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La Guía FilmAffinity

La historia del cine en sus principales etapas y movimientos

La comedia muda estadounidense (1915-1931)
autor/a: Daniel Andreas
Desde sus inicios, el éxito del cine se cimentó en su atractivo entre un «gran público» formado en buena medida por las clases medias y bajas. La comedia muda estadounidense de las décadas de 1910 y 1920 intentó aprovechar ese tirón con producciones protagonizadas por personajes fijos de origen humilde que triunfaban sobre antagonistas con más dinero, poder y arrogancia, a menudo conquistando de paso a la chica por la que unos y otros se interesaban.


Orígenes y evolución

La comedia muda tiene sus orígenes en el vodevil, espectáculo de variedades que combinaba números musicales, teatrales, de mimo, magia y similares, generalmente breves, de tono ligero y humor poco sofisticado, en el que se formaron muchos de los cómicos. Uno de los recursos del vodevil era el slapstick. Con este nombre, tomado de la cachiporra de los títeres, se denomina el humor de carácter físico, más o menos violento, susceptible de ser contado mediante un lenguaje exclusivamente visual: persecuciones, caídas, golpes, peleas de tartas, etc. Estos gags apelan a un sentido del humor primario, pero por ello universal y susceptible de ser apreciado por personas de toda edad, origen y condición. Su invención se atribuye al empresario de music-hall inglés Fred Karno (1866-1941), responsable del comienzo de las carreras de Charles Chaplin y Stan Laurel y verdadera fuente de inspiración de los productores de Hollywood.

El chico

Entre dichos productores destaca la figura de Mack Sennett (1880-1960). Tras formarse con David W. Griffith, Sennett comenzó a explorar las posibilidades del slapstick en sus Keystone Studios, fundados en 1912. Allí no solo hizo famosos a sus torpes policías, los Keystone Cops, sino a muchos de los cineastas citados en estas páginas. Su éxito consistió en convertir al hombre medio en protagonista de historias cotidianas contadas a un ritmo rápido (generalmente acelerando la acción), en las que el orden y la autoridad se veían socavados por el equívoco, el absurdo y finalmente el caos. El resultado poseía un componente subversivo y anárquico no menor, pues a menudo se ridiculizaba a los agentes o representantes del orden, mientras el protagonista, con el que el pueblo llano se identificaba, salía triunfante. El principal rival de Sennett fue Hal Roach (1892-1992), productor de Harold Lloyd y responsable de unir a Stan Laurel y Oliver Hardy, cuyo humor era sin embargo bastante más blanco.
El éxito rotundo de las películas de estos y otros productores hizo que los cortometrajes de uno o dos rollos fueran dando paso a obras más largas, en las mejores de las cuales la mera sucesión de gags se ponía al servicio de una trama más elaborada y compleja. Paralelamente, los cómicos de mayor éxito
se fueron independizando para tener el control creativo de sus películas, en las que fungían de actores, guionistas, directores y —a menudo— productores.


Los cómicos
Con el permiso de su compatriota André Deed, el francés Max Linder (1883-1925) fue el primer cómico mundialmente famoso por encarnar un personaje fijo en la pantalla. En sus comedias para Pathé, Max era un bon vivant adinerado y seductor que siempre salía bien parado de los líos en los que se metía. Convertido en una estrella en torno a 1910, nunca llegó a triunfar del todo en EE. UU., pero fue el modelo sobre el que allí se cimentó la carrera de otros cómicos.
Es el caso de Charles Chaplin (1889-1977), cuya figura desborda los límites del cine mudo para erigirse en uno de los creadores fundamentes del cine mundial. Nacido en Inglaterra y formado en la compañía de Karno, en 1914 comienza a trabajar para la Keystone e inventa el personaje de the Tramp (Charlot). Su enorme éxito le hace firmar sucesivamente jugosos contratos con Essanay, Mutual y First National, rodar decenas de cortos y convertirse en la segunda mitad de la década en un icono cinematográfico universal. Toma el control creativo de sus obras, que a partir de entonces serán cada vez más largas y complejas y combinarán de forma muy reconocible el slapstickpuro y duro —fue el mejor mimo de su generación y uno de los grandes actores de la historia— con cierto humanismo tan sentimental como eficaz. En 1919 funda con otros actores y directores la compañía United Artists, y dos años más tarde estrena su primer largometraje, El chico. Guionista,
director, actor y compositor de sus películas, su perfeccionismo le lleva a espaciar cada vez más los estrenos, mientras su desconfianza hacia el cine sonoro le hace posponer hasta 1935 su primera (y solo parcial) incursión en el medio.

El general

Para muchos aficionados e historiadores, sin embargo, el creador más original de la comedia muda fue Buster Keaton (1895-1966). Procedente también del vodevil y excelente acróbata, en 1917 empieza a colaborar con Roscoe Fatty Arbuckle en El carnicero. Casado con la actriz Natalie Talmadge y convertido en concuñado del millonario productor Joseph M. Schenck, monta una productora y durante los años 20 goza de libertad para hacer el cine que quiere. Su principal personaje —aunque no el único— es un joven humilde y soñador de rostro impasible que se ve envuelto a su pesar en mil peripecias. Su humor desborda los límites del slapstick tradicional para convertirse en una arquitectura visual de una pureza conceptual y una complejidad crecientes, integrando vehículos, edificios y todo tipo de construcciones en coreografías de movimiento y caos que funcionan con la precisión matemática de un reloj. Lamentablemente, no sobrevivió a la llegada del sonoro, que intentó abordar marchándose a la Metro-Goldwyn-Mayer («el peor error de mi vida», diría después), donde fue ninguneado. Hundido personal y profesionalmente, sobrevivió haciendo pequeños papeles en películas indignas de su genio.

Sin llegar a la altura de Chaplin y Keaton, la tercera gran figura del cine mudo estadounidense fue Harold Lloyd (1893- 1971). Descubierto por Roach, rueda infinidad de cortometrajes protagonizados por Harold, un tipo ingenuo pero entusiasta, tocado con canotier y gafas redondas. Tras dar el salto al largometraje, funda su propia productora y gestiona bien su prolífica y exitosa carrera, que no terminó con la llegada del sonido. Persecuciones alocadas y todo tipo de peripecias acrobáticas caracterizaban un humor eminentemente físico que aprovechaba sus dotes de mimo.

El hermanito

Un escalón por debajo de estos tres creadores se encontraba Harry Langdon (1884-1944). Comenzó trabajando con Sennett para después fundar su propia productora, en la que contó con Frank Capra como guionista y director. Su personaje era ingenuo y un punto infantil, dueño de un humor sencillo, delicado y más bien calmoso, cercano al del clown. Su carrera decae cuando comienza a dirigir sus películas, y en el sonoro pasa a ser guionista de Laurel y Hardy.
Stan Laurel (1890-1965) y Oliver Hardy (1892-1957), si bien son conocidos sobre todo por sus comedias sonoras, debutaron como pareja cómica —conocida en España como «el Gordo y el Flaco»— en el cine mudo en 1927, a iniciativa de Hal Roach. Stan era el tipo torpe y despistado que sacaba de quicio al mandón de Oliver. Su humor, simple pero efectivo y en ocasiones absurdo, solía surgir de un malentendido que desembocaba en un crescendo de destrucción.

La última figura fundamental, entre otras razones porque dio su primera oportunidad a Chaplin y Keaton, fue Roscoe Arbuckle (1887-1933). Tras debutar en la Keystone, se convirtió en una rutilante estrella con su personaje Fatty, un tipo grande, expeditivo y picarón. Su exitosa carrera como actor y director se hunde en 1921 cuando es injustamente acusado de violar y provocar la muerte de la actriz Virginia Rappe, en uno de los primeros escándalos de Hollywood sórdidamente exagerado por la prensa sensacionalista. Sus películas fueron prohibidas durante un año por William Hays —que daría más tarde nombre al código de autocensura de Hollywood— y aunque finalmente fue absuelto, nunca se repuso del golpe, y solo pudo dirigir cortometrajes bajo el seudónimo de William Goodrich.

Otros cómicos muy populares en su época fueron John Bunny, Ben Turpin, Mabel Normand, W. C. Fields, Lloyd Hamilton, Al St. John, Alice Howell, Charles Bowers o Charley Chase.

Legado
La comedia muda estadounidense ha aguantado el paso del tiempo mejor que otros movimientos porque su humor disparatado o incluso absurdo, básico pero muy ingenioso, es ajeno a circunstancias coyunturales y códigos lingüísticos, y por tanto intemporal y universal. Su éxito, entonces y un siglo después, demuestra la riqueza visual del nuevo medio, así como su capacidad para conectar con un público que ve en él un modo de redimirse de la cotidianidad.
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Películas esenciales
nota: ordenadas cronológicamente
  • Título original: The Cook (S)
    Dirección: Roscoe 'Fatty' Arbuckle
    Dentro de las casi veinte colaboraciones entre el gran —en todos los sentidos— Roscoe Arbuckle y Buster Keaton, esta es, pese a no conservarse completa, una de las más divertidas y delirantes. Frente al predominio habitual del slapstick, en esta ocasión el humor nace casi exclusivamente de las prodigiosas dotes actorales y cómicas de ambos, aquí respectivamente cocinero y camarero de un restaurante, evidentes en momentos tan magistrales como los juegos malabares con la comida, el baile de Cleopatra o la merienda a base de espaguetis.
  • Título original: The Kid
    Dirección: Charles Chaplin
    El primer largometraje de Charles Chaplin muestra ya la mezcla de comedia –basada en gags muy sólidos, pero sostenida por sus descomunales habilidades como mimo– y drama –encarnado en la figura de un bebé abandonado por su madre, quien posteriormente se arrepiente– que caracterizará el resto de su carrera. Dentro de un conjunto rodado con enorme pericia y en el que el humor y la sentimentalidad están perfectamente armonizados, destaca la secuencia en la que Charlot encuentra al bebé, la de la ventana o la del aseo del chico.
  • Título original: Seven Years Bad Luck
    Dirección: Max Linder
    El segundo intento del francés Max Linder de triunfar en EE. UU. está considerado hoy su mejor obra. Escrita, producida, dirigida y protagonizada por él, muestra sus dotes como actor y su enorme vis cómica, su sentido del ritmo y su imaginación a la hora de crear un humor visual más sutil que el habitual slapstick. Entre las escenas más logradas están la clásica del espejo roto, la de la danza hawaiana, o aquella en la que Max logra colarse en la estación y subir al tren escondido detrás de otro pasajero.
  • Título original: Safety Last!
    Dirección: Fred C. Newmeyer, Sam Taylor
    Aunque menos revolucionario que sus colegas (en algunas de sus obras chirrían hoy, por ejemplo, ciertos estereotipos identitarios), Harold Lloyd fue un cómico genial que merece ser recordado por algo más que las escenas en altura. En su obra maestra, aparte del icónico momento en que Harold cuelga de las manecillas del reloj de un edificio, destaca su bien estructurada trama, el ingenio de algunas de sus situaciones –como cuando se hace pasar ante su novia por gerente– y algunos gags visuales tan brillantes como el que abre la película.
  • Título original: Sherlock Jr.
    Dirección: Buster Keaton
    Buster Keaton es un proyeccionista de cine que sueña con ser detective; un día, un robo en casa de su novia le dará la oportunidad de demostrar su talento. La primera parte es más convencional, pero la segunda, en la que el protagonista se queda dormido y en su sueño entra en la película que está proyectando, es una de sus más geniales creaciones: por el ingenio y ritmo de la secuencia, por su deslumbrante juego visual y metafílmico entre realidad y ficción y por la sutileza y ternura de su final, que muestra el enorme talento como actor de Keaton.
  • Título original: The Navigator
    Dirección: Donald Crisp, Buster Keaton
    Buster Keaton encarna aquí a un hombre adinerado y mimado, un arquetipo que había creado para su primera actuación en un largometraje (ajeno), Pasión y boda de Pamplinas (1920). Atrapado en un barco en alta mar con la única compañía de la mujer a la que ama, muchos gags se basan en su desconocimiento de las actividades cotidianas, pero las escenas más recordadas son las submarinas, como el combate de esgrima con un pez espada o los problemas con la escafandra. Cuando la rodó, Keaton la consideraba su mejor obra, y tuvo un enorme éxito.
  • Título original: Girl Shy
    Dirección: Fred C. Newmeyer, Sam Taylor
    Harold Lloyd encarna a un tímido muchacho que escribe sobre sus imaginarias conquistas femeninas, y que en la recta final debe evitar que su enamorada se case con un desalmado. Es uno de los trabajos más característicos y logrados de su creador, que muestra sus dotes de comediante en las escenas de seducción (reales y soñadas) de la pausada primera parte, mientras ofrece un recital de sus habilidades como guionista y acróbata en la larguísima y trepidante persecución, que ocupa todo el último cuarto de la película.
  • Título original: The Gold Rush
    Dirección: Charles Chaplin
    El retorno de Charles Chaplin a la comedia tras el fracaso de Una mujer de París (1923) muestra a Charlot como buscador de oro en Alaska. Obra de plena madurez, contiene algunos de sus más memorables momentos, como el almuerzo de la bota, el baile de los panecillos o la casa en equilibrio al borde de un acantilado, magnífico ejemplo de cómo los genios del cine mudo eran capaces de sacar todo el partido posible a una situación concreta. A Chaplin le gustaba tanto que la reestrenó en el año 1942 con diálogos doblados y una banda sonora compuesta por él.
  • Título original: The Strong Man
    Dirección: Frank Capra
    Menos conocido que Chaplin, Keaton y Lloyd, Harry Langdon cierra el cuarteto de grandes figuras de la comedia muda estadounidense. Su personaje, bondadoso pero con recursos para salir airoso ante sus antagonistas, podría ser una versión somnolienta y dubitativa de Charlot. Comparten también cierto tono sentimental, evidente en su mejor obra, en la que un soldado belga busca a una chica que le escribía al frente y que resulta ser ciega. La excelente dirección, evidente en la caótica y divertida secuencia final, es el debut en el largometraje de Frank Capra.
  • Título original: The General
    Dirección: Buster Keaton, Clyde Bruckman
    Considerada hoy la obra maestra de Buster Keaton, este descomunal ejercicio de ingenio e ingeniería visual sobre una persecución entre dos locomotoras durante la guerra de Secesión fue en su momento un fracaso por su alto presupuesto, y acabaría costándole a Keaton el control creativo de su trabajo. Dentro de un conjunto perfectamente hilvanado, uno no sabe si admirar más el prodigioso ritmo de las grandes secuencias de acción o la sabiduría y belleza de los pequeños momentos de humor, apoyados en la genial mímica de su creador.
  • Dirección: Clyde Bruckman, Leo McCarey
    Esta película, en la que Stan Laurel y Oliver Hardy deben terminar de construir una casa, es un buen repertorio de los gags habituales del slapstick. No obstante, entre los golpes, caídas y peleas se cuela también, en forma de larguísimo tablón, un excelente ejemplo del humor visual absurdo y un punto poético que en ocasiones desarrollarían el Gordo y el Flaco. Dirigida por el brillante Clyde Bruckman, que escribió y dirigió algunas de las obras maestras de Keaton, Lloyd o W. C. Fields, contó también con la supervisión en la dirección de Leo McCarey.
  • Título original: City Lights
    Dirección: Charles Chaplin
    Estrenada cuando las talkies se habían impuesto ya plenamente (de hecho, cuenta con una banda sonora grabada, la primera compuesta por su creador), la última película muda de Charles Chaplin está considerada por muchos autores su obra maestra. Esta excepcional combinación de drama –Charlot se enamora de una vendedora de flores pobre y ciega– y comedia –un millonario borrachín le invita a sus juergas cada noche, solo para echarle al llegar el día– comienza con un espléndido y desmitificador gag y culmina en un emocionante final abierto.
Otras películas relevantes
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Título original: The Champion
    Dirección: Charles Chaplin
    Una de las primeras películas de Charles Chaplin, permite apreciar ya su inagotable vis cómica y su ingenio a la hora de explotar cada situación. Gracias al viejo truco de la herradura en el guante, Charlot se convierte en un exitoso boxeador. Destaca sobre todo el hilarante combate final, coreografiado como una escena de baile, en el que resulta imposible no caer rendido ante el despliegue físico y mímico de Chaplin. Este, consciente de la calidad del material, incluirá una escena similar más breve en Luces de la ciudad.
  • Título original: Shoulder Arms
    Dirección: Charles Chaplin
    La obra más larga de Charles Chaplin hasta ese momento es también una de las mejores. Ambientada en la Primera Guerra Mundial, su comicidad reside, más que en los gags, en el talento actoral del cineasta, como demuestran la escena del voluntario o el final, en que se hace pasar por un oficial alemán. Sorprende asimismo su fluidez narrativa: los travellings por las trincheras y la breve secuencia inicial de la instrucción podrían muy bien haber inspirado al Stanley Kubrick de Senderos de gloria y La chaqueta metálica, respectivamente.
  • Título original: The Garage
    Dirección: Roscoe 'Fatty' Arbuckle
    Uno de los mejores cortos de Roscoe Arbuckle, en el que él y Buster Keaton trabajan en un garaje y al mismo tiempo ejercen de bomberos. Junto a momentos geniales de puro slapstick a cargo de dos excelentes actores y acróbatas –la escena del aceite es buena prueba–, destaca su compleja arquitectura visual y humorística –coches, plataformas giratorias, una casa, un tren–, que parece anunciar los posteriores trabajos de Keaton. No en vano, el guionista, Jean Havez, escribiría más tarde tanto para este como para Harold Lloyd.
  • Título original: One Week
    Dirección: Buster Keaton, Edward F. Cline
    El mejor corto de Buster Keaton es también una de sus obras cumbre. Él y su mujer reciben de regalo de bodas una casa para montar, pero un rival despechado cambia los números de las cajas. El resultado es una (de)construcción delirante en la que, con ayuda de una tormenta y dos trenes, transcurren algunos de sus gags más memorables. No solo es un prodigio de ingenio, sentido del ritmo y eficacia narrativa: es una fantástica arquitectura espacial, visual y fílmica al servicio del humor más puro de toda la era muda.
  • Título original: Pay Day
    Dirección: Charles Chaplin
    Charles Chaplin abandonaría muy pronto los cortometrajes tras estrenar en 1921 su primer largo, El chico; este es uno de los últimos. Resulta peculiar porque en él, en vez de a su habitual Charlot, encarna a un obrero casado; y porque aquí, lejos de las ternezas que empieza a desplegar en otras obras, se limita a hacer uso de un humor muy básico pero eficaz. Destacan las escenas iniciales de la construcción de un muro, en las que recurre al viejo truco –que ya emplearan los Lumière– de invertir la película, así como aquellas en las que está borracho.
  • Título original: Three Ages
    Dirección: Buster Keaton, Edward F. Cline
    Una de las primeras parodias de la historia del cine, Las tres edades se burla con estilo de la grandilocuencia de Intolerancia (David W. Griffith, 1916), al mostrar cómo el amor es lo realmente invariable a lo largo de la historia. La estructura fragmentaria le permite a Buster Keaton hacer más dinámica y animada la trama, además de facilitar su salto del corto al largometraje. Las escenas ambientadas en la antigua Roma, como la carrera de cuadrigas o la manicura al león, son más recordadas que las de la prehistoria y la actualidad.
  • Título original: Seven Chances
    Dirección: Buster Keaton
    Basada en una obra de teatro ajena, el propio Buster Keaton la consideraba una película de compromiso que no se encontraba entre sus mejores obras. Hoy, sin embargo, es muy apreciada pese a –o precisamente por– su políticamente incorrecta trama: Buster debe casarse ese mismo día si quiere recibir una jugosa herencia, para lo cual decide poner un anuncio en la prensa. ¿El resultado? Centenares de mujeres enfurecidas vestidas de novia persiguiéndolo por toda la ciudad. Es justamente famoso el momento en que Keaton debe huir de una avalancha de rocas.
  • Título original: The Kid Brother
    Dirección: Ted Wilde, J.A. Howe, Harold Lloyd
    Menos conocida que otras obras de Harold Lloyd, se trata sin embargo de una de las mejores, por combinar en ella el cineasta la ternura del personaje de Charlot con el ingenioso slapstick de Keaton. Lejos de ser una mera sucesión de gags, posee una trama sólida –aunque previsible, como ocurre a menudo en el cine mudo–, numerosas situaciones muy ingeniosas y un ritmo arrollador, especialmente en su tramo final. Contó con muchos guionistas y varios directores, entre ellos un no acreditado Lewis Milestone.
  • Título original: Long Pants
    Dirección: Frank Capra
    Una sorprendente evolución en la carrera de Harry Langdon: nada más recibir sus primeros pantalones largos, el tierno e inocente Harry cae rendido ante una femme fatale. Esta faceta más adulta y “perversa” del naíf personaje, que incluso planea asesinar a otra mujer, ofrece un interesante contrapunto a su característico humor, basado en un carácter vacilante y una mímica soñadora, aunque a la postre esté algo desaprovechada. Dirigida con estilo por Frank Capra, tiene interesantes soluciones visuales, como la quijotesca secuencia de montaje inicial o el final.
  • Título original: The Cameraman
    Dirección: Edward Sedgwick, Buster Keaton
    La primera película de Buster Keaton para la MGM fue también su última gran obra. Aunque durante su realización comenzaron ya las tensiones con la major, que acabaría quitándole el control creativo sobre su trabajo, se trata de una obra espléndida de madurez. Contiene una irónica reflexión sobre el trabajo del cámara y el despiadado funcionamiento del mundo del cine, cuyo punto culminante es la secuencia final, en la que la filmación realizada por un mono acaba desentrañando la verdad de los acontecimientos. A buen entendedor…
  • Título original: The Circus
    Dirección: Charles Chaplin
    Rodada en difíciles circunstancias personales, el tercer largometraje cómico de Charles Chaplin es no obstante otro ejemplo de su perfeccionismo y su gusto por las historias agridulces, como evidencia la ausencia de happy ending. Las hilarantes irrupciones de Charlot en el circo pueden entenderse como una suerte de homenaje del cineasta a un espectáculo al que la comedia muda debía mucho, pero la preferencia del público por él frente a los payasos no hace sino subrayar el ascenso indiscutible del cine como forma de entretenimiento predilecta.
  • Título original: Big Business
    Dirección: James W. Horne, Leo McCarey
    Stan Laurel y Oliver Hardy intentan ganarse la vida vendiendo árboles de Navidad a domicilio. El conflicto con un cliente renuente va aumentando de tensión hasta desembocar, como es habitual en muchas de sus obras, en un delirante caos de destrucción mutua. Destacan la sutil química de la pareja frente al exagerado antagonista, el ritmo in crescendo de la película –que cuenta con Leo McCarey como Supervising Director– y los chistes de los intertítulos, que presagian la exitosa continuidad del dúo en el cine sonoro.
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