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España España · almeria
Críticas de TOM REGAN
Ordenadas por:
3.901 críticas
5
14 de enero de 2018
575 de 859 usuarios han encontrado esta crítica útil
12/12(12/01/18) Revoltijo de ideas sin originalidad alguna que las hordas han comprado como la octava maravilla. El mexicano Guillermo del Toro sigue explorando mundos de seres extravagantes, y me sigue demostrando en la mayoría de sus películas (salvo “El espinazo del diablo” y “El laberinto del fauno”) que es un plagiador de ideas a las que no sabe darle patina de frescura, se relame en el mucho amor que tiene al cine serie b, a los musicales, a los cuentos de hadas, esto también lo han hecho realizadores como Tim Burton o Tarantino, pero ellos han sabido impregnar sus relatos de fulgor narrativo, del Toro lo más que sabe es hacernos ver que este pseudo-La Bella y Bestia fornican explícitamente, pero este rasgo (de zoofilia) aparentemente políticamente incorrecto queda metido con calzador para ofrecer morbo. Y es que este anhelado romance queda más forzado que intentar meter un elefante por la cabeza de una aguja, orgánicamente inverosímil, y es que lo que vemos por parte de ella al “anfibio” es lástima y compasión, la que se puede tener a un perrito maltratado, le das de comer, juegas con él, pero te acuestas con él, lo único que demuestra el relato que no es solo un problema de mudez lo que tiene la protagonista, es uno mental, que vínculo afectivo se ha establecido entre los dos más allá de que ella le ofrece huevos cocidos y al bicho le gustan?

La cinta intenta exponer los sentimientos de incomunicación, el aislamiento que la sociedad genera sobre gente “diferente (una muda, un artista gay, o un “bicho humaniforme”), la lucha contra los prejuicios, alabando los amores interraciales, esto lo contrapone del Toro contra la intolerancia, el militarismo, sazonándolo con algunas dosis de terror. Del Toro dijo: "Esta película es una película de sanación para mí... Durante nueve películas reformulé los temores de mi infancia, los sueños de mi infancia, y esta es la primera vez que Hablo como adulto, sobre algo que me preocupa como adulto. Hablo de confianza, alteridad, sexo, amor, hacia dónde vamos. Estas no son preocupaciones que tuve cuando tenía nueve o siete años". Muestra similitudes con el cortometraje de 2015 “The Space Between Us”, y también con la novela de Rachel Ingalls, “Mrs. Caliban”. También se inspiró en los recuerdos de la infancia de Del Toro al ver “La Criatura de la Laguna Negra” (1954) y deseando ver a Gill Man y la coestrella de la película Julie Adams triunfar en su romance.

Está bien que a del Toro haya que dar le la licencia de suspender la realidad y veamos en la historia un cuento de hadas, pero en este debe haber coherencia en su desarrollo, y unos recursos facilones y más simplistas que el mecanismo de un martillo, es que este batiburrillo de ideas manidas hasta el hartazgo me indigna todos en masa la alaben, me siento (perdonen la arrogancia) el niño que ve al Emperador (el cuento de “El traje nuevo del Emperador”), “…pero si va desnudo!”.
Es una mezcla entre “E.T.” (lo de que sane con su tacto está más sobado que las tetas de una actriz porno) y “Liberad a Willy”, con claros elementos de “King Kong” (1933) o el clásico literario mencionado “La Bella y la Bestia”, nadie puede imaginarse a Elliott acostándose con E.T. (ufff, que grima!), o al chaval Jesse teniendo sexo con la roca Willy (arggg, quitad esa imagen de mi cabeza!!!), pues incluso orgánicamente hay más lazos de cariño formados entre los protagonistas que en este producto batiburrillo. Incluso recuerdo un episodio en la popular serie “Expediente X” en que aparecía un animal marino humaniforme, con apariencia similar a este, aunque similar también es Abe Sapien de la cinta de del toro “Hellboy”.
Es una cinta que arranca bien eso hay que valorarlo, con unas bucólicas escenas bajo el agua con la cámara paseándonos por un hogar submarino donde las cosas flotan, hasta que el objetivo se posa sobre la durmiente Eliza Esposito (Sally Hawkins), se despierta y la vemos en el mundo “real”, en sus rutinas diarias, haciéndose un huevo cocido para desayunar, masturbándose en la bañera (recurso de morbo que nada aporta más que comercialidad),arrancando una hoja del calendario con un pensamiento diario, visita su vecino pintor acomplejado por ser calvo (menuda superficialidad), va su curro de limpiadora, va al cine a ver musicales, y vuelta a empezar. Inicio sugestivo que se sabotea a sí mismo cuando el meollo del núcleo comienza a desplegarse, con la aparición del bicho anfibio, y es que se supone una base ultra-secreta, supervigilada en tiempos de Guerra Fría, y sin embargo unas mindundis limpiadoras entran y salen de la sal donde tienen a un ser que puede cambiar la Historia como en su casa, sin medidas de vigilancia, más allá del tarugo de Michael Shannon (menuda caricatura de malo malísimo la suya) vaya por ahí blandiendo su porra táser. No se sabe porque tienen al bicho allí, no hacen experimento alguno con él, no intentan comunicarse con él, saber si tiene racionalidad, lo tienen en una gran bañera encadenado, y su único fin es que lo maten para hacerle la autopsia, menuda idiotez!

Y es que me ha resultado una película con todos los clichés habidos y por haber, con personajes más planos que el cerebro de Forrest Gump, con unos personajes estereotipados hasta el hartazgo, con buenos muy buenos y malos horribles, donde lo gris no existe, donde la profundidad se nos quiere dar a empujones, donde do huela ya muy ajado, situaciones un millón de veces vistas.

Tiene excelente envoltorio en lo que a puesta en escena se refiere, con fenomenal diseño de producción de Paul D. Austerberry (“Pompeya”), recreando con esmero los años 50 (rodando en interiores de Cinespace Studios de Ontario-Canadá), empezando por esa vivienda sumergida en el agua del inicio onírico, con los apartamentos que aparecen, esa calle idealizada con ese cine y su hermosa marquesina, con esa base secreta, esto elevado por la estupenda fotografía de Dan Laustsen (“La cumbre escarlata”),… (siguie en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
TOM REGAN
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9
4 de noviembre de 2016
113 de 129 usuarios han encontrado esta crítica útil
202/19(28/10/16) Magnífico y turbador tercer episodio de la antológica serie creada por el británico Charlie Brooker, su serie estrella vuelven, han cambiado de cadena, de la británica Channel 4 a la estadounidense Netflix, pero su mordacidad, ironía, acidez y visión inquieta sobre el impacto de las nuevas tecnologías en nuestra sociedad sigue intacto. Para el que no la conozca, es una serie de antología, capítulos independientes autoconclusivos, con diferentes tramas, diferentes géneros, diferentes actores y personajes, diferente ambientación, e incluso abordando diferente franjas temporales, pero todas con el nexo de unión de cómo la nueva era tecnológica puede ser pervertida haciéndonos menos humanos, corrompiendo la sociedad. Este capítulo está dirigido con pulso trepidante por James Watkins (“Eden Lake”), con guión del propio creador Brooker y William Bridges (“Shallow”), nos adentra en las perversiones que ese esconden en la red y en cómo tras estas se pueden esconder “justicieros-chantajeadores”, de cómo hoy en día la privacidad e intimidad resulta ambigua, un pestillo en la puerta no es suficiente cuando el Caballo de Troya lo tenemos todos instalado en nuestra casa.

Con un ritmo frenético discurre este subyugante episodio , con una ágil delineación de personajes, con aristas y matices, emitiendo humanidad, con diálogos ásperos, con creación de situaciones originales, aderezado por un protagonista Alex Lawther (Alan Tuning de joven en “The Imitation Game”) impresionante, una actuación colosal en la que se mimetiza con el personaje, sublime como transmite su odisea existencial al abismo, con un lenguaje gestual estremecedor. Jerome Flynn (el inolvidable Bronn de “Juego de Tronos”) realiza un notable trabajo, con una extraña mezcla de víctima y manipulador acuciado por la presión de sus “pecados”.

“Cállate y baila” explora con acritud desesperanzadora de la oscuridad de la Condición Humana, la fina línea que separa lo convencional y aceptado socialmente de lo patológico, un mediometraje que te hace reflexionar sobre lo hasta donde estamos dispuestos a llegar por ocultar nuestro lado primario, ello desarrollado en un increscendo dramático sofocante, gracias a un guión hábil, ingenioso, de los que te hace pensar, de los que te provoca dilemas morales sobre lo que tu harías en el caso de los protagonistas, ello para desembocar en un final que sacude, retorciéndose hasta hacerte sentir mal, dando una visión distinta de lo visto, y tomando otra perspectiva lo acontecido, tomando otro cariz el agudo argumento. Resulta el metraje un análisis mordaz sobre la quimera de hoy en día creernos guardianes absolutos de nuestra intimidad, en un mundo global, donde las redes de internet pueden funcionar en dos vías esto es un cuasi-imposible, y en este sentido se pueden mover todo tipo de entes de mentalidad siniestra, vengadores, pervertidos, enfermos sociales, etc.

Para este incisivo y agrio capítulo crean un protagonista complejo, un chico aparentemente asocial, víctima de bullying, reservado, lacónico, para conforme avanza la trama sentirnos empatizados por su calvario, con el que nos llegamos a identificar, desgarradora su travesía, angustiosa, asfixiante, no llegando en un momento dado si la caída en picado es producto de la atomización en su mente de algo pequeño, pero al final hay un giro extraordinario que da sentido a todo lo visto hasta entonces, provocándonos incomodidad, mal cuerpo, zozobra.

Lo bueno que tienen casi todos las entregas de la serie es que es fácil conectar con su núcleo argumental, y este lo es por lo cercano y realista de su premisa, provocando con ello una feroz crítica a los peligros que posee entrar en la Red, ello enredado con los bajos instintos humanos deriva en un cóctel siempre explosivo que pone contra el paredón las ingenuidades, miserias y mezquindades humanas. Este es un relato que conforme pasan los minutos se vuelve más duro y adusto, conformando una tensión e intensidad que te atrapa y subyuga, hasta desembocar en un clímax que te descoloca por la fuerza de la percepción que habíamos tenido hasta entonces, y zarandearnos, otorgando un enfoque radicalmente diferente a lo que creíamos, sublime el modo que Brooker tiene de hacer que nos cale emocionalmente sus historias.
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TOM REGAN
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6
7 de enero de 2016
134 de 180 usuarios han encontrado esta crítica útil
214/17(29/12/15) Sobrevalorado film de Todd Haynes, que vuelve a lo que más sabe ofrecer, un melodrama sórdido sobre un amor contracorriente, que debe sortear las barreras de su tiempo, de nuevo enmarcando su historia en los años 50, como ya hizo en “Lejos del cielo”, y con una protagonista de clase alta, también Cate Blanchett, en este caso junto a una joven de clase baja, entrelazándolas en un amor tabú para el tiempo. Una narración sustancialmente visual, aminorando la fuerza de los diálogos y porfiando la fuerza del relato en sus por momentos poéticas y delicadas imágenes, con miradas, gestos, insinuaciones o roces, en lo que es un juego de dulce seducción, ello apoyado en un excelente trabajo de cámara, con movimientos sugerentes alrededor de las dos protagonistas. Pues bien todo esto me queda plúmbeo, hueco, no veo la cacareada lucha contra la sociedad, apenas veo su sufrimiento, no me cuenta algo nuevo, no hay giros, todo me ha resultado lineal, un bonito envoltorio para poco contenido, además de excesivo. Como bien he leído, si no fuera por sus dos grandes actuaciones y por su elegante puesta en escena no dejaría de ser un telefilm.

Estamos a principio de los años 50 en Nueva York, Theresa Belivet (Rooney Mara) es una joven que trabaja de dependienta en la sección de juguetes de los grandes almacenes Frankenberg, su gran afición es la fotografía, tiene un medio-novio, Richard Semco (Jake Lacy), en tiempo de Navidad aparece por la tienda la elegante Carol Aird (Cate Blanchett), mujer de mediana edad con una hija y en trámites de divorcio de Harge (Kyle Chandler), entre las dos surgen un juego de miradas, ella va a comprar un regalo para su hija, comenzando entre las dos una relación primero de amistad. También tiene importancia en la historia Abby (Sarah Paulson), íntima amiga de Carol.

El guión de Phyllis Nagy se basa en una novela, “El precio de la sal” (1952), semi-auto-biográfica de Patricia Highsmith (“Extraños en un tren” o “El talento de Mr. Ripley”), publicada bajo el seudónimo de Claire Morgan, y reeditada en 1990 con su verdadero nombre y retitulándola “Carol”, la guionista quiso ser lo más fiel posible al libro, aunque cambió algunos detalles, como que la novela está contada desde el punto de vista de Theresa, el film tiene un enfoque bidimensional, a través de las dos protagonistas, asimismo cambia la vocación de diseñadora de escenarios del libro a fotógrafa en la cinta, y le cercena fondo familiar a Therese, no sabremos nada de su pasado como sí en el libro. Es el relato de dos mujeres pertenecientes a diferentes capas sociales que encuentran en un cruce de miradas un flechazo que cambiará sus vidas, un amor que irá germinando gradualmente hasta florecer en un viaje, con la primera caricia y el primer beso llegan a la expresión del amor carnal. Todo contado con sobriedad, sofisticación, sin morbo, ni sexo gratuito, sin truculencias ni artificios. Es curios ver como se manejaba de torticeramente una ley USA, “La clausula de moralidad”, por la que una mujer podría ser reprobada de su condición de madre si mantenía una relación indecorosa, en este caso llámese amor homosexual, además de volver a ver como la homosexualidad era visto como una enfermedad, como en el film del año pasado “Imitation game”, indignante.

Lo malo es que se me ha quedado en algo naif, no me llega a historia trágica, ni a loa al amor por encima de los obstáculos, apenas me roza su pretendida emoción, me queda una previsible historia de amor que no pinza, y lo que es peor su ritmo discurre a trompicones habiendo fases donde llega el tedio, con situaciones redundantes, como los encuentros entre Therese y Richard, le falta capacidad de síntesis para dar solidez.

Las actrices protagonistas son las que sacan a esta historia del montón. Cate Blanchett compone con elegancia a Carol, una mujer autosuficiente, segura, de fuerte carácter, con lenguaje gestual y de miradas fascinante, su modo de moverse, la forma de encenderse un cigarrillo, como se mueve la melena, como sonríe, una gran actuación. Rooney Mara dota a su Therese de inocencia, de inquietudes, de ternura, de fragilidad, de vulnerabilidad, de mirada limpia, la actriz la dota de aristas y profundidad, haciendo de ella una mujer que busca su lugar en el mundo. El resto del elenco no dejan especial huella les falta dimensión a Kyle Chandler, Sarah Paulson o Jake Lacy, algo en lo que hierra el film.

La puesta en escena rezuma elegancia, con un muy cuidado diseño de producción de Judy Becker (“The Fighter” o “Shame”), sabiendo recrear un Nueva York de época, con sus contrastes entre la pensión humilde en la que vive Therese y la gran casa en la que reside Carol, o ese viaje emprendido por las dos, moviéndose por habitaciones de moteles deprimentes, o los semioscuros bares neoyorkinos, se suma un hermoso vestuario de la diseñadora Sandy Powell (“Gangs o New York” o “El Lobo de Wall Street”) resaltando el color rojo, todo esto potenciado por la sugestiva Fotografía de Edward Lachman (“Erin Brockovich” o “Las vírgenes suicidas”), con un patinado de colores cálidos, resaltando los verdes, rojos, rosas, mostrando a las amantes en ocasiones a través de ventanas, como es el caso del comienzo que engarza circularmente con el tramo final en que los cristales alegóricamente están mojados por la lluvia (símbolo dramático), o mirándose a través de puertas (símbolo de su separación) realizando encuadres preciosos, jugando con sombras de reminiscencias noir, con tomas influenciadas por el pintor de New York Edward Hopper (1882-1967). Adornado todo por las bellas melodías de Carter Burwell (Miller’s Crossing”, “Fargo” o “Rob Roy”), ambientando de modo dulce y emocional, muchos tramos que por sí solos no pueden, de ecos nostálgicos, siendo elemento fundamental para elevar la calidad sentimental de la historia.

Film que pretende más de lo que puede, interesante por su ambientación y maravillosas actrices. Fuerza y honor!!!
TOM REGAN
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7
20 de julio de 2014
75 de 85 usuarios han encontrado esta crítica útil
75/16(28/05/14) Hipnótica adaptación libre del libro del luso José Saramago “El Hombre Duplicado” (2002), realizado por el director canadiense Denis Villeneuve, que lleva una espléndida racha tras “Incendies”, “Prisioneros” y ahora esta compleja obra, que cuando menos demuestra un gran riesgo al exponernos un universo cercano al surrealismo, con tintes buñuelianos, donde se reflexiona sobre la identidad personal, sobre quienes somos, sobre las obsesiones, sobre el vacío de espíritu, sobre la frustración existencial, sobre los límites entre realidad y onirismo, convirtiendo la cinta en un inquietante thriller psicológico.

El escenario es la ciudad de Toronto, Adam Bell (gran Jake Gillenhaal) es un introvertido profesor de historia en la Universidad, tiene una pareja, Mary (buena Mélanie Laurent), a la que trata con frialdad, por casualidad viendo una película ve a un actor físicamente idéntico a él, investiga sobre el intérprete y da con él, se llama Daniel St. Claire (gran Jake Gillenhaal) y lleva el nombre artístico de Anthony Claire, está casado con Helen (buena Sarah Gordon) y está embarazada, vive también en Toronto, Adam se obsesiona con él, le acosa por teléfono hasta que terminan conociéndose estableciéndose entre los dos una perversa situación.

El guionista español Javier Gullón (“El Rey De La Montaña”) adapta con libertad el libro antes referido, haciendo que el espectador tenga que sacar su propia interpretación, las posibilidades están abiertas, se toma la licencia dramática de inventarse el inicio y el final, así como el tono dramático que impone, el libro cerraba con las respuestas a las preguntas, aquí se queda todo abierto, dando un patinado muy de David Lynch en su ambigüedad explicativa, una historia viva que deja subliminalmente que hay un subtexto de problemas sexuales en el comportamientos de los protagonistas, abordando temas además como el adulterio, la fidelidad, el embarazo o los complejos de inferioridad. Es un lento descenso al Averno de la mente, una ambientación pesadillesca donde colisionaran los fantasmas del vacío, de personas sin expectativas que encuentran en los demás como expandirse y dar sentido a sus fatuas existencias. Villeneuve hace un desasosegante e intenso thriller con toques de suspense abrasivos, en un mundo enfermizo, de aire enrarecido, asfixiante, agobiante, con una tremenda fuerza visual, con imágenes de una gran potencia onírica-lírica, con elementos recurrentes para remarcar ella acidez de pesadilla como es la fijación por las arañas, sujeto muy freudiano para enfatizar en la telaraña que esta enmarañado los protagonistas. Llega a recordarme en cierta medida a “Zelig” de Woody Allen, en lo de una persona vacua, gris, ordinaria, y que parece encontrar un objetivo obsesivo en un tipo que es igual a él. Es una radiografía sombría de nuestros miedos, deseos, y nuestros sueños ahondando en el sentido de la individualidad, se reflexiona sobre aquello que escribió Robert Louis Stevenson en “Dr. Jekyll & Mr. Hyde” sobre la dualidad entre el bien y el mal. Villeneuve juega con el espectador provocándole, impactándole, sacudiéndolo, construyéndole un puzle con piezas sueltas a modo de imágenes o diálogos afilados que deberá unir para obtener alguna respuesta.

Para conseguir una atmósfera opresiva se apoya en un brillante diseño de producción de Patrice Vermette (“Prisioneros”), exponiendo una ciudad simétrica, edificios altos despersonalizados, con la Torre CN haciendo de desconcertante antena, con plazas vacías, calles semidesiertas, apartamentos impersonales, y esta sensación atomizada por la fascinante fotografía de Nicolas Bolduc (“War Witch”) que moldea un mundo de cuasi-ensueño, atrapando al espectador tiñendo los fotogramas de amarillentos sepias en exteriores y en sombras lúgubres en interiores, con tomas aéreas turbadoras, contrapicados trémulos, un alarde de emitir sentimientos. La música de Danny Bensi y Saunder Jurriaans eleva los niveles de perturbación, estridente, virulenta, amenazadora, un uso de violonchelos punzante que te sobrecoge. Sumando estos elementos se consiguen escenas de una gran potencia sensorial como el inicio en que Adam visita el Club de perversión sexual hedonista, una especie de entrada a la antesala del Infierno, brillante comienzo que ya te magnetiza a la pantalla.

Jake Gillenhaal es el alma de la cinta, el motor que hace que te pegues a la narración, haciendo creíble estos dos protagonistas, el apocado Adam y el arrogante Anthony, logra que en un instante sepamos por su lenguaje corporal si es uno u otro, además de por su indumentaria, incorpora matices a cada rol, y los dos sabe unirlos por un poso de amargura, los conecta con sutilidad, les da un tono intrigante-retorcido-obsesivo, demostrando que es uno de los mejores actores de su generación, arriesgando en no encasillarse. Además me ha gustado mucho Sarah Gordon como la preñada, emite una honda ternura, una dulzura comprensiva deliciosa.

Con todo lo bueno que dicho la cinta posee taras que la alejan de una mejor puntuación, y es que termina enredándose demasiado, se enreda excesivamente en cuestiones metafísicas, derivando en un tramo final excesivamente confuso en que los protagonistas se comportan de modo cercano a la estupidez, provocando por momentos la sensación en el espectador que el realizador pudiera estar más interesado en el envoltorio que en el contenido. Le falta solidez en la relación entre los dos “clones” me es muy forzada, me chirría el momento en que Anthony le chantajea, esto incita al espectador al alejamiento con la historia.

En conjunto sumado lo mucho bueno y el tramo final mejorable me queda un muy recomendable film, que te hace pensar, aunque no apto a todos los paladares. Fuerza y honor!!!
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TOM REGAN
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10
10 de marzo de 2013
63 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil
239/13(25/11/12) Obra Maestra del Cine español, un clásico imperecedero, José Luis Borau nos obsequio con una de las mejores radiografías que se hayan hecho jamás de la España profunda, un desgarrador fresco emparentado con la posterior ‘Los Santos Inocentes’. ‘Angel (gran Ovidi Montllor) vive con su posesiva madre, Martina (colosal Lola Gaos), en una aislada casa en los montes de Segovia, es un alimañero en un coto privado, caza a los depredadores de los ciervos, los lobos, para que cuando llegue el gobernador civil, Santiago (gran José Luis Borau), con sus amigotes tengan cacería, Ángel para sacarse un sobresueldo hace de furtivo. Un día en la capital por casualidad una muchacha, Milagros (gran Alicia Sánchez), le aborda para que la ayude a escapar de un reformatorio, Ángel la socorre y esta le paga con sexo, él se enamora de ella, se la lleva a su casa en la montaña, allí los problemas surgen entre la pareja y la ultraprotegedora madre que ve en Milagros a una rival en el afecto de su retoño. Extraña que esta dura película se rodara con la censura aún trabajando, con desnudos, sexo, personajes amorales, nítidas insinuaciones de incesto, violencia animal, claras alegorías a la incompetencia de las autoridades, en la figura del Gobernador, y con un final desgarrador (spoiler), aún así esta intentó torpedearla exigiendo su recorte en 40 planos, tras muchas luchas, se pudo exhibir en el festival de San Sebastián eliminando algún metraje, según Borau sin importancia. Furtivos es un cuento de hadas de terror, está el Rey, el Gobernador, y cambiando los papeles está el príncipe atrapado, Ángel, en un mundo cerrado y endogámico por una bruja, su Madre Martina, está el bosque envuelto en brumas y misterio al que llega la heroína, Milagros, un soplo de aire fresco que viene a traer la felicidad al príncipe atrapado, en forma de sexo y amor, un cuento retorcido y lúgubre. Borau escribió el magnífico guión con Manuel Gutiérrez Aragón, Borau quería hacer una película con Lola Gaos que le había maravillado en ‘Tristana’, y a fe que le regalo uno de sus mejores trabajos. El director pretendió reflejar la España tardofranquista en esta obra, el bosque representaba para él el país, Martina sería Saturno que devora sus hijos, Santiago el Gobernador podría ser un cuasi-Franco paternalista (el símil de ser cazador), ansiaba controlarlo todo pero no se enteraba de mucho, y por debajo unos siervos que ansiaban salir del regazo enfermizo de la Madre, metáfora de lo perdido que estaba el país. Ello envuelto en una extraordinaria puesta en escena, una ambientación soberbia que nos traslada el sabor de una España Negra, tétrica, ayudado por una excelente fotografía de Luis Cuadrado (‘La Caza’ o ‘El Espíritu de la Colmena’), con un ritmo vigoroso, con un salpicado de escenas para el recuerdo (spolier), dolorosa la de Ángel echando a su Madre a rastras de la cama, la paliza al lobo, o el fresco costumbrista con los cazadores, con un increscendo dramático asfixiante, dejándonos unas gloriosas elipsis (spoiler), derivando en un tramo final antológico, uno de los grandes de la Historia del Cine (spoiler), de los que te deja una huella perenne. Los personajes están espléndidamente construidos, en pequeñas pinceladas sabemos cómo son, además está interpretados de forma sublime, un sembrado de personas amorales y perdidos, unos perdedores, fresco de una nación sin rumbo, un Ovidi Montllor que jamás ha estado mejor, crea a un ser perdido que busca salir de un ambiente patológico, transmite pasión, amor, ilusión, esperanza, y lo hace con un lenguaje corporal sobrio, sin estridencias, sobresaliente, está Alicia Sánchez como Milagros que borda su rol de pícara que utiliza su cuerpo como arma, que se debate entre dos amores, pero que sabe dar luz a Ángel, denota una gran fragilidad, espléndida, y luego está el tercer lado del triángulo pasional, Lola Gaos como Martina, esta está a otro nivel, su actuación es magistral, nadie puede creer que no sea Martina, su cruenta y latente violencia es emitida de modo excelente, su lenguaje físico es poderío, el gestual es brillante, su mirada son dos puñales que te atraviesan, su voz es un susurro apagado lastimero, es capaz de combinar intimismo perverso como cuando desviste a su hijo, con la furia más desatada, cuando la vemos apalear al lobo (me niego a entrar en polémicas sobre si fue real) demuestra una ira infinita con lo que el caldo de cultivo está sembrado para que todo nos lo esperemos de ella, su labor traspasa la pantalla, desborda realismo, un portento en uno de los papeles más colosales que ha dado el Cine, por cierto, nos podemos imaginar que Ángel es Norman Bates y Martina su madre, una especie de precuela de ‘Psycho’. Es reseñable José Luis Borau como el gobernador, hace de un paternalista buenista, un tipo obsesionado con dar caza a un ciervo que para mí representa la fuerza indómita de España. José Luis Borau creó este Clásico y ya se le acabó la genialidad, hizo mucho más cine pero nunca se acercó al nivel de esta, acaba de morir y este es mi tributo a alguien que aunque no hubiera hecho más filme, será loado por siempre por este colosal retrato de la degradación moral de España. Fuerza y honor!!!
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TOM REGAN
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