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La niña de luto

Drama. Comedia Rocío, hija de una humilde familia andaluza, está muy contenta porque llega el final del luto que ha de guardar por la muerte de su abuela. Por fin podrá casarse con Rafael, su novio, ya que tuvo que aplazar la boda por el fallecimiento. Pero al día siguiente, su abuelo come demasiado en un bautizo, y muere de una indigestión. De nuevo, Rocío tiene que guardar luto y aplazar la boda... (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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11 de junio de 2012
19 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
En esa España rural de los 60, beata y con él "que dirán" dictando los convencionalismos sociales, conocemos a Luis (Alfredo Landa), un practicante de un pueblo de Andalucía (La Palma del Condado, lugar de nacimiento del padre de Summers), enamorado hasta las cachas de Rocio (guapísima María José Alfonso en su primer papel protagonista), y muy ilusionado por retomar su noviazgo tras ese año de luto sobrellevado como mandaban los cánones de la época, ella asumiendo su rol con la madre ojo avizor, y el llevándole los demonios pero aguantando el tirón.

Apenas retomado el noviazgo muere el abuelo de Rocio, y "vuelta la mula al trigo", Rocio al riguroso luto, y Luis intentando hacerla comprender que no puede aguantar otro año alejado de ella, esperándola a la salida de la iglesia y no pudiendo hablar con ella ante esa férrea carabina que tiene de madre y la mirada acusadora de los lugareños, y créanme, eso no es todo, hay mas familiares de Rocio candidatos a poblar el "Patio de los Callados".

El encargado de contarnos todo esto es ese genio nunca suficientemente bien ponderado por despistados pavisosos, socarrón, irónico y mordaz llamado Manuel Summers, y en el guión, están implicados ese gran periodista llamado Tico Medina (otro que tal baila), y Pilar Miro, dando como resultado, no una comedia más o menos graciosilla, sino una autentica joyita plagada de mala leche y descacharrante sarcasmo e ironía, plagada de pequeños detalles a primera vista inconexos (el canario obligado a guardar el luto en su jaula, el tonto del pueblo, las sesiones de cine con las películas cortadas por la censura ante la inminencia de un beso entre los protagonistas, cante jondo en una reunión con cura de sotana y policía del pueblo, los canónicos paseos por las afueras del pueblo, ese bolero, "Dos cruces", crucial en la trama, y mil detalles mas que hay que ver).

Mención especial en el Festival de Cannes, y con unos inmensos Alfredo Landa y María José Alfonso, estamos ante una película que en cuanto a enjundia y esperpéntica descripción de esa España gris y beata, esta, a mi juicio, a la altura del mejor Bardem, Berlanga, o Ferreri, pero claro, la campechanía y perpetuo vacile costumbrista que gastaba el gran Summers – y del que hacía gala – ha mantenido su filmografía bajo sospecha hasta la fecha (parece que la cosa esta cambiando), además de una muy divertida mezcla de ese neorrealismo y costumbrismo marca de la casa de Summers, rayano en el surrealismo.
tiznao
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26 de febrero de 2014
12 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Summers se vale de un estilo totalmente rompedor a la vanguardia europea. Mediante una aplicación de algunos aspectos de la nouvelle vague que Jean-Luc Godard ha ido usando en films de esa misma década, tales como la transgresión musical o un montaje que evidencia la artificiosidad del cine, nos introduce en un mundo muy distinto al que los franceses no tienen acostumbrados. No es un París moderno ni una película de cine negro. Es la España rural de los sesenta, un mundo de lo más bizarro, castizo, cazurro, chotuno y olvidable. No puede sino chocar este contraste de cine como arte a la vanguardia de Europa con un mundo rural tan anclado en el catetismo de una España cuya moralidad era regulada por Franco y la Iglesia.
Tenemos a un Jean Paul Belmondo y una Ana Karina españolizados, enjaulados en un mundo que no es el suyo, que deambulan sin un rumbo fijo, que sufren por su desorientación. La película ahonda en un elemento de este mundo irracional, uno de tantos, que es el luto tras la muerte de un familiar. En este pueblo de la España profunda se respetan las tradiciones y entre ellas está la de no relacionarse (festejar que dirían en mi pueblo) con el pretendiente en el periodo de luto. Romper una de estas tradiciones tan arraigadas no trae sino habladurías y malas caras por parte de los vecinos. Es indignante que dos personas que se aman estén obligadas a no tratarse por culpa de algo que les es impuesto, pero aun más irritante es que toda la paletada hable mal de ellos a sus espaldas e incluso deje de contar con sus servicios laborales, lo cual puede condenar a la pobreza o al exilio al prójimo.
Esta fusión de forma y contenido nos deja una clara denuncia desde la modernidad que evoca por la racionalidad y por la no prohibición de la exteriorización de los sentimientos. Los elementos que provocan la continuidad de esta injusticia no son ni si quiera caricaturizados, tan solo reflejados desde una perspectiva moderna, lo cual provoca que caigan en su propia evidencia.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Lluís
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28 de enero de 2015
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para Algunos, como John Hopewell[1], el proceso de desbloqueo del cine español durante la dictadura empieza con el mandato de García Escudero al frente de la dirección general de cinematografía y produciendo movimientos como El Nuevo Cine Español[2]. Pese a todo, el Nuevo cine español no acabó de fructificar, y su caída queda simbolizada con el destierro (de nuevo) de Luis Buñuel después de haber rodado Viridiana (Viridiana, 1962). A pesar de figuras como Miguel Picazo, Manuel Summers, o Pere Portabella entre otros, el Nuevo Cine Español no pudo equipararse a otros movimientos europeos.

Una de estas figuras fue el citado Manuel Summers, un personaje ciertamente polifacético. Hoy en día su faceta cinematográfica ha quedado eclipsada por sus películas más comerciales (y chabacanas) como las infames Tó er Mundo é güeno (Tó er Mundo é Güeno, 1982) o Tó er Mundo é Mejó (Tó er Mundo é Mejó, 1982). Pero al principio de su carrera cinematográfico, el cineasta realizó películas totalmente a contracorrientes y contestatarias, como es el caso de La Niña de Luto (La Niña de Luto, 1964).

Y es que este filme ataca de manera indiscriminada contra las convenciones sociales de la España arraigada en su carácter más castizo y cerrado de mente. El título de la película hace referencia a la protagonista de la película, que interpreta María José Alfonso, una joven que debe mantener perpetuamente el luto religioso porque a lo largo del filme vemos como se mueren miembros de su familia, algo que no le permite mantener sus relaciones sentimentales con su enamorado, que interpreta Alfredo Landa. La Niña de Luto es un ataque continuo contra las costumbres del mundo rural cerrado, donde los cuchicheos y los rumores son constantes. Y sobre todo, contra la imposición de la religión católica, que esclaviza a los miembros de la comunidad con costumbres tan absurdas como la del luto.

En este sentido, la mejor secuencia del filme la encontramos en el momento en que nuestra pareja se adentra furtivamente en el cine del Pueblo (donde se llegará a reproducir el mismísimo noticiario del NO-DO, pues hasta ahí llegaba el ataque de Summers). Ahí empezarán las conversaciones entre gente mayor, que denunciará el hecho de que estén los dos juntos sin que ella sea capaz de respetar el luto. Summers, que en su momento era un revolucionario del lenguaje, silencia totalmente lo que dicen las ancianas para introducir una pequeña viñeta en la pantalla donde se representa un número musical. Polémico, irritante y molesto, así se presenta uno de los primerizos trabajos del cineasta andaluz.

Lo cierto es que la película fue realmente incomprensible para muchos españoles del momento. Esto se debe al montaje revolucionario que emplea Manuel Summers, y que en realidad puede recordarnos a las películas de Richard Lester que realizó junto con el grupo británico de los Beatles. Continuamente Summers emplea imágenes que se intercalan, y en muchas de las ocasiones buscando la controversia y la polémica. Pero sobre todo, el filme se centra en un montaje que podríamos denominar musical. No es que los personajes canten o interpreten canciones, pero lo cierto es que durante prácticamente la totalidad del metraje el filme emplea música. La mayoría de estos temas pertenecen a la música popular (desde la propiamente Española, hasta el Twist que entraba desde el extranjero en aquellos años) y es un eje fundamental del filme. Sin la música el filme perdería toda su esencia.

Por otra parte el montaje es absolutamente frenético, y Summers concatena imágenes a una velocidad vertiginosa, seguramente siguiendo modelos cinematográficos extranjeros. No hay un minuto de respiro, y seguramente para muchos espectadores del momento, la película era realmente confusa.

Además, La Niña de Luto es un filme totalmente tragicómico. Es cierto que el director introduce elementos cómicos, pero son de un humor negrísimo, más sí tenemos en cuenta que el filme se rueda en la década de los años sesenta. Ejemplos de este humor tenemos diversos: El pelotón de ciclistas que aparece interrumpiendo la marcha fúnebre, el balón de playa que se encuentran junto al ataúd, el guardia civil con problemas de obesidad…Pero además, el filme alcanza un tono que roza la más triste de las cimas, cuando llega hacía su final. Porque finalmente esas costumbres anquilosadas se acaban imponiendo en el destino de la pareja protagonista, paradójicamente igual que el Nuevo Cine Español quedó en un mero intento de renovación del panorama cinematográfico.

[1] Véase HOPEWELL, John , Out of the Past: Spanish cinema after franco, Ed. Ediciones del Arquero, Madrid 1987

[2] Una serie de cineastas encuadrados en dos escuelas, La de Madrid y Barcelona, que fijándose en movimientos Europeos como la Nouvelle Vague, pretendían renovar el panorama cinematográfico

https://neokunst.wordpress.com/2015/01/28/la-nina-de-luto-1964/
Kyrios
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6 de agosto de 2020
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El director trata a sus personajes con sensibilidad. Siempre se pone de parte del individuo. Me lo imagino a él tan asfixiado por los convencionalismos como a los protagonistas.
Le pongo la máxima nota porque a la vez que describe el mundo tal y como era entonces, lo critica y hace una película entretenida. Porque no la he olvidado y eso que hace muchos años que la vi. Y por las nuevas generaciones, para que cuando intenten escaparse de esa marea de películas por encargo que nos ahoga, tengan algo a lo que agarrarse.
Rosarito
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8 de abril de 2019
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pieza costumbrista en la que una serie de variopintos personajes van desfilando por la pantalla como arquetipos de ciertos aspectos de la sociedad rural andaluza a mediados del siglo pasado.
M. Summers utiliza un sencillo estilo narrativo para relatar una ingenua historia tierna pero también crítica, ácida y cargada de intención.
Lo malo en que en demasiadas ocasiones la acción parece más centrada en el contexto de la trama que en la historia propiamente dicha.
Por eso la película resulta lenta en general.
Aunque hay que reconocer que sabe impregnar todo el metraje de numerosos detalles que avalan un indudable sentido del humor cáustico y vitalista.
ABSENTA
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