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La Guía FilmAffinity

La historia del cine en sus principales etapas y movimientos

La emergencia de otras cinematografías. Asia (1950-1981)
autor/a: Jorge Oter
El cine japonés
La atención cinematográfica occidental dedicada al continente asiático ha sido acaparada históricamente por el cine japonés; especialistas de renombre mundial le han dedicado dilatados estudios y han desmenuzado los mecanismos de sus autores. Ha habido motivos para ello: tras la Segunda Guerra Mundial la cinematografía japonesa protagonizó una espectacular afirmación internacional en prestigiosos certámenes, a través de autores iniciados en la época del cine mudo, como Kenji Mizoguchi o Yasujiro Ozu, y de otros algo más jóvenes, como Mikio Naruse o Akira Kurosawa, que se extendió a lo largo de toda la década de los años 50, continuó en la de los 60 con nuevos éxitos y pervivió en los 70 con presencias simbólicamente poderosas como la de El imperio de los sentidos (Nagisa Oshima, 1976).

El cine japonés vivió una primera época dorada en la década de los años 30 y un segundo periodo de esplendor en la de los 50, cuando los grandes consagrados convivieron con un conjunto de cineastas caracterizados por un humanismo de posguerra. Con muy diferentes personalidades, estos autores se vieron afectados por la participación japonesa en el conflicto bélico y sus consecuencias destructivas y por la presencia estadounidense en su país. Tras la contienda EE. UU. controló la industria cinematográfica japonesa, estableciendo un régimen de censura (prohibición de la apreciación de la mentalidad feudal o de las menciones a la bomba atómica) y favoreciendo, bajo control ideológico, las películas difusoras de la nueva democracia. Con el final de la intervención estadounidense en 1952 la industria cinematográfica japonesa creció, como el resto de la economía, y, siguiendo un sistema de estudios, vio cómo algunos autores, como Kon Ichikawa o Masaki Kobayashi, abordaban temas hasta entonces vetados.

Los cineastas de la Nueva ola (Nuberu bagu) japonesa, como Shohei Imamura o Nagisa Oshima, rechazaron vehementemente los valores convencionales y sacrificiales en favor de una cierta satisfacción individualista. Este grupo nació de los estudios, pero entró en conflicto con ellos; sus películas son políticas (viven la posguerra y la ratificación en 1960 del Tratado de Cooperación y Seguridad con EE. UU. con una gran contestación) y temáticamente transgresoras, como frecuentemente lo es también su expresión.

El intendente Sansho

El cine indio
India, hoy día el mayor productor y consumidor de cine del mundo, comenzó ya a producir más de 200 películas anuales a finales de los años 40 (casi 300 en 1956), y sin embargo su cine siempre ha sido bastante desconocido en Occidente, que ha centrado su atención casi únicamente en la figura de Satyajit Ray. Ello puede entenderse si se considera a este gran artista universal como una notable excepción en un mundo cinematográfico que mayoritariamente “se construyó a sí mismo con un lenguaje propio y para su propia audiencia, sin fijarse en el cine occidental, muy lejano de sus necesidades y gustos”, como escribe Álvaro Enterría en La India por dentro.

El caso indio es también un buen ejemplo de la problemática asociada a la observación del cine según una organización nacional: en términos de creación, producción y recepción, las particularidades culturales y lingüísticas de India demuestran una coexistencia de realidades que ha reclamado una atención específica a unos cines regionales en diversas lenguas (bengalí, tamil, telegu, malayalam y muchas otras) que fueron creciendo a partir de los años 50. Así, los criterios para distinguir lo “nacional” merecerían ser aplicados según su validez para cada caso: fórmulas narrativas, convenciones, estrellas, el mito de la nación, etc., difieren según los entornos.

A partir de la independencia de 1947 comenzó a construirse en India un cine de aspiración popular, con historias que hablaban de justicia y democracia y figuras que conectaban con el público, como los actores-directores Raj Kapoor o Guru Dutt, y aparecieron películas históricas y musicales de gran éxito. En general, tanto entonces como ahora, el cine comercial de consumo masivo en lengua hindi (y urdu) producido en Bombay, el que a partir de los años 70 dio en llamarse de “Bollywood”, se dirige a las clases populares, en cuya cultura está profundamente enraizado, rehúye el realismo y abunda en melodramas románticos ambientados en el presente o en el pasado, casi siempre con canciones, muchas veces con bailes y en ocasiones con peleas. También es habitual en este cine la larga duración de las películas.

El salón de música

En los años 50 aparecieron algunos autores bengalíes que propiciaron una importante renovación del cine indio, como Bimal Roy, Satyajit Ray o Ritwik Ghatak, para quien la partición de la región de Bengala fue un tema recurrente. Ellos y otros, en parte inspirados en el neorrealismo italiano, dieron origen a lo que se denominó “Cine paralelo”, con unas premisas más proclives al realismo social y más de autor, y en general sin canciones ni bailes.

En los años 60 el Cine paralelo derivó hacia el llamado Nuevo cine indio, que agrupaba a cineastas tan distintos como Mani Kaul, que fue el más singular, Mrinal Sen, influenciado por la Nouvelle vague francesa y más centrado en lo individual, que creó la obra emblemática de este movimiento, la formalista Bhuvan Shome (1969), o Shyam Benegal, que realizó Ankur (1973) con un estilo más realista. En general fue un cine crítico y comprometido, al cual siguió un cine escapista y luego nihilista en los años 70: Sholay (Ramesh Sippy, 1975), un curry western, fue un gran éxito.


Otros cines asiáticos
En Irán, Abbas Kiarostami fundó en 1969 un departamento cinematográfico dentro del Instituto de Desarrollo Intelectual de Niños y Jóvenes Adultos, y desde él favoreció la formación profesional y la producción de películas de una nueva ola de cineastas. Un importante precursor de este movimiento fue el cortometraje La casa es negra (1963) de Forugh Farrokhzad.

En Hong Kong dominó desde la posguerra un cine de géneros de inspiración hollywoodiense, aunque fue apareciendo otro con un aire más propio, centrado en la opereta, el melodrama o las artes marciales, que evolucionó con el público y con la aparición, a mediados de los años 60, de cineastas como King Hu. Este trabajó también en Taiwán, donde tuvo éxito el melodrama o la comedia de tintes regionales. Compañías como la Shaw Brothers, una de las dominadoras del mercado hongkonés desde la posguerra, produjeron películas para diversos mercados, como Taiwán, Malasia, Singapur o Tailandia.

En Tailandia destacó una producción propia en formato subestándar (16 mm) y silente que triunfó durante los años 50 y 60, su época dorada, hasta la muy tardía consolidación del cine sonoro.

Harakiri

Corea del Sur vivió un periodo muy productivo en los años 60, en los que el control estatal y el proteccionismo se combinaron con un sistema de estudios inspirado en Hollywood. En el breve periodo democrático que precedió a la dictadura de Park Chung-hee (1961-1979) aparecieron algunas de sus obras más apreciadas y que todavía pudieron abordar temas sensibles, como La criada (Kim Ki-young, 1960) y Obaltan (Yu Hyun-mok, 1961).

Filipinas tuvo una primera época dorada en los años 50 con la aparición tras la Segunda Guerra Mundial de compañías que producían películas de género de aspiración generalista. A ello siguió un periodo de crisis con el colapso de esas compañías en los años 60, aunque bajo la dictadura de Ferdinand Marcos (1965-1986) se produjo un resurgimiento con una segunda época dorada que contestaba la situación política, con autores como Lino Brocka o Ishmael Bernal.

En la República Popular China, con el cine nacionalizado, se ejerció un severo control ideológico sobre los cineastas a raíz de la campaña “antiderechista” de 1957, aunque ya antes había habido persecuciones. Abundaron las adaptaciones literarias y de operetas, las películas de heroicidad bélica y los dramas contemporáneos. Aun así, películas como las de Xie Jin ofrecieron ejemplos de especial logro estético. Con la Revolución Cultural de 1966 llegó la represión y el castigo a los cineastas que, según el régimen de Mao Zedong, desafiaban la nueva ortodoxia. Con excepción de las versiones fílmicas de las “óperas revolucionarias” o “modelo” propuestas por Jiang Qing, cuarta mujer de Mao y antigua actriz de cine, la producción cinematográfica se detuvo durante varios años, y solo resurgió a partir de finales de los años 70.

El cine palestino, que en lo fundamental nació a finales de los años 60, estuvo marcado por acontecimientos traumáticos, originariamente la naqba, la expulsión palestina derivada de la creación del Estado de Israel en 1948. Algunas películas palestinas mostraron una dimensión abstracta que permitía extrapolar su discurso concreto a otras situaciones, como los documentales nacionalistas de los años 70 de la Organización para la Liberación de Palestina.
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Películas japonesas esenciales
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Título original: Rashômon
    Dirección: Akira Kurosawa
    En la edición de 1951 del Festival de Venecia Rashomon se alzó con el León de Oro y abrió una etapa de reconocimiento internacional del cine japonés en la persona de Akira Kurosawa, un cineasta más joven que Kenji Mizoguchi o Yasujiro Ozu. Este jidaigeki (drama de época), basado en relatos de Ryunosuke Akutagawa, constituye todo un ejercicio narrativo en el que un mismo hecho es contado cuatro veces por diferentes personajes. Lo protagoniza el viril Toshiro Mifune, actor fetiche de Kurosawa, con quien llegó a rodar 16 películas entre 1948 y 1965.
  • Título original: Saikaku ichidai onna (The Life of Oharu)
    Dirección: Kenji Mizoguchi
    Con Vida de Oharu, mujer galante Kenji Mizoguchi consiguió rodar un proyecto personal largo tiempo deseado y alcanzar el reconocimiento occidental (ganó el Premio Internacional en el Festival de Venecia). La película, adaptación libre de una novela de Ihara Saikaku, narra la cruel opresión y la sucesión de desdichas que ha de sufrir una mujer en el Japón feudal del siglo XVII. El estilo del autor va ligado a la elipsis y a los planos de larga duración, por lo que cobran mucha importancia la construcción interna del espacio, los movimientos de cámara y el montaje.
  • Ugetsu 1953 Japón
    Título original: Ugetsu monogatari (Tales of a Pale and Mysterious Moon After the Rain)
    Dirección: Kenji Mizoguchi
    Kenji Mizoguchi, que dirigió casi un centenar de películas –la mayoría de las cuales se han perdido, sobre todo las de su época muda–, alcanzó la cumbre de su arte en los años 50, los últimos de su vida, en los que fue creando una obra maestra tras otra. Cuentos de la luna pálida, que ganó el León de Plata en el Festival de Venecia, es quizá su película más conocida, y una excelente muestra de su maestría como narrador de historias –en esta incorporando elementos fantásticos– con sus largos y elaborados planos llenos de belleza y de intensidad poética. MV
  • Título original: Tokyo monogatari
    Dirección: Yasujirō Ozu
    Tras una larga carrera que había comenzado en el cine mudo, Cuentos de Tokio fue la obra que estableció internacionalmente la reputación de Yasujiro Ozu. La película reúne claves temáticas y formales del autor en una historia sobre las relaciones familiares intergeneracionales y la disolución de los modos de convivencia tradicionales. Es un ejemplo depurado del estilo formal de Ozu, basado en un sistema compositivo y estructural propio: disolución del eje de la mirada, punto de vista bajo y estático, frontalidad y repetición, planos de transición, etc.
  • Título original: Sansho Dayu (Sansho the Bailiff)
    Dirección: Kenji Mizoguchi
    Kenji Mizoguchi fue siempre un cineasta progresista y feminista (comenzó en el cine como actor especializado en papeles femeninos) que denunció las injusticias sociales y la opresión de la mujer en la sociedad japonesa, tanto en el pasado como en su tiempo. En esta historia de esclavitud, redención y compasión ambientada en el siglo XII, por la que fue premiado por tercera vez consecutiva en el Festival de Venecia, su poética mirada, tan sensible a los dramas humanos, se centra en el papel de la mujer y en la defensa de la rebeldía ante la injusticia. MV
  • Título original: Shichinin no Samurai (Seven Samurai)
    Dirección: Akira Kurosawa
    Es un lugar común decir que Akira Kurosawa fue el más “occidentalizado” de los cineastas japoneses, y también resulta evidente que esa influencia fue mutua. Esta película fue la primera suya de la que se realizó un remake en Occidente (Los siete magníficos, John Sturges, 1960), que inició una larga serie de ellos. Sin dejar de ser una película de samuráis, un chambara, es mucho más que eso por la energía que desprende su extraordinaria puesta en escena y por la compasiva mirada de Kurosawa hacia los distintos mundos de los samuráis y de los campesinos. MV
  • Título original: Ukigumo (Floating Clouds)
    Dirección: Mikio Naruse
    Al igual que Yasujiro Ozu, Mikio Naruse prefería las películas de gente corriente (shomin-geki) a los dramas de época. Centrado en el universo femenino, ofrece una visión pesimista de la vida en la que la amargura determina la existencia de sus protagonistas, como la de esta película situada en la inmediata posguerra, que a su vuelta a Japón pena por un amor irrecuperable. Como ha señalado Audie Bock, las heroínas de Naruse se justifican a sí mismas en la persistencia de su búsqueda de la felicidad, aunque tengan claro que no pueden conseguirla.
  • Título original: Kumonosu-jô (Throne of Blood)
    Dirección: Akira Kurosawa
    En un momento de absoluto esplendor creativo Akira Kurosawa realizó la que para muchos es su obra cumbre y la mejor adaptación de Shakespeare al cine. Esta fascinante versión de Macbeth, parca en palabras y copiosa en niebla, lluvia y viento, es una combinación de la inmortal “obra escocesa” del Bardo con la estética del teatro noh y de los grabados medievales de batallas japoneses. A partir de una puesta en escena austera, rigurosa, densa y depurada, Kurosawa logra crear un prodigio de expresión plástica con un pathos repleto de pasión trágica. MV
  • Título original: Ukikusa (Floating Weeds)
    Dirección: Yasujirō Ozu
    La hierba errante responde por entero al “estilo maduro” de Yasujiro Ozu que nadie ha sintetizado mejor que el historiador Donald Richie: “la famosa posición invariable de la cámara, justo por encima del tatami; el rechazo de esta a seguir a los actores (la dolly) o incluso a rodear su cabeza (la panorámica); la conocida falta de puntuación; solo cortes directos, sin fundidos ni encadenados; la invariable construcción en mosaico de la historia; el rechazo de la trama en cualquier sentido melodramático […]; secciones enteras de la historia omitidas en elipsis”. MV
  • Título original: Nihon no yoru to kiri (Night and Fog in Japan)
    Dirección: Nagisa Ôshima
    Nagisa Oshima irrumpió en la cinematografía japonesa coincidendo con las protestas contra el Tratado de Cooperación y Seguridad con EE. UU. de 1960. Esta película temprana demuestra la fuerte implicación, tanto temática como expresiva, que caracteriza el cine de Oshima: rodada en apenas diez días y con opción por el plano secuencia (fue realizada a espaldas de su estudio, Sochiku), recoge las protestas de la organización estudiantil Zengakuren y su alejamiento del Partido Comunista de Japón. Marcó un comienzo para el cine político de vanguardia en Japón.
  • Título original: Seppuku (Harakiri)
    Dirección: Masaki Kobayashi
    Como otros cineastas de la posguerra, Masaki Kobayashi demuestra una inclinación humanista que cree poder manifestar por igual tanto en películas de ambientación contemporánea como de época. Tras su magna trilogía La condición humana (1959-1961) abordó dos adaptaciones no consecutivas de Yasuhiko Takiguchi con Shinobu Hashimoto como guionista; la primera de ellas, Harakiri, una reflexión narrativa de fuerte carga simbólica, escenifica una acerba crítica al código samurái. Obtuvo el Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 1963.
  • Título original: Sanma no aji
    Dirección: Yasujirō Ozu
    En su última película Yasujiro Ozu trata sus temas de siempre (la disolución de la familia, el matrimonio de la hija, el discurrir de la existencia) con su estilo de siempre (en el que la rigidez de la puesta en escena es la verdadera protagonista del relato, según algunos críticos), tal vez aquí con más pesimismo y una mayor presencia de la vejez y de lo inevitable: no en vano el título original no alude al sake (aunque los personajes lo beban sin cesar), sino a un pescado (la paparda del Pacífico) que los japoneses comen, precisamente, en otoño. MV
Otras películas japonesas relevantes
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Título original: Jigokumon (Gate of Hell)
    Dirección: Teinosuke Kinugasa
    Ganadora en el Festival de Cannes en 1954, Óscar a la mejor película en lengua extranjera y al vestuario en color al año siguiente, esta película del veterano Teinosuke Kinugasa se sumó a los éxitos japoneses del periodo. Situada en el contexto de la rebelión Heiji en el siglo XII, contrasta la fidelidad de un samurái a su clan con la que la mujer de la que se ha enamorado demuestra hacia su marido. Con una observación minuciosa de los matices formales, destaca el exuberante uso del color, relacionado con los rollos ilustrados tradicionales japoneses.
  • Título original: Gojira (Godzilla)
    Dirección: Ishirô Honda
    La superproducción que creó el monstruo Godzilla supuso un rotundo éxito de taquilla y originó una sucesión de películas posteriores. La historia se relaciona con el temor al desastre nuclear en un momento en que las pruebas con la bomba H estaban de plena actualidad. Este tipo de experimentaciones modernas despiertan a una criatura prehistórica, un monstruo del confín marino que amenaza y castiga al archipiélago y a sus científicos: una fábula moral cargada de pesimismo.
  • Título original: Nogiku no gotoki kimi nariki
    Dirección: Keisuke Kinoshita
    El cine de Keisuke Kinoshita se ha reconocido no tanto por su fidelidad a unas técnicas o a un género, como en el caso de otros cineastas, sino por su consagración a la pureza y la belleza, lo que ha dotado a sus películas de cierto sentimentalismo. En la sincera Ella era como un crisantemo salvaje confluyen la nostalgia de un amor de juventud perdido y la experimentación para la representación de las escenas del pasado a través de una máscara oval sobre la imagen, gesto revelador de la preocupación de Kinoshita por imprimir a cada obra un estilo unitario.
  • Título original: Jun'ai monogatari
    Dirección: Tadashi Imai
    El cine de Tadashi Imai presta atención a personajes desfavorecidos en diferentes épocas. En esta obra se fija en dos jóvenes marginales de la posguerra que se enamoran para los que el entorno social es un obstáculo. La película adquiere un cierto tono documental a la hora de aludir a las consecuencias del desastre nuclear (el tema de la bomba fue incorporado expresamente). Su estilo direccional es claro y accesible, a la vez que extremadamente preciso en la composición de los encuadres. Ganó el premio a la mejor dirección en el Festival de Berlín de 1958.
  • Título original: Buta to gunkan (Hogs and Warships)
    Dirección: Shôhei Imamura
    Cineasta de la Nueva ola japonesa, Shohei Imamura se interesa por el teatro pero se adentra en el sistema de estudios cinematográficos, aunque, como Nagisa Oshima, acabará rechazándolo. También como Oshima hace películas desde finales de los años 50. Cerdos y acorazados aborda el tema de la presencia estadounidense en Japón y la corrupción que la acompañó para mostrar cierto submundo alejado de los estereotipos de lo japonés. Destacan la presencia de los actores y la potencia visual de las imágenes.
  • Título original: Suna no onna (Woman in the Dunes)
    Dirección: Hiroshi Teshigahara
    Hiroshi Teshigahara pertenece a ese tipo de cineastas que trabajan, muchas veces al inicio de sus carreras, sobre el terreno de las relaciones entre el cine y las artes. Así, realiza en ese periodo algunos documentales sobre pintura y escultura japonesas, línea que diversificará posteriormente. La mujer de la arena muestra trazas de una herencia vinculada a la atención por las formas y texturas en una obra de tono claustrofóbico, una metáfora existencial protagonizada por un entomólogo. Recibió el Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 1964.
  • Dirección: Kaneto Shindô
    El prolífico Kaneto Shindo se inició como guionista y pasó a la dirección cinematográfica a comienzos de los años 50, interesado por el universo femenino (como antes Kenji Mizoguchi o Mikio Naruse). En los años 60 añadirá a su cine la cuestión de la sexualidad, que en la transgresora Onibaba se combina con la violencia inmoral en una historia de un minimalismo tendente a la abstracción, con un esquemático escenario y apenas tres personajes que son objeto de grandes pasiones. La historia está basada en un relato budista.
  • Título original: Koroshi no rakuin (Branded to Kill)
    Dirección: Seijun Suzuki
    Seijun Suzuki filmó decenas de películas de serie B desde su debut en 1956 hasta la realización de Marcado para matar, una restricción que estimularía su creatividad hasta el punto de irritar a su estudio (Nikkatsu), que terminó despidiéndolo. El cine de Suzuki se centra en la relectura de los géneros del cine comercial, de los que toma sus elementos característicos para pasarlos, como en este caso con el cine negro, por un filtro personal de teatralización, estilización visual y violencia. Suzuki fue reconocido por su trabajo en el cine de yakuzas.
  • Título original: Okasareta hakui (Violated Angels) (Violated Women in White)
    Dirección: Kôji Wakamatsu
    El pinku eiga (“cine rosa”) popularizó en la segunda mitad de los años 60 las películas de bajo presupuesto, más o menos una hora de duración y escenas de sexo (pero sin mostrar los genitales, para pasar la censura). Violated Angels narra la historia de un asesino de jóvenes enfermeras basada en un caso real escrito por el excepcional Masao Adachi. El talentoso Koji Wakamatsu fundó su propia compañía y asumió y ensanchó las premisas del género. Sus películas darían cuenta de una violencia nihilista que, bajo la superficie, iría dirigida contra el sistema.
  • Título original: Bara no soretsu (Funeral Parade of Roses)
    Dirección: Toshio Matsumoto
    Toshio Matsumoto realizó a lo largo de los años 60 un importante corpus de obras entre el documental de vanguardia y la experimentación más radical. Su primer largometraje de ficción, traslación al Japón contemporáneo del Edipo rey de Sófocles, narra la historia de un travesti a través de un submundo de sexo y drogas, y para ello no renuncia a las investigaciones narrativa (fragmentación de la estructura con tensión psicoanalítica) y formal (estilo documental, rupturas metatextuales, música experimental electrónica).
  • Título original: Sayonara CP
    Dirección: Kazuo Hara
    El primer documental del controvertido Kazuo Hara trata el tema de la parálisis cerebral, que aborda a través de la persona de un afectado. Lo que para este es un medio de expresión, para su pareja también afectada será un ultraje, que queda filmado. Hara sigue a su protagonista en su día a día arrastrado sobre las aceras y en su intimidad doméstica y física, con total frontalidad y aspereza (la de su acercamiento y la del acabado formal de la obra). La película obliga al espectador a cuestionarse sobre los límites de la representación.
  • Spacy (C) 1981 Japón
    Dirección: Takashi Ito
    El extraordinario y temprano cortometraje Spacy de Takashi Ito ofrece un ejemplo de experimentación situado entre el cine y la fotografía. A través del encantamiento derivado de su estructura repetitiva, la película reflexiona sobre las características del material cinematográfico y sus posibilidades de construcción del espacio. Ito recoge el testigo de la tradición del cine de vanguardia japonés, que encuentra referentes clave en las figuras de Takahiko Iimura o Toshio Matsumoto, y abre la vía para las experimentaciones de la nueva década.
Películas indias esenciales
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Título original: Awaara
    Dirección: Raj Kapoor
    Actor, cantante, productor y director de cine, Raj Kapoor fue un ídolo de la cinematografía india que trabajó fundamentalmente entre los años 40 y los 70. Sus películas, con una gran carga de sentimentalismo y sensualidad, estaban vinculadas al clima político derivado de la independencia. Se vio influido por Charles Chaplin, Frank Capra y el neorrealismo italiano, así como por la tradición del teatro popular indio (su padre también fue actor). Cosechó grandes éxitos de público, y cuando dejó de ser así se vio obligado a cambiar hacia los nuevos gustos.
  • Título original: Pather Panchali
    Dirección: Satyajit Ray
    Esta memorable "Trilogía de Apu", basada en dos novelas de Bibhutibhushan Banerjee que narran la infancia, adolescencia y madurez de un joven de una humilde familia rural bengalí, es la obra cumbre de Satyajit Ray y quizá de todo el cine indio. Ray, que había colaborado con Jean Renoir en el rodaje de El río (1951) en India, debutó como director con la primera de las películas de esta obra señera, poética y conmovedora que según Akira Kurosawa “fluye con la serenidad y la nobleza de un gran río” y que atrajo la atención occidental sobre el cine indio. MV
  • Título original: Mother India
    Dirección: Mehboob Khan
    Esta película es una de las más queridas en India, y algunas de sus imágenes y canciones forman parte de la memoria colectiva del país. De ella se ha dicho que es la fuente de todo el cine hindi y que jugó un papel clave en la construcción de la identidad nacional de la nueva república. Su primera parte, influida por el cine revolucionario soviético, narra en tono épico la historia de una “madre coraje” que ha de superar un piélago de calamidades para que sus hijos y ella puedan sobrevivir. La segunda parte es más folclórica, pero retoma el tono épico en el desenlace. MV
  • Título original: Pyaasa
    Dirección: Guru Dutt
    Guru Dutt fue uno de los actores-directores indios más populares de su momento, que no se prolongó mucho, pues murió a los 39 años en circunstancias dramáticas. Sed eterna, que cuenta la historia de un poeta pobre y asqueado por la sociedad que lo rodea, es su película más conocida y admirada y un buen ejemplo del mejor cine comercial de Bollywood antes de que fuera así llamado. Su cuidada puesta en escena integra muy bien los primeros planos y las canciones en un conflicto dramático que es a la vez personal, social y casi místico. MV
  • Título original: Jalsaghar (The Music Room)
    Dirección: Satyajit Ray
    Satyajit Ray, además de cineasta, fue ilustrador, calígrafo, diseñador gráfico, escritor, editor y músico. La música fue una de sus pasiones, y compuso la de muchas películas, suyas y de otros. En esta bellísima obra, de una elegancia suprema, Ray rinde homenaje a la música tradicional india –de un modo muy alejado del de Bollywood– al narrar la historia de los últimos tiempos de un aristocrático y patético terrateniente bengalí de las primeras décadas del siglo XX que vive fuera del mundo, ensimismado en su pretendida nobleza y en su amor a la música. MV
  • Título original: Meghe Dhaka Tara (The Cloud-Capped Star)
    Dirección: Ritwik Ghatak
    Ritwik Ghatak formó parte del grupo de cineastas que renovaron la cinematografía india en los años 50. Influenciado por la literatura de Rabindranath Tagore, el cine de Sergei M. Eisenstein y el marxismo, este intelectual bengalí ligó su cine a las tradiciones culturales y a los códigos del melodrama. En Estrella nublada narra la dura y pasional historia familiar de unos exiliados a través de encuadres de gran fuerza expresiva e intensos climas sonoros que fijan potentes imágenes en el recuerdo.
  • Título original: Mughal-e-Azam
    Dirección: K. Asif
    Esta superproducción en lengua urdu ambientada en el Imperio mogol del siglo XVI narra con suntuosos decorados y abundantes números musicales el enfrentamiento entre el emperador y su hijo por un arrebatado amor de este. Su realización llevó más de diez años, pero pronto se convirtió en un éxito de taquilla sin precedentes, y con el tiempo ha llegado a ser considerada una de las películas más emblemáticas de la historia de Bollywood y de todo el cine indio. En 2004 fue restaurada, coloreada (como quería su director, que murió en 1971) y reestrenada. MV
  • Título original: Charulata (The Lonely Wife)
    Dirección: Satyajit Ray
    Basada en un relato de Rabindranath Tagore, un referente fundamental para Satyajit Ray, Charulata es una de las obras maestras de este y su película preferida de entre las suyas (“es la que menos fallos tiene”, dijo). Como en casi toda su obra, Ray se centra en un pequeño mundo, en este caso el de la alta sociedad bengalí de finales del siglo XIX, que acaba siendo una sinécdoque del mundo de los seres humanos. Esta historia de un triángulo amoroso más espiritual que carnal está narrada con una sencillez repleta de lirismo, delicadeza y elegancia. MV
  • Anand 1971 India
    Dirección: Hrishikesh Mukherjee
    Anand (“dicha”, en hindi) es el nombre del héroe de este melodrama musical de bajo presupuesto, un hombre que al saber que va a morir decide dedicar la vida que le queda a hacer felices a quienes tiene cerca. La película reunió a las dos máximas estrellas del cine indio, Rajesh Khanna y Amitabh Bachchan (uno que lo había sido y otro que iba a serlo), triunfó en taquilla, recibió muchos premios y se convirtió en una referencia obligada del Bollywood de su tiempo.Y no solo en su tiempo; hoy día sigue siendo una de las películas indias más apreciadas. MV
  • Título original: Duvidha
    Dirección: Mani Kaul
    Mani Kaul fue uno de los directores de cine indio no comercial más destacados y personales de su época. Su primera película, Uski Roti (1969), está considerada una obra clave del Nuevo cine indio, pero es en Indecisión, un cuento moral sobre un triángulo amoroso en el que uno de los lados es un fantasma, donde mejor se despliega su gran talento. Esta película, construida con la superposición de unas bellísimas y a veces desconcertantes imágenes y una voice-over no siempre acorde con ellas, viene a ser un insólito y fascinante poema cinematográfico. MV
  • Ankur 1974 India
    Dirección: Shyam Benegal
    Como otras películas del Nuevo cine indio, Ankur presta atención al paso de una sociedad feudal a otra moderna, así como a temas como el contraste entre lo urbano y lo rural o las diferencias de clase, de casta y de género. Se ha apreciado el realismo de la película en su empleo de actores que no eran estrellas, con vestuario convencional y sin maquillaje, o en su uso del dialecto. Es característico de Shyam Benegal haber sabido encontrar diversos medios de financiación para sus películas, lo que favoreció su control sobre estas.
  • Dirección: Yash Chopra
    En esta película el conflicto dramático (una madre con dos hijos, uno bueno y otro malo) no es muy diferente al de la segunda parte de Madre India, pero Deewaar, que tuvo un gran éxito y propició varios remakes dentro y fuera de India, no tiene nada de épica; su interés reside en que, con otras obras, vino a renovar la tradición del melodrama romántico de Bollywood al acercarse al mundo de la delincuencia e introducir mayor realismo y más acción. El malo de la película es Amitabh Bachchan, que aquí se consagró como prototipo del “joven airado” indio. MV
Películas esenciales de otros países
nota: Ordenadas cronológicamente
  • Título original: Rong Ram Narok (Country Hotel)
    Dirección: Ratana Pestonji
    Ratana Pestonji pasa por ser un cineasta clave en la construcción del cine de Tailandia. Apostó por la introducción de cambios en la entonces exitosa producción local realizada en 16 mm y sin sonido (sonorizada en la misma sala) con la utilización de la película de 35 mm y el sonido sincrónico antes de que estos se afianzaran allí. Country Hotel ofrece una característica combinación tailandesa de géneros (comedia, musical, cine negro, romance, aventuras) y da cuenta del rigor compositivo de Pestonji, que se inició como director de fotografía.
  • Título original: Hanyo
    Dirección: Kim Ki-young
    El traslado familiar a una casa más grande obliga a la contratación de una criada. Se desata a partir de entonces una espiral claustrofóbica que lleva la presión psicológica del melodrama gótico al límite del terror, pero sin abandonar una cierta justificación realista. Kim Ki-young demuestra su confianza en el trabajo de la cámara y el sonido en una película autoconsciente que apela a la participación del público. La crueldad y el deseo son los protagonistas en esta obra nacida en el periodo democrático de 1960-1961 en Corea del Sur.
  • Título original: Hong se niang zi jun
    Dirección: Xie Jin
    Esta película se suma a las de tipo bélico y heroico de la década de los años 50 en la China Popular. Narra la historia de una criada de la isla de Hainan en los años 30 que escapa a su amo y se une a la milicia femenina. Su valentía y el aprendizaje recibido la llevan a servir adecuadamente a la Revolución. Es un ejemplo del sentido estético de Xie Jin y de su atención a los personajes femeninos. Su siguiente película, próxima a la Revolución Cultural, le valió ser atacado y condenado a trabajos forzados, aunque fue rehabilitado en los años 70.
  • Título original: Khaneh siah ast (The House is Black)
    Dirección: Forugh Farrokhzad
    La poeta Forugh Farrokhzad participó en la producción de diversos documentales institucionales a comienzos de los años 60 antes de dirigir este cortometraje sobre un asilo de leprosos que filmó en doce días y montó ella misma. Cada plano obedece a un preciso ejercicio de selección, el sonido combina la toma directa con un doble uso, oficial o poético, de voice-over y la vida avanza entre el registro y la escenificación. Se trata de un retrato cómplice y puro que adquiere un tono elevado y fue premiado en el Festival de Oberhausen.
  • Título original: Gamperaliya (Changes in the Village)
    Dirección: Lester James Peries
    Esta película, adaptación de una novela de Martin Wickremasinghe, cuenta la historia de una joven casada por un arreglo familiar pero enamorada de otro hombre de inferior nivel social. Lester James Peries construye un relato sobre las convenciones sociales y su decadencia con un estilo conciso a la vez que poético. El cineasta opta por un melodrama atento al reflejo de las particularidades ceilanesas y se distancia de la influencia general del cine indio. Peries contribuyó a situar el cine de Sri Lanka en el panorama internacional.
  • Título original: Dong fu ren
    Dirección: Cecille Tong
    En la China del siglo XVII una maestra viuda renuncia al amor en favor de su hija. Esta película independiente de una joven Shu Shuen Tong, formada en EE. UU., supuso un referente creativo dentro del conjunto general de la producción hongkonesa. La caracterizan una atmósfera cautivadora, el control del tempo de la narración, la apelación a lo no dicho, la composición y la analogía visual, los matices de las interpretaciones y una inclinación hacia lo experimental. Participaron en ella Subrata Mitra (fotografía) y el documentalista Les Blank (montaje).
  • Título original: Xia Nü
    Dirección: King Hu
    La segunda obra en Taiwán del hongkonés King Hu es un clásico dentro del género de las wuxia pian, películas de artes marciales de época que narran las aventuras de virtuosos guerreros y guerreras errantes que persiguen el triunfo del bien en universos marcados por la fantasía. Con varios montajes, y necesitando ser reconocida en el Festival de Cannes de 1975 para llegar al público, la película explota la gestión de la intriga y ofrece una memorable sucesión de combates entre la exuberancia y el control.
  • Título original: Tadjrebeh
    Dirección: Abbas Kiarostami
    Abbas Kiarostami comenzó a realizar películas para el Instituto de Desarrollo Intelectual de Niños y Jóvenes Adultos en los años 70. Este contexto institucional le permitió alejarse de la narración convencional sin desatender su compromiso social. Su primer mediometraje, alejado de lo melodramático y con un cierto minimalismo narrativo, presenta un característico “héroe tragicómico determinado al cumplimiento de un propósito” (según Jonathan Rosenbaum) en la figura de un empleado infantil que desea conquistar a una chica de clase más alta.
  • Título original: Enter the Dragon
    Dirección: Robert Clouse
    Dentro de las artes marciales, y frente al componente fantástico y filosófico del cine wuxia, las películas de kung-fu se caracterizan por su anclaje realista y por centrarse en el entrenamiento y dominio de la técnica. Bruce Lee protagonizó a principios de los años 70 una serie de películas que lo catapultaron a la fama internacional. Operación Dragón, la última de ellas y su mayor éxito, lo introduce en una trama de espionaje con un desenlace memorable. Lee falleció antes de su estreno, pero dejó rodadas algunas secuencias de su siguiente Juego con la muerte (1978).
  • Dirección: Mustafa Abu Ali
    Se cuentan más de sesenta documentales políticos palestinos entre 1968 y 1982, la mayoría hoy perdidos. Mustafa Abu Ali participó desde finales de los años 60 en el desarrollo de actividades cinematográficas del departamento de fotografía de la Organización para la Liberación de Palestina en el exilio, antes de la aparición de otros grupos. Este cortometraje muestra imágenes del campo de refugiados de Nabatieh, en Líbano: escenas cotidianas, los niños (el futuro), fedayines, entrevistas. Incluye la destrucción del campo por el ejército israelí.
  • Título original: Maynila: Sa mga kuko ng liwanag
    Dirección: Lino Brocka
    Un joven pescador se desplaza a la superpoblada Manila en busca de su novia, de la que no tiene noticias. Es la peripecia de un proletario en un mundo despiadado donde solo hay esperanza en una precaria solidaridad entre iguales frente a la desposesión absoluta. Basada en una novela autobiográfica de Edgardo Reyes, la película muestra el rechazo de Lino Brocka hacia cualquier escapismo y construye, sobre una base realista, una historia con dimensión de parábola. Destaca la fotografía de Mike De Leon.
  • Título original: Mababangong bangungot
    Dirección: Kidlat Tahimik
    La primera película del documentalista Kidlat Tahimik aborda, bajo su ingenua apariencia, temas que van de las relaciones entre el primer y el tercer mundo a la forma de vida y las tradiciones filipinas. Tahimik es conductor de un yipni, transporte público típico filipino, y está fascinado con la tecnología aeroespacial. Su encantadora e irónica mirada contrasta realidad y sueños mientras ejerce una crítica al colonialismo. Esta modesta película, premio de la FIPRESCI en la Berlinale, aparece al mismo tiempo que las obras de la segunda era dorada filipina.
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