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La Guía FilmAffinity

La historia del cine en sus principales etapas y movimientos

El expresionismo alemán y el cine de la República de Weimar (1919-1933)
autor/a: Daniel Andreas
El periodo de la historia de Alemania comprendido entre su derrota en la Primera Guerra Mundial (1918) y la llegada al poder de Adolf Hitler (1933), conocido como República de Weimar, es uno de los momentos culminantes de la cultura occidental. Sus aportaciones en todos los campos de las artes, las letras y las ciencias, en medio de una terrible crisis económica, son deslumbrantes en cantidad y calidad, y convirtieron Berlín en una metrópolis vibrante de creatividad, libertad y modernidad artística y vital. El cine no quedó al margen de este auge. Figuras esenciales como Fritz Lang, Georg Wilhelm Pabst, Friedrich Wilhelm Murnau, Max Ophüls, Ernst Lubitsch o Billy Wilder comenzaron sus carreras en la capital alemana; otras, como Josef von Sternberg, rodaron ocasionalmente allí. Junto a ellas, otros muchos directores, actores, actrices, técnicos, críticos y teóricos hicieron de aquella época una de las más brillantes de la historia del medio.

La UFA y la industria cinematográfica alemana
Alemania, como potencia industrial, había tenido sus pioneros en los orígenes del cine: los hermanos Max y Emil Skladanowsky, que presentaron en público su proyector Bioskop antes que los hermanos Lumière el cinematógrafo; Oskar Messter, fundador de una de las primeras productoras alemanas; o Guido Seeber, innovador camarógrafo. El verdadero despegue del cine alemán, sin embargo, no llegaría hasta la fundación de la compañía Universum Film Aktiengesellschaft (UFA) en 1917. Surgida aún durante la Gran Guerra con intenciones propagandísticas y por iniciativa pública (el general Erich Ludendorff tuvo un papel esencial en su creación y su primer presidente fue el director del Deutsche Bank), la UFA nace con la adquisición de las productoras alemanas Messter y PAGU y de la rama alemana de la danesa Nordisk, a las que más tarde se sumarían otras. A principios de los años 20 era ya la principal productora del país, con estudios en Neubabelsberg y Tempelhof. Pese a ello, su incapacidad para explotar su enorme producción y la feroz competencia (en 1922 había casi 800 productoras y distribuidoras en Alemania) hicieron que durante muchos años no fuera rentable.

Tras la absorción en 1923 de la importante Decla-Bioskop, su jefe de producción, Erich Pommer, pasó a serlo de la UFA. Pommer (1889-1966), figura capital de la historia del cine, dio gran libertad a unos equipos creativos fijos organizados en unidades independientes de producción, lo que favoreció la consolidación de un estilo muy característico. Este se basaba en una fuerte estilización visual, con sofisticados decorados, llamativos efectos especiales, complejos juegos de luces y sombras e inusuales angulaciones y movimientos de cámara, que creaban atmósferas intensas y enrarecidas. Muchos de estos elementos novedosos en la puesta en escena estaban tomados del vanguardista teatro de Max Reinhardt (1873-1943), otro personaje esencial para entender la época. También la narrativa poseía un poderoso componente experimental, con un montaje más interesado en el contraste que en la continuidad y un abundante uso de flashbacks y otros recursos que alteraban la linealidad temporal y, ocasionalmente, la lógica discursiva.

El gabinete del Dr. Caligari

Expresionismo
Estas características eran particularmente evidentes en el que ha dado en llamarse, por asociación con el movimiento que dominaba las artes visuales alemanas de la época, “cine ex- presionista”. Ya una primera versión fílmica de El golem (Carl Boese y Paul Wegener, 1915), mito judío medieval en torno a un hombre de barro que cobra vida, mostraba muchos de los leitmotivs del movimiento: la explotación en clave romántica del folclore y la mitología nacionales, el gusto por la fantasía y el terror, el interés por el ejercicio maligno del poder y el control de la mente ajena. En esta misma línea, al gólem seguirán sonámbulos asesinos (El gabinete del doctor Caligari), vampiros telépatas (Nosferatu), enanos mágicos (Los nibelungos), femmes fatales robóticas (Metrópolis) y científicos locos (El doctor Mabuse).

Esta extraña predilección por la temática de la autoridad, el sometimiento y la violencia en un porcentaje no mayoritario, pero sí cualitativamente significativo de películas, se ha intentado explicar de distintas formas. Las interpretaciones clásicas del pionero historiador del cine Siegfried Kracauer (De Caligari a Hitler, 1947) y su seguidora Lotte Eisner (La pantalla demoníaca, 1952) apuntan a la existencia de una fuerte pulsión autoritaria en una sociedad alemana marcada por la derrota en la guerra y la humillación del Tratado de Versalles, y cuya sublimación en estos personajes prefiguraría el ascenso del manipulador de masas por excelencia, Adolf Hitler. Estas tesis en clave psicoanalítica son hoy en día discutidas. Thomas Elsaesser, por ejemplo, apunta al deseo de cierto cine de ganarse a un público más sofisticado mediante referencias históricas, literarias y pictóricas (Autorenfilm), así como a la relación de la cultura alemana con el género gótico-fantástico y el concepto freudiano de lo siniestro. Ambas interpretaciones no son excluyentes, y varios elementos, como las obvias referencias a Hitler en la figura del doctor Mabuse, o los ecos nietszcheanos en la dicotomía Übermensch/Untermensch en otras obras del mismo Fritz Lang, abonan las tesis de Kracauer y Eisner.

Tartuffe

Otros estilos
Pese a la preponderancia que ha adquirido el expresionismo y a los rasgos comunes del estilo UFA, el cine de la República de Weimar fue extremadamente variado, e incluía propuestas tan diversas temática, formal e ideológicamente como los Bergfilme de Leni Riefenstahl sobre alpinismo, los documentales propagandísticos de izquierdas, la primera película abiertamente lésbica de la historia, Muchachas de uniforme (Leontine Sagan y Carl Froelich, 1931), o el cine abstracto de Hans Richter, Walter Ruttmann, Viking Eggeling y Oskar Fischinger. No obstante, por su importancia y voluntad de alejarse del manierismo visual e interpretativo del expresionismo, destacan dos tendencias.
La primera es el llamado Kammerspielfilm, o “cine de cámara”. Tiene sus orígenes en el drama teatral –Max Reinhardt de nuevo– y busca retratar, en clave naturalista pero con un fuerte componente psicológico, personajes de las clases medias condenados a un destino trágico. Surge en la primera mitad de los años 20 con las producciones de Lupu Pick El raíl (1921) y Sylvester (1924), pero su culmen es El último (F. W. Murnau, 1924), en el que la cámara en movimiento de Karl Freund explora los sentimientos del protagonista sin recurrir a los intertítulos, una aspiración de la tendencia. Todas ellas estaban escritas por Carl Mayer, verdadero cerebro gris de esta.
La segunda es la denominada Neue Sachlichkeit, término traducible como “nueva objetividad” y asociado también a las artes plásticas. Se caracteriza por la búsqueda de un realismo desdramatizado, sin sentimentalismos, tanto en la temática –a menudo con un fuerte componente social– como en el rodaje, el montaje y la interpretación. Nace con Bajo la máscara del placer (1925) de G. W. Pabst, que será su principal representante el resto de la década.

El ángel azul

El final de una época
En 1927 el industrial Alfred Hugenberg, principal valedor civil de Hitler, compró la UFA, mejorando sus cuentas y permitiendo una rápida transición al sonoro. Para entonces, no obstante, directores como Ernst Lubitsch (en 1921), F. W. Murnau (1926), Paul Leni (1927) o William Dieterle (1930) ya habían sido seducidos por Hollywood. Muchos otros cineastas abandonarán Alemania en 1933, como Erich Pommer, Fritz Lang (según su dudoso relato, tras pedirle tiempo a Joseph Goebbels para meditar su oferta de dirigir la UFA; su esposa, Thea von Harbou, la guionista más importante de la época junto a Carl Mayer, se quedó), G. W. Pabst (que no obstante regresó en 1939 y rodó tres controvertidas películas durante la guerra), Billy Wilder, Max Ophüls y los hermanos Robert y Curt Siodmak. Como ellos, infinidad de actores (Peter Lorre, Conrad Veidt; no así el más reputado, Emil Jannings) y técnicos (Karl Freund, Eugen Schüfftan) huyeron a EE. UU., casi siempre por su condición de judíos. Si los primeros tuvieron paradójicamente que conformarse a menudo con interpretar a nazis y otros extranjeros antipáticos, los segundos, al igual que los directores, ayudaron a renovar el cine estadounidense, y en particular a engendrar el film noir, con su creatividad y sus conocimientos. En su país de origen, el fin de una era luminosa y el comienzo de la más oscura que jamás haya vivido la humanidad quedaría modélicamente reflejado en la pantalla en el escalofriante documental El triunfo de la voluntad (1935).
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Películas esenciales
nota: ordenadas cronológicamente
  • Título original: Das Cabinet des Dr. Caligari
    Dirección: Robert Wiene
    La obra expresionista por excelencia por su estilización exacerbada de la puesta en escena (decorados pintados, densos maquillajes, interpretaciones exageradas) es, paradójicamente, antes la excepción de origen teatral que la norma cinematográfica. Con todo, su tratamiento de la luz y la sombra y su compleja trama en torno a la manipulación de la mente humana –incluido un polémico giro final que añade ambigüedad a la ya de por sí retorcida historia– hacen de ella, gracias también a la influyente obra de Siegfried Kracauer, el paradigma del movimiento.
  • Título original: Der Golem, wie er in die Welt kam
    Dirección: Paul Wegener, Carl Boese
    Tras El golem (1915) y El golem y la bailarina (1917), perdidas en su mayor parte, el peculiar actor, director y productor Paul Wegener logró contar a su entera satisfacción la historia del mito judío precursor de Frankenstein. Tanto la recuperación del pasado medieval –evidente en el goticismo deformado de los decorados del arquitecto Hans Poelzig– como su trama en torno a un ser sobrenatural dominado por el hombre y capaz tanto del bien como del mal, la conectan con el romanticismo y se convertirán en elementos clave del expresionismo alemán.
  • Título original: Nosferatu – Eine Symphonie des Grauens
    Dirección: F.W. Murnau
    Hito fundamental del cine expresionista, esta adaptación pirata mal disimulada del Drácula de Bram Stoker fue salvada in extremis de las iras de su viuda, convirtiéndose con justicia en un clásico de terror por el bellísimo uso de las sombras (cortesía de Fritz Arno Wagner), el lírico tratamiento de la ambigua relación entre vampiro y víctima, la icónica caracterización de su protagonista y, en general, la lección de sabiduría narrativa y visual que imparte F. W. Murnau. La abundancia de exteriores es excepcional en un movimiento que prefería rodar en estudio.
  • Título original: Die Nibelungen: Siegfried (Siegfrieds Tod) (Die Nibelungen - Teil I)
    Dirección: Fritz Lang
    Con casi cinco horas de duración divididas en dos partes, La muerte de Sigfrido y La venganza de Krimilda, esta carísima superproducción adapta, de la mano de Thea von Harbou, el famoso cantar medieval, pilar fundacional de la cultura alemana. Imponente desde cualquier punto de vista, la dirección artística, la fotografía y los efectos visuales corrieron a cargo de los mejores técnicos de la época –entre ellos Carl Hoffmann, Eugen Schüfftan y Walter Ruttmann–, responsables de otras obras de este listado; todo ello bajo la mano maestra de Fritz Lang.
  • Título original: Der Letzte Mann
    Dirección: F.W. Murnau
    La obra cumbre del Kammerspielfilm es un desolador retrato del descenso a los infiernos del portero de un hotel que es degradado por su edad a cuidar los baños. Más allá de su denuncia de las consecuencias para las clases medias de la hiperinflación de 1923, resulta deslumbrante por las audacias de la cámara “desencadenada” de Karl Freund, así como por la soberbia interpretación de Emil Jannings, actor habitual de F. W. Murnau. El único intertítulo introduce deus ex machina un final feliz que, irónicamente, se reconoce improbable en la vida real.
  • Título original: Berlin – Die Symphonie der Großstadt
    Dirección: Walter Ruttmann
    Pionero del cine abstracto, Walter Ruttmann es recordado por esta bellísima “sinfonía urbana”, subgénero documental de los años 20 y 30 en el que se retrata una ciudad y la vida moderna que en ella bulle. Siguiendo las tesis soviéticas en torno a los usos y tipos de montaje y el concepto del Kino-Pravda de Dziga Vertov, pero anticipándose a su El hombre de la cámara (1929), muestra diversos aspectos de Berlín desde el amanecer hasta la noche al ritmo de una banda sonora de Edmund Meisel, autor asimismo de las de El acorazado Potemkin y Octubre.
  • Título original: Metropolis
    Dirección: Fritz Lang
    Fritz Lang, uno de los directores esenciales de la historia del cine, demostró su genialidad en los más variados géneros. Esta obra pionera de la ciencia ficción deslumbra aún hoy por su fuerza visual, sostenida sobre una arquitectura y unos decorados vanguardistas, una composición de los planos de enorme plasticidad y unos magníficos efectos especiales (entre ellos el famoso “proceso Schüfftan”). Por el contrario, su estrafalaria trama y visión de la lucha de clases, cortesía de la guionista Thea von Harbou, resultan hoy tan cuestionables como entonces.
  • Título original: Die Büchse der Pandora
    Dirección: Georg Wilhelm Pabst
    La obra maestra de G. W. Pabst, basada en dos dramas de Frank Wedekind, narra la peripecia vital de una mujer que seduce a hombres y mujeres para conseguir sus fines, causando el mal a todos cuantos se cruzan con ella. Dentro de la solidez e intensidad de un conjunto espléndidamente dirigido y de una apabullante modernidad, destaca el desinhibido retrato de una (bi)sexualidad femenina tan seductora como terrible, perfectamente encarnado por la estadounidense Louise Brooks, femme fatale inocente, hipnótica y absolutamente irresistible.
  • Título original: Tagebuch einer Verlorenen (Diary of a Lost Girl)
    Dirección: Georg Wilhelm Pabst
    El mismo año de Lulú, G.W. Pabst se sirvió del dramón de una mujer abocada a la prostitución, basado en un supuesto diario real, para ofrecer otro alegato feminista y antiburgués. Igualmente moderna resulta la dirección, que desprecia la continuidad y el plano-contraplano en favor de un montaje abrupto pero muy eficaz, sostenido en un excelente trabajo de cámara con intensos primeros planos. Destacan las secuencias del internado –cuyos sádicos gerentes evocan el auge del nazismo–, el lesbianismo más que insinuado y la presencia una vez más de la magnética Louise Brooks.
  • Título original: Der blaue Engel (The Blue Angel)
    Dirección: Josef von Sternberg
    Tras su estancia en EE. UU. y gracias a un acuerdo UFA-Paramount, Erich Pommer contrató a Josef von Sternberg para dirigir esta adaptación libre de la novela El profesor Unrat, de Heinrich Mann. Narra un nuevo proceso de autodestrucción moral y social –en esta ocasión por amor– de un protagonista encarnado por Emil Jannings. Intensa y visualmente fascinante, marca el comienzo de la colaboración entre Sternberg y la sensual Marlene Dietrich, así como de la carrera de Friedrich Hollaender, cuyas canciones para la película son ya clásicos de repertorio.
  • Título original: M
    Dirección: Fritz Lang
    La primera película sonora de Fritz Lang y Thea von Harbou es también la más moderna de las suyas. No solo sienta las bases de todo el subgénero de asesinos en serie, sino que es un fascinante estudio (uno más) sobre el mal y sus demoledores efectos en la sociedad. Asombrosa desde todos los puntos de vista, destaca la imaginativa dirección de Lang –que nunca muestra la violencia–, la bella fotografía de Fritz Arno Wagner –que parece citar las primeras obras expresionistas– y la sobrecogedora actuación de Peter Lorre –que lo encasillaría en personajes similarmente desagradables–.
  • Título original: Das testament des dr. Mabuse
    Dirección: Fritz Lang
    La última obra conjunta de Fritz Lang y Thea von Harbou es, frente a la larga El doctor Mabuse (1922) y a la tardía Los crímenes del Dr. Mabuse (1960), la mejor sobre el famoso científico loco. Se trata de una apenas disimulada metáfora del ascenso del nazismo y del propio Hitler, que llegaría al poder antes de su estreno y la prohibiría, propiciando así la salida de Lang de Alemania y la ruptura profesional y personal de la pareja. Ética y políticamente incontestable y apasionante desde el punto de vista creativo y visual, es una obra fascinante de principio a fin.
Otras películas relevantes
nota: ordenadas cronológicamente
  • Título original: Die Puppe
    Dirección: Ernst Lubitsch
    En 1919 el precocísimo Ernst Lubitsch estrenó seis películas, entre ellas Madame DuBarry, uno de los dramas históricos que le abrieron las puertas de Hollywood. Sin embargo, el tiempo le ha sentado mejor a comedias como La princesa de las ostras o a esta disparatada sátira, en las que apunta ya su famoso “toque” pícaro. Por su trama en torno a una muñeca que parece cobrar vida y por su puesta en escena, que incluye decorados pintados, interpretaciones teatrales y juegos de luces y sombras, parece una parodia presciente de la expresionista El gabinete del doctor Caligari (1920).
  • Título original: Der Müde Tod
    Dirección: Fritz Lang
    La primera gran película de Fritz Lang y Thea von Harbou es una poderosa fábula de corte expresionista sobre el viejo tema de la victoria del amor sobre la muerte. La estructura en episodios, el exotismo orientalista de dos de ellos y los efectos especiales deben bastante a la época, pero la cuidadosa planificación visual, el sabio pulso narrativo y la intensidad en el retrato de las emociones poseen ya todo el sello del maestro Lang. Según cuenta Luis Buñuel en sus memorias, fue la película que le decidió a convertirse en director de cine.
  • Título original: Die Freudlose Gasse
    Dirección: Georg Wilhelm Pabst
    Este duro retrato de la miseria vienesa (o, para el caso, berlinesa), en el que las mujeres deben vender sus cuerpos para comer, fue censurado y brutalmente mutilado, pese a lo cual lanzó las carreras de G.W. Pabst y de Greta Garbo y se convirtió en el origen de la “nueva objetividad”. Aunque ni siquiera la restauración más completa logra dar total coherencia a varios aspectos de la trama, como el abrupto final, resultan magníficos el retrato de las diferencias de clase y género y la interpretación de la Garbo, que tomaba el relevo a Asta Nielsen como diva del cine de la época.
  • Título original: Herr Tartüff
    Dirección: F.W. Murnau
    Con el fin de abrir los ojos a su abuelo, a quien el ama de llaves ha engañado para que la nombre su heredera, un joven actor proyecta a ambos una adaptación cinematográfica de la inmortal comedia de Molière sobre la hipocresía. Curiosa fusión de ambos medios –la puesta en escena (decorados, interpretaciones) es fuertemente teatral, pero la fotografía de Karl Freund, con sus cambiantes juegos de luces y sombras y su profundidad de campo, es puro cine–, supone una poderosa reivindicación, con resonancias autobiográficas, del poder iluminador del arte.
  • Dirección: Ewald André Dupont
    Pese a narrar en un largo flashback una convencional historia de amor y celos, la magistral interpretación de Emil Jannings, el estupendo trabajo de cámara de Karl Freund –sobre todo en los primerísimos planos y en las tomas en movimiento desde el trapecio– y su atrevido montaje hacen de esta producción de la UFA una obra magnética e intemporal. Basada en una novela de Felix Hollaender, colaborador de Max Reinhardt, supuso el punto culminante de la carrera del entonces prometedor E. A. Dupont, que posteriormente trabajaría en el Reino Unido y EE. UU.
  • Título original: Die Abenteuer des Prinzen Achmed (The Adventures of Prince Achmed)
    Dirección: Lotte Reiniger
    El primer largometraje de animación que se ha conservado es un prodigio de fantasía y originalidad basado en Las mil y una noches y realizado, al estilo del teatro de sombras asiático, con siluetas de cartón articuladas y animadas fotograma a fotograma. Aunque parezca mero escapismo ajeno a su Zeitgeist, los personajes maléficos, el exotismo y la sincopada estilización de las figuras conectan con el cine expresionista; de hecho, Reiniger colaboró en obras de Fritz Lang, G. W. Pabst y Walter Ruttmann (quien también participó en esta película).
  • Fausto 1926 Alemania
    Título original: Faust – Eine deutsche Volkssage
    Dirección: F.W. Murnau
    El último largometraje de F. W. Murnau antes de emigrar a EE. UU. pone en imágenes, vía Goethe y otras fuentes, el mito alemán por excelencia, en el que Fausto vende su alma a Mefisto a cambio de juventud y otros beneficios. Carísima producción sobre (nuevamente) el ejercicio y el precio del poder, es un portentoso espectáculo visual –Éric Rohmer dedicaría su tesis doctoral a la organización del espacio en la película– con un romántico final. El más tarde director William Dieterle tiene un importante papel como actor.
  • Título original: Asphalt
    Dirección: Joe May
    Conocido por los seriales de aventuras y detectives protagonizados por su mujer Mia, con la que fundó su productora, a finales de los años 20 Joe May se acercó a la "nueva objetividad" en obras como esta. Visualmente impecable, destacan las fastuosas tomas con grúa, la estupenda composición de los planos, el brillante uso de la luz y la atención a los objetos y rostros; pero también el carácter proto-noir de su protagonista, una femme fatale que secude a su ingenua pareja en secuencias de una modernidad sorprendente. El moralizante final resulta forzado.
  • Título original: Mutter Krausens Fahrt ins Glück
    Dirección: Phil Jutzi
    La crisis económica y la influencia soviética hicieron que a partir de 1926 surgiera, apoyado por partidos, sindicatos y organizaciones de izquierdas, un "cine proletario" (Arbeiterfilme), cuya principal productora fue Prometheus. Esta dura descripción del Lumpenproletariat berlinés, muy deudora –no solo en el montaje– de Eisenstein y Pudovkin, combina imágenes documentales con una trama que se anticipa década y media al neorrealismo para subrayar que la única salida posible es la unidad de los trabajadores. Rainer Werner Fassbinder le rendiría un sentido homenaje, pese a que Piel Jutzi se afiliaría al Partido Nazi en 1933.
  • Título original: Menschen am Sonntag (People on Sunday)
    Dirección: Robert Siodmak, Edgar G. Ulmer, Curt Siodmak
    Escrita por Billy Wilder sobre un reportaje de Curt Siodmak, dirigida por el hermano de este, Robert Siodmak, y por Edgar G. Ulmer, y fotografiada por Eugen Schüfftan, contó también con la colaboración de Fred Zinnemann. Mezcla de ficción y documental sobre Berlín, esta obra colectiva autoproducida, ejemplo de la "nueva objetividad", impresiona hoy más por su inocente retrato de la Alemania prenazi que por sus juegos con la cámara. Sus creadores, todos judíos centroeuropeos germanoparlantes, harían carrera en EE. UU. tras la subida de Hitler al poder.
  • Título original: Die Dreigroschenoper (Die 3 Groschen-Oper)
    Dirección: Georg Wilhelm Pabst
    Resulta sorprendente que Bertolt Brecht y Kurt Weill abandonaran esta adaptación de La ópera de cuatro cuartos y demandaran a su productora por entender que despolitizaba la obra original, toda vez que la película lleva más lejos que el original su famoso mensaje anticapitalista "¿Qué es robar un banco comparado con fundarlo?". Con todo, el teatro épico es difícil de adaptar al lenguaje fílmico: pese a los excelentes decorados, los atrevidos travellings, las buenas interpretaciones y las pegadizas canciones, resulta algo fría, algo raro en G. W. Pabst.
  • Título original: Liebelei
    Dirección: Max Ophüls
    Esta adaptación de una obra teatral de Arthur Schnitzler comienza con la ligereza y picardía de una película de Ernst Lubitsch (Ser o no ser toma prestado algún detalle) para deslizarse después por el tono romántico y dramático característico de su director. Pese al ritmo un tanto desmayado y al escaso carisma de sus actores –incluida Magda Schneider, madre de Romy, que protagonizaría un remake veinticinco años más tarde–, lanzó la carrera internacional de Max Ophüls por su sabio uso de los decorados, la cámara en movimiento y el montaje (véase la escena del duelo):
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