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El largo y cálido verano

Drama Tras ser expulsado de una población acusado de haber provocado un incendio, Ben Quick llega a un pueblo y es contratado por Will Varner, dueño y señor del lugar. Melodrama sureño, basado en relatos de William Faulkner, que permitió a un jovencísimo Paul Newman demostrar que era mucho más que una cara bonita. En efecto, gracias a este papel consiguió ganar el prestigioso premio al mejor actor en el Festival de Cannes. (FILMAFFINITY)
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10 de abril de 2009
33 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
Primero de los 6 films que Paul Newman protagoniza a las órdenes del realizador Martin Ritt (1914-90), del que había sido alumno en “Actor’s Studio”. El guión, de Irving Ravetch (“Con él llegó el escándalo”, Minnelli, 1960) y Harriet Frank Jr., adapta libremente dos relatos breves, “Spotted Horses” (1931) y “Barn Burning” (1939), y la novela “The Hamlet” (1940), del ganador del Nobel William Faulkner. Se rueda en escenarios naturales y en escenarios reales de Luisiana, en los últimos meses de 1957. Gana el premio al mejor actor (Cannes). Producido por Jerry Wald (“Tú y yo”, McCarey, 1957) para la Fox, se estrena el 3-IV-1958 (NYC).

La acción dramática principal tiene lugar en la pequeña localidad de Frenchman’s Bend (Mississippi), a lo largo del los meses de verano de 1957. Ben Quick (Newman), de unos 25 años, es recogido en la carretera por Clara Ana Varner (Woodward) y su cuñada Eula Varner (Remick). Había sido expulsado de su lugar de residencia, más al Oeste, al ser acusado, sin pruebas, de provocar un incendio. Es contratado como mozo de cuadras por el terrateniente y empresario sureño Will Varner (Welles), con el que simpatiza y del que se gana pronto la confianza. Ocupa una casa abandonada desde hace tiempo, sita en tierras de Varner. Oculta un pasado oscuro y triste, del que nunca habla. Clara, de 23 años, es prudente, inteligente, de espíritu independiente, guapa e idealista. Es la maestra de escuela del pueblo. Eula, casada con Jody Varner (Franciosa), hermano de Clara, es coqueta, atractiva, jovial y desenvuelta. Will, de más de 50 años, es rico, poderoso, prepotente y manipulador.

El film desarrolla un drama familiar ambientado en el sur más tradicional y profundo de los EEUU, dominado (1958) por caciques todopoderosos y autoritarios, relaciones de sumisión, prejuicios machistas y limitadas posibilidades para que la mujer pueda organizar su vida de manera autónoma e independiente. En este marco, el drama enfrenta a las personas por odios, envidias, recelos, resentimientos, despechos, deseos de venganza, amores y desamores, concupiscencia, codicia y ansias de poder. La narración se presenta bien desarrollada y construida con fluidez y claridad. Se apoya sobre todo en cuatro protagonistas: el ambicioso Ben, el caprichoso Will, el acomplejado Jody y la independiente Clara. Los guionistas rebajan acertadamente la densidad y complejidad de los textos de Faulkner. Gracias a ello se consigue que el film se adecue a las posibilidades y conveniencias del cine.

(Sigue en el “spoiler” sin desvelar partes del argumento)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Miquel
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9 de noviembre de 2006
26 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desde luego no es la típica historia de amor romántica y comercial. Newman, seductor él, interpreta modélicamente a un joven sinvergüenza materialista al que le viene de casta su fama de pirómano; Welles, con profesionalidad pero menos inspiración, a un estridente estafador que es dueño de medio estado; Woodward, a la joven hija prudente, intelectual e idealista de este último que no acaba de encontrar un marido a su gusto, a pesar de las presiones sociales y familiares; Anderson, al hijo acomplejado por las codiciosas exigencias paternales; y Lee Remick, a la atractiva mujer de Anderson.

Como bien se ha dicho, el guión comienza ofreciendo un gran material a los actores, en la senda del Tennessee William más conocido, con su sensualidad contenida que estalla en el momento menos pensado, con sus conflictos de identidad sexual, con sus problemas familiares, etc. Y así se mantiene hasta que en la parte final se buscan, de forma demasiado precipitada, desenlaces más o menos felices que rompen con el buen trabajo anterior.
jastarloa
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15 de mayo de 2010
19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Incendio es el que provoca un pletórico y despampanante Paul Newman, uno de los iconos más sexys y apolíneos de la actuación masculina contemporánea. Y es paradójico, pero el brillo profundo de sus iris del matiz azul de las aguas de un mar tropical no evoca frialdad (como se podría pensar de unos ojos azulísimos), sino calidez, pasión, hambre de vida. Newman llevaba un arrollador magnetismo en ese cuerpo esculpido por el cincel de una naturaleza generosa, en ese rostro penetrante de perfil griego y mirada taladradora. Y, además de un hombre de sobrados méritos físicos, era un actor endiabladamente bueno. Tan bueno que ni el veterano de veteranos Orson Welles, con su aplastante personalidad sobre los escenarios, fue capaz de eclipsarlo. Y ya era difícil, pues Orson, que como director llegó a ser un genio irregular, como intérprete podía a llegar salirse literalmente de las tablas. Su rostro de rasgos acentuados, casi grotescos cuando se lo proponía, y su vozarrón autoritario, eran una marca de identidad que proclamaba que el listón estaba alto.
Newman supo estar a la altura.
No sé qué tienen esos veranos del Profundo Sur, descritos por las más preclaras plumas de Estados Unidos. El clima abrasa de emociones violentas y encontradas, asuntos sin resolver que chisporrotean y se consumen lentamente para quemar la columna vertebral de familias ligadas a la tierra y a la posición social con cadenas de hierro.
Terratenientes que amasan imperios y manejan las voluntades a su antojo (Welles se las pintaba solo con papeles así), que ahogan la libertad de elección de los suyos y los crían como si fuesen parte del ganado o del mobiliario, destinados a sucederle y a engendrar descendientes que prolonguen la dinastía. Sin opciones a escoger otras salidas, pues ser hijos de un mandamás poderoso es una forma de esclavitud bien vista y de elevado prestigio, pero no mucho más avanzada y justa que la de los antiguos esclavos que no mucho tiempo atrás abundaban en esas mismas tierras.
Clara y Jody Varner se han educado bajo las zarpas implacables del terrateniente local, Will Varner. El sonsonete machacón les aporrea los oídos desde que tienen memoria: “Sed dignos de mi imperio, dadme nietos para continuarlo.” Los problemas dan la cara cuando resulta obvio que Jody no posee ni de lejos el fuerte carácter ni el ojo comercial de su padre, y Clara se resiste a ser tratada y vendida como una yegua que ha de concebir hermosos potros para satisfacción del patrón, y que éste pueda relamerse en su trono.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Vivoleyendo
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15 de octubre de 2006
18 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
... para comprender la carrera de Newman. ¿En qué otra película su salvaje sex-appeal brilló con más fuerza? Bien es cierto que en esta misma película se enamoró de la que sería posteriormente su mujer, Woodward, por lo tanto, es lógico tal ardor, pero es que el magnetismo que desprende esta pareja en la pantalla es brutal, saltan chispas literalmente.

Por otro lado, se trata de un claustrofóbico relato ambientado en el Sur de los EEUU, con todos los problemas de clase que había, y donde sólo unos cuantos listos podían aspirar a subir en la escala social.

Magnífica Lee Remick, una actriz tan etérea, pero al mismo tiempo con tanta presencia en la pantalla.

La que menos gusta quizá sea la propia Woodward, que no me acaba de caer demasiado bien por esa apariencia tan fría y frígida que tiene en pantalla, aunque se adivina un volcán por dentro.

En definitiva, una película maravillosa de los años 50, con unos colores y una fotografía soberbios, y unas interpretaciones electrizantes por parte de todo el elenco de actores que se dan cita.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
nickie2011
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21 de noviembre de 2008
14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rodada en el mismo año que "La gata sobre el tejado de zinc", esta cinta (sin duda menos redonda) mantiene la esencia de los grandes relatos sureños de Tenessee Williams sin ser una obra del mismo, y quizá por esto no llegue a la altura de la ya nombrada, o de la magnífica "Un tranvía llamado deseo". Quizá Faulkner no supo concluir el relato con la maestría del anterior, pero fue capaz de elaborarlo también como éste.
Pese a lo ligeramente atropellado del final (que le priva del sobresaliente), la historia es atrayente e intensa, articulada en torno a dos titanes interpretativos como son, por un lado Paul Newman, que pone de manifiesto sus capacidades, y el excepcional momento que estaba atravesando; y por el otro Orson Welles, interpretando de manera magistral a un terrateniente temperamental, opresivo y fanfarrón. La dulzura y sencillez de Joanne Woodward completan la memorable tríada protagonista del film, que cuenta además con unos secundarios más que correctos.
Sólo molesta esa prisa por acabar la historia, que si bien decae sólo ligeramente, es cierto que lo hace en su momento álgido.
Aún así deja muy buen sabor de boca. (8'5 casi 9, aissss que pena...).
Josey Wales
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