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Lady Bird

6,7
14.739
votos
Sinopsis
Una joven estudiante que se hace llamar "Lady Bird" (Saoirse Ronan) se muda al norte de California para pasar allí su último año de instituto. La joven, con inclinaciones artísticas y que sueña con vivir en la costa Este, tratará de ese modo encontrar su propio camino y definirse fuera de la sombra protectora de su madre (Laurie Metcalf). (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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31 de diciembre de 2017
151 de 178 usuarios han encontrado esta crítica útil
De qué va 'Lady Bird', no tengo ni idea.
Es un conjunto de trozos vitales, efervescentes y caóticos, que a veces duelen hasta lo más hondo mientras otras tantas descansan, ansiando demostrar que existen.
Es vida, es impulso, es incomprensible, pero por encima de todo eso, es adolescencia.

A Christine le va muy bien en el instituto.
O no, o quizás sólo le va bien a ratos, cuando le mira Danny en las audiciones de teatro o se ríe por lo bajo de la misa con su amiga Julie.
También quiere mucho a sus padres.
O puede que sólo soporte sus sermones porque son los que ponen la comida, y autorizan los avales económicos de becas futuras.
De todas formas, es muy probable que Christine, perdón, Lady Bird, esté contenta con lo que hace, aunque a veces explote, se lleve todo por delante, y no esté saliendo de una para meterse en la siguiente, gritando con tanta rabia que a veces se confunde con júbilo.

Lo bello de esta historia suya es que se nos ahorra la inútil necesidad de empatizar fácilmente: su madre Marion repite que es la villana de la casa, pero nunca me parece que alce la voz sin motivo, porque tiene cierta razón y, además, (en un hermoso detalle de verosimilitud) tan pronto puede echar la bronca como abrazar una hija que la necesita.
Greta Gerwig sabe que su criatura es descuidada, obscena, maleducada y otras tantas lindezas, pero nunca elige ennoblecerla, hacerla víctima o heroína, y mucho menos pedirla que actúe con inteligencia.
Porque nunca fuimos buenos o malos a su edad, siempre estuvo el caos del momento, empujándonos a hacer lo que nos parecía "correcto", ya fuera dejar una amiga en la estacada o llegar a casa a las tantas de la madrugada, todo por un beso.

El querer retratar todo eso deja significados: ¿la escayola del brazo representa una cáscara que deja atrás, la que todos tenemos que romper cuando nuestras ilusiones se rompen también? ¿tachar novios en las paredes de una habitación atestada de verdad marca todo lo que tú eres o puedes ser? ¿el plumaje de la señorita pájaro brillará más al elevar un vuelo que nunca se ha atrevido a iniciar?
Las sutilezas no importan tanto en verdad, y pronto se esfuman porque, en esta vida real, nadie tiene tiempo para seguir una ruta en la que no se vaya a equivocar.
Lady Bird, Christine, en sus mentiras y gritos, desenvuelve una búsqueda de identidad, de apariencia, una que no le gusta y que cree que podrá cambiar si se lanza de cabeza a todo lo que la asusta, sin mirar nunca más de lo necesario. Y ahí quedan las primeras traiciones a las mejores amigas, las mentiras piadosas que no tienen sentido sobre una "casa de los sueños" en la que se vive, y sobre todo, el primer contacto con el masculino sexo, en la edad en que una alcachofa de ducha ya da todo lo bueno.

Lo duro, lo triste en realidad, es que cuesta todos los errores del mundo darse cuenta de lo que uno quiere de verdad.
Y lo difícil no es saberlo: es decirlo.
Saber que una canción te encanta aunque todos los que se hacen llamar tus amigos la odien. Darte cuenta de que prefieres irte a otro sitio que no suponga una felicidad obligatoria. Y salir en las fotos riendo de verdad, porque no había ninguna sonrisa que preparar.

Seamos sinceros, a nadie le arregla la vida saber dónde no quiere estar, y a dónde quiere ir. Seguimos siendo manojos de nervios, impresiones y arrepentimientos, que a veces salen bien.
Hay que conformarse con entrenadores de fútbol dirigiendo teatro, amigas que decepcionar y estar en alguna lista de espera, sin poder entrar.
Pero eso está bien, es lo normal, Lady Bird.
Ojalá alguien me lo hubiera dicho, y me lo siguiera recordando, como a ti, querida Christine.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Charles
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12 de enero de 2018
100 de 151 usuarios han encontrado esta crítica útil
Últimamente el cine no ha colmado mis expectativas y me he visto rodeado de un montón de bazofias sin sentido. Lady Bird sin embargo tiene muy buenas actuaciones, personajes bien trabajados y creíbles, buena fotografía y composición de contexto, lo cual la hace atractiva para mi, pero es en la historia donde a mi gusto, no termina de dejarme una sensación ni de alegría ni de tristeza ni de rabia ni de... nada. Es una película pasable y visible sí, pero seguramente en un mes ya no recordaré haberla visto.
El Mirante
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13 de enero de 2018
60 de 84 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay películas a las que acompaña una campaña de publicidad bestial y un respaldo de la critica bastante grande.
No tienen que ser buenas cintas o contar algo por lo que merezca la pena pasarse una hora y media mirando a una pantalla. Simplemente ocurre, sin un sentido previo. Y algunos nos quedamos pasmados porque no entendemos tanta pasión snob injustificada.
Esta es una de ellas y no entiendo ni entenderé nunca el porque de tantos premios y galardones.
Lady Bird es una película a la que le cuesta arrancar el vuelo, tiene algunos momentos verdaderamente emotivos que como mujeres a mas de una nos resultaran familiares.
Sin embargo la forma de narrar no consigue hacer que el contenido que se nos cuenta salga adelante.
Es mas de lo mismo. Cada historia que se nos presenta no nos aporta nada nuevo, todo esta medido y cortado en un patrón que una vez tuvo éxito y que parece que se debe repetir hasta el fin del mundo.

En resumen, la historia de iniciación de una adolescente a la vida adulta. Los primeros amores que suelen ir acompañados de desengaños, la rebeldía incomprensible que todo el que ha tenido diecisiete años ha sentido alguna vez y el proceso auto destructivo que conlleva conocerse así mismo a base de superar muchos obstáculos y errores.


Tiene un grupo de actores que dan lo mejor de si mismos para sacarla adelante y una fotografía que se deja ver con deleite pero le falta autenticidad y vida propia.


He visto muchas películas que abordan este tema de una manera mucho mas notable y incluso se puede decir que poética.


Lo siento pero yo no la compro.


Hoy parece que debamos hacerle la ola a cualquier producto indie y es que Lady Bird por mucho que intente arrancar el vuelo no se levanta en ningún momento del suelo.
Nadja
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24 de febrero de 2018
32 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Cualquiera que hable sobre el hedonismo de California nunca ha pasado unas Navidades en Sacramento". Esta cita de Joan Didion preside la película y descoloca con intempestiva audacia al distraído espectador, que no sabe a qué carta quedarse. Estamos ante un nada disimulado lienzo autobiográfico de la directora y guionista californiana Greta Gerwig donde confluyen varios temas tratados con exquisita delicadeza y ausencia de énfasis: la creencia de vivir en el culo del mundo, la convicción de tener a la más terrible e injusta de las madres, la certeza de ser un patito feo defectuoso, el ahogo de estar inmerso en un villorrio infumable marcado por una religiosidad anquilosada, el temor de no ser capaz de escabullirte del gris destino que ves desplegarse – con espanto – ante ti, la sospecha de que todos están confabulados para acogotarte en el momento que trates de asomar tu atolondrada cabeza del nido familiar...

Pero este relato sobre los miedos e inseguridades de una bulliciosa adolescente confundida es mucho más que la suma de sus factores. En realidad es el retrato del malestar que invade a una chica de provincias que sueña con escaparse de su cárcel íntima y alcanzar el edén de una quimérica gran ciudad, como si su palurda villanía no la dejara ver lo que tiene – obsesionada en fijarse y obnubilarse con todo lo que cree que le falta – y por lo tanto es incapaz de paladear y disfrutar de los pequeños placeres de la ordinaria mediocridad cotidiana que la rodean. Su ceguera es la alegoría, nada indulgente ni cándida, de todas nuestras porfiadas cegueras habituales. No vemos lo que no queremos ver y negamos todo aquello que no sabemos apreciar… porque hasta que no nos abracemos compasivos y demos las gracias por nuestros insignificantes dones (cualesquiera que estos sean), no seremos capaces de crecer, madurar y extender nuestras alas y volar.

Crecer es sinónimo de dolor: angustia por lo que vamos dejando atrás, congoja por lo que aún no vemos desplegarse ante nosotros. Los caminos del señor son insondables… como lo son los senderos inexplorados que no nos atrevemos a recorrer sin la ayuda de nuestros semejantes. La soledad es un estado de ánimo, una obsesión, un extravío, un ofuscamiento de los sentidos que nos paraliza y nos vuelve crueles con quien más nos quiere y aprecia. Al romper con todo nos rompemos nosotros mismos.

Estamos ante una pieza admirable. Su autora revive todos los fantasmas que alguna vez nos atormentaron, teje un tapiz hilado con amor, urdido con pasión y adornado con el malestar de sus entrañas. Además cuenta con una deslumbrante Saoirse Ronan: su postrer mensaje a su madre ausente nos reconcilia con la vida.
antonalva
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14 de enero de 2018
55 de 92 usuarios han encontrado esta crítica útil
09/09(09/12/18) Tras ver esta híper-sobre-valorada dramedia y leer la mayoría de críticas loadoras me he sentido un extraterrestre o un tarugo (seguramente más cercano lo segundo), pues cuando me pongo a ver una película espero ver algo que me sorprenda, que me atrape, algo original, diálogos inteligentes, situaciones que me remuevan, una ambientación sugestiva, personajes interesantes, pues nada de esto me he encontrado aquí, menudo telefilm que han enmascarado como más entre lo indie, mi vena contestaría me dice que es por la vertiente feminista que conlleva el argumento, elemento naif que no va acompañado de ingenio. Greta Gerwig se estableció como guionista con Frances Ha (2013) y Mistress America (2015), películas sobre mujeres jóvenes con ambiciones creativas en el Nueva York dela era Obama, ambas colaboraciones con su compañero, el escritor y director Noah Baumbach, aquí hace su debut donde parece querer exorcizar sus demonios de adolescencia, y es que la historia es pseudo-biográfica (por mucho que Gerwig lo niegue), al igual que Lady Bird ella nació y creció en Sacramento y estudió en escuelas católicas, estaba obsesionada con la cultura, y fue a una universidad en Nueva York. La directora cuenta una ya muy marchita historia de crecimiento, de la transición de la adolescencia a la adultez, con los típicos elementos en un producto de este tipo (primer amor, desengaños, pérdida de la virginidad, amistades equivocadas y verdaderas, sueños, roces familiares, baile de graduación…). Relato muy encorsetado, sin nada nuevo que ofrecer, sin valentía en lo que cuenta, con demasiada corrección política, con personajes clichés, pues lo de la joven rebelde extrovertida y la madre trabajadora, dura pero en el fondo muy cariñosa es de melodrama del montón, se suman unos dilemas morales tratados de modo ligero, tampoco es que sean muy emocionantes. Establecida entre el otoño de 2002 y el otoño de 2003 (no se sabe qué importancia tiene, más allá de que una vez será el año en que Gerwig pasó a la universidad). Por poner algo positivo, Saoirse Ronan como protagonista y Lauri Metcalf como la madre de la misma están muy bien. Nado contra corriente al arremeter contra esta nadería olvidable que incluso en su corto metraje se me ha hecho larga, su evolución en viñetas mal cosidas solo se salva el momento en que Lady Bird utiliza su mordacidad para atacar a una anti-abortista (aunque siempre esto bajo el influjo feminista bien-pensante). Lo peor es que seguro tendrá varias nominaciones al Oscar, pudiendo alentar que se hagan inanidades como esta, pero como he dicho puede sea por mi taruguez, pues me ha sido una experiencia similar a las recientes “Boyhood” (2014), y “Brooklyn” (2015), también con Ronan, cintas alabadas hasta el hartazgo que a mí me dejaron frío. Gerwig ha llamado a Lady Bird una carta de amor a Sacramento, donde creció, testimonio de los sentimientos encontrados que muchos de nosotros tenemos por los lugares en que crecimos, pueblos que solo aman cuando es hora de irse. En los 75º Golden Globe Awards , Lady Bird ganó para la Mejor Película - Musical o Comedia y Mejor Actriz - Musical o Comedia(Ronan), y también recibió nominaciones a Mejor Actriz de Reparto (Metcalf) y Mejor Guión . En la 71 ° edición de la British Academy Film Awards, la película obtuvo tres nominaciones: Mejor actriz en un papel principal para Ronan, Mejor actriz en un papel secundario para Metcalf y Mejor guión original.

La realizadora intenta radiografiar ese último año crucial en la vida de un adolescente que es el que está en la secundaria y está pensando en su salto a la universidad, esa rebeldía inherente a la juventud, a las hormonas que están en efervescencia, esa pelea constante contra el mundo, nos lleva por diferentes episodios de crecimiento personal, tanto familiares, como de amistad, como de amores y picores sexuales. Curioso es que la cinta hace hincapié sutil y a veces subrayadamente de la importancia le da al dinero la protagonista, anhela una gran casa, de hecho su pasatiempo es visitar casas de lujo en venta, sueña con la casa de la abuela de su novio Danny (Lucas Hedges), deja de lado a su mejor amiga Julie (Beanie Feldstein), por tener una vida modesta, por cierto, menudo cliché que sea una simpática “gordita” (con perdón) la compañera de la protagonista, se hace amiga Jenna (Odeya Rush), con una familia adinerada. Pues todo es contado de modo lineal, sin sobresaltos, sin garra, pasan los minutos y esperas que pase algo que te saque de la monotonía, algo que te haga ver la brillantez que muchos han visto en esta insipidez. Un melodrama insustancial que no te mueve a emocionarte lo más mínimo, pues discurre con situaciones manidas y melosas, maniqueas, aunque intente no serlo, cae por su peso su previsibilidad y el poco coraje de surcar caminos políticamente incorrectos, cayendo en lo trillado desde que el cine es cine, tan convencional como académica. Como políticamente incorrecto que me tengo, veo en ella un viento feminista que la recorre de principio a fin, incluso rozando la misandria, pues el retrato que se hace de los hombres es bastante de patéticos (un padre calzonazos, un novio temeroso de decir que es gay, un bohemio hipócrita,…), y las mujeres son todas ellas de fuerte carácter (la madre, la amiga “gordita”, la amiga snob, y por supuesto la protagonista), un universo que huele sin darte sustancia alguna para digerir. Y si hablamos de su puesta en escena, es para comentar lo convencional y aséptica que es, nada te llama la atención, propia de telefilm de sobremesa.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
TOM REGAN
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