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Los dientes del diablo

7,2
2.014
votos
Año
1960
País
Reino Unido
Director
Reparto
Género
Aventuras. Drama
Sinopsis
Historia sobre los esquimales y su forma de vida en los bellos y fríos parajes del Polo. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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8 de mayo de 2011
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sábado. 7 de Mayo. Hoy, algo parecido al monzón ha pasado por aquí y la tormenta ha dejado un ambiente otoñal. Esta noche, con la ventana entreabierta, respirando la voluptuosidad de la tierra mojada, me he dejado atrapar por una película que no conocía. Me vuelvo a encontrar con Anthony Quinn. Esta Semana Santa lo vi en un magnífico papel haciendo de Santo Padre en "Las sandalias del pescador". Ahora me lo encuentro inmerso en los paisajes fríos y blancos del Polo Norte comiendo carne cruda y mostrándome las costumbres de su pueblo esquimal mientras el hombre blanco, con sus leyes y no con sus mujeres, ponen en peligro el fin de un mundo antiquísimo.
Sólo he visto algunas películas de Nicholas Ray: "Rebelde sin causa", "Johnny Guitar" y "Llamad a cualquier puerta". En todas ellas este director nos cuenta algo más que historias con imágenes y palabras. Ya sea entre esquimales, o entre adolescentes norteamericanos, o entre duros del "Far West", N.R. nos habla de la soledad, del amor, de la compasión, del perdón, de la libertad, de la esperanza...
Casualmente, al acabar la película, cambio a la primera y me vuelvo a encontrar a Quinn, ahora haciendo de sacerdote, tratando de enseñar el teorema de Pitágoras al niño Jorge Sanz (en la película "Valentina"). Nadie como Quinn sabe decirle a un niño "bandido" cuando no se sabe el teorema. Lo tengo que ensayar.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ismael
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31 de julio de 2007
15 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Maravilloso y más que convincente papel del versátil y prolífico Anthony Quinn, que consigue meterse en la piel de un esquimal y conducirnos por la vida cotidiana y las costumbres de ese pueblo perfectamente adaptado para los hábitats más gélidos del planeta.
Ver cómo se afanan en su día a día para sobrevivir en los hielos, sus creencias, sus núcleos familiares... Para la familia protagonista todo transcurre con normalidad, hasta que el personaje de Quinn se encuentra con gente occidental y ahí va a comenzar un dramático choque de culturas en el que peligra la estabilidad y el ancestral estilo de vida de la familia esquimal protagonista.
Con la fuerza interpretativa que siempre caracterizó al actor mexicano más internacional que ha dado el mundillo del celuloide, un cuidado trabajo de ambientación y una trama muy interesante y absorbente, Nicholas Ray completó uno de los mejores trabajos de su carrera. Para mí, esta es quizás su ópera prima, superando a otros grandes éxitos suyos mucho más encumbrados e incluso sobrevalorados, pero que sin embargo no encierran con toda su pomposidad la extraordinaria calidad de esta película, que pese a ser menos conocida que las otras de este director, es la mejor de todas.
Vivoleyendo
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24 de febrero de 2010
9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
065/27(19/02/10) Muy buen film de carácter antropológico, que nos adentra en un mundo desconocido como es el de los Inuits (‘El hombre’), para nosotros esquimales (despectivamente ‘Los que comen carne cruda’), es un semidocumental que recuerda bastante al antiguo de Robert Flaherty ‘Nanook el esquimal’. Una voz en off nos narra los usos y costumbres de esta gente, mientras seguimos las andanzas del protagonista Inuk (maravilloso Anthony Quinn), lo vemos cazar, buscar mujer de forma casi troglodita, lo vemos como se deshace de la gente mayor, tener un hijo, y el momento crucial el choque de dos mundos que para él supone el encuentro con el extraño ‘Hombre blanco’. Es un tipo de vida dura pero todo lo hacen de buen humor, riendo no paran de reír, incluso a realizar el sexo lo llaman reír, es un modo de vida tan hospitalaria que cuando les caes bien te piden reír con su mujer, es una cultura primitiva, que apenas ha tenido contacto con la nuestra, que nos dan a entender que ellos viven como les gusta, disfrutan, no le hacemos falta ni con nuestros avances, ni con nuestra religión, es un mundo que queda ennoblecido por el tono del film, tanto es así, que el nuestro es casi ‘El Infierno’, pues el embrujo de la civilización, ‘El hombre blanco’ lo representa un rifle, o sea la violencia, como en ‘2001, una odisea’ que al principio los monos descubren las ‘armas-hueso’, y cuando se encuentran con él descubren sus aficiones, o sea emborracharse con alcohol, para después querer civilizarlos a base de evangelización, y como esta evangelización es un insulto para ellos, vamos, que los ‘blancos’ quedan como perversores de cuerpo y mente, como demonios, mientras los Inuits son la pureza del alma. Las escenas en campo abierto son de una gran belleza, en las que queda patente la pequeñez del hombre ante la Naturaleza, son paraísos en los que la ‘Civilización’ aún no ha puesto sus pezuñas, rodadas en varios países, Alaska, Groenlandia, Norte de Canadá, y lo que rompe el encanto son las escenas realizadas en los Estudios Pinewood, me sentí al verlas como si en ‘La rendición de Breda’ hubiera aparecido Robocop, chirriaban hasta la dentera, imperdonable. Resaltable es el colosal trabajo de Anthony Quinn, el gran camaleón del cine, no te puedes imaginar a otro haciéndolo, lo borda, lo ves y es un oso blanco, una poderosa presencia que desborda la pantalla. Una licencia que se toma la película es el tema del lenguaje cuando se cruzan con ‘los blancos’, no creo que hablaran del mismo modo, beberían habérselo currado y no tirar por la calle fácil y simplemente <no hay problema, hablan lo mismo>, pierde fuerza la cinta. Recomendable a los que gusten de dramas costumbristas didácticos. Fuerza y honor!!!
TOM REGAN
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27 de mayo de 2011
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Muy al estilo Nicholas Ray cuando ha realizado una película con absoluta libertad el arranque es impactante con los planos del arponeo de un oso blanco sobre un fondo de nieve y hielo absolutamente blancos. Utilizando hermosísimos paisajes naturales árticos que para el momento de realización supo perfectamente combinar con planos de estudio Ray nos plantea una historia de un inocente esquimal salvaje. Esta historia está incluida en una especie de documental sobre el espacio ártico, sus animales, y muy especialmente el hombre que en origen ocupaba estas tierras. De forma magistral el director nos presenta las relaciones entre el hombre salvaje y la naturaleza, así como las relaciones humanas entre los miembros de ese grupo que se llaman a sí mismos “los hombres”. Pero esto está planteado como una historia dramática y empieza el verdadero drama cuando la civilización entra en el mundo de “los hombres”. Primero mediante las armas, después el alcohol y cuando intenta introducirse la religión es cuando se producirá el inicio del auténtico drama. De una forma increíble, Ray nos atrapa primero en un mundo ideal para conducirnos de forma inexorable al mundo dramático. Las relaciones entre Inuk, el salvaje inocente magníficamente interpretado por Anthony Quinn, con la civilización personificada en el policía que interpreta Peter O'Toole, conducirán a un enfrentamiento en la forma de entender la vida. Pero Ray es un hombre civilizado y al final, un final sorprendente, tomará postura. Hacer notar un relato en off absurdo que se introduce de vez en cuando en el relato cinematográfico innecesariamente, a no ser que se pretenda moralizar pues esta voz nos informa que para los esquimales “reír” con una mujer es casarse, para ver a continuación que “reír” es tener relaciones sexuales. Alrededor de este tema se producen momentos muy divertidos durante toda la película. Según declaraciones del propio director esta es su mejor película, no para mi, pero sin duda imprescindible para los que nos gusta el cine.
Pp Ferrer S
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16 de abril de 2015
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Maravilloso titulo, tanto el original como su libre adaptación. Con un Anthony Quinn inconmensurable contiene uno de los desenlaces más hermosos de la historia del cine.

Cine casi documental, antropológico, muy entretenido de principio a fin. Puro cine directo al corazón con el estilo de los grandes. Nicholas Ray, como Sam Fuller, coge al toro por los cuernos y lo sacude delante del espectador para sacarle toda su fuerza y además su belleza.

Esta película es un ejemplo de algo que siempre he intentado explicar con amigos y me ha resultado difícil, es cuando se aúna una gran personalidad en la dirección, con libertad creativa, y una maquinaria cinematográfica de primer orden, exportada o heredada de esa visión hollywoodense de hacer la cosas muy bien hechas.
waldeker
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