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La Guía FilmAffinity

La historia del cine en sus principales etapas y movimientos

El cine revolucionario soviético (1924-1938)
autor/a: Miguel Verdú
Contexto histórico
“De todas las artes, el cine es para nosotros la más importante” y “El cine es el arma más poderosa” son frases de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, que dan fe del gran interés del líder de la Revolución de Octubre por el cine y sus enormes posibilidades de comunicación social y de propaganda en un inmenso país en el que el 70 % de la población era analfabeta y el nuevo arte se encontraba aún en un estado embrionario. Consecuentemente, y siguiendo las máximas “Un cine revolucionario para la Revolución” y “La experimentación como sistema”, en la nueva República Socialista Federativa Soviética de Rusia se puso en marcha, en plena guerra civil, una activa política de promoción del cine: en 1919 se nacionalizó la industria cinematográfica y se fundó el Instituto Pansoviético de Cinematografía (VGIK), la primera escuela de cine en el mundo, y en 1920 se crea ron los primeros grandes estudios de producción soviéticos, Mosfilm.

La edad de oro del cine de la ya Unión Soviética fue la segunda mitad de los años 20, los últimos de la “Nueva Política Económica” de Lenin que consiguió la recuperación del país tras la guerra civil y de Anatoli Lunacharski al frente del Comisariado Popular para la Instrucción Pública, y a la vez los primeros de Iósif Stalin como secretario general del Partido Comunista. Lunacharski fue un revolucionario culto y tolerante que siempre favoreció la creación artística y su difusión, promoviendo, por ejemplo, los trenes y barcos “de agitación” que recorrieron el país haciendo llegar al pueblo las ideas de la Revolución y el arte revolucionario. Stalin (“hecho de acero”) pronto comenzó a acaparar el poder absoluto, en el que se mantendría tres décadas, y fue marcando cada vez con mayor firmeza las directrices que debía seguir la cultura soviética.

La huelga

La contribución de la escuela soviética de estos años a la historia del cine, tanto en la teoría como en la práctica, resultó de importancia capital por su aportación a cómo pensar y expresar algo relativamente nuevo, la imagen cinematográfica, de un modo del todo coherente con una actitud revolucionaria cuya voluntad era ni más ni menos que cambiar el mundo. Sergei M. Eisenstein, Vsevolod Pudovkin, Aleksandr Dovzhenko y Dziga Vertov fueron los “cuatro grandes” cineastas de este periodo, pero hubo otros muchos que compartieron la extraordinaria explosión del arte de vanguardia que se produjo en la Unió Soviética de los años 20, en la que coincidieron el poeta Vladimir Mayakovski, el pintor Vasili Kandinski, el arquitecto Konstantin Melnikov, el director teatral Vsevolod Meyerhold y el compositor Dmitri Shostakovich, por citar solo algunos de los grandes artistas de aquel momento irrepetible liquidado por la creciente represión estalinista que culminaría en el “Gran Terror” de finales de los años 30.

Teoría y práctica del montaje
A partir de las innovaciones introducidas desde EE. UU. por David W. Griffith, que habían impresionado a los jóvenes cineastas soviéticos, muchos de ellos comenzaron a investigar y a teorizar sobre el montaje, el elemento que consideraban central y específico del lenguaje cinematográfico. Se creó una verdadera ansia teorizante a la que contribuyó la excitación revolucionaria que reclamaba “lo nuevo”, el afán de invención y experimentación, e incluso la carestía de la película virgen, “que obligaba a dar vueltas y vueltas a las ideas antes de empezar a dar vueltas a la manivela”, como apunta con ironía el montador francés Vincent Pinel.

Lev Kuleshov fue el pionero en el estudio y la teorización de la sintaxis fílmica, partiendo de la idea de que el significado cinematográfico se daba en función del orden de los planos y que la suma de los planos no constituía una mera sucesión, sino que podía crear un nuevo sentido que el espectador acababa completando. Entre los muchos experimentos que realizó para demostrar cómo influía el montaje en el espectador, el más famoso –aunque existen diferentes versiones y no quedó documentado– es el que se ha dado en llamar “efecto Kuleshov”, que consistió en contrastar un mismo plano del rostro inexpresivo de un actor con un plato de sopa, una mujer en un ataúd y una niña jugando, lo cual podía hacer creer al espectador que el actor expresaba con acierto hambre, compasión o empatía según el contraplano con el que estuviera montado.

Arsenal

Sergei M. Eisenstein continuó y llevó más lejos el estudio del lenguaje cinematográfico, y en particular del montaje, a partir de una concepción dialéctica de este. Desarrolló en profundi- dad su teoría del “montaje de atracciones”, derivada de su experiencia teatral, como una manera de “sacudir” al espectador mediante imágenes, relacionadas o no con la secuencia narrativa, que funcionaran como “explosiones” provocadoras de choques emotivos que lo hicieran reflexionar. Dentro de esa concepción distinguió diversos métodos de montaje, de menor a mayor complejidad: métrico, rítmico, tonal, armónico e intelectual o ideológico.

Por su parte, Dziga Vertov, el gran pionero del cine “directo” y documental, construyó su teoría a partir de los conceptos de “Cine-Verdad” (Kino-Pravda) y “Cine-Ojo” (Kino-Glaz), según los cuales la cámara debía guiar el ojo del espectador por múltiples puntos de vista y el montaje debía ordenar los planos obtenidos para que la película cobrara el significado buscado.

En 1929 Vsevolod Pudovkin recopiló en un libro clásico, Técnica del cine, los principios generalmente asumidos por las teorías del lenguaje cinematográfico de ese momento, que Vincent Pinel resume en “fragmentación de la escena, libertad de ángulos y distancias, creación de un espacio y de una temporalidad fílmicos y dirección del espectador”.

Parece razonable pensar que todo este gran aparato teórico producido en aquellos años en la Unión Soviética no habría tenido el impacto mundial que tuvo si no hubiera sido llevado a la práctica en muchas películas importantes, y en especial las de los “cuatro grandes”, sin olvidar que la utilización del montaje como elemento expresivo fundamental fue una constante en todo el cine soviético de la época. Ese impacto acabó retornando a EE. UU., si bien en este viaje de ida y vuelta lo que en el contexto revolucionario soviético era en principio un medio para transmitir ideas fue adaptado en Hollywood de manera pragmática como un medio para contar historias.

La Nueva Babilonia

La primera década del cine sonoro
La llegada del cine sonoro se retrasó en la Unión Soviética hasta 1931, cuando su industria pudo disponer de una tecnología propia que no dependiera de patentes extranjeras. Ya en 1928 Eisenstein y Pudovkin habían propuesto, en defensa de la primacía del montaje, la utilización del sonido en el cine de un modo “contrapuntístico”, no naturalista, pero en los comienzos del proceso del cambio al sonoro Eisenstein estaba fuera de la Unión Soviética y las primeras películas sonoras de Pudovkin, como las de Dovzhenko, no fueron bien recibidas. De los “cuatro grandes” maestros fue Vertov quien antes encontró en el cine sonoro el “contrapunto” ideal para sus películas, hasta entonces ya construidas, de hecho, como una especie de música visual.

Por lo demás, la masificación de la asistencia de público con la multiplicación exponencial en pocos años del número de salas llevó a que las autoridades soviéticas pasaran a preferir un lenguaje cinematográfico menos experimental y más comprensible para las masas, esto es, una simplificación formal en favor de un contenido didáctico, lo cual acabó derivando, de hecho, en la implantación casi obligatoria de lo que fue denominado “realismo socialista” como paradigma ético y estético, con el objetivo de promover los valores del comunismo y la conciencia de clase del proletariado. El propio Pudovkin defendió el realismo socialista como “un método de trabajo que une profundamente el artista a la realidad, a la vida de su entorno, y –esto es lo esencial– lo hace participar directamente en el trabajo de toda una nación”. Esta idea del cine como una labor patriótica, el estímulo de Stalin a “la glorificación de la grandeza de los hechos históricos” y el peligro de salirse de lo oficialmente establecido marcaron la producción soviética de los años 30.

En todo caso, el cine siguió teniendo en esa década una importancia capital en la cultura de la Unión Soviética, con unas cifras de asistencia de público y de número de salas superiores incluso a las de EE. UU., aunque careció de una amplia distribución internacional. Se continuó promocionando un cine muy variado en temas y géneros (cada gran república tenía sus propios estudios de producción), que incluyó como en ningún otro país numerosas películas para niños, de enseñanza, científicas y documentales. En 1935 se creó el Festival Internacional de Cine de Moscú, el segundo más antiguo del mundo tras el de Venecia. Pero a partir de 1941 la invasión nazi llevó a la destrucción de muchos de los estudios de producción y la maltrecha industria cinematográfica soviética fue utilizada sobre todo para la realización de documentales de guerra.
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Películas esenciales
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Título original: Stachka (Strike)
    Dirección: Sergei M. Eisenstein
    Sergei M. Eisenstein tuvo la oportunidad de poner en práctica sus teorías sobre el montaje en su primera película, que concedía un inédito protagonismo a las multitudes en una historia narrada con una enorme potencia visual, una construcción radicalmente innovadora y un ritmo febril en la alternancia de planos generales, planos medios y primeros planos: baste señalar que en La huelga la duración media de los planos (average shot length) es de 3,2 segundos, cuando en una película moderna de “acción trepidante” como El caso Bourne (2002) es de 3,6 segundos.
  • Título original: Bronenosets Potyomkin (Battleship Potemkin)
    Dirección: Sergei M. Eisenstein
    La película encargada a Sergei M. Eisenstein para conmemorar el vigésimo aniversario de la Revolución de 1905 pronto se convertiría en una de las más famosas de la historia del cine: la revolucionaria forma de la narración y la extraordinaria fuerza de las imágenes conmovieron a públicos de todo el mundo. Esta excepcional obra maestra vino a demostrar el poder del cine al inventar unos hechos que han llegado a suplantar a los históricos en virtud de la utilización de “lo contrario a la verdad en nombre de la verosimilitud”, según decía Eisenstein citando a Goethe.
  • Título original: Mat
    Dirección: Vsevolod Pudovkin
    Vsevolod Pudovkin, alumno y colaborador de Lev Kuleshov, heredó de este la fascinación por el montaje como herramienta esencial de la creación fílmica. Los historiadores del cine coinciden en señalar que Pudovkin utiliza el montaje de manera más “lírica” que Eisenstein; según Léon Moussinac, “una película de Eisenstein se parece a un grito, una de Pudovkin evoca un canto”. Una buena muestra de ello es La madre, la emotiva adaptación de la novela de Maksim Gorki que fue el primer largometraje de Pudovkin y es su película más conocida y apreciada.
  • Título original: Konets Sankt-Peterburga
    Dirección: Vsevolod Pudovkin
    El fin de San Petersburgo, como Octubre, fue filmada con ocasión del décimo aniversario de la Revolución; trata de los años que la precedieron, pero en lugar de un relato colectivo es una evocación que sigue a unos personajes cuyas experiencias personales se funden con los hechos históricos. En ella Pudovkin se sirve de todas los recursos de montaje que dominaba y que preparaba ya desde el guion: alterna acciones y ritmos e intercala comparaciones metafóricas para crear poderosas imágenes guiadas más por lo emocional que por lo didáctico.
  • Título original: Oktyabr (October)
    Dirección: Sergei M. Eisenstein, Grigori Aleksandrov
    Octubre, filmada con ocasión del décimo aniversario de la Revolución bolchevique, recrea los hitos de esta de febrero a octubre de 1917 siguiendo el relato de John Reed Diez días que sacudieron el mundo. Su restauración de los años 60 recuperó las apariciones de Trotski que Stalin había ordenado eliminar del montaje original. Octubre, una película a la vez barroca y experimental, supone para muchos la cima del arte de Eisenstein, la apoteosis de su concepción del cine, de su praxis del montaje y de su utilización de símbolos y metáforas.
  • Título original: Potomok Chingis-Khana
    Dirección: Vsevolod Pudovkin
    Tras La madre y El fin de San Petersburgo, Tempestad sobre Asia cierra la llamada “Trilogía de la toma de conciencia” de Vsevolod Pudovkin. De las tres películas esta es la más lineal (en cuanto a la continuidad), la más exótica (se desarrolla en la Rusia asiática) y la más entretenida (tiene humor, aventuras y una parte documental). La “toma de conciencia” es en este caso la rebelión personal de un joven mongol, supuesto descendiente de Gengis Kan, al que el ejército colonial británico, que es el malo de la película, intenta manipular.
  • Dirección: Aleksandr Dovzhenko
    El ucraniano Aleksandr Dovzhenko dedicó a su tierra natal tres películas, o, como él decía, tres “poemas cinematográficos”; la primera de ellas, Zvenigora, fue considerada excesivamente formalista por las autoridades soviéticas, mientras que Eisenstein vio en ella “el nacimiento de un maestro”. Zvenigora es una película vanguardista y apasionada que mezcla mito, fantasía e historia utilizando una sucesión de estilos que van desde lo abstracto a lo surrealista, o a lo operístico, con una enorme fuerza expresiva que por momentos resulta hipnótica.
  • Dirección: Aleksandr Dovzhenko
    La segunda película de la trilogía ucraniana de Aleksandr Dovzhenko, Arsenal, trata del levantamiento de Kiev de enero de 1918, un importante episodio del histórico conflicto entre Ucrania y Rusia que perdura hasta nuestros días. En ella Dovzhenko –que toma claramente partido por los bolcheviques frente al nacionalismo ucraniano– no sigue una estructura narrativa realista y lineal, sino que crea un extraordinario fresco poético compuesto de imágenes muy poderosas de un intenso dramatismo.
  • Título original: Chelovek s kino-apparatom (The Man with a Movie Camera)
    Dirección: Dziga Vertov
    La obra maestra de Dziga Vertov, enemigo acérrimo del cine de ficción, es este documental, hoy día considerado por muchos el mejor de la historia del cine, que en su momento no fue bien recibido, ni se entendió que fuera más que un mero “documental”, pues en su afán de captar “la vida tal como es” Vertov utilizó de modo experimental múltiples recursos técnicos e incluyó imágenes del propio rodaje. Pero, más allá de su deslumbrante despliegue técnico, este genial y arrollador retrato de un día en una gran ciudad sigue fascinando por su asombrosa belleza.
  • Título original: Staroye i novoye
    Dirección: Sergei M. Eisenstein, Grigori Aleksandrov
    Sergei M. Eisenstein comenzó en 1926 el rodaje de La línea general, que mostraría la línea del Partido en política agraria y granjas colectivas (koljoses) y el conflicto con los campesinos ricos (kulaks), pero tuvo que dejarlo para hacerse cargo de Octubre, y cuando lo retomó en 1928 esa línea política había cambiado y debió rehacer en parte la película, que renombró Lo viejo y lo nuevo. En esta bucólica y bellísima oda al progreso, al trabajo y a la maquinaria agrícola una campesina tenaz y un toro garañón comparten el protagonismo con una desnatadora y un tractor.
  • Título original: Zemlya
    Dirección: Aleksandr Dovzhenko
    La última película de su “Trilogía de Ucrania” es la obra maestra del director Aleksandr Dovzhenko, “el más grande poeta épico que haya dado nunca el cine”, según Georges Sadoul, y “el primer director para el cual el problema de la atmósfera fue particularmente importante”, según Andrei Tarkovski. La tierra, como Lo viejo y lo nuevo, trata del conflicto entre koljoses y kulaks, tractor incluido, pero de modo muy distinto, creando un fascinante poema visual, épico y expresionista, construido con rostros, frutas y máquinas, sobre la naturaleza, la cultura, la vida y la muerte.
  • Título original: Aleksandr Nevskiy
    Dirección: Sergei M. Eisenstein
    Los años posteriores a Lo viejo y lo nuevo no fueron propicios para Eisenstein; su periplo por Europa, EE. UU. y México no dio grandes frutos (rodó docenas de horas para ¡Que viva México! que no pudo montar), y a su regreso vio también malogrado su proyecto El prado de Bezhin. En 1938 consiguió al fin rodar su primera película sonora, Alexander Nevsky, y creó, en estrecha colaboración con el compositor Sergei Prokofiev, una inusitada “gran ópera” fílmica con una batalla sobre hielo que quizá sea “la madre de todas las batallas” de la historia del cine.
Otras películas relevantes
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Aelita 1924 Unión Soviética (URSS)
    Dirección: Yakov Protazanov
    Yakov Protazanov, que había sido uno de los primeros y más prolíficos cineastas de la Rusia imperial (realizó decenas de películas y cortometrajes entre 1909 y 1919), abandonó su país en 1920, pero regresó en 1923 para incorporarse al nuevo cine soviético. Aelita es una curiosa mezcla sumamente naíf de melodrama y ciencia ficción que alterna escenas costumbristas y documentales de Moscú con escenas oníricas y fantásticas de Marte en las que brillan los espectaculares decorados constructivistas creados por la pintora Aleksandra Ekster.
  • Título original: Po zakonu
    Dirección: Lev Kuleshov
    Por la ley es una adaptación del relato de Jack London Lo inesperado, un intenso drama psicológico que plantea un dilema moral en un entorno claustrofóbico. La película, rodada con escasos medios, pocos actores, un ritmo implacable y un brillante montaje que cuenta tanto con los objetos como con unos actores abandonados a la hipergestualidad, vino a ser un ejercicio minimalista de puesta en práctica de las teorías cinematográficas de Lev Kuleshov. Al parecer no fue muy del agrado de las autoridades soviéticas por su “ausencia de contenido ideológico”.
  • Título original: Tretya meshchanskaya
    Dirección: Abram Room
    Abram Room, procedente del Teatro Meyerhold, fue una figura de referencia en el cine de la Unión Soviética, en el que ocupó importantes cargos (fue director de los estudios Goskino, Sovkino, Soyuzkino y Mosfilm) y se mantuvo activo hasta 1972. Cama y sofá, su obra maestra, es una memorable comedia sobre el eterno tema del triángulo amoroso (al parecer inspirada en la experiencia real de Vladimir Mayakovski) con diversas lecturas posibles y un enfoque innovador y protofeminista que podría calificarse de “costumbrismo revolucionario”.
  • Título original: Baby Ryazanskie (Women of Ryazan)
    Dirección: Ivan Pravov, Olga Preobrazhenskaya
    Olga Preobrazhenskaya, además de actriz, fue una de las primeras directoras de cine de la Unión Soviética y de la historia del cine; su película más conocida, codirigida con Ivan Pravov, es Campesinas de Ryazan, un notable melodrama ambientado en una comunidad rural en los años de la Primera Guerra Mundial. Narra, con un fondo documental, una historia en la que dos mujeres jóvenes encarnan dos maneras de enfrentarse a la vida, una sumisa y tradicional y la otra independiente y luchadora, sin propaganda ni mensaje “comunistas”, sino más bien feministas.
  • Título original: Dom na Trubnoy
    Dirección: Boris Barnet
    Boris Barnet, a quien algunos consideran el “quinto grande” del cine soviético de este periodo, fue médico y boxeador antes de entrar en el taller de Lev Kuleshov. La casa de la plaza Trubnaya, la mejor de sus numerosas comedias, trata de una campesina que llega a Moscú para trabajar como criada en un edificio colectivizado. Innovadora, alegre y naíf, con un divertido villano y unos magníficos interiores de estudio, consigue un excepcional dinamismo narrativo mezclando el slapstick con el formalismo de la vanguardia soviética, como escribió un crítico.
  • Título original: Chemi bebia
    Dirección: Kote Miqaberidze
    La “abuela” del título de esta excéntrica película georgiana es el personaje influyente cuya recomendación resulta imprescindible para encontrar un trabajo. Mi abuela es una despiadada sátira antiburocrática, vanguardista, grotesca y caótica, que utiliza todo tipo de medios y trucos (decorados expresionistas, imágenes congeladas, sobreimpresiones, animaciones) para contar una divertida historia, entre surrealista y kafkiana, en la que el “buen trabajador” acaba triunfando sobre la burocracia. Pese a ello, por su formalismo y “negativismo”, estuvo prohibida hasta 1976.
  • Título original: Novyy Vavilon (The New Babylon)
    Dirección: Grigori Kozintsev, Leonid Trauberg
    Grigori Kozintsev y Leonid Trauberg, que habían fundado en 1921 el grupo de vanguardia “Fábrica del Actor Excéntrico”, codirigieron algunas de las más conocidas películas soviéticas de los años 20 y 30, como esta exuberante La Nueva Babilonia (subtitulada “Asalto a los cielos: Episodios de la guerra franco-prusiana y la Comuna de París, 1870-1871”), cuyo intrincado montaje la hace a veces difícil de seguir. Los cortes que en ella exigió la censura impidieron utilizar la primera partitura para el cine que compuso un Dmitri Shostakovich de 22 años.
  • Título original: Oblomok imperii
    Dirección: Fridrikh Ermler
    Fridrikh Ermler, que llegaría a ser uno de los más conspicuos cineastas “oficiales” de la propaganda estalinista (entre 1941 y 1951 recibió el Premio Stalin en cuatro ocasiones), rodó en 1929 su última película muda, que trata de la recuperación de la memoria de un antiguo soldado del ejército zarista y su retorno a la vida civil en un nuevo sistema en el que al principio todo le resulta extraño. Las ruinas de un imperio, sin dejar de ser una obra de propaganda, es una excelente película llena de hallazgos que posee una enorme potencia emocional y visual.
  • Título original: Entuziazm: Simfoniya Donbassa (Enthusiasm: Symphony of the Donbass)
    Dirección: Dziga Vertov
    La primera película sonora de Dziga Vertov está construida como una sinfonía con tres movimientos, el primero sobre la religión, el segundo sobre la industria y el tercero sobre la agricultura. El interés de Entusiasmo reside, sobre todo, en la utilización del sonido, que mezcla música con ruidos industriales y urbanos y crea una compleja banda sonora como contrapunto al también complejo montaje de las imágenes. Pero su afán explícitamente propagandístico hace que no llegue a alcanzar la energía seductora de la mucho más libre El hombre de la cámara.
  • Título original: Okraina
    Dirección: Boris Barnet
    Ambientada en una aldea rusa durante la Primera Guerra Mundial, Suburbios mezcla elementos trágicos, dramáticos e incluso humorísticos para contar una historia de amor y de relaciones humanas con una visión humanista en la que la guerra es como un absurdo caos que viene a corromper la existencia cotidiana de la gente; en su narrativa pueden encontrarse ecos de Chejov, y en sus imágenes, de Dovzhenko. Fue la primera película sonora de Boris Barnet, que utilizó el sonido de una manera imaginativa y estilizada, nunca naturalista.
  • Título original: Chapaev
    Dirección: Georgi Vasilyev, Sergei Vasilyev
    Vasili Chapayev fue un héroe sencillo, honrado y valiente de la guerra civil rusa que a raíz del relato de sus hazañas bélicas publicado por quien fuera su comisario político y del estreno de la subsiguiente película adquirió una inmensa popularidad, que aún perdura. Chapayev pronto se convirtió en un fenómeno cultural de primer orden, con cincuenta millones de espectadores en la Unión Soviética y un enorme éxito en todo el mundo, incluyendo la España republicana; es un hito del cine de propaganda soviético y del realismo socialista, y a la vez una película muy entretenida.
  • Título original: Schastye
    Dirección: Aleksandr Medvedkin
    Aleksandr Medvedkin fue rescatado del olvido después de su muerte por su amigo Chris Marker con el excelente documental de 1993 Le tombeau d’Alexandre, que en muchos países se llamó El último bolchevique. Medvedkin fue un comunista convencido, pero encontró siempre muchas dificultades para desarrollar normalmente su carrera. La felicidad fue la última película muda soviética, y una más sobre koljoses, kulaks y tractores, esta vez en formato de comedia; una divertida comedia surrealista e iconoclasta con un protagonista de una encantadora torpeza.
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