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| 16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
9 de Abril de 2009 |
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Primero de los 6 films que Paul Newman protagoniza a las órdenes del realizador Martin Ritt (1914-90), del que había sido alumno en “Actor’s Studio”. El guión, de Irving Ravetch (“Con él llegó el escándalo”, Minnelli, 1960) y Harriet Frank Jr., adapta libremente dos relatos breves, “Spotted Horses” (1931) y “Barn Burning” (1939), y la novela “The Hamlet” (1940), del ganador del Nobel William Faulkner. Se rueda en escenarios naturales y en escenarios reales de Luisiana, en los últimos meses de 1957. Gana el premio al mejor actor (Cannes). Producido por Jerry Wald (“Tú y yo”, McCarey, 1957) para la Fox, se estrena el 3-IV-1958 (NYC).
La acción dramática principal tiene lugar en la pequeña localidad de Frenchman’s Bend (Mississippi), a lo largo del los meses de verano de 1957. Ben Quick (Newman), de unos 25 años, es recogido en la carretera por Clara Ana Varner (Woodward) y su cuñada Eula Varner (Remick). Había sido expulsado de su lugar de residencia, más al Oeste, al ser acusado, sin pruebas, de provocar un incendio. Es contratado como mozo de cuadras por el terrateniente y empresario sureño Will Varner (Welles), con el que simpatiza y del que se gana pronto la confianza. Ocupa una casa abandonada desde hace tiempo, sita en tierras de Varner. Oculta un pasado oscuro y triste, del que nunca habla. Clara, de 23 años, es prudente, inteligente, de espíritu independiente, guapa e idealista. Es la maestra de escuela del pueblo. Eula, casada con Jody Varner (Franciosa), hermano de Clara, es coqueta, atractiva, jovial y desenvuelta. Will, de más de 50 años, es rico, poderoso, prepotente y manipulador.
El film desarrolla un drama familiar ambientado en el sur más tradicional y profundo de los EEUU, dominado (1958) por caciques todopoderosos y autoritarios, relaciones de sumisión, prejuicios machistas y limitadas posibilidades para que la mujer pueda organizar su vida de manera autónoma e independiente. En este marco, el drama enfrenta a las personas por odios, envidias, recelos, resentimientos, despechos, deseos de venganza, amores y desamores, concupiscencia, codicia y ansias de poder. La narración se presenta bien desarrollada y construida con fluidez y claridad. Se apoya sobre todo en cuatro protagonistas: el ambicioso Ben, el caprichoso Will, el acomplejado Jody y la independiente Clara. Los guionistas rebajan acertadamente la densidad y complejidad de los textos de Faulkner. Gracias a ello se consigue que el film se adecue a las posibilidades y conveniencias del cine.
(Sigue en el “spoiler” sin desvelar partes del argumento)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La interpretación de Newman, en su sexto film, es espléndida, con dos puntos de gran emotividad: la primera aparición en pantalla y la confesión de las causas de turbación interior que le afectan desde hace tiempo. La secuencia, ejecutada con maestría, es posiblemente la mejor del film en cuanto a interpretación y una de las más destacadas de la carrera del actor. Son excelentes las interpretaciones de Welles, Woodward y Remick. Por lo demás, es la primera de las 7 películas en las que intervienen Newman y Woodward. Forma parte de la trilogía oficiosa de los mejores dramas interpretados por Newman, que integra junto con “La gata sobre el tejado de zinc” (Brooks, 1958) y “Dulce pájaro de juventud” (Brooks, 1962). Es, además, una de las realizaciones más acreditadas de Martin Ritt.
El romance entre Woodward y Newman, que se conocían desde hacía algunos años, no perjudica las intervenciones de ambos. Más bien permite que las escenas conjuntas adquieran vibraciones imprevistas y un tono de sinceridad y autenticidad admirable. Newman inicia los trámites de divorcio de su primera esposa, Jackie Witte, y Woodward pone fin a su relación con Gore Vidal. Contraen matrimonio el 29-I-1958. La unión de ambos se mantiene durante 50 años, hasta el fallecimiento del actor el 23-IX-2008, a los 83 años de edad.
El film trata diversos temas, como las dictaduras emocionales de algunos padres sobre sus hijos, las diferencias de clase, la represión sexual, el peso del pasado y la fuerza de las inercias que arrastra, los derechos de la mujer, la lucha de sexos, los resultados saludables que puede tener para el interesado explicar los secretos que le atormentan, la posibilidad de superar grandes enfrentamientos con pequeñas concesiones acompañadas de afecto y respeto, etc.
La banda sonora, compuesta y dirigida por Alex North (“Un tranvía llamado deseo”, Kazan, 1951), aporta una partitura breve (9 cortes), pero intensa. De carácter orquestal, predominan en ella los instrumentos metálicos de viento. Compone pasajes descriptivos (“The Lynchers”) y de acompañamiento, de tonos dramáticos y colores oscuros, que culminan en el corte dedicado a la canción que cubre el arranque del film “The Long, Hot Summer”, con música de North, que define el tema principal y es interpretada por Jimmie Rodgers. El corte “Eula” evoca las melodías y los ritmos sureños. La fotografía, de Joseph LaShelle (“El apartamento”, Wilder, 1960), en color y escope, compone imágenes de sólida estructura y de composición imaginativa y brillante. La cámara se mueve con precisión y sobriedad, combina planos largos y breves, muestra preferencia por los encuadres generales y de media distancia. Hace uso de un cromatismo dominado por la presencia de una amplia gama de azules (celestes, marinos, claros, densos, saturados...), que se resaltan con detalles diversos (plato de cerámica, vaqueros, segmento de cielo...). La sinfonía de azules constituye probablemente un homenaje a Paul Newman.
Miquel 
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| 14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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jastarloa
Madrid (España)
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Su valoración:  |
9 de Noviembre de 2006 |
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Desde luego no es la típica historia de amor romántica y comercial. Newman, seductor él, interpreta modélicamente a un joven sinvergüenza materialista al que le viene de casta su fama de pirómano; Welles, con profesionalidad pero menos inspiración, a un estridente estafador que es dueño de medio estado; Woodward, a la joven hija prudente, intelectual e idealista de este último que no acaba de encontrar un marido a su gusto, a pesar de las presiones sociales y familiares; Anderson, al hijo acomplejado por las codiciosas exigencias paternales; y Lee Remick, a la atractiva mujer de Anderson.
Como bien se ha dicho, el guión comienza ofreciendo un gran material a los actores, en la senda del Tennessee William más conocido, con su sensualidad contenida que estalla en el momento menos pensado, con sus conflictos de identidad sexual, con sus problemas familiares, etc. Y así se mantiene hasta que en la parte final se buscan, de forma demasiado precipitada, desenlaces más o menos felices que rompen con el buen trabajo anterior.
jastarloa 
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| 12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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nickie2011
Madrid (España)
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Su valoración:  |
15 de Octubre de 2006 |
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... para comprender la carrera de Newman. ¿En qué otra película su salvaje sex-appeal brilló con más fuerza? Bien es cierto que en esta misma película se enamoró de la que sería posteriormente su mujer, Woodward, por lo tanto, es lógico tal ardor, pero es que el magnetismo que desprende esta pareja en la pantalla es brutal, saltan chispas literalmente.
Por otro lado, se trata de un claustrofóbico relato ambientado en el Sur de los EEUU, con todos los problemas de clase que había, y donde sólo unos cuantos listos podían aspirar a subir en la escala social.
Magnífica Lee Remick, una actriz tan etérea, pero al mismo tiempo con tanta presencia en la pantalla.
La que menos gusta quizá sea la propia Woodward, que no me acaba de caer demasiado bien por esa apariencia tan fría y frígida que tiene en pantalla, aunque se adivina un volcán por dentro.
En definitiva, una película maravillosa de los años 50, con unos colores y una fotografía soberbios, y unas interpretaciones electrizantes por parte de todo el elenco de actores que se dan cita.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La escena del beso apasionadísimo entre Newman y Woodward en la tienda es probablemente una de las más memorables del cine, por cuanto que traspasa literalmente la pantalla, por muchos años que pasen. ¡Qué pareja, señores!
nickie2011 
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| 8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
15 de Mayo de 2010 |
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Incendio es el que provoca un pletórico y despampanante Paul Newman, uno de los iconos más sexys y apolíneos de la actuación masculina contemporánea. Y es paradójico, pero el brillo profundo de sus iris del matiz azul de las aguas de un mar tropical no evoca frialdad (como se podría pensar de unos ojos azulísimos), sino calidez, pasión, hambre de vida. Newman llevaba un arrollador magnetismo en ese cuerpo esculpido por el cincel de una naturaleza generosa, en ese rostro penetrante de perfil griego y mirada taladradora. Y, además de un hombre de sobrados méritos físicos, era un actor endiabladamente bueno. Tan bueno que ni el veterano de veteranos Orson Welles, con su aplastante personalidad sobre los escenarios, fue capaz de eclipsarlo. Y ya era difícil, pues Orson, que como director llegó a ser un genio irregular, como intérprete podía a llegar salirse literalmente de las tablas. Su rostro de rasgos acentuados, casi grotescos cuando se lo proponía, y su vozarrón autoritario, eran una marca de identidad que proclamaba que el listón estaba alto.
Newman supo estar a la altura.
No sé qué tienen esos veranos del Profundo Sur, descritos por las más preclaras plumas de Estados Unidos. El clima abrasa de emociones violentas y encontradas, asuntos sin resolver que chisporrotean y se consumen lentamente para quemar la columna vertebral de familias ligadas a la tierra y a la posición social con cadenas de hierro.
Terratenientes que amasan imperios y manejan las voluntades a su antojo (Welles se las pintaba solo con papeles así), que ahogan la libertad de elección de los suyos y los crían como si fuesen parte del ganado o del mobiliario, destinados a sucederle y a engendrar descendientes que prolonguen la dinastía. Sin opciones a escoger otras salidas, pues ser hijos de un mandamás poderoso es una forma de esclavitud bien vista y de elevado prestigio, pero no mucho más avanzada y justa que la de los antiguos esclavos que no mucho tiempo atrás abundaban en esas mismas tierras.
Clara y Jody Varner se han educado bajo las zarpas implacables del terrateniente local, Will Varner. El sonsonete machacón les aporrea los oídos desde que tienen memoria: “Sed dignos de mi imperio, dadme nietos para continuarlo.” Los problemas dan la cara cuando resulta obvio que Jody no posee ni de lejos el fuerte carácter ni el ojo comercial de su padre, y Clara se resiste a ser tratada y vendida como una yegua que ha de concebir hermosos potros para satisfacción del patrón, y que éste pueda relamerse en su trono.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Bajo esta tormenta sutil, aparece un atractivo y caradura trotamundos de dudosa fama, Ben Quick, que se introduce como una barrena en el centro de los conflictos y revuelve el enrarecido clima. Con descaro, no pestañea ante la arrogancia del patriarca, provoca los celos y las inseguridades del hijo, y aborda con gatuna agilidad la obstinada barrera de la hija. Un terceto hipnótico el de Welles-Newman-Woodward, en un duelo de ingenios, retos dialécticos y sarcasmo difícilmente superable en cualquier guión.
El Cinemascope realza la atmósfera en ebullición, la indomable e irresistible cualidad de Newman, la belleza de la Woodward y de la Remick, y el regodeo de Welles en sus magníficas dotes interpretativas, junto con una banda sonora de las que señalan, sin gran discreción, que estamos delante de un clásico.
Vivoleyendo 
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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Valkiria
Galitzia (Polonia)
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Su valoración:  |
25 de Septiembre de 2010 |
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Cuando Paul recoge entre sus brazos a la Woodward, todavía reacia (no hay mujer en el mundo que se lo explique) en el ultramarinos de papá Orson, para ponerle ojitos de cordero, sonreir, seducir y derretir al polo ártico, se sucede el beso más auténtico y con ganas del cine. Fijáos. Paul adoraba a Joanne.
Mare que la parió...
Sólo hay que observar de Paul, mueca a mueca, sonrisa tras sonrisa, lo que fuese que hiciere hasta que pasó a mejor vida, que este chico bebía los vientos por su chica.
Qué feitiño...
Peli de idiosincrasia pura y dura americana, con incomprensibles reacciones de peña que vive sabe Dios dónde en el más remoto pueblocho de un Estado perdido de los States donde por enésima vez Newman se refugia huyendo de culpas que no son suyas.
Eso sí, como buen mozalbete y chavalote noble en el fondo, se gana las simpatías del patriarca y al poco cae antes rendido a sus pies el gran Orson (que su hija Woodward). Welles, a su vez, se corre unas juergas con Angela Lansbury que pa qué...
Lee Remick es espectacular y sigo insisitendo en que pasa por ser una de las grandes del quinteto actoral norteamericano después de sus días de vino y rosas.
Hay otro beso espectacular en el cine ahora que viene a cuento la Remick. Con Jack Lemmon mientras se parten de risa en la peli de Edwards. Pero el de la Woodward con el entonces su marido, Newman, no se superó hasta hoy.
Muy buena peli, de las que transmite toda sensación en la que se empeñe: pudor (Woodward), calor, sudor (Newman), asfixia (Welles), jolglorio (Remick), campechanería (Lansbury) y sobre todo un momento culminante (al menos para las frikis de Newman): el beso.
Valkiria 
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