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Sólo el fin del mundo

6,3
2.670
votos
Sinopsis
Tras doce años de ausencia, un joven escritor regresa a su pueblo natal para anunciar a su familia que pronto morirá. Vive entonces un reencuentro con su entorno familiar, una reunión en la que las muestras de cariño son sempiternas discusiones y la manifestación de rencores y reproches. Adaptación de una obra teatral de Jean-Luc Lagarce. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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7 de enero de 2017
31 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
La superficie de las cosas, de la gente y del comportamiento humano casi nunca nos desvela lo que está pasando o lo que hay en realidad, sino que implica una especie de disfraz que vela la cabal comprensión de los acontecimientos y de sus motivaciones. Además Xavier Dolan nos tiene acostumbrados a revestir de histrionismo sus relatos, por lo que conviene atender no sólo a lo que se ve de forma inmediata, sino que conviene bucear más allá de lo obvio y de las apariencias para completar y comprender de forma cabal el relato que nos propone. Aquí no es una excepción aunque quizás la haya llevado hasta límites desconcertantes, sembrando de gritos, aspavientos y muecas lo que pudiera parecer una trama mínima: el regreso al hogar del hijo pródigo.

La historia se centra en la voluntad de dar una noticia que las circunstancias y desavenencias cotidianas parecen querer boicotear. El egoísmo de cada cual, más pendiente de sí mismo y de sus querellas que en escuchar al otro configuran el meollo de la trama. Se habla mucho pero se dice poco, más atentos a interrumpir las pláticas con algún exabrupto que no a prestar atención y comprender lo que se dice. Por lo tanto, lo relevante es el subtexto que se va tejiendo en torno a un núcleo familiar atormentado y lleno de querellas y aristas, plagado de sombras y rencillas, de reproches y resentimientos. Todo el mundo quiere aprovechar la oportunidad de una comida familiar para desfogarse y dejar claro que ni perdona ni olvida, destapando carencias y rencores, enfrentando animadversiones y anhelos. Y quien calla es quien más necesitaba sincerarse y confesarse a tumba abierta.

No es una cinta grata ni fácil, hay un exceso de palabrería huera y de gestos y actitudes beligerantes que enfatizan la soledad vital en que malviven, más atentos a herir al prójimo que a entenderlo, más dispuestos a dejar clara su intransigencia que a abrazar – o al menos transitar – la compasión o la empatía. Y como colofón se encumbra el uso de la mentira piadosa o la hipocresía desvergonzada antes que mostrarse débil o necesitado. La avalancha de recriminaciones lo anega todo, imposibilitando la comunicación y la reconciliación. Por ello, más importante que lo que vemos es todo lo que queda implícito y sin decir: la necesidad de huir, de alejarse de ese microcosmos tóxico y cerril que estrangula y asfixia, el disimulo antes que la verdad.

Todos los actores están pasados de vueltas – exceptuando a Marion Cotillard, impresionante en su sumisa intrascendencia – tal y como ha requerido de ellos Dolan. Difícil de recomendar pero muy interesante.
antonalva
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23 de octubre de 2016
23 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un drama familiar centrado en una angustiosa y extraña dinámica, donde hay poca historia o desarrollo de eventos. El objetivo es comprender esa dinámica y entender a los personajes, cosa que se consigue, pero desgraciadamente sin la suficiente conexión emocional, haciendo que todo resulte un poco distante, pese al intenso y a veces hasta estridente intento de las actuaciones por generar dramatismo, aspecto acentuado por un errado uso de la banda sonora, algo que sorprende viniendo de Dolan. Sin embargo considero que la construcción psicológica es sólida y hay escenas donde el sello audiovisual del director queda de manifiesto aunque con poca consistencia con el resto de la cinta.

La actuaciones están suficientemente matizadas y lo papeles correctamente delineados, sin embargo tal elenco suponía una obra más grande y memorable, para algo que se siente menor. Además, algunos aspectos sobre el protagonista son poco explorados y termina sin darle suficiente conclusión, situación que no le resta contundencia al tema central, pero termina dejando la sensación de algo que quedó corto.

Lo nuevo del joven director canadiense no es para usar la palabra "decepción" pero era cuando menos para esperar algo más ambicioso. Personalmente me gustó pero aconsejaría verla con bajas expectativas.
mikealeks
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6 de enero de 2017
21 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Louis (Gaspar Ulliel) lleva doce años sin pisar por casa. Sin embargo, la visita por última vez a decir a su familia que se va a morir. Con esta premisa encara el cineasta Xavier Dolan su sexta película con solo 25 años. Para quien no lo conozca, Dolan fue el cineasta más joven en presentar en Cannes una película: Yo maté a mi madre (2009) cuando tenía 18 años. Ya ha ganado sendos galardones de Premio del Jurado con su obra maestra, Mommy (2014) y Gran Prix del Festival con ésta, Solo el fin del mundo. Dolan dirige, escribe el guión, realiza el montaje y diseña el vestuario. Que nadie se asuste, él siempre trabaja así.

Tras cinco grandes películas del quebequés, ¿qué nos encontramos en Solo el fin del mundo? Tenemos, sobre todo, un relato de angustia y desesperación camuflado dentro de una familia desestructurada, basada en la obra de teatro homónima de Jean-Luc Lagarce. Desde los primeros cinco minutos entendemos por qué su protagonista no ha vuelto a verlos desde hace más de diez años.

Por un lado tenemos a su hermano (potentísimo Vincent Cassel), un hombre violento, al que no le gusta hablar, solo gritar y discutir. Sin duda, es la fuente de inestabilidad de la familia. Casado con él, tenemos al verdadero tesoro de la película: Marion Cotillard. Una mujer débil, cohibida por su marido. Desde su personaje, Dolan estudia de una manera muy tangencial el tema de la violencia de género o, por lo menos, la subordinación de la mujer hacia el hombre. Cotillard, en un alarde de capacidad interpretativa, realiza una actuación muy muy frágil, marcada por el temblor y la incapacidad para hablar correctamente. Ver a Marion Cotillard siempre es un placer, un monstruo interpretativo a la altura de muy pocos.

En la filmografía de Dolan, las madres siempre han tenido un papel preponderante. Ya en su debut narró el odio de un hijo hacia su madre (Yo maté a mi madre) y en su penúltima película intentó disculparse con su perfecta Mommy. Quizá en esta, el papel de la madre sea más secundario, aunque se sigue notando la impronta de un artista marcado por la presencia maternal en su vida. El papel de madre lo interpreta Nathalie Baye. Una mujer difícil de soportar, de la que nunca te puedes fiar de que su amor por su hijo sea lo suficientemente verdadero.

Por último, el papel de hermana lo interpreta Léa Seydoux (La vida de Adèle), una chica joven, pero atormentada por las drogas, aunque quién sabe si en el fondo, por lo que está atormentada es por su familia.

Los cinco personajes realizan un coro de la decadencia absoluto. En sus largas discusiones, se gritan y se lanzan insultos, solo les queda pegarse. ¿Por qué discuten todo el tiempo? Quizá haya espectadores que se sientan confundidos. Da igual la razón, Dolan quiere ir más allá. No se trata de buscar las discusiones perfectas a lo Antes del anochecer, sino buscar un ambiente claustrofóbico que haga huir al personaje de Louis horrorizado de su propio hogar. El director, consigue proyectar esta angustia en la pantalla gracias a unos primeros planos del rostro de sus actores. Sin duda, no todo el mundo puede aguantar tan bien un primer plano como estos cinco intérpretes. Con la cámara tan cerca, el espectador podrá ver la ira, la confusión, las lágrimas, hasta los capilares de los ojos, extremadamente dilatados por la intensidad de la situación.

Xavier Dolan se vuelve a confirmar como un artista total, un artista radical, histriónico y personal, el enfant terrible del cine mundial. Como todo artista, no todo el mundo tiene que disfrutar con su obra. Se le podrá acusar de muchas cosas, pero Dolan lo que hace es una película basada en su vida, en el modo en el que él ve el mundo. Pocos autores son capaces de poner en el celuloide sus impresiones sobre la vida en sí. Dolan lo lleva haciendo en las 6 obras que nos ha mostrado. Su dirección ahora no olvida los códigos del teatro del que nació la obra, pero añade otros propios del cine como los flashbacks, el uso de la música y la estética de videoclip de varias de sus escenas.

Solo el fin del mundo es una película que hay que procesar una vez se ha visto. De hecho, un solo visionado no basta para captar todos los detalles de esos cinco personajes tan detestables como complejos. Escribir unas líneas sobre esta película es materia difícil. Son muchas las sensaciones que pasan por la pantalla la hora y media de metraje, y más las que le pasan a un espectador fan acérrimo de Xavier Dolan.

Dolan sigue su camino hacia el Olimpo cinematográfico. Solo el fin del mundo es un paso seguro hacia la cima.
Alberto Monje
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27 de septiembre de 2016
29 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me encanta Dolan, y me encantan sus anteriores películas. Pero siendo objetivos esta película no funciona. Sí, vale, se nota que es de Dolan, los primeros planos, las escenas largas, poner la música fortísima... pero no funciona. No lleva a nada, solo crea tensión. Vale que los actores están increíbles, vale que Vincent Cassel da miedo y nos crea mucha repulsión, pero no transmite ni la décima parte de cine que tenía Mommy. Allí los personajes nos importaban, pero aquí nos dan igual. La película avanza entre diálogos, abstracciones musicales, y la cara de Gaspard Ulliel todo rato. Intentando contarnos algo que se queda en nada. Cierto que hay 2 o 3 momentos muy potentes en la película, todos momentos de tensión y desasosiego, pero cuando la burbuja se está hinchando no explota, y eso no me molesta, pero Dolan adorna con su estilo una adaptación de una obra de teatro en la que ocurre poco y el aburrimiento se impone. Lo único que salvo son las interpretaciones, que son fabulosas, algún diálogo corto entre madre e hijo y alguna escena. Pero al final Dolan no transmite nada, e incluso se vuelve pretencioso en las últimas escenas. Jugar a poner la música que te da la gana antes funcionaba Xavier, pero ya no. Una decepción incluso para un fan acérrimo de Dolan
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Diego_95
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15 de abril de 2017
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay un diálogo sordo, no expresado en palabras, tras los personajes de esta cinta que transcurre en el lapso de un almuerzo familiar. Louis tiene 34 años y hace doce años abandonó la casa de su madre y de sus hermanos. Tuvo que huir del seno materno para alejarse de la violencia y perseguir algo con su vida. Se convirtió en escritor y ahora vuelve para comunicarle a estos verdaderos extraños que está enfermo y morirá dentro de poco.

El tiempo es un personaje importante de este drama, transcurre más lento para aquellos que están descontentos con sus vidas, la madre y sus hermanos le reprochan que no ha tenido tiempo para ellos, mientras gritan y se descalifican mutuamente. Incluso la madre no lo toma en serio y se refiere a los asuntos de Louis como «cosas de escritor», sobre todo Antoine (el hermano mayor) está resentido con él, quizás debido a que logró sus sueños, en el auto le confidencia que no quiere escuchar su mierda sentimental y presupone que la vida de su hermano es demasiado importante al lado de la del resto de la familia, que no finja que le importan. Ese resentimiento se disfraza de cinismo, de recriminaciones, pero sobre todo de agresiones verbales. Ante una vida sin logros Antoine emprende su furia hiriendo a sus hermanos, incluso a su mujer la trata como a una esclava a la que le puede gritar cuando se le antoja.

La tesis sería que las personas venimos al mundo a crear, una familia, el producto de un trabajo, una pasión, incluso a mostrar tristezas o alegrías a través del arte, de una carta, que para lograrlo hace falta originalidad, entender y escuchar a los demás para emprender proyectos para ellos o para sí mismos, la película es enfática en que la violencia, verbal o de la otra, es producto de la frustración, de no ser capaz de aportar nada a la sociedad o la familia, siendo el resentimiento una energía negativa que destruye desde el interior a todo tu entorno.

Antoine no quiere saber nada de la vida de Louis, tampoco de Catherine, su mujer es simplemente una esponja que absorbe sus rabias, su derrota en último término, no cuenta como compañera de viaje, solamente es un ser que debe aguantar su mal humor.

Xavier Dolan recurre a primeros planos y contraplanos para desnudar el sufrimiento e incomprensión ante esa dinámica familiar, Catherine intuye que algo le sucede a Louis y viceversa, los silencios parecen hablar a gritos sobre la impotencia de vivir al alero de seres monstruosos, el montaje es delicado y las escenas del protagonista incluyen recuerdos que le permitieron sobrellevar los malos momentos.

Louis desearía eludir a la muerte por un tiempo más, quizás para escribir otro libro, pero su corazón está triste, hay algo inconcluso debido a que es incapaz de disfrutar del tiempo que le queda.

Las horas parecen eternas junto a su familia, el tiempo deja de tener sentido.
Anibal Ricci
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