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Fray Escoba

5,1
558
votos
Sinopsis
Martín, hijo de un caballero español y de una mulata panameña, nace en Lima en 1579. Con su padre, ya gobernador de Guayaquil, y un futuro prometedor a su alcance, decide entrar en el convento de Santo Domingo. Allí se convierte en 'Fray Escoba', apodo que recibe por su obsesión de barrer y barrer sin descanso, mientras ríe feliz. Pasan los años y, con asombro, Martín descubre como Dios se vale de él para hacer milagros mientras su fama ... [+]
Críticas ordenadas por:
22 de septiembre de 2007
37 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
FRAY ESCOBA es una de la excelentes películas que sobre el género religioso se han hecho en España y más allá, tan impactante como la danesa "Ordet" (Carl Theodor Dreyer, 1954) o la norteamericana "The Reluctant Saint" (Edward Dmytryk 1962), pero simplemente porque las producciones españolas apenas tenían resonancia en el extranjero en dichas décadas, este filme de Ramón Torrado no es considerado de la misma manera que las ya citadas o incluso otras de peor calidad ensalzadas en otros países; además por el hecho de ser un producto de origen español y porque muchos españoles que se la dan de "progresistas" en el sentido en que "tachan el factor religioso como un anacronismo ya superado", la desprecian o no mientan como si fuese una obra insignificante. Pero, por suerte o por desgracia "Fray Escoba", de Ramón Torrado, es una meritoria película con todas las letras de la palabra excelente, con la E, X, C, E, L, E, N, T y E.

"Fray Escoba" trata sobre la vida del santo peruano san Martín de Porres (siglo XVI-XVII), de rasgos negro-mulato, que perteneció a la Orden Religiosa de los Dominicos (O P). La película es conmovedora, hace llorar de verdad, con ese tipo de lágrimas que ennoblecen el interior y mueven a tomar consciencia del Bien y de los valores más profunda y bellamente humanos. Como decía este bondadoso y humilde varón religioso cuando introducía y alojaba en su propia celda del convento a los pobres míseros que hallaba por las calles, en contra de las leyes internas de su Orden y Comunidad: "Contra la caridad no hay preceptos".

Mención especial para los actores de esta película:
+ el cubano René Muñoz (Fray Escoba), hombre de gran sensibilidad, la cual sabía transmitir como pocos en sus actuaciones, que hizo aquí el papel cinematográfico más importante de su carrera además de que le marcó espiritualmente hablando, años más tarde triunfó también en México como escritor y dedicándose a realizar numerosas telenovelas;
+ e igualmente al español José Calvo (Fray Barragán), gran interprete y especialista en hacer de fraile, papel en el que ya había triunfado (Fray Papilla) en la famosísima cinta, "Marcelino, pan y vino" (Ladislao Vajda, 1954), amén de notorias películas como "El clavo" (Rafael Gil, 1944), "Historias de la radio" (José Luis Sáenz de Heredia, 1955), "Calabuch" (Luis García Berlanga, 1956) o "Los jueves, milagro" (Luis García Berlanga, 1957).

Fej Delvahe
Fej Delvahe
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11 de octubre de 2014
12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un clásico del cine religioso de nuestro país y, en mi opinión, uno de los mejores referentes a nivel internacional. Profundamente bella y elevada, «Fray Escoba» es una de esas películas con las que te sientes reconfortado al mismo tiempo que te sermonea desde una propuesta católica a reivindicar.

Esto del sermón, que puede sonar muy malo, es algo buenísimo: es la aspiración de que seamos siempre mejores de lo que somos, idea al parecer sencilla pero tan sublime y grandiosa que según una teoría personal mía es causa directa del desprecio que los seres humanos demostramos hacia la fe. Tener un Dios que te señala tus debilidades para que las enmiendes, que te empuja constantemente a llegar «hasta donde debes» y que te incita a amar sin condiciones ni limitaciones a todo el mundo, es para sentirse presionado. Por lo tanto, es mucho más fácil taparse los oídos y hacer lo que nos de la gana, además creyendo que lo sabemos todo y que somos lo bastante buenos y justos. Con «Fray Escoba» veremos que no es así.

Claro, a que a mi me cuesta comprender que a alguien, independientemente de creencias religiosas, no esté de acuerdo con el ideario moral y humanista que la obra refleja a través de la figura de Martín de Porras, cuyas dotes místicas y milagrosas sin duda han sido exacerbadas. No importa, es lo de menos. Aquí prima la nobleza del alma, la gloriosa humildad del Hombre, el sacrificio a los otros, el amor infinito, la bondad sin bobería y la inquebrantable esperanza en el mañana, en ese sol que ha de salir para disipar las tinieblas. Atención a los diálogos y observaciones de los personajes, porque absolutamente de todos ellos sacaremos una maravillosa enseñanza, para mi de lo más logrado del guión.

Reconozco que esta película me emociona demasiado y me hace llorar como una Magdalena. Sentida e inolvidable, acércate a ella sin prejuicios. De la escoba a la eternidad.
Kaori
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22 de septiembre de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pienso que va siendo hora de juzgar las películas en sí mismas, con independencia del ambiente, el país, y no digamos del régimen en que fueron hechas. Con ese criterio todo lo que se hizo bajo tiranías habría que tirarlo y es lo que se hizo hasta el siglo XIX y en muchos sitios se sigue haciendo.
Otro tema: se hacen películas de los géneros más diversos. Algunos géneros, como el gore, son repelentes y hay muchos que lo aplauden.
Esto es del género religioso. Tan válido como cualquiera. Lo único que hay que hacer es valorar la realización, la interpretación. Y esta es una película muy digna, rodada con cuidado y una buena producción. Un guión muy medido y nada retórico.
La vida de Fray Escoba es una maravilla, en todos los sentidos. René Muñoz interpreta con gran calidad.
No es ninguna tontería ver película de buenos sentimientos. De malos ya hay bastantes.
yoparam
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19 de agosto de 2013
5 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vi esta película porque me interesó la figura de San Martín de Porres y no quedé defraudado. La verdad es que se deja ver y no es un mal film.

El retrato que hace del santo mulato es creíble aunque, tal vez, un poco edulcorado, como era costumbre -por otra parte- en la España de aquella época.

Anécdotas al margen, hacer cine en la España de los 60 no debió ser nada fácil, de modo que hay que reconocerle el mérito a su autor. Obviamente, para superar la censura, este film tuvo que adaptar su discurso al criterio de aquella época -franquista- y en esto puede que su calidad se resintiera.

El discurso nos parece ñoño y trasnochado ahora pero no hay que olvidar que eran otros tiempos, otra España.
dandyboy
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4 de octubre de 2014
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
En pleno nacional-catolicismo, y no lo digo como crítica sino como definición bastante acertada de lo que era la ideología del régimen, aparece la que es uno de los dramas religiosos más completos, benévolos y sensibles que recuerdo. "Fray Escoba" es la biografía, no demasiado fiel, todo hay que decirlo, de San Martín de Porres (René Muñoz), el que fue el primer santo negro de América y desde luego, uno de los más populares. La película, dentro de su sencillez argumental, pues se limita a ir recogiendo anécdotas del personaje, te atrapada desde el primer momento, que es cuando aparece el gatito a modo del León de la Metro hasta la palabra FIN, posiblemente porque refleja desde el sentimiento católico-dogmático, la caridad, entrega y humildad de un verdadero santo, dando por buena la visión teísta, incluso milagrera, sin recurrir a añagazas o a esconder la fe como pasa con otros intentos historicistas actuales.

Evidentemente la película puede ser criticada desde varios aspectos, desde los más pequeños, ¿habéis visto que el único fraile que envejece es el protagonista? El tal Fray Barragán (Juan Calvo) está igual, por no hablar de la hermana; hasta los más profundos. A fin de cuentas lo que vemos es una hagiografía, una leyenda áurea, que, o bien deja de lado los grandes problemas metafísicos y morales, o da una respuesta demasiado fácil. Sin embargo, la humildad de la que hace gala la obra se materializa, no en grandes reflexiones, sino en diálogos de enorme belleza y máximas llenas de bondad. De todos modos, Max Scheler decía que el mandato cristiano de "amar al prójimo como a ti mismo" implica justamente eso, quererlo igual, ni menos, que sería egoísmo, ni más, que sería desprecio de uno mismo, término medio en el que me da impresión que San Martín se quedaba corto. A lo mejor como era un santo, se lo podía permitir.
Reaccionario
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