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España España · almeria
Críticas de TOM REGAN
Ordenadas por:
4.232 críticas
8
25 de septiembre de 2021
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343/21(21/09/21) Notable drama a reivindicar por lo pionero y visionario (donde el referente para lo malo era el oligopolio d3e medios de comunicación creado por el muchimillonario William Randolph Hearst, sí, el que veladamente era “Ciudadano Kane”), dirigido por Mervyn LeRoy (que gustaba de hacer cine combativo), uno de los primeros alegatos en contra del periodismo amarillista (y que posteriormente proliferaron), el periodismo carroñero, el sensacionalismo de los medios de comunicación que buscando lectores no dudan en echar a los ‘leones’ a quien sea, manteniendo desde su estreno hace 90 años (10/Septiembre/1931) una vigencia total, extrapolable a hoy día potenciado primero con la televisión (en España el mayor reflejo es T5), y atomizado esto con las redes sociales, el mundo no aprende y siempre hay gente ávida de comer basura mediática (‘Comed mierda, millones de moscas no pueden estar equivocadas’). Presenta muchos de los aspectos del sub género periodístico que se convertirían en clichés enésimas veces, como un editor de periódico endurecido, un reportero sin escrúpulos y un elenco de periodistas malhumorados y ciudadanos indignados.

Hinchecliffe (Oscar Apfel), mandamás del periódico neoyorquino Evening Gazette, se encuentra preocupado por los escasos resultados que obtiene el tabloide al seguir una política éticamente correcta. Para revertir la situación decide recurrir a una serie de prácticas mezquinas, entre las que destaca el cambio editorial hacia una línea puramente sensacionalista. Es aquí donde entra en acción Randall (Edward G. Robinson), que se encargará de dirigir la publicación del caso Voorhees, una trama de asesinato cerrada hace 20 años. Entonces Nancy Voorhees (Frances Starr) disparó contra su amante pero ahora, años después, ella es una feliz madre de familia que no quiere remover su pasado.

El guión de Byron Morgan se basa en la obra escrita por Louis Weitzenkorn tras su paso como editor de Bernarr McFadden 's New York Evening gráfico, un tabloide sensacionalista de la década de 1920, la obra tuvo 175 funciones en Broadway en 1930-1931. Presenta muchos de los aspectos de tales películas que más tarde se convertirían en clichés, incluido un editor de periódico endurecido (interpretado por Edward G. Robinson), un reportero sin escrúpulos (interpretado por el gran villano Boris Karloff) y un elenco de periodistas malhumorados y ciudadanos indignados. Es una condena completa del periodismo amarillo

Una incisiva denuncia contra este mundillo trituradora de personas para alimentar diez minutos a gente sin escrúpulos hambrientos de dramas humanos que en realidad no saben el daño que hacen retroalimentando a estos `carroñeros’, ello en un desarrollo muy dinámico, con personajes maravillosamente construidos, con situaciones que transpiran emociones, en un arco de evolución de caracteres estupendo, con diálogos ágiles, y esto hay que encumbrarlo aún más por estar aun en ‘pañales’ el cine sonoro, teniendo el director ingenio para ofrecernos escenas punzantes tanto a nivel dramático como estético, con una cámara para su tiempo muy móvil, para la posterioridad probablemente la primera vez que en pantalla grande se dividía (en tres) para conversaciones telefónicas (o las tomas a través de ventanas).

Tiene en su arrollador protagonista (nacido en Bucarest) Edward Goldenberg Robinson a su apoteósico escaparate como el editor Joseph W. Randall, un ciclón electrizante, una fuerza desatada de la naturaleza que derrocha carisma a cada sublime intervención, uno de los mejores actores de la Historia del Cine, en una de sus mejores intervenciones (jamás fue ni tan siquiera nominado al Oscar por alguno de sus papeles, lo cual habla a las claras de la trivialidad de estos galardones; le dieron uno honorífico dos meses antes de su muerte en 1973). Tiene un arco de desarrollo soberbio, teniendo para si el discurso en el clímax que da sentido a la cinta (aunque se nota su origen teatral), con diálogos-látigos, maravilloso el mantra del rol de lavarse las manos asiduamente, y al final lo hace con jabón, cual si la mancha fuera mucho mayor, Homérico. Era la segunda colaboración con el director, con el que a principios d ea´ño había estrenado la exitosa y sobre todo icónica para el actor, “Little Caesar”; Tenemos al inglés Boris Karloff (su nombre real era William Henry Pratt) como el ‘buitre’ reportero T. Vernon Isopod, extraordinario como el lascivo y viscoso periodista que no duda en escudriñar en ingenuas personas para conseguir su carroña, todo un sutil manipulador. En noviembre de este año se haría inmortal en el con su encarnación de “El Monstruo de Frankenestein”; Está Marian Marsh con un rol que estalla en una climática escena en el despacho del editor, sacando toda su rabia y dejando en el aire la gran pregunta del film, muy buena; Aline MacMahon (debutando en cine) como secretaria del editor, la hierática Ppito Grillo de su jefe ("Eres como una conciencia con patas", le dice), crea con una gran expresividad el reflejo doliente de lo que piensa Randall. "Creo que siempre se puede hacer que la gente se interese en la crucifixión de una mujer" llega a decir; ; H. B. Warner excelente como el sufriente esposo, teniendo su zenit cuando debe ocultar a su hija y yerno una tragedia poniendo buena cara, formidable; Frances Starr está muy bien como el objetivo de las ‘hienas’.

El editor del periódico William Randolph Hearst se sintió muy ofendido por la película, que interpretó como un ataque apenas velado contra él y su operación, lo que le dio críticas negativas en sus periódicos y presionó a los cines para que no lo mostraran. La película fue nominada en los 5º Premios de la Academia a Mejor Película, pero perdió ante “Grand Hotel”.
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TOM REGAN
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7
25 de septiembre de 2021
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341/19(19/09/21) Electrizante thriller policial urbanita, que tiene tres grandes pilares para atraparte, como es la vigorosa dirección de por Antoine Fuqua, su mejor labor hasta ahora, imprimiendo nervio y sentido estético-inmersivo, exponiendo con crudeza un estado de violencia latente durante todo el metraje, con tiroteos, palizas cruentas, intentos de violación, persecuciones, abusos policiales; tiene un guión sustancioso de David Ayer (en 2005 arrancaría como director en una carrera irregular), con diálogos y frases que nos hacen este mundillo, donde parece mandar el que más gritar y más soeces suelta, además de establecer un juego complejo sobre cómo se debe impartir justicia, hasta donde se puede llegaren la fina línea que separa impartir la ley o sobrepasarla, lo nebuloso de combatir el Mal desde el Bien pero retorciendo esto segundo, embarcándonos en un frenético día, cual parece todo a contrarreloj, creando Ayer un personaje ‘Bigger Than Life’ en la figura del Totémico Alonzo Harris; y aquí entro en el tercer pilar, la actuación desbordante de Denzel Washington (ganó su segundo Osca por la interpretación. Para dotar a su personaje de un aspecto más auténtico, Denzel Washington adoptó el mismo “look” que Rafael Pérez, ex agente encarcelado por el caso “Rampart”, una enorme trama de corrupción que tuvo lugar en el Departamento de Policía de Los Ángeles), una golosina para este actor que se mimetiza con el histriónico policía, lo posee con un ímpetu propio de un volcán en erupción, una fuerza desatada de la naturaleza, su verborrea y facilidad oratoria son un tsunami constante, un manipulador carismático que seduce con su labia de marionetista, arrollador Macho Alfa.

Además tienen de apoyo un magnífico elenco de secundarios, donde por supuesto brilla el cuasi-protagonista Ethan Hawke (nominado al Oscar, perdió ante Jim Broadbent por “Iris”), que se hace un huequecito ante el Titán neoyorkino como el agente novato e idealista Jake que se supone va a ser instruido por el veterano, estableciendo ese clásico duelo entre el viejo zorro y el advenedizo, aunque aquí dándole una vuelta de tuerca, con ententes incisivos y fogosos, dos agentes de narcóticos de LAPD paseando por vecindarios de Westlake, Echo Park y South Central Los Ángeles, plagados de pandillas; cuenta con Scott Glenn , en papeles secundarios, asimismo en roles de menos peso están el gran Scott Glenn como un vivaraz camello, Tom Betrenger, Cliff Curtis , (la fascinante belleza) Eva Mendes, o los raperos Dr. Dre y Snoop Dogg. Todo esto sustentado en una ambientación espléndida, desde la maravillosa labor de la cinematografía del calabrés Mauro Fiore (“La Isla” o “Avatar”), imprimiendo un sentido noir que te cala en sus colores apagados; una edición ágil sin ser epiléptica de Conrad Buff (“Terminator 2” o “Titanic”); esto adornado de modo cutáneo por la música del compositor Mark Mancina (“Speed” o “De la Tierra a la Luna”), surtido por temas hip hp de gente como los que aparecen en la cinta Dr. Dre y Snoop Dogg, o Tupac Shakur o Pharoahe Monch.

Aunque el film juega con multitud de clichés del género de buddy-movies de polis, sabe darle Fuqua un patinado dinámico que hace que sus debilidades parezcan menores, muestra la corrupción policial, pero con profundidad cero, todo en este aspecto es un apunte a pie de página. Habla de la ambigua relación entre camellos y los polis de narcóticos, las peligrosas connivencias que se establecen entre ellos donde la loable intención policial de utilizar a estos narcotraficantes como confidentes se termina por hacer difuso en el sentido que se puede transgredir lo legal.

La cinta marca las líneas desde el inicio con ese encuentro en una cafetería entre los dos agentes (el ‘instructor’ y el ‘novato’), el veterano intimida con una fuerza atroz al aspirante a agente de narcóticos, los achica, se ríe de él con cinismo haciéndole ver la insignificancia de lo hecho hasta ahora. Empiezan el día y la fuerza atemorizante del mayor continua jugando y manipulando a su subalterno para que haga lo que no quiere y para tolere lo intolerable. Jugando con la ambigüedad de si es parte del entrenamiento o es un juego perverso de dominación. El superior intenta hacer ver al subalterno que el mundillo en que se mueven está poblado de lobos y corderos, y para atrapar a los lobos tiene que ser uno de ellos, o sea, transgredir las reglas (se supone que un poco). Pero esta línea conforme avanza el día se va separando más y más de la ley y adentrándose en ser parte del crimen.

Alonzo nunca actúa como agente encubierto, más bien parece jugar a ser un poli corrupto con tratos con narcos, siendo esto difuso, e intenta defenderlo el poli con discursos enardecidos y demagogos. A cada tropelía tiene un nuevo argumento con que quiere hacer ver al noble aspirante que su acción es justificable. Creando un halo sórdido cual espiral oscura y sombría que va ofreciendo dilemas morales para hacer reflexionar al espectador. Cierne un clima turbio en una escena con los llamados ‘Tres Reyes’, tres gerifaltes civiles que nos hacen ver (de modo bastante superficial) que la corrupción está e metástasis en la sociedad. Todo esto con escenas cargadas de dinamismo, nervio, realismo salvaje, donde el peligro se siente latente.

Lo malo es que en el rush final la película vira a ser otra, deja la ambigüedad para caer en una película de buenos contra malos clásica, con un giro del azar cogido por los pelos como deux machine, y llegar a un clímax híper violento un tanto forzado, donde hay que suspender la credulidad en pos de disfrutar de la acción atávica, donde la ambigüedad moral se abandona por la acción pura y dura, propia de pasatiempos sin más. Aunque tiene paradójicamente la mejor escena de Denzel Washington, que ya es decir mucho en este tour de forcé atronador, creyéndose más grande que King Kong, con un soliloquio apabullante encandila.
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TOM REGAN
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7
25 de septiembre de 2021
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346/24(23/09/21) Apoteosis del cine catastrofista-apocalíptico-comercial palomitero de los 90, atomizado por este productor y director icónico Michael Bay, haciendo binomio con el megalómano productor Jerry Bruckheimer, de los que no engaña a nadie, si has visto sus dos primeros films (“Dos policías rebeldes” y “La Roca”), sabes a lo que te expones en su tercer largometraje (superproducción que brilla por todos los costados, estilo videoclipero, múltiples cortes, sonido atronador, slows, banda sonora potente, cámara nerviosa, picados, contrapicados, mucha artificiosidad, misoginia, adrenalina, testosterona, machismo, frases lapidarias. Mucha acción, con explosiones mayestáticas (esto ya remarcado desde su rabioso inicio con Nueva York sufriendo una lluvia de fuego sideral; estamos en un tiempo pre 11/S), humor tabernario, romanticismo idealizado, mucho patriotismo USA, la bandera de las barras y estrellas híper presente, y más) pero todo ello atomizado en su mejor film para mí, toda una oda al entretenimiento más escapista, un majestuoso espectáculo visual, un producto hecho por y para que el espectador desconecte y se vuelve a sentir un niño disfrutando con un paquete de palomitas mientras la magia del cien te engaña con una historia simplista, pero efectiva, con un guión recargado de tópicos pero maravillosamente encajados desde que no se toma en serio a sí mismo, toda una pléyade de estrellas de Hollywood puestas al servicio de emitir testosterona, probablemente no aguante el menor análisis científico, pero nadie se lo pide a las sagas de James Bond, Indiana Jones o Misión Imposible, quien se pone a sus pender a Superman porque la gente sea engañada por que se pone gafas y ya nadie lo reconoce. Esto es un puro y solaz pasatiempo, que es capaz de por muchas veces que la vea emocionarme cuando un niño ve en la tele a un astronauta que va subir a la nave y le dice a su madre que el ‘vendedor’ está en la tele, y ella emocionada (que lo había despachado de malas maneras el día anterior), le dice: ‘No es un vendedor. Es tu padre!’. Seré muy blandito (o tonto) pero hay varios momentos de estos.

Básicamente es ‘The Dirty Dozen’ (1967), donde los gañanes son 8, y su mansión con nazis a exterminar pasa aquí a ser un meteorito a volatilizar por el bien de la continuidad de la raza humana. Un grupo de perforadores fichados por la NASA (Bay contó con el apoyo total del ejército americano, rodando también en las instalaciones de la NASA y algunas de las bases militares más importantes del ejército estadounidense; no es raro pues es una alegato que da razón de ser a la NASA) para ir en misión cuasi-suicida a posarse sobre un meteorito, Dottie, del tamaño de Texas, para hacer un agujero de 3000 metros e introducir por el mismo una bomba, hacerla explotar y con ello hacer que no llegue a la Tierra, ah, y si por si fuera poco, solo tiene 18 días para formarse con cosmonautas y cumplir el objetivo antes de que el asteroide reviente el planeta. Todo ello capitaneado por un (extrañamente rubiales) Bruce Willis con su pose de duro impertérrita, con su indómito carisma; de lugarteniente será el encarnado por una estrella en auge entonces como Ben Affleck; de encargado de la misión de la NASA el mejor de todos e la interpretación como Billy Bob Thornton; la Liv Tyler (igual fue la imposición de su padre Steve Tyler de “Aerosmith” para hacer la canción del film “I Don't Want to Miss a Thing”), como hija de Willis y pareja de Affleck es mejorable (lo de que la dejen pulular por la NASA como si nada es de coña); Will Patton como el mejor amigo de Bruce, con un pasado velado con su ex e hijo pequeño; William Fichtner aportando su temple y actitud profesional como astronauta; Steve Buscemi como formidable alivio cómico, curiosamente está Peter Stormare como un astronauta de la vieja escuela soviética en la MIR, muy bueno con su actitud contestaría y estoica (ambos, Steve & Peter, mítica pareja de “Fargo”); Owen Wilson, Ken Hudson Campbell y (el gigantón) Michael Clarke Duncan, algo más al fondo con algún buen momento divertido.

El cine se inventó como espectáculo para amenizar, con el crecimiento del Séptimo Arte se profundizó para ser obras dramáticas para hacerte pensar. Una película donde USA se impone como ‘Salvador’ del mundo, este convidado de piedra ante la Aventura, visto cual anuncio de Coca Cola en varios montajes con gentes por todo el globo terráqueo (desde una granja americana, el Taj Mahal, la Catedral de Santa Sofía, una mezquita,...).

Pero esta cinta se atiene a ser un festín gamberro-juvenil que no pretende más que lo que consigue con creces, ya sé que tiene mil y un defectos (ya sé que no es creíble estos macarras se hagan astronautas en dos semanas, ya sé que en el espacio no se oyen las deflagraciones, ya sé que un transbordador de estos no maniobra tan rápido, ya sé que no es verosímil, como esquivan en la retaguardia del asteroide la estela de rocas, pero es que como yo la veo como una parodia de sí misma me lo paso en grande cada vez la revisiono, sobre todo cuando he visto la infravalorada cinta de Bay “Pain & Gain” (2013), donde se reía del Sueño Americano de modo ingenioso. No me creo que recargue tanto el metraje de parafernalia patriotera si no fuera que exagerando la caricaturiza, y se puede incluso reír los que veneran este aspecto.

Hasta nueve escritores trabajaron en el guión, cinco de los cuales están acreditados. Además de Robert Roy Pool (“Estallido”), Jonathan Hensleigh (“La Jungla de Cristal 3”), Tony Gilroy (“Nightcrawler”), Shane Salerno (“Salvajes”) y JJ Abrams (“Perdidos”), los escritores involucrados también incluyeron a Paul Attanasio, Ann Biderman, Scott Rosenberg y Robert Towne. Originalmente, era el guión de Hensleigh, basado en el original de Pool, el que había recibido luz verde de Touchstone. El entonces productor, Jerry Bruckheimer, contrató a la sucesión de escribas para reescribir y pulir.
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TOM REGAN
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6
23 de septiembre de 2021
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340/18(18/09/21) Interesante drama en formato road-movie dirigido y guionizado por el estadunidense combativo políticamente John Sayles, rodado íntegramente en México (aunque el ambientado en un lugar indeterminado, ello como epítome de cualquier lugar en Latinoamérica), y protagonizado por el argentino Federico Luppi, en lo que es un viaje al despertar a la conciencia de un doctor que vive cómodamente en la ciudad y descubre otro mundo, uno marginal conforme se adentra en la ruralidad de la selva¸ donde residen mayormente los indígenas, un lugar regido por el miedo, tanto al ejército como a las guerrillas. La idea de esta película surgió de sus amigos, uno de los cuales fue el novelista Francisco Goldman. Tenía un tío que era médico en Guatemala y participaba en un programa de salud internacional. Unos años más tarde se enteró de que la mayoría de sus estudiantes, a quienes había enviado para que fueran médicos rurales, habían sido asesinados por el gobierno que apoyaba el programa.

El doctor protagonista será nuestros ojos ingenuos ante este panorama increscente de podredumbre. La película se puede ver como una fábula en que el Doctor puede ser una pseudo Dorothy en el País de Oz, donde su travesía le termina orientando a la localidad misteriosa escondida en la espesura de la selva, ‘El Círculo del Cielo’, meta donde reina la paz y armonía (¿?), el alter ego de la Ciudad de Oz, y donde nuestra Dorothy particular va recogiendo a gente por el camino a modo de personajes que requieren algún atributo, cual el Hombre de Hojalata adolecía de corazón, el León requería valentía y el Espantapájaros anhelaba un cerebro, con lo que el viaje se torna en un recorrido de transformación para todos los que se unen al Doctor. Con esta premisa Sayles relata un cuento forzadamente esquemático, donde los personajes que se van apegando a esta ‘caravana’ son clichés claramente caracterizados por segundos en que hablan, y con ello las diferentes paradas son viñetas cual pantallas de un videojuego que nos acercan a la meta. Set pieces que ofrecen un comentario social, ello adornado por varios flash-backs que imprimen un trono entre surrealista y mágico por momentos.

Pero siempre me pongo en guardia cuando me quieren vender política en cine, y en este caso panfletaria-izquierdista-bolivariana, pues se tergiversa la historia con unos cuantos slogans fáciles atacando a los colonizadores colombinos, cuando estos se marcharon de Latinoamérica hace casi 200 años (excepto Cuba que tardaron un poco más), basta de hacerse las víctimas. Tampoco me gusta el relativismo de ‘todos eran iguales’, pues no fueron lo mismo España que Portugal, los primeros creían en la integración y el mestizaje, el Testamento de Isabel la Católica deja claro el humanismo que hace más de 500 años tenía España por los indígenas, mientras que Portugal creía los indígenas no tenían alma y por ello podían ser esclavizados como animales (por supuesto que había racistas salvajes entre los colonizadores españoles, pero la ley no lo amparaba). Tampoco es de recibo decir que los blancos eran malos perse, pues por ejemplo, si Hernán Cortés con ni un millar de hombres consiguió conquistar el Imperio Azteca (México), no fue porque fueran súper-hombres con rayos x en los ojos, fue porque los pueblos aztecas al estar sometidos a un régimen tiránico y sanguinario se unieron a Cortés para derrocar al sátrapa, que no nos vendan que anteriormente a la llegado de los blancos a América aquello era el Edén (puaj!). Tengo la sensación en el film de ser la visión de un turista, la de esa pareja de estadounidenses que hacen diatribas vagas y superficiales sobre la colonización, ello adornado por varios flash-backs que refuerzan su mensaje anti-blancos, expuestos como lo peor, visión simplista e insultante para los que sepan un poco de historia. Aquí se dice en un ataque racista que los policías y soldados son blancos, y si los indígenas llevan armas, también son blancos (¿?).

Me habría gustado más que se hubiera basado en los hechos reales en los que se inspira la historia (los médicos asesinados por los militares en Guatemala), tiene su contexto y sus razones, pero esto de tirar la piedra y esconder la mano, diciendo que puede ser en cualquier lugar, para mí, desacredita el mensaje.

El Dr. Fuentes (Federico Luppi) es un profesor de medicina cerca de su jubilación y su esposa ha fallecido recientemente. Enseñó a un grupo de siete - él lo ve como uno de sus mayores logros - que capacita a los jóvenes para brindar atención médica a los ciudadanos empobrecidos en las afueras de la región montañosa, donde las pequeñas comunidades agrícolas luchan por sobrevivir, lo que para el Doctor sería su legado a su muerte. Fuentes ha escuchado recientemente rumores de que sus antiguos alumnos están perdidos y posiblemente muertos, por lo que se arma de valor y viaja a las tierras lejanas para investigar. No es hasta que comienza su viaje que descubre un mundo muy diferente al que había imaginado que existía para sus estudiantes cuando se encuentra con guerrilleros y soldados. Descubre que las guerrillas de los grupos políticos de oposición son sólo un poco menos agresivas. Fuentes descubre que su viaje es revelador, pero también peligroso cuanto más se adentra. Termina viajando a la región montañosa, buscando a su último estudiante, que se rumorea que vive en un Edénico pueblo en lo alto de las montañas, a salvo de la violencia que se ha apoderado del campo.

En su viaje el Doctor acumula compañeros: el Padre Portillo (gran Damián Alcázar), sacerdote caído que ha perdido la fe; Domingo (buen Damián Delgado), un desertor del Ejército sin Patria; Conejo (estupendo Dan Rivera González), un huérfano que sobrevive robando; y Graciela (correcta Tania Cruz), una mujer que se quedó muda luego de ser violada por militares.
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TOM REGAN
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7
23 de septiembre de 2021
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338/16(16/09/21) Buen film del maestro John Huston, una formidable radiografía de los diferentes estados de ánimo por los que un soldado de a pie pasa frente al momento del bautismo de fuego-clímax de entrar en combate. Guión del propio director sobre una adaptación de Albert Band de la novela homónima de Stephen Crane de 1895, escrita a los 22 años, cuenta la historia de Henry Fleming, un joven idealista que se alista en el ejército del Norte durante la Guerra de Secesión norteamericana, soñando con la aventura, y que descubre el miedo en el interior de sí mismo. La película es un relato fiel de la historia, enmarcado en la Guerra Civil USA, que incorpora el dispositivo de la narración en off del texto novelado. Siendo protagonizado por Audie Murphy, el soldado más condecorado de la Segunda Guerra Mundial, que más tarde se dedicó a la actuación, que da vida a Fleming. En lo que es un análisis de hondura de lo difuso que es la línea entre la cobardía y el heroísmo, como todo se puede dar en la misma persona en poco tiempo, la complejidad de la Condición Humana puesta al límite, también abordando el compañerismo, la tensión antes de la batalla, la angustia, la asfixia mental, la duda, el espíritu de supervivencia, el caos de la guerra, o como los de abajo suelen ser siempre vejados por los de arriba, tratados como peones prescindibles, ello en un reflejo mezquino de los oficiales, en lo que también puede entenderse como un alegato anti bélico muy humanista, sobre todo esto maravillosamente exhibido en el rush final cuando prisioneros de un bando y captores del otro charlan amistosamente.

La lástima es lo que ocurrió y post-producción y que ha dejado la película como uno de esos films malditos masacrados por el productor y de los que reniega su director. En el montaje final, el productor de la Metro Louis B. Mayer redujo su duración aduciendo (de las más de dos horas a apenas 70 minutos), que la historia no era lo suficientemente espectacular, además incluyó sin consentimiento de Huston la narración en off que termina adueñándose de la acción en detrimento del poder de la imagen (mostrando inseguridad en lo visual, y llegando a ser cansina por su híper presencia). Además en la nueva y sesgada edición al parecer se tergiversaba el mensaje político que Huston que quería imprimir. Huston renegó del film y rompió su contrato con la Metro. Sobre las vicisitudes del rodaje y los cortes que se efectuaron Lilian Ross en su libro "Picture". Por lo que vemos es un algo prostituido de la idea que tenía Huston sobre el resultado final. Aun con la mutilación se deja entrever la maestría del director de Misuri, mostrando gran intensidad narrativa, gran sentido dramático, exponiendo amargura, desilusión, frustración, anhelos, ansias de redención, dolor, ira, desazón, proyectando los horrores bélicos y como estos calan en los contendientes, también la desorientación que cual peones en un tablero de ajedrez se sienten perdidos en sus caminatas de un lado a otro.

Todo esto filmado con gran sentido emocional, no en vano Huston ya tenía gran experiencia en campos de batalla habiendo durante la WWII el documental “La Batalla de San Pietro” rodado gracias a la fenomenal cinematografía de Harold Rosson (“El Mago de Oz” o “Cantando bajo la lluvia”), con el que Huston ya había trabajado en “La Jungla de Asfalto” (1950), mostrando aquí su valía también b/n influenciado notoriamente por las fotografías históricas de Mathew Brady (1822-1896), aclamado retratista de la Guerra de secesión, que hace un exquisito compendio de tomas excelentes para hacernos ver la batalla cual si estuviéramos allí, con planos generales alternados con primeros planos, así como subjetivos, jugando con los claroscuros, todo un alarde visual que nos involucra con realismo y nos hace sentir el pavor atmosférico; Teniendo además la música importancia dramática ello en una mezcla de evocadores temas populares del tiempo (El Himno de la batalla de la república o la tonadilla de When Jhonny Comes Marching Home), esto en miscelánea con la banda sonora original creada por el polaco Bronislau Kaper (“Lili” o “Rebelión a bordo”), de resonancias entre marciales y melancólicas, valiendo también para crear un clima de confusión y desorientación

Ello haciéndonos ver las rutinas de la guerra (como las marchas, las comidas, las comidas, las tensas previas de batalla, los discursos enardecedores de oficiales [maravilloso el que da el General encarnado por Tim Durant a los diferentes batallones, repitiendo mecánicamente un discurso]; y ya en metidos en faena están las cargas de caballería, la espera hasta que se acercan los enemigos, las líneas de disparos, las humaredas...; y tras la batalla las caminatas de heridos y la espera de los que quedan para combatir, pensando y rumiando lo pasado), proyectando un estado de ánimo convulso propio de todas las guerras.

Audie Murphy realiza un gran trabajo como el protagonista que lleva todo el peso de la trama, no hay una escena sin él. Da el perfil de chico voluble, ingenuo, arrogante, y en realidad temeroso de su entrono belicoso, ello con una evolución muy bien trazada, referida en su muy expresivo rostro, la mejor actuación del actor; El resto son una gran elenco coral, como clichés de compañeros.

Me falla el final, supongo que aquí fue donde la edición pudo distorsionar más el mensaje (me extiendo en spoiler).

Spoiler:

Con que me falla el final, me refiero a que es demasiado triunfalista y redentor para el protagonista, un relato de verismo me chirría con ese arranque de heroísmo desaforado con la bandera avanzando sin miedo y sobre todo sin que le hieran, no me encaja con el tono de la cinta. Aunque es homérica la toma en que Henry sobre una loma junto al abanderado herido confederado este cae y Henry le coge la bandera, poniéndola en horizontal (señal de derrota) y la yanqui queda elevada verticalmente en sus manos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
TOM REGAN
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