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España España · Málaga
Críticas de Kaori
Ordenadas por:
1.708 críticas
5
30 de septiembre de 2014
244 de 380 usuarios han encontrado esta crítica útil
Thriller con un toque negro, no demasiado, a cargo de Alberto Rodríguez, quien también co-escribe el guión de «La isla mínima». Loable y efectivo intento que siempre es de agradecer en el cine español, pero que termina descompensándose. Como veo que todo el mundo alaba el guión apunto en spoiler algunas lagunas, por no decir marismas, que no pueden tolerarse en una obra genial.

Factura técnica destacable gracias a la sincera y opresiva ambientación andaluza, y a una fotografía occipital impresionante cargada de símbolos y efectos visuales; por ejemplo el paisaje de los créditos iniciales es un cerebro en toda regla. El toque excelente lo aportan los actores, y no me refiero a Jesús Castro, a quien encuentro pésimo, sino al dueto protagonista. Raúl Arévalo es un intérprete con personalidad y reconozco que me encanta su estilo, su voz, sus ojos entornados; el hándicap con el que cuenta es que su personaje se perfila a la sombra de su compañero de reparto, el agente Juan, verdadero héroe de la historia. Javier Gutiérrez asombra en un papel dramático con un personaje que logra una sincronización absoluta entre la suavidad y la dureza; obvio el recurso de la enfermedad terminal como supra castigo divino por sus maldades porque me repatea.

Eso no es ser valiente, señor Rodríguez, sino caer en el cliché; el mismo en el que cae al introducir la Brigada Político Social y las torturas. Me pregunto qué aporta a la historia, excepto la tan manida y manipulada ambigüedad moral, elemento importante de la película que sin embargo no tiene fundamento: para que una persona sea buena y mala a la vez, hay que darle una justificación, una coherencia interna que no ocurre, o no se ve, en la película. De hecho, si la idea era confrontar dos modelos de pensamiento, «La isla mínima» ha fracasado. Primero, porque Rodríguez no imprime la tensión que se esperaría entre caracteres tan teóricamente contrarios, si es que lo son visto lo visto. Dos, porque hay una falta de diálogos alarmante, así que los personajes, silenciosos y profesionales, evitan tener que explicarse uno al otro su visión sobre la vida, la justicia, la política, la violencia o los remordimientos, y de esta manera se omite entrar en el laberinto del post franquismo con verisimilitud y reflexión.

Tal cual es, te hace pasar un rato enganchada. Al final, ¿todo está en orden o no? Pues mira, no lo sé, pero adivina quién es el culpable.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Kaori
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4
3 de febrero de 2018
259 de 444 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nominada a mejor guion, mejor película, mejor montaje, mejor banda sonora, mejor actriz y actor principal y mejor actor secundario, y con una nota media de 7.8 en la web, «Tres anuncios en las afueras» es teóricamente la mejor película que podemos ver a día de hoy en las salas de cine.

No quiero ser malvada y no busco hacer saña, pero ¿no se está sobredimensionando un poco? A caballo entre el western, los Coen y Cormac McCarthy, «Tres anuncios en las afueras» nos narra el conflicto entre una madre que ha perdido a su hija y la presión de todo un pueblo de Missouri ante su particular forma de denunciar la impunidad del crimen. Esto, que a primera vista se podría pensar que es lo importante, en el fondo no lo es, solo la excusa, el macgufin para contarnos lo que de verdad le interesa a Martin McDonagh: un alegato a favor del amor y la solidaridad entre las personas.

Para ello hace un retrato de personajes increíble, vamos, que no se cree, en el que volvemos a encontrarnos con el repetido planteamiento de lo que llamaré «evolución mágica». Es decir, que yo hasta hace cinco minutos he sido una persona violenta, con pocos escrúpulos, una tirada de la vida, y cinco minutos después evoluciono a un héroe lleno de amor y de tolerancia hacia el prójimo. Porque sí. Los personajes ambiguos suelen ser fascinantes, pero la gama de grises tiene que perfilarse con coherencia y sentido, tiene que haber relación entre causas y efectos; es una falacia pensar que un psicópata que no ha demostrado nunca sentimientos va a enamorarse o que un racista convencido abrazará a un negro por arte de birlibirloque. Eso son clichés, una prueba de ese buenismo exasperante en el que no se comprende que el mal, que la ira, que la frustración, que los pensamientos políticamente incorrectos están dentro de nosotros, en unos más y en otros menos, y que para extirparlos de nuestra psique y de nuestra alma se necesita mucho más que una carta o que un discursito, por mucho amor que haya en ello.

Así, «Tres anuncios en las afueras», de la que diría que es más comedia negra que drama, está repleta de esa incoherencia, de situaciones y actitudes inverosímiles que lastran el relato. Además de incluir con toda alevosía un discurso feminista en el que las mujeres válidas son cincuentonas, duras, agresivas, independientes y muy badass, y las no válidas tienen diecinueve años, sirven de huida vital y sexual para el varón y son tan bobas perdidas que se enamoran de un viejo maltratador. Este punto en torno a la violencia me parece interesante. Porque quizás el maltrato depende de la percepción, y es muy posible que Mildred (y el guion) perciba que la violencia es solo una manifestación de las personas independiente del género; solo una reacción humana válida en la que gana el más fuerte, una interacción entre iguales en la que ella misma puede a veces ganar o perder.

Mucha publicidad y poco fundamento.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Kaori
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3
28 de mayo de 2016
75 de 90 usuarios han encontrado esta crítica útil
Yo no soy mutante, que se sepa, y os aseguro que he visto el fin del mundo X-Men en esta «Apocalipsis». O espabilan o aquí morimos todos... entre otras cosas de fastidio. Tras «Días del futuro pasado», nada de lo ocurrido ha ocurrido, con lo cual nada de lo que habíamos visto hasta entonces ha pasado; al menos en este nuevo universo que al parecer se caracteriza por el petardeo de todos y cada uno de sus protagonistas y tramas.

Han transcurridos diez años desde que Magneto quisiera dominar el mundo y arrancara un estadio entero de fútbol. Ahora cada X-Men se ha ido por su lado y aparecen otros nuevos jóvenes mutantes que tienen que aprender a aceptar y controlar sus poderes en el Colegio para Talentos del profesor Charles Xavier. A esto se une una gran amenaza. Una amenaza que es la repera: Apocalipsis. El nombre ya te indica que el muchacho es peligrosillo, pero la historia (¿?) no se preocupa mínimamente de apuntalar el personaje que en teoría es el centro de toda la película. Desde luego, no se concreta quién/qué es este Apocalipsis pero es que tampoco nos explican qué quiere conseguir en su «nueva era», aparte de lo obvio de que gobiernen los mutantes, ni cuál es su filosofía, ni mucho menos por qué siente tanto odio hacia la civilización actual desde el primer momento. Me llaman la atención sus deseos de aniquilar muy especialmente las «organizaciones» y las «superpotencias» y su gusto por hacerle tatuajes y cambiar de peinado al mutante Ángel. Él sabrá por qué. Eso sí, deberíamos agradecerle al señor Apocalipsis que elimine el armamento nuclear del planeta.

Dos horas de película en las que no pasa nada importante porque se limitan a presentar a los personajes que hemos visto mil veces y a asustarse de la amenaza que les viene encima, y una media hora final en la que la acción se concentra en una mega batalla podría ser el resumen de «X-Men: Apocalipsis». De verdad, esta película no tiene guión, se basa es una exhibición de poderes mutantes para que se note la inversión en efectos especiales. Los personajes los han arrastrado por los suelos, los han convertido en clichés que no abren la boca y tienen el relieve de una hoja de papel. Mariposa Mental destaca por poner solo cara de pocos amigos y ser la única a la que Apocalipsis le coloca un bañador como traje; Tormenta cambia de bando como si fuese un muñeco de Lego, Ángel desaparece, la agente Moira es relleno puro y duro, Caos pasaba por allí, lo de Lobezno no pienso comentarlo y Magneto... Magneto merece un párrafo aparte.

Lo de Magneto es una vergüenza. Erik ha sufrido a lo largo de los años esa especie de síndrome tan moderno en el que solo para ser guay puedes ser bueno. Atrás quedó ese poderoso, metódico, calculador, imperioso, inteligente y ambiguo personaje que Sir Ian McKellen encarnó y creó tan maravillosamente bien. El Erik de Michael Fassbender fue en «Primera generación» una genialidad sin contestaciones y se mantuvo con estilo en «Días del futuro pasado», pero ¿en qué se ha convertido ahora? En un paleto. En comparsa de otros, en esbirro, en un mutante manipulable, en un sufrido padre de familia de tintes dramáticos con los que se pretende justificar por enésima vez que mate a todo el mundo... durante media película. Durante la otra media, siguiendo la idea del porque sí en el guión, podrá cambiar de intereses y motivaciones con suma facilidad. La exploración psicológica, la coherencia interna, las motivaciones fuertes y asentadas quedan reducidas a la exploración de la cuenta corriente de Bryan Singer y compañía. Decepcionante.

Lo mejor son, una vez más, James McAvoy, un actor increíble, expresivo y conmovedor; y el imponente Michael Fassbender, quien tiene que hacer malabares con el Magneto que le ha tocado.

Una chapucilla.
Kaori
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5
16 de abril de 2017
102 de 145 usuarios han encontrado esta crítica útil
Que sí, claro que «Life» es una copiada de «Alien: el octavo pasajero». Esto no quiere decir que sea igual, que esté a su nivel, que transmita lo mismo o que pueda compararse. Ridley Scott firmó una obra de arte extraterrena, metacinematográfica, palabras mayores en la cultura occidental. Y precisamente por eso creó escuela y marcó el género para siempre, lo siento mucho, pero es así: la ciencia ficción es Alien y vuelve a Alien. También tiene mucho de «Gravity», para qué ocultarlo.

De acuerdo, pero tendrá algo más, ¿no?, os estaréis preguntando. Pues sí: tiene básicamente entretenimiento. «Life» es una película que te divierte, y cuando digo divertir me refiero a que es divertida, que hasta puedes reírte si tienes un humor retorcido; yo creo que lo tengo, porque el final (que no me pilló por sorpresa) hasta me pareció sarcástico, fíjate por donde, y es tan asquerosa en las muertes que supera ese límite entre lo que espanta y lo que ya es cachondeo. No creo que Espinosa tuviera esa intención, pero le ha salido de esa manera y de alguna forma, también retorcida, es una cualidad. Su mayor defecto es que una tiene la constante sensación de que los personajes cometen una estupidez detrás de otra y de que en realidad no se están tomando la situación con el suficiente escalofrío. Las típicas historias personales de los personajes sobran por completo. A ver si aprendemos de una vez que lo más importante no es contarnos la vida de nadie, sino saber cómo es ese personaje, y para eso está la película: para conocerlo durante su desarrollo, cosa que no ocurre.

Quedarte mirando con la boca abierta cómo desangran a tu amigo puede definir a la perfección el comportamiento de los seis pasajeros de esta tripulación de la Estación Internacional que tienen como misión el estudio de unas muestras importantísimas de Marte. A mí ya esto, de entrada, me parece muy raro: la prueba de la existencia de vida extraterrestre ¿la investiga un único científico fuera de la Tierra, sin más medios que unos guantes aislantes y una rata? ¿De verdad funciona así? Bueno, el caso es que la vida alienígena se despertará de su letargo y, claro, ya están todos fastidiados.

Lo mejor es la recreación espectacular de la nave y el reparto, con Jake Gyllenhaal a la cabeza. No es muy larga y al menos recupera cierto espíritu de la ciencia ficción más clásica.

Calvin, no me gusta tu cara.
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Kaori
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3
21 de febrero de 2018
82 de 107 usuarios han encontrado esta crítica útil
Prometo que no sé si he visto una película de Guillermo del Toro o una de porno suave con millones de dólares de presupuesto. ¿Que estoy exagerando? Pues atentos.

En «La forma del agua» encontramos: desnudos femeninos integrales, coitos explícitos, escenas de masturbación y algún que otro comentario al respecto; perversiones sexuales en torno a mujeres mudas y, lo más bestial (nunca mejor dicho), sexo con un monstruo. Tal que así, como si fuese lo más normal del mundo que tu mejor amiga se beneficie a una especie de pez humanoide con las abdominales marcadas. Claro que sí, mujer. Total, la simpática Zelda, con una genial Octavia Spencer, debe de pensar que la pobre Eliza está tan necesitada que el primer macho que le muestra interés le sirve para montarse su peli romántica. Yo por lo menos lo pienso.

Porque no olvidemos que todo esto es una «historia de amor», ¿eh?, no te creas que «La forma del agua» no es una cosa seria. De hecho, Guillermo del Toro me parece que está tan obsesionado con hacer una película sensible, romántica y emotiva que lo que sale al final es un despropósito cursi y repelente en el que, una vez más, se ensalza a lo marginal y se denigra a lo predominante de la manera más burda y maniquea. Qué sutil, oye, que los buenos sean mujeres, negros, homosexuales y soviéticos, frente a los malvados hombres blancos heterosexuales homófobos yanquis, lo que me lleva a pensar que a lo mejor el mexicano Guillermo del Toro le guarda un poco de ojeriza a sus vecinos estadounidenses.

De esta manera, sabiendo la ideología imperante, que es siempre la misma bien machacada y regurgitada, puedes adivinar punto por punto lo que irá pasando en la historia, una suerte de relato a lo Bella y Bestia actualizado que por supuesto rompe con esa tradición común a muchas culturas del humano hechizado que transforma su apariencia. Ahora ya no, ahora enamorarse de un ser humano varón es retrógrado, así que el galán es una criatura de naturaleza indefinida, con branquias y escamas, del que desconocemos qué es, qué sabe, qué quiere, qué piensa o qué hace en la vida; es una figura plana y sin contenido. Eso sí, dios, monstruo o pez, lo que no le puede faltar es un buen miembro viril para que la peli porno cumpla su función. Inaudito.

Además, vaya guion mal elaborado, no solo lleno de absurdos y con por lo menos media hora larga de presentación bastante muermo, sino también con un momento musical de vergüenza ajena. A destacar, la interpretación de Richard Jenkins como artista melancólico.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Kaori
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