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| 30 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Kick'Em Ars
Madrid (España)
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Su valoración:  |
25 de Junio de 2006 |
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Es verano y en un hotel de la costa bretona se reúnen turistas de habla francesa, inglesa y germana. Y, con todos, el señor Hulot que, hablar, no habla mucho y, sin embargo, no pasa desapercibido entre sus eventuales convecinos. Aunque no pueda negarse que es un hombre considerado, hay que reconocer que el señor Hulot suele ser de lo más inoportuno, por lo que sus buenas intenciones desembocan a menudo en hecatombe. Es una persona sociable pero, aunque no se dé cuenta o aunque no le importe, es un ser asocial. No es extraño que desde el primer día de vacaciones despierte ojeriza en el militar retirado, un viejo autoritario y metódico. Sin duda, Hulot no se ve como un tipo solitario, desgarbado, extravagante y anárquico, sino que tal vez se imagine a sí mismo como un héroe aventurero y romántico, semejante al pirata del que se disfraza para poder bailar con la chica de la que se ha enamorado.
Escena tras escena, cualquier personaje puede protagonizar una situación cómica, casi siempre basada en lo ridículo de lo convencional. Solo el señor Hulot se sale de lo ordinario y es capaz de sembrar el caos en la playa por sus arduas relaciones con las personas (el dueño del hotel, la bella Martine...) y, también, con los objetos (la barca, la caseta de fuegos de artificio, su propio automóvil...). Aunque Jacques Tati filma la variopinta sociedad playera con irónica sorna lo hace también con entrañable cariño. No es baladí el plano que muestra por vez primera la playa, con las cabezas infantiles en primer término, con el significado de descubrimiento que ello conlleva, al menos para el espectador que conserve el recuerdo de la primera vez que vio el mar. El humor no nace de la realidad misma sino de cuestionarla (1) y Les vacances de Monsieur Hulot es una observación personal de lo más irrisorio del comportamiento social; pero si funciona es porque las situaciones representadas devienen reconocibles para el espectador (a no ser que éste prefiera la montaña).
(1) http://www.filmaffinity.com/es/review/58938453.html
Kick'Em Ars 
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| 12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Dragondave
Valencia (España)
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Su valoración:  |
22 de Septiembre de 2009 |
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Hagamos un pequeño viaje en el tiempo.
Estamos en la Antigua Grecia, periodo arcaico de la Historia del Arte.
Piensen por ejemplo en el Discóbolo o en el Poríforo.
Céntrense en sus caras, en el marcado hieratismo, su rigidez en las facciones, su ausencia de emociones.
Bien, ahora que tienen la imagen fresca, volvamos al presente.
Sigan manteniendo en sus mentes esa imagen.
Ahora póngale debajo de ella mi nick, porque esa cara es la que se me quedó las casi dos horas que dura la obra del señor Tati.
Hubiera jurado que estábamos en los orígenes de eso que hoy llamamos "humor" de no ser porque he visto a genios como Chaplin o Buster Keaton, Lubitsch o los hermanos Marx; con los cuales he compartido risas y carjadadas a montones.
Visualmente no le reniego nada, pero es a nivel estructural, el guión y el gag, que son demasiado simples y evidentes, casi tanto como los videos de caídas y tropezones.
Una gran decepción, después del gran status que ocupa este director/actor, que no haya conseguido sacarme ni una sola sonrisa (ya ni siquiera digo risa) en las interminables vacaciones por Saint-Marc-sur-Mer, donde he llegado a odiar el coche-metralleta con bocina de ganso, la puerta-muelle de los cojones y la idiotez compulsiva del protagonista.
Dichosos aquellos que le ven el humor a este hombre, ellos lo disfrutan.
Dragondave 
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| 11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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kafka
ciudadano del mundo (palencia) (España)
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Su valoración:  |
12 de Octubre de 2005 |
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Una de las más celebradas comedias de Jacques Tati, con su personaje de Monsieur Hulot que va a pasar unas vacaciones a un tranquilo hotel de la costa, dónde se rodeará de gente un tanto extraña, que no harán sino incrementar la extravagancia de su propia condición.
El humor de Tati está predominantemente basado en la imagen, en el gag visual, combinando una especie de ingenuo surrealismo, con lo abusrdo y estrafalario, además de un extraordinario sentido de la observación y de hacer de lo más sencillo, lo más imprescindible y delirante. El resultado son comedias excelentes e inteligentes, herederas legítimas y directas del cine mudo cómico y de gente como Chaplin, Lloyd, Sennett o Keaton.
kafka 
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| 6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
28 de Septiembre de 2008 |
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Segundo largometraje de Tati, considerado por algunos como el mejor de los 6 que realizó. Escrito por J. Tati, Henri Marquet, Jacques Lagrange y Pierre Aubert, desarrolla un argumento original de Tati y Marquet. Se rueda en escenarios naturales de Saint-Marc-sur-Mer (Bretaña, Francia) y en los platós de los Studios de Boulogne-Billancourt (Francia), con notoria precariedad de medios. Nominado a un Oscar (guión) y al Gran Premio de Cannes, gana el premio Louis Delluc (Tati). Producido por Fred Orain y Jacques Tati para Cady Films, se estrena el 25-II-1953 (Francia).
La acción dramática tiene lugar en Saint-Marc-sur-Mer y alrededores a lo largo de unos días de vacaciones del verano de 1952. El señor Hulot al volante de un coche Amilcar 1924 llega a una pequeña población portuaria bretona, dotada de playa y de servicios de alojamiento, restauración, deportes y ocio, en la que se reúne cada año una colonia de unos 30 veraneantes del país y algún extranjero. Les mueve el deseo de huir de la rutina diaria, tomar el sol, bañarse en el mar y dedicarse al descanso y al ocio. Hulot se hospeda en el Hotel de la Plage, como la mayoría de los veraneantes de la localidad. Es un personaje solitario, soltero, extravagante, alto, inseguro y desgarbado. Extremadamente amable, ceremonioso y de buen corazón, es incapaz de establecer relaciones de amistad con otros veraneantes. Viste con corrección urbana, lleva unos pantalones algo cortos de pierna, fuma en pipa y anda apoyándose en las puntas de los pies.
El film es una comedia cómica, en la que tienen gran importancia los lances de humor visual y las incidencias sonoras (ruidos, susurros, explosiones, golpes...). El guión se presenta muy elaborado. El diálogo es escaso y ocupa una posición marginal. Se inspira con frecuencia en la técnica de los antiguos slapsticks. Suma ironía, sarcasmo, sensibilidad y ternura. Presenta una nutrida galería de personajes singulares, entre los que se encuentra un comandante jubilado, autoritario y susceptible; un aburridísimo y locuaz idealista de izquierdas; un negociante que vive colgado del teléfono; una turista inglesa que sólo habla en inglés; unos camareros muy sufridos; la joven más guapa y rubia, asediada por moscones; etc. Trata con gran cariño y simpatía a los niños y a los animales domésticos.
Hulot, inconsciente e involuntariamente, hace cosas nimias que desencadenan grandes catástrofes colectivas. Sin saberlo y sin quererlo infringe las reglas de convivencia y las de los juegos que practica (incumple los horarios de las comidas, las reglas del tenis, las del ping-pong), por lo que provoca desórdenes, perplejidades y desbarajustes. Rompe la calma del lugar, uno de sus principales atractivos (enciende por error fuegos artificiales en plena noche). Provoca situaciones imprevisibles, que generan confusiones (despedida del duelo en el camposanto). A veces se comporta de manera inapropiada (ensucia el suelo con los zapatos embarrados).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Le sobrevienen desgracias que provocan situaciones de pánico (naufragio de la barca). Comete olvidos y distracciones que dan lugar a tumultos (deja abierta la puerta del restaurante). Consigue objetivos que suscitan la envida de muchos (baila con la más guapa). Por cortesía presta servicios de transporte de maletas a otras personas con resultados sorprendentes. Practica deportes de modo insólito (juega al tenis con americana). El film añade lances independientes, no relacionados con Hulot, como el del niño que compra y trasporta 2 helados de cucurucho, provocando una secuencia de tenso suspense.
Entre bromas, critica la abrumadora tecnificación de la vida moderna, las rígidas normas de conducta de la clase media, la ociosidad pasiva de los veraneantes, su sumisión disciplinada a las normas de conducta convencionales, la polarización de las situaciones colectivas entre el orden autoritario y el caos general, la fragilidad de los artilugios técnicos modernos (altavoces que funcionan mal, coches que se averían). Elogia y exalta el buen humor, las excursiones, las fiestas, la relajación veraniega y la alegría de vivir que crea cohesión social, amistad e infunde confianza en uno mismo.
La música, de Alain Romans, aporta melodías festivas de viento (saxo y clarinete) y percusión, a ritmo de fox lento. La fotografía, de Jacques Mercanton y Jean Mousselle, en B/N, reúne en planos generales varios gags simultáneos, ofrece lances visuales brillantes, presenta planos secuencia y planos largos y hace gala de un alborozado realismo. Es una comedia sutil, elegante y vitalista. Constituye un interesante testimonio documental de cómo eran en agosto las playas veraniegas de Europa antes de la eclosión, en los años 60 y siguientes, del turismo de masas.
Miquel 
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| 6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
5 de Febrero de 2009 |
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Será que el Atlántico ha lamido mi piel desde pocos meses después de nacer, que mis pies han recorrido kilómetros y kilómetros de arena dorada, que la brisa y el viento del mar me han susurrado en los oídos desde antes de que yo pudiese recordar.
Será que el cielo azul se ha extendido benigno e interminable sobre una treintena de veranos, derramando la luz esplendorosa de un sol que, en el solsticio de junio, llega a brillar durante quince horas seguidas.
Será que todos mis veranos saben a playa, a turistas de todo tipo, a muchedumbre que aprovecha la canícula estival para abarrotar los hoteles y pensiones, para alquilar habitaciones de particulares y casas de veraneo, para sentarse al aire libre a disfrutar de comidas marineras, de tapitas, aperitivos y helados, para pasear por las orillas, tomar el sol y aliviar el calor en las aguas del océano, para ir a los festejos y hacer excursiones. Una marea humana que llega en tropel cuando los primeros calores fuertes se anuncian, y que se marcha cuando el otoño empieza a llamar a las puertas.
Nuestra era es la era del turismo, de millones y millones de personas que aguardan a sus vacaciones laborales para viajar y desconectar. Muchísimas eligen las playas, un tentador reclamo de ocio y relax. Pese a los mil inconvenientes e incomodidades de la masificación, la mayoría se niega a renunciar a los placeres del sol, del mar, de la brisa y de la arena.
El señor Hulot, nuestro desastroso, galante, simple y despreocupado protagonista, es la excusa de Tati para explorar y observar esos veranos dorados y cálidos que promueven la migración de los turistas en busca de diversión, expansión, nuevas amistades, amores furtivos y experiencias que atesorar. Ese pintoresco hotelito a pie de playa, los clientes que se reúnen para las comidas y para charlar, jugar sus partiditas y escuchar la radio o el tocadiscos, los bañistas, los niños jugando y gritando, jóvenes flirteando, paseantes que aspiran el aire salado y admiran el paisaje… Y, por supuesto, Hulot, que viene a alterar, involuntariamente, la paz del resto de los visitantes y del personal del hotel, y a ponerlo todo manga por hombro.
Un homenaje de Tati a los gags del cine mudo y a esas comedias inocentes, frescas y algo socarronas centradas en la acción de los personajes más que en los diálogos, en los gestos, en las interacciones, en los pequeños desastres y en los planos generales que nos hacen testigos de los quehaceres corrientes de una multitud con cuyas costumbres y manías llegamos a familiarizarnos y a encariñarnos. Amaneceres, mediodías y atardeceres en esa playa de ensueño, un lugar de paso en el que Hulot y sus compañeros de vacaciones dejan su particular impronta, bailando la danza de los perezosos días al son de una música ligera y pegadiza que lleva en sus notas la esencia de la alegría de vivir.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Nunca me ha sido necesario viajar para ver la costa, porque vivo en ella, y algunas de las memorias que mejor conservo son las de mi niñez a orillas del Atlántico. El director galo me ayuda a regresar a aquellos momentos de gloria que no se repetirán jamás.
Vivoleyendo 
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