estudios, favorecida por la prohibición de proyectar películas estadounidenses. Pero la necesidad de hacer un cine que fuera tolerado por las autoridades de la Francia ocupada o de Vichy llevó en general a la producción de películas de evasión o de otras que, por caminos diversos, intentaban no enfrentarse a la censura.
La gran ilusión Características fundamentales
El término “realismo poético” encierra ya en sí mismo una cierta ambigüedad, y en todo caso, como se ha dicho, no trata de designar un “movimiento” cinematográfico, sino un conjunto de películas, que según cómo se mire puede resultar bastante heterogéneo y cuya adscripción o no a esa corriente no deja de ser opinable. Perogrullo diría que las películas del realismo poético tratan de recrear la realidad de un modo poético, pero esa afirmación también es susceptible de ser matizada. Si hay algo claro es que a lo que se oponía radicalmente el realismo poético era a la tradición “teatral” del cine francés, y que a lo que aspiraba era a una especie de neonaturalismo, un réel réfléchi que reconstruyera e interpretara la realidad de su tiempo. A este respecto, Jean Grémillon, uno de los cineastas que pronto se sumaron al realismo poético, escribió: “En mi opinión, el realismo podría ser el descubrimiento de lo sutil que el ojo humano o el oído humano no perciben inmediatamente y que es necesario mostrar o hacer oír, estableciendo armonías y relaciones entre los objetos y los seres, vivificando cada vez esa suma inagotable de sensaciones visuales y auditivas que sacude nuestra imaginación y encanta a nuestro corazón”.
En las películas iniciales de la corriente, las de René Clair y Jean Vigo, su realismo teñido de aspectos fantásticos o incluso surrrealistas puede considerarse indudablemente “poético”. En las películas más representativas de la corriente quedan más patentes las características atribuidas generalmente al realismo poético, que son las de un realismo más “social”, es decir, el de un cine que trata de llevar a la pantalla el mal de vivre de su tiempo y reflejar la situación social y política de su país. En él se abordan problemas como el paro, la amenaza de la guerra o la incerteza del futuro en historias en las que abundan los personajes proletarios o marginados, con un realismo no exento de costumbrismo que puede tender hacia lo comprometido o “moral” (Jean Renoir) o hacia lo pesimista o “depresivo” (Marcel Carné). En las películas realizadas durante la Ocupación, dada la censura existente, el realismo poético derivó por lo general hacia lo fantástico, algo que estaba implícito en el espíritu de la corriente. En todo caso, algunas características que comparten la mayoría de las películas del realismo poético y que contribuyen a crear su “tono” predominante son su proximidad al melodrama, su mirada melancólica o desesperanzada al conflicto individuo-sociedad y su capacidad de creación de atmósferas de un romanticismo muy estilizado basada sobre todo en la cuidadosa utilización de los decorados.
Los niños del paraíso Los cineastas
Como se ha dicho, el corpus fundamental del realismo poético lo componen las películas de los directores citados. El éxito popular que consiguieron se debió también en gran medida a las contribuciones de guionistas como Jacques Prévert o Charles Spaak, que renovaron una tradición del cine francés lastrada por una concepción de los guiones más teatral que cinematográfica, de diseñadores de producción como Lazare Meerson o Alexandre Trauner, de compositores como Maurice Jaubert o Joseph Kosma y de los excelentes actores que interpretaron las principales películas: ante todos, Jean Gabin (si hubiera que escoger un solo nombre que representara el realismo poético, sería el suyo), y también Louis Jouvet, Michel Simon, Pierre Fresnay, Charles Vanel, Arletty, Françoise Rosay, Michèle Morgan o Annabella.
Poco después de la Ocupación de 1940 los directores René Clair, Jean Renoir y Julien Duvivier y los actores Jean Gabin y Michèle Morgan abandonaron Francia con destino a EE. UU., y Jacques Feyder se refugió en Suiza. Jean Vigo había muerto de tuberculosis en 1934, a los 29 años de edad. Pierre Chenal huyó a Argentina en 1942. Pero la gran mayoría de los cineastas franceses se quedaron en su país, sin que eso quiera decir que fueran colaboracionistas, y pudieron continuar sus carreras aceptando las condiciones que se daban. Estos fueron los casos de Marcel Carné, Jean Grémillon y Jacques Becker, nombres importantes del realismo poético, y también los de Jean Delannoy, Marcel L’Herbier, Claude Autant-Lara, Robert Bresson, Henri-Georges Clouzot, René Clément y tantos otros no vinculados directamente a la corriente. Puede decirse que el final de la Segunda Guerra Mundial, con la nueva situación que la siguió en Francia –y en todo el mundo–, significó también el fin del realismo poético.
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