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Críticas de Vivoleyendo
Ordenadas por:
1.745 críticas
10
18 de junio de 2007
712 de 1010 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes de empezar con la crítica en sí, me gustaría que me permitan hacer un inciso. Quiero mencionar una triste realidad.
He comprobado que hay por ahí un número nada desdeñable de usuarios aficionados a declarar como no útiles montones de críticas. Hay críticas que literalmente están acribilladas (incluidas algunas de esta servidora) y les aseguro que a menudo no puedo entender el motivo. Y me pregunto si realmente es viable el sistema del "sí" y del "no", porque al parecer hay muchos que pulsan el "no" por el simple hecho de que una opinión difiera de la suya, sin pararse a considerar si la crítica está bien escrita, o bien expresada, o si tiene algún rasgo original y brillante, o simplemente exprese el sentir de su autor aunque no sea un experto en terminología cinematográfica. ¿Tan ofensivas son para los delicados paladares? Incluso me atrevería a afirmar que muchos pulsan el "no" sin haber leído siquiera la crítica, simplemente porque no están de acuerdo o... ¿tal vez acierte? Porque ya le han cogido una ojeriza irracional a un determinado usuario y le revientan todas las críticas por haber cometido el crimen de ser sincero. Por mi parte, ninguna de mis críticas es tan monstruosa que se merezca los "noes" que está recibiendo. Lo que pasa es que habrá mucha gente que no sabe apreciar algo decente cuando lo tiene delante, o que no respeta la libertad de expresión.
En fin, aclarado todo esto (que si no lo decía reventaba, no puedo hacer como que ignoro las injusticias que se están cometiendo), empiezo con la película.
Esta es una historia que retrata el profundo sur de los Estados Unidos. El planteamiento en sí no es original: el racismo, que es la base, ya ha sido analizado en montones de películas y series. Pero hay ciertos ingredientes que convierten a esta película en algo grande, fresco y demoledor.
Es una historia de mujeres fuertes que unieron sus vidas y lucharon, cada una a su manera, por lograr que a su alrededor el mundo fuese mejor y más justo; es una historia inteligente sobre las lacras de los prejuicios en un entorno en el que ser diferente es una condena. Y es apasionante seguir las peripecias de las dos magníficas protagonistas que, en su rebeldía, no se conforman con agachar la cabeza y dejar que se cometan injusticias delante de sus narices. Y la historia de estas dos interesantes mujeres servirá como aliciente y motivación para otra mujer, que ha perdido el rumbo y encuentra que su vida es insulsa. Estupendas interpretaciones del cuarteto principal, mencionando especialmente a Jessica Tandy, Kathy Bates y Mary Stuart Masterson. Impresionantes.
Una película para reflexionar sobre los prejuicios, para experimentar la nostalgia de un pasado luminoso, para darnos cuenta de que siempre podemos empezar de nuevo por muchos errores que hayamos cometido.
Verdaderamente hermosa y emocionante. Llega al corazón.
No se corten, pulsen el "no". Total, qué crítica tan apestosa, diciendo verdades y elogiando una bonita película.
Vivoleyendo
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9
14 de abril de 2008
382 de 437 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por si fuera poco asumir el hecho de que la vida es dura de por sí, y que estamos aquí seguramente por pura suerte, o por puro azar, y que todos los días ocurren desgracias de toda índole que hacen polvo o eliminan de un plumazo a muchas personas… Añadamos a todas esas desgracias la que quizás sea la más catastrófica y trágica de todas: la falta de amor.
En este mundo nuestro falta amor por todas partes. Dondequiera que uno mire, hay muchos ojos que suplican con gritos mudos y piden unas migajas de afecto. En los túneles del metro, en las calles concurridas, en los colegios, en los hospitales, en los sanatorios, en las clínicas de desintoxicación, en la consulta de los psiquiatras, también esos compañeros de trabajo que tratan de disimular la opacidad de sus miradas y que arrastran vidas grises, esos empleados tristes apostados como ratones en una ratonera tras ventanillas alienantes y que miran adelante con insatisfacción… Tantas miradas pidiendo auxilio. Tantas historias de desamor.
Los ojos de un niño dicen muchas cosas. Dicen si es amado o no. Y los de Antoine proclaman su paso por días y más días rebosantes de incomunicación, de indiferencia, de carencias afectivas, de falta de entendimiento, de roces, conflictos y ausencias. Desconoce qué significa la entrega y que alguien se desviva por él. Desconoce qué significa el amor verdadero.
Uno de los mayores dolores para un niño tiene que ser el de saber que su madre no deseó su nacimiento. Considerarse un estorbo, un obstáculo para ella. Sobre todo si ella no para de recordárselo. Si ella le hace ver que es una carga.
El niño que se siente desplazado en el orden natural de las cosas, que carece de ese punto de apoyo fundamental, pasará por la vida trastabillando, sin hallar un sentido ni un objetivo preciso al que aferrarse, como no sea buscar de algún modo llamar la atención, rebelarse contra un entorno amenazador y vacío, y escapar de lo que le hace daño. Incomprendido, condenado por dedos acusadores que desoyen su súplica inarticulada. Hablando un idioma que los cerriles adultos no entienden. Lúcido, forjándose su propósito de ser libre y tratar de encontrar su lugar, un lugar donde no haya unos padres amargados que lo lastimen, donde no haya un sistema ciego y sordo incapaz de calar las complejas sutilezas de las mentes de los niños maltratados. Existe mucho más que el maltrato físico, y tal vez sea aún peor ese tipo de maltrato que no resulta tan evidente porque no deja marcas en la piel, sino en el espíritu y en el corazón.
Antoine, metido en el círculo vicioso de la incomprensión y la barrera entre los adultos y él, comenzará sus andanzas, con aires de bravatas entremezcladas de ingenuidad, hacia su búsqueda particular de un mundo que sea más soportable que aquél que constantemente le decepciona y lo acusa desmesuradamente, incluso cuando él, tratando de hacer algo que complazca a sus mayores, mete la pata como todo el mundo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Vivoleyendo
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8
11 de octubre de 2007
346 de 468 usuarios han encontrado esta crítica útil
Había una época, una época remota, en la que tenías toda la vida por delante. Te hallabas al comienzo de ese camino deslumbrante por el que se desplegaba una interminable alfombra de terciopelo rojo, invitándote a avanzar hacia el mañana.
Por aquel entonces creías firmemente que podías comerte el mundo, aspirarlo a bocanadas. Los brazos de tu madre eran los puertos a los que arribabas para escapar a las tempestades, para absorber esa sensación de seguridad y de bienestar que te proporcionaban.
Por aquel entonces, el abrazo de tu madre y los confines de tu hogar eran tu horizonte, mientras en tu desbordada imaginación se gestaban sueños de grandeza. Visualizabas todo lo que ibas a conseguir.
Y tú eres esa madre amorosa sin más perspectivas ni anhelos que el cuidado de tu familia, una mujer cuya identidad siempre ha estado supeditada a la de los que te rodean, sin más sueños que los de ver a tu hijo convertido en todo un hombre.
Comienzas tu andadura por la alfombra de terciopelo rojo con paso airoso, desafiante, mirando exultante a tu alrededor y todo te anima a seguir adelante; el sol, benévolo, brilla con fuerza para ti; las frondas de la vegetación que forman un exuberante túnel a tu paso reverberan con todos los tonos de verde.
Continúas avanzando y el túnel comienza a curvarse. La alfombra de terciopelo va adquiriendo un tono de rojo cada vez más desvaído; la vegetación va amarilleando y se vuelve más rala; el sol se oculta intermitentemente y su resplandor disminuye. Y, en algún momento que no aciertas a determinar, el sendero se ha transformado en un retorcido laberinto tan lúgubre como los corredores del infierno. Y, ¿dónde se halla ese sueño que antes percibías con meridiana claridad al final del túnel? ¿Se ha ocultado acaso en las profundidades de este extraño laberinto que se va alejando de todo lo que te resultaba familiar?
Pero continúas avanzando. Te habitúas al intrincado laberinto, a caminar por la oscuridad sin saber hacia dónde te diriges. Tus sueños de grandeza se van diluyendo lentamente tras una cortina brumosa.
El laberinto, cada vez más degradado y corrompido, oculta trampas, puñaladas. No regala nada. En el laberinto del infierno nada se concede gratis. Te ofrece la luna, la evasión, la huida artificial. Te ofrece esa sensación de falso optimismo, de ficticias esperanzas, de patética euforia. El laberinto coloca muy lejos de tu alcance un sucedáneo de sueños adulterados que promete concederte a cambio de que prostituyas tu alma y tu cuerpo. Tú, que todavía crees que habrá un mañana mejor, te prostituyes a cambio de ese sueño imposible, mientras te destruyes en el universo alucinógeno con promesas de una felicidad que te esquiva.
Sigo en el spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Vivoleyendo
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10
15 de febrero de 2008
207 de 238 usuarios han encontrado esta crítica útil
Precioso, inigualable melodrama con gags cómicos del pequeño gran gigante del cine mudo: Chaplin.
Muchas generaciones (ha llovido bastante desde 1921) hemos tenido la suerte de ver y crecer con esta película breve, sencilla y demoledora. Es de ésas que yo coloco en el Olimpo de los dioses cinematográficos y no sólo por el hecho de que sea de Chaplin (aunque reconozco que eso influye en gran medida), sino porque destila por sí misma una magia inextinguible, una emoción inmensa y un halo de maravilla que deja el corazón traspasado.
El entrañable Charlot logra, como nunca, removerme por dentro con sus vicisitudes al hacerse cargo de un bebé abandonado por su madre, que no puede cuidar de él. El pobretón, tierno, romántico, pillo y optimista Charlot resulta ser el padre ideal para el niño. Aunque no tiene bienes materiales que proporcionarle, sí le da lo más importante: un gran amor. Juntos forman un equipo simpático y bien compenetrado, urdiendo medios para salir adelante. La más que conseguida ambientación de miseria del entorno en el que viven se muestra de un modo desenfadado, sin pretender cargar las tintas ni dramatizar en exceso con respecto a las muchas carencias que padecen. Chaplin siempre sabe crear un tono que no se regodea en lo dramático, pero que no se priva de desbordar los sentimientos más bellos. Cuando uno ve al padre y al hijo, cuando palpa ese amor que se tienen (hay que ver lo increíble que está ese pequeño actor, a mí se me ha marcado como uno de los papeles infantiles más recordados y auténticos que he tenido el placer de contemplar), cuando uno advierte que todas las riquezas del mundo son inútiles si falta un cariño como ése... Cuando te das cuenta de que ese niño posee la mayor riqueza, que es el corazón de un padre, todo lo demás es secundario... Juntos, podrán ir tirando mientras comparten lo más hermoso que existe en esta vida.
El pequeño se muestra tan convincente, transmitiendo tanto amor hacia su padre, y Charlot tan entregado como progenitor abnegado que defiende y protege a su hijo ante viento y marea, que a una se le parte el alma.
Y, para completar la fuerza emotiva del film, están la fotografía y los efectos visuales, fantásticos para la época, la ya nombrada ambientación que refleja el submundo de los desheredados, y la impecable música compuesta por el mismísimo Chaplin. Pero, ¿este hombre hasta sabía componer música? Desde luego, la genialidad le brotaba en todo aquello que emprendiera.
Un artista y creador de ilusiones como la copa de un pino.
Cuando has visto esta preciosidad, tienes la impresión de que ha pasado un ángel.
Vivoleyendo
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8
20 de noviembre de 2010
175 de 180 usuarios han encontrado esta crítica útil
El más sabio de esta amarga, muy amarga historia de caciques y siervos es un disminuido psíquico llamado Azarías. Corto de entendederas según el canon de esta injusta y arrogante sociedad, pero en realidad es más listo que la mayoría. Lo es porque tiene la fortuna de comprender lo justo para ser completamente feliz en la tierra que pisa, siendo libre, sin añorar una vida más elevada. Lo es porque desdeña la compañía y la amistad humanas (exceptuando a su familia) para entregarse a su culto a la Naturaleza. Un culto cuya oración es su grito de llamada a su Milana, el pájaro al que quiere como no quiere a ninguna persona. A ninguna menos “La niña chica”, su sobrina que, como él, más incluso que él, es una inocente que ignora o está por encima de las maldades de un sistema repugnante de amos y perros. Benditos ellos, Azarías y “La niña chica”, que no tragan quina cada hora de su vida ni además lo aceptan como lo normal ni humillan la cabeza ante ningún señorito. Los dos sencillos personajes pueblan sus pequeños mundos en los que las miserias son otras, las del padecimiento de la enfermedad o la preocupación por la Milana, para que crezca sana y se convierta en un ave adulta soberbia.
Casi dan envidia. Porque, si observamos a sus parientes, que no son retardados mentales ni padecen males congénitos, para ellos sería preferible tener el cerebro limitado de Azarías o de la niña. Tratados por sus superiores en la jerarquía como perdigueros de caza o autómatas del servicio, como títeres que hablan y que hasta poseen nociones de lectoescritura como si fuera por obra y gracia de sus abnegados dueños. Éstos les niegan la asistencia a la escuela porque los siervos no deben adquirir oportunidades de instruirse y prosperar. Ya se sabe que la chusma debe quedarse en la ignorancia, porque en cuanto empieza a educarse, a leer y a pensar, se vuelve rebelde y no admite que la sociedad es inmutable, unos debajo y otros arriba. Aunque, si los perros son avispados y aprenden habilidades como la alfabetización con el tesón de atesorar conocimientos, entonces son exhibidos orgullosamente como monos de feria, para demostrar a los extranjeros que vienen de visita al cortijo que España es un país avanzado y moderno, que el analfabetismo ya es leyenda y que los señores han hecho mucho por la nación amaestrando y dando educación a los plebeyos.
Paco, Régula y los otros peones maduros del cortijo dicen a todo “Sí, señorito, a mandar que para eso estamos”, con ese servilismo lastimoso de los que se han resignado a lo que han conocido y masticado con la tierra donde se dejan el pellejo. Otro cantar viene con la nueva generación, la de los mozalbetes como Quirce y Nieves, quienes obedecen como buenos hijos pero no besan las manos de ningún señorón con ínfulas de rey.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Vivoleyendo
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