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Trampa mortal

4,8
503
votos
Año
1976
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Terror | Cocodrilos
Sinopsis
Judd es el responsable de un hotel situado en medio de los pantanos de Louisiana. Pero no es un hostelero al uso: posee un voraz caimán al que alimenta con una carne muy especial... (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
1 2 >>
13 de octubre de 2008
19 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Difícil lo tenía Tobe Hooper tras "La matanza de Texas", había dejado el listón muy alto. Así, "Trampa mortal" fue injustamente ignorada por el público y despreciada por la crítica. Hooper vuelve a retratar los ambientes rurales del Profundo Sur, esta vez situando la acción en los pantanos de Louisiana. Lo que antes era realidad ahora se vuelve onírico (esa niebla, esos sonidos chirriantes, esos violentos colores, esa música "country", esa vegetación enmarañada, ese cocodrilo de cartón piedra). Los diálogos son surrealistas. Los personajes demenciales (no sólo el sádico hostelero interpretado por Neville Brand). La atmósfera extremadamente sórdida y malsana. En definitiva, la película se parece mucho a un mal sueño. La cinta se inspira lejanamente en "Psicosis" y en los DC Cómics, pero Hooper sabe darle vida propia a su obra gracias a su agudo sentido cinematográfico y su aliento subversivo. Destaquemos su prólogo, realmente sobrecogedor, de los que dejan petrificado por lo cruel y por su inusitado sadismo. También resulta significativo el magistral uso del ralentí en otro momento especialmente desagradable. Aparte del ambiente totalmente alucinógeno, la historia tiene ciertos destellos de humor negro que la hacen aún más rocambolesca. Ayudan bastante esos actores, de William Finley (uno de los habituales de Brian De Palma) a Mel Ferrer (en uno de sus muchos trabajos alimenticios), pasando por Marilyn Burns (la heroína de "La matanza de Texas"), Robert Englund (antes de convertirse en Freddy Krueger), Neville Brand y la veteranísima Carolyn Jones (véase "La invasión de los ladrones de cuerpos"). "Trampa mortal" es un título modesto y "descuidado", pero para quien esto suscribe se trata de uno de los grandes logros de su director. La posterior trayectoria de Hooper dejó bastante que desear, aunque hasta finales de los 80 nos entregó un puñado de películas, cuando menos, memorables.
Sirope
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18 de febrero de 2015
7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ésta es una versión retorcida, cutre y violenta de Psicosis el clásico de Hitchcock, me pareció interesante verla ya que hace parte de la filmografía de Tobe Hooper director de peliculas que marcaron precedente y tan diversas entre sí como: The Funhouse (1981); Lifeforce (1985) y Poltergeist (1982).

Es 1977 Tobe Hooper ya había sacado Eggshells (1969) y la aclamada The Texas Chain Saw Massacre (1974) se respiraba una exagerada expectativa por lo nuevo, sin embargo Eaten Alive no tuvo la repercusión ni la importancia de su antecesora, la realidad es que Eaten Alive carece de varios factores primando el bajo presupuesto con que fue realizada.Cuenta con la participación de Robert Englund (A Nightmare On Elm Street)y en el papel protagónico Neville Brand, actor de amplia trayectoria recordado por el papel de Al Capone en los intocables,también cuenta con Marilyn Burns la protagonista de The Texas Chain Saw Massacre una Scream Queen muy recordada por todos ya fallecida.

La pelicula aunque puede ser tachada de pésima comparándola con otras de Tobe Hooper es divertida, cruel y sangrienta, también roza entre lo morbosa y pervertida.

Si eres un melancólico amante de los filmes viejos y muy violentos, es tu película.
Reflejos Fijos
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1 de diciembre de 2010
13 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mortal de necesidad. No veáis esta película por estar el nombre en los créditos del sobrevalorado Tobe Hooper. Ese es un grave error.
Este film es una bazofia como un piano y le hubiera puesto un 1 de no ser por la cantidad de desnudos de bellas féminas que nos brinda el señor Hooper para amenizar el cotarro. Un cotarro por cierto penoso. Todo se basa en un pirado que copia descaradamente a Norman Bates. El tío tiene un motel con un foso donde tiene un cocodrilo y va tirando la gente que se cepilla (el tipo es un psicópata, claro). No hay más que cuatro o cinco asesinatos muy mal rodados y bastantes tetas y algun culete de buen ver.
El film es muy aburrido y tiene una fotografía fea y mala que no ayuda a levantar la cosa. Todo esta rodado de manera muy cutre y el cocodrilo no esperéis verlo más de dos minutos en pantalla.
Mención aparte para el apartado sonoro, la banada sonora es de esas molestas como un mosquito a las 4 de la madrugada. Las canciones que suenan de vez en cuando dan dolor de cabeza y los efectos sonoros del film parecen sacadas de una grabación de un radiocassete pegado a una tele. Jamás vi una película con un sonido igual, de veras que es algo inaúdito.
Un bodrio de los grandes que de no ser por estar Tobe Hoper metido en este tinglao hubiese caído en el más absoluto de los olvidos. Que dicho sea de paso es donde merece estar.
Heroquest
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27 de agosto de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tobe Hooper -director- y Kim Henkel -guionista- finiquitan su trilogía advenediza de corte independiente con lisergia hippie, rednecks trastornados y monstruos reptilianos de la América profunda. Tal vez los 70 fueron una década en la que las líneas divisorias entre Hooper y Wes Craven se apreciaban más difusamente.
¿Y si aglutinamos a todo el clan Sawyer ('La Matanza de Texas') en un único personaje, un 'caracuero' dotado del raciocinio que se le presupone al regente de un hotelucho en Louisiana junto a la ciénaga donde acecha un cocodrilo gigante ávido de zamparse a sus clientes, a paletos provocadores y bellísimas sureñas en bolas? ¡Pues ahí lo tienes!
Repite Marilyn Burns. Pero la dupla Henkel/Hooper, a base de la repercusión y ruido generados por su segunda película, amasó el caché suficiente para unir a su troupe a los televisivos Neville Brand -Al Capone en 'Los Intocables' y protagonista de 'Laredo', aquí demonizado y poseído por los arranques persecutorios de Leatherface-, y a una destartalada Carolyn Jones -Morticia en 'La Familia Addams-.
Los pobres Mel Ferrer y Stuart Whitman se agarran a un clavo ardiendo con tal de seguir trabajando; y en su 6° película, empezando a prodigarse como actor habitual del género grindhouse, un jovenzuelo (y putero) Robert Englund al que Quentin Tarantino rendiría homenaje, 27 años después, en una escena romántica de 'Kill Bill Vol. 1':
"Me llamo Buck, ¡y he venido a follar!"
Demencialmente sádica, brutal, violenta y divertida.
antonio lopez herraiz
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5 de junio de 2020
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A finales de 1.974 un joven de 30 años llamado Tobe Hooper movería Cielo y Tierra en el panorama cinematográfico tras poner en circulación la película que le catapultaría al éxito internacional como uno de los mayores referentes del género de terror de la década.

Aquella obra de bajísimo presupuesto, equipo no profesional y muy controvertida historia tenía por nombre "La Matanza de Texas" y estaría destinada a convertirse en un auténtico clásico, el cual, casi medio siglo después de su estreno, sigue dejando su huella imperecedera en muchos films y directores. El caso es que el sr. Hooper se hizo de oro, y esa fama y oportunidad de libertad creativa la aprovecharía en un nuevo proyecto en el que se iba a embarcar junto a su compañero Kim Henkel, inspirándose una vez más en supuestos sucesos reales: los horribles crímenes perpetrados a finales de los años '30 por Joseph Douglas Ball, veterano de la 1.ª Guerra Mundial natural de Texas que acabó reciclándose en contrabandista para más tarde abrir un bar en cuyo exterior construyó un estanque llenándolo de caimanes (¡!).
La leyenda cuenta que asesinó alrededor de veinte mujeres jóvenes con ayuda de sus mascotas (lo que le valió el sobrenombre de "The Alligator Man") y que acabó suicidándose de un disparo en la cabeza. Oscura leyenda del folklore tejano que serviría al director para zurcir los pliegues de una fábula con los mismos patrones. "Trampa Mortal" comienza con una secuencia memorable (tanto como su frase de entrada, más tarde robada por el incorregible Tarantino para su "Kill Bill") y desagradable cuyo principal objetivo es incomodar al espectador: la joven Clara huye despavorida de las garras de un tipo repugnante para luego ser puesta en la calle por la dueña del burdel en el que se ha metido a trabajar.

Pero como bien dijo Shakespeare: "cuando la desgracia llega nunca viene sola, sino a batallones". Así que el destino de la chica, que no puede llevar la palabra "víctima" escrita más claro en la frente, será terminar en un motel de mala muerte regentado por el psicópata Judd cuya afición es matar a sus clientes y echarlos en un estanque que sirve de refugio para un peligroso cocodrilo africano; este inicio, que indiscutiblemente bebe de "Psicosis" y no lo oculta para nada (cambiando a la oficinista fugada por una muchacha sin hogar ni empleo), ya establece las claves que harán de esta obra una cautivadora, espeluznante y atípica pieza de museo del "slasher".
La abrasiva autenticidad que poseía "La Matanza de Texas" encuentra aquí su reverso más tenebroso y literal, y esa es su principal baza, porque desde su inicio, Hooper disfruta impregnando al film de una atmósfera cargada de tensión que provoca constantemente una sensación de agobio y náusea, y de cuyas viscosas hendiduras brota sudor, suciedad y olor a sangre y sexo sin dejar una vía de escape al espectador ni a los personajes, quienes, con su locura neurótica y sadismo, contribuyen a enrarecer aún más el entorno, que, con ese motel de los horrores tan desvencijado como la desquiciada psique de su propietario, protegido por el frondoso bosque y las pantanosas aguas del lago, y bañado en esa niebla que nunca se disipa y por esas intensas luces que llegan de un indeterminado lugar, crea una imagen perfecta de cuento de terror gótico.

Hooper nos invita sin nuestro permiso a este inframundo de espectros, frustraciones, desolación y excesiva violencia situado en las profundidades de esa Lousiana remota y desconocida, cuyo anfitrión es la bestia que agazapada mora en el estanque, aunque ésta no será peor que los seres humanos que pululan en tierra (ya que sólo se guía por su instinto animal en contraposición a las desviaciones psicóticas que ellos sufren). Entre tanta sangre, miembro cercenado y joven desnuda (burda táctica la que emplea el cineasta en esta ocasión, pues no la necesitó en su anterior film), una investigación de la chica desaparecida se desarrolla en primera instancia.
Investigación que hace regresar así a la historia sobre los pasos de "Psicosis" (si Clara sustituía a Marion ahora el amante es reemplazado por un padre, manteniéndose la hermana), donde tomará parte el sheriff del lugar, uno de los personajes más usados en este tipo de películas, que va y viene sin que sepamos muy bien qué hace (salvo flirtear tontamente con Libby). Aun así es la incoherencia más premeditada lo que domina en el guión de Fast, Rustam y Henkel, repitiéndose situaciones tremendamente surrealistas, incomprensibles y grotescas hasta ese intenso antíclimax que intenta dar lo que promete pero que se queda a mitad de todo.

Tampoco importa mucho que no haya un protagonista concreto (no, no lo hay), repartiéndose el peso del "argumento" entre los muchos personajes que iremos conociendo a base de accidentales y caóticos encuentros, y que sacan a relucir el lado más extravagante y aterrador de los actores con que Hooper tiene el privilegio de contar, como esos fantásticos veteranos Neville Brand, Stuart Whitman, Mel Ferrer o Carolyn Jones (trabajando más mal que bien para poder llevarse un mendrugo de pan a casa), el aterrador y muy joven Robert Englund, previo a su estrellato, o Marilyn Burns, que repite con Hooper tras haberse convertido en la heroína por excelencia del "slasher" gracias a su papel de Sally.
Ni crítica ni público tuvieron la suficiente consideración con el film, condenado al mayor de los ostracismos, y es que tras "La Matanza de Texas" muy díficil lo tenía el cineasta para volver a estrenar una obra de tal calibre. Está claro que no lo quiso hacer porque no era su intención. Aun con sus sinsentidos destila embriagadora esencia de serie "B" (o "Z") setentera por todos sus poros, realmente cautivador en su cutrez; esto es puro "grindhouse", del más sucio, violento, repulsivo y desquiciante.

Un "slasher" que apabulla por su onirismo alucinatorio, pesadillesco y retorcido; para bien o para mal, Hooper siempre sorprende.
Christian Jiménez
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