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Críticas de antonalva
Ordenadas por:
434 críticas
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7
14 de diciembre de 2013
198 de 236 usuarios han encontrado esta crítica útil
Soy un fan entusiasta y acérrimo de “Shame” (2011), que me parece una de las grandes cintas de la última década, por lo que visto el panegírico de buenas críticas cosechadas por ésta, tenía muy altas las expectativas. Quizás por eso la película me ha sabido a poco y sin desdeñar sus muchas virtudes (el reflejo detallado y sin medias tintas de una vivencia espantosa y repugnante, llena de inefable desmesura e inaudita repulsión y sobrecogedor realismo) me parece que se queda bastante por debajo de lo que pretende y que en este caso el exceso de hiperrealismo solo consigue distanciar al espectador, el cual reconoce y valora intelectualmente lo que está viendo, pero lo distancia y pierde emocionalmente, porque no hay ni el más mínimo resquicio para la empatía.

Es innegable que todos los actores están perfectos en sus cometidos, pero sobre todos ellos destaca – en un pérfido papel de inusitada crueldad y vesania – el actual chico de moda, Michael Fassbender. Y hay muchos actores de relumbrón y renombre que realizan aportaciones breves o fugaces, quizás interesados en figurar en un proyecto de prestigio y no tanto por la relevancia de su cometido. Esta descompensación entre su ‘nombre comercial’ y su ‘aportación real’ contribuye también a distanciarme del conjunto, ya que realmente salvo la enfrentada pareja protagonista, todos los demás carecen de un cometido que vaya más allá de servir a un propósito más alto: ser una gran cinta contra la esclavitud – empeño que todos suscribimos – pero que quizás hubiera necesitado de un planteamiento y ejecución más humildes.

El hecho de que se nos refleje (sin que tampoco tenga uno la sensación del paso del tiempo, la verdad) la vida y acontecimientos durante el oprobio de la esclavitud sobrevenida de un liberado músico neoyorquino, hace que todo resulte algo episódico, con una narrativa dispersa y algo carente de tensión dramática, confiando quizás en exceso en lo inhumano y bestial que se refleja, pero desatendiendo por el camino algún recodo más complaciente o que permita coger algo de resuello al extenuado y sobrecogido espectador.

En definitiva. Es una buena película llena de buenas intenciones y con un sano y loable afán de denuncia y crónica de lo que no debe volver a ocurrir jamás. Pero deja frío, muy frio al espectador, más atento en la acumulación de latigazos, vilezas y depravaciones que en disfrutar de una experiencia fílmica en verdad memorable. Buena, no cabe duda y, sin embargo, fallida, hinchada y sobrevalorada.
antonalva
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6
7 de octubre de 2017
246 de 340 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por una parte, soy un tardío fan de la cinta original. En 1983 me pareció un pestiño (era un adolescente abducido por ‘La guerra de las galaxias’); en 1992, en mi opinión, el montaje del director mejoraba (y mucho) la propuesta; pero no fue hasta hace algunos pocos años, ya en formato blue-ray, en que me sedujo y cautivó por completo y sin reservas. Por otra parte, soy un entusiasta admirador del director Denis Villeneuve, de quien sólo he visto aciertos de todo género y planteamiento, un virguero de las imágenes y del montaje, un artista incontestable y evidente, lo mejor que me he encontrado en una sala de cine en lo que va de siglo. Es decir, que iba con ganas y sana curiosidad al cine, esperando encontrar un propuesta inédita y – sea cual fuera el camino elegido – llena de aciertos… pero nada más lejos de la realidad.

Pero vayamos por partes, porque hay muchos aciertos pero también otros tantos deméritos dignos de mención. Entre lo positivo está la puesta en escena que recrea, prolonga y amplía la arrebatadora estética primigenia: esa llovizna casi constante, esa ausencia de horizonte, claridad y sol, ese opresivo presente de pesadilla que parece abocarnos al abismo, esa mezcolanza entre replicantes y humanos que vuelve confuso lo cotidiano y nos hace desconfiar tanto de lo que vemos como de lo que sentimos; una fotografía innovadora y sugerente, llena de claroscuros y contrastes, que nos engulle como un torbellino y nos escupe despojos hediondos a cada fotograma; una escenografía espeluznante que desdeña lo efímero y encumbra lo sintético y alambicado. Es decir, en cuanto al universo visual nos hallamos ante una propuesta insólita, apabullante y portentosa, llena de matices y aciertos.

Sin embargo, las flaquezas y deficiencias acaban por erigirse en las grandes protagonistas de la función. Un metraje tan desmesurado como innecesario (sobra casi toda una hora), alargando las escenas hasta la inanición y la abulia; una historia tan poco carismática y tan porfiadamente vaporosa que hace desfallecer el ánimo y obliga a esperar a que la próxima escena rescate del tedio al espectador y haga avanzar la trama hacia algún lugar digno de interés, cayendo siempre en subrayados innecesarios y en tópicos previsibles, ahogando toda ambigüedad y anulando cualquier estímulo. La calma y el reposo casan mal con una supuesta cinta de acción, por muy ensimismada y reflexiva que pretenda ser. Y las cavilaciones sobre la vida, la muerte, los milagros de la existencia y la magia de la procreación resultan tan patosas como primitivas, tan superficiales como chirriantes.

Hay algunas escenas aisladas que descuellan y deslumbran, dignas de perdurar en la memoria cinéfila (como, entro otras, ese baile erótico que sobrepone a dos personajes en abigarrado aquelarre de lo imposible o ese ‘nacimiento’ brusco y sin remilgos de una replicante abocada a su exterminio), pero son momentos inconexos y solitarios, que impresionan por su esplendor y singularidad, pero desentonan por carecer de engarce y coherencia.

En definitiva, la perfección formal asemeja una estatua inerme y granítica cuyo estatismo y falta de alma, bravura o sustancia acaban por aburrir y exasperar al más predispuesto. ¿Digna sucesora? Quizás... Pero, sobre todo, una colosal oportunidad fallida.
antonalva
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5
10 de enero de 2015
409 de 679 usuarios han encontrado esta crítica útil
Que tedioso es utilizar la técnica para maquillar, velar u ocultar la falta de ideas o las incongruencias de una trama exangüe, repetitiva, ostentosa, hinchada e indigesta. Porque estamos ante una de las películas más sobrevaloradas de la temporada, donde se confunde pretendida brillantez con falsa pedrería de saldo o bisutería de mercadillo veraniego: brilla, parece querernos seducir, se contonea garbosa pero deja a las claras que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. En este caso, las ansias por impactar visualmente (¿celos de Alfonso Cuarón?) acaban por acogotar y lastrar lo que podría haber dado lugar a una película interesante sobre lo que es el estrellato, la popularidad y el talento.

No le faltan virtudes reseñables: sobre todo los actores están perfectos en un ejercicio coral muy elogiable, donde se complementan con envidiable fluidez, complicidad y compenetración. También resalta el reflejo del mundo del teatro, con sus servidumbres, enconos, petulancias, orgullos, egos estratosféricos e inseguridades abisales o arbitrarios críticos prejuiciosos… todos están retratados con cruel malicia, penetrante poder de observación y astuta ironía. Pero el intento de filmar la mayor parte de la cinta en un único (falso y falaz) plano secuencia no es una de sus virtudes, ya que lastra la fluidez narrativa, resulta artificioso y cansa porque hay demasiados momentos de tránsito (para maquillar los ensamblajes ‘invisibles’ o para demostrar un virtuosismo que no es tal). El cine es emoción y esta película no emociona ni a las plañideras de pago.

Por ello, el conjunto me resulta insatisfactorio, como si su director y coguionista hubiera querido abarcar demasiadas cosas, sucumbiendo a su exceso de ambición. Se hace pesada, premiosa, cansina, repetitiva y previsible. Su temática tampoco es nueva (¿qué es talento?, ¿qué es la fama?, ¿están relacionados?) ni se presenta ninguna variación novedosa ni ninguna reflexión original, tan solo asistimos a la enumeración de los consabidos tópicos (éxito mediático frente a talento esforzado, crítica mendaz y recelosa cegada por su vanidad prepotente, fatigosa relación paterno-filial emponzoñada por las ausencias laborales de un padre distraído y narcisista, etc.). Y uno se pregunta qué nos quieren decir o qué nos quieren contar que justifique y compense el precio de la entrada.

Sin llegar a ser un truño, se acerca peligrosamente a serlo. Es pretenciosa, asfixiante y naufraga sobre todo por el tono de jactanciosa importancia y arrogante trascendencia que tiene y los aires de inteligencia autosuficiente y chulesca con que se reviste. El insoportable lastre de la petulancia.
antonalva
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6
10 de diciembre de 2016
119 de 136 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay películas que, a priori, parecen diseñadas para gustarme, pero como toda obra de arte quizás necesita su momento y su circunstancia para lograr que nos llegue lo que ambiciona. Y a mí me ha dejado frío, despegado, impertérrito… saboreo su estructura, sus intenciones, su ritmo, su delicadeza, su entramado paciente y gradual, pero nada de lo que muestra me ha interesado ni lo más mínimo. Es encomiable y original dedicarle a la creación poética una atención tan minuciosa y meditada, alejada de cualquier convencionalismo al uso y llena de un sincero y transparente amor hacia la palabra escrita y hacia el proceso creativo perseverante y anónimo de un autor – ficticio – inédito. Sin embargo, puedo admirar cada uno de sus muchos detalles esmerados sin que el conjunto me parezca que alcance nada de lo que se propone.

Me resulta frustrante que me haya dejado impasible. La adorable pareja protagonista se hace querer desde el comienzo y su periplo vital está lleno de deliberadas repeticiones que nos adentran en un microcosmos cálido y envolvente, persuasivo y seductor, que embauca y despierta la complicidad inmediata e incondicional del espectador. Pero al igual que con la poesía en general – que según el día, la situación emocional o de lo receptivos y permeables que nos sintamos – todo dependa de un misterioso e inexplicable fogonazo mágico e insondable que hace prender la llama de la conexión, consiguiendo que nos llegue hasta lo más profundo del corazón y nos subyugue o conmueva. Pero el chispazo telúrico y arbitrario no se ha producido y me he quedado al margen de la propuesta. Muy a mi pesar.

Todo el reparto es cómplice del empeño y encarnan con entusiasmo y convicción unos personajes atípicos y encantadores, sin recurrir a grandilocuencias ni excesos, abrazando la sencillez y naturalidad como un tesoro. No hay ningún detalle baladí: el antipático perro gruñón, las cortinas tornadizas, los bollitos sabatinos, la voluble creatividad fantasiosa e irrefrenable de la compañera, la insulsez insistente del prosaico trabajo del bardo, el hábito de escribir en los lugares más pedestres, la cerveza nocturna, los amores desengañados de los parroquianos… Todo ello configura un amoroso mosaico de vulgaridad que contrasta con los desbordantes poemas que van jalonando el metraje. Y es de justicia destacar, sobre todo, a Adam Driver y Golshifteh Farahani, del todo exquisitos.

Lo dicho, enumerando y analizando cada pieza por separado pareciera presagiar un peliculón resplandeciente. Y quizás lo sea, pero yo he sido incapaz de entrar en este mundo hechizado y embaucador que se despliega, a contracorriente del cine comercial acostumbrado. Equívoca y ambivalente conclusión.
antonalva
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9
4 de febrero de 2017
111 de 120 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es el retrato de un hombre póstumo, de un individuo corroído por los remordimientos y con un lacerante sentimiento de culpa que lo incapacita para la vida y para entablar cualquier tipo de vinculación afectiva con sus semejantes. Malvive con el insoportable peso de un cataclismo emocional que lo tortura y que le corroe las entrañas, no pudiendo ni queriendo zafarse de su zozobra y de su desconsuelo, que tiñe sus días de ansiedad y desazón. ¿Cómo sobrevivir al apocalipsis de una pérdida irreparable cuando nos creemos responsables de nuestro íntimo y bochornoso fracaso y somos reos de nuestros garrafales yerros? No quedan ni fuerzas para el alivio del llanto…

Estamos, por todo ello, ante una tragedia en estado puro, ante la radiografía descarnada de un vía crucis doloroso e inextinguible. Pero el soberbio guión y la maravillosa e invisible dirección – ambos debidos a un Kenneth Lonergan en estado de gracia – no se detienen en recrearse ante la desgracia, sino que van mucho más allá, aprehendiendo el vacío absoluto y punzante de un alma en pena, de un muerto en vida que deambula sin meta ni empeño por un valle de lágrimas que lo anega todo. No busca provocar el sollozo liberador ni despertar la compasión plañidera, no pretende servirse de los resortes clásicos del melodrama para incitar a la catarsis sentimental, ni coquetea con la simpatía inducida o con la empatía manipulada. En apariencia se queda en la epidermis de los hechos para, en realidad, bucear en la honda y densa espesura de la angustia.

Sin la menor duda, es una joya del cine reciente que, en poco tiempo, se convertirá en un clásico indiscutible. La película es larga pero se hace corta, parece no ir hacia ningún lugar y, sin embargo, recala en todos los puertos de la inefable existencia humana. Parece desesperada pero siembra de forma imperceptible una parcela para el consuelo y la reconciliación – o al menos para cultivar un atisbo de reparación, por improbable o inalcanzable que parezca. Además contiene un sinnúmero de escenas memorables hechos con jirones de autenticidad y añicos de aflicción: el demoledor flashback con el asombroso adagio de Albinoni como único telón de fondo sonoro, la confesión a tumba abierta del protagonista ante la policía, el reencuentro fortuito e imposible entre el matrimonio quebrado, casi todos los momentos entre tío y sobrino, el colapso nervioso ante un congelador rebelde,…

Las interpretaciones de Casey Affleck y Michelle Williams consiguen la rara virtud de ser perfectas, fundiéndose los actores con sus personajes hasta devenir en una experiencia milagrosa. Lo mismo puede decirse de todo el elenco. Pero los máximos elogios para Kenneth Lonergan que ha ensamblado una obra grandiosa, de una sencillez turbadora.
antonalva
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