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The Office (Serie de TV)

7,6
7.418
votos
Sinopsis
Serie de TV (2001-2003). 2 temporadas. 14 episodios. Aclamada teleserie británica (arrasó con los premios en las últimas dos ediciones de los premiso BAFTA británicos) que hace un corrosivo retrato de los integrantes de la oficina de ventas de una empresa. Haciéndose eco de la lluvia de reality shows que inundó recientemente las televisiones mundiales, "The Office" apela este formato y se mete dentro de una empresa de venta mayorista de ... [+]
Críticas ordenadas por:
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6 de octubre de 2006
66 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las joyas de la corona de la televisión mundial. Una de las mejores series que he visto nunca. Dos series, de hecho: la original, producida por la BBC en el 2001, ha conocido recientemente un remake muy similiar por parte de la NBC. The Office (en ambas versiones) tiene una factura aparentemente sencilla que al espectador que pase por allí haciendo zapping puede parecerle cutre y sin interés y quitarla. Grave error.

Al más puro estilo mockumentary (falso documental), lo que ya de entrada la hace interesante, The Office refleja la vida en una oficina de trabajo cualquiera. Se dedican a distribuir productos de papelería, pero podría ser cualquier otra cosa. Aquí lo importante son los personajes; o más bien las personas, porque la naturalidad con la que interpretan los actores te hace olvidarte de que estás viendo ficción. La serie está rodada cámara en mano, con recursos propios del documental: primeros planos con testimonios, planos medios reflejando momentos significativos, planos largos y escondidos tras una maceta cuando se graba algo disimuladamente. Incluso, y esto me parece magistral, los personajes actúan de forma diferente cuando tienen las cámaras delante, evitando ser políticamente incorrectos y haciéndose los graciosos.

Pero, quiero dejarlo muy claro, ante todo es una comedia con mayúsculas. Es imposible no reírse con el jefe (un auténtico crack) y su asistente. El primero se esfuerza por ser gracioso constantemente, con lo que termina consiguiendo que todo el mundo le odie (lo que potencia su comicidad). El segundo es un frikazo insufrible que sólo busca hacerle la pelota al jefe.

Todo lo anterior vale para ambas versiones; las diferencias entre ellas se reducen básicamente a los actores. Tenemos al jefe: en la inglesa, un graciosillo cargante preocupado por quedar bien; en la americana, un histriónico que pone los nervios de punta. Tenemos al asistente del jefe: en la inglesa, un ex-militar rarísimo obsesionado con el ejército y con un físico siniestro; en la americana, un frikazo feo más cerca de Star Trek que de Vietnam. Tenemos al guaperas: en la americana, más guaperas. Tenemos a la secretaria: en la americana, mucho más buenorra. Y, en general, en la versión americana se exagera todo un pelín más que en la inglesa (como es de esperar), pero sin dejar en ningún caso ese ambiente hiperrealista.

¡Vedla!

P.D.: sólo se puede ver en V.O., cualquier otra cosa sería un pecado.
KesheR
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23 de diciembre de 2010
41 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo que son las cosas. Denostada en su tiempo, incomprendida. La gente indignada porque los actores miraban a cámara, que era un documental de una serie y que eso no había quien se lo tragase. La cancelan y a su creador, Ricky Gervais lo toman por un absoluto fraude.

Yo no sé hasta qué punto The Office es el germen del falso documental. Lo que sí es cierto es que fue una serie demasiado adelantada a su tiempo. El gran público no la asimiló. Ese estilo era demasiado agresivo porque la gente no lo había visto nunca. Y claro. En Inglaterra también pasan estas cosas. No es lo mismo que lo hagan en Hollywood, que es la meca de todo y que todo lo que caga es de oro, que lo hagan en tu pueblo, en cuyo caso, seguramente sea una catetada.

Pero con el paso del tiempo, la catetada se convierte en serie de culto, su estilo da pie a que se invente el falso documental, y encima los americanos americanos le copian el formato y se convierte en un éxito. Es prácticamente igual en la forma, sólo que la americana es más comestible culturalmente. No tiene por qué ser malo. De hecho, hay que reconocer que Carrell lo borda. Pero no es The Office, la auténtica.

La auténtica The Office es puro humor británico, mala leche inglesa de la buena. Rick Gervais también hace de jefe, y lo borda. No tiran tanto por la parodia y aquí las situaciones son más reales… y claro, más ambiguas. No hay risas enlatadas, pero sí pura miseria humana. Reconozco que para muchos ciertas situaciones no tengan gracia, o que puedan llegar a ser desconcertantes. El hijoputismo es una tendencia que divide bastante.

La verdad es que hay que tener muy mala baba para reírse con The Office. Rick Gervais lo sabe. Y es que como buen jefe, también es un pedazo de cabrón.
Herr Jasper
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2 de julio de 2008
21 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Como ya sabrán The Office es un producto bastante particular, algo a lo que no estamos muy acostumbrados. Estamos saturados de películas y series en las que la acción es la única nota dominante del producto, en cuantos y como de bien están realizados los efectos especiales de una producción para denominar la talla de esta, en si hay caras guapas, desnudos, sexo, intriga,.... Parece solo importar eso para que una obra triunfe socialmente en el mundo actual. Cuando tenemos la gran suerte de reencontrarnos con algo tan original, tan humano, tan virtuoso como es The Office, debemos ser agradecidos.

The Office nos traslada a un mundo realista, un mundo sin pretensiones, un mundo en el que viven cientos y cientos de personas, como es una oficina. Bueno en esta oficina no esperen encontrar asesinatos, robos, terremotos, incendios o cualquier cosa que no sea vender papel. Y es así, el marco simplista en el que se encuadra The Office nos sumerge de lleno en sus personajes, confraternizando con ellos, identificándose con ellos, aprendiendo de ellos y hasta mucha de las veces sufriendo por y con ellos. Claro esta, la cosa no es tan simple como poner unos personajes en una oficina y ponerse a grabar. Los genios de Gervais y Merchant juegan constantemente con la cámara para engatusarnos, haciéndonos participes en las conversaciones como un espectador presente. Muchas de las veces oiremos conversaciones de primera mano, otras espiaremos desde detrás de una persiana y por supuesto en ocasiones conversaremos mano a mano preguntando incluso lo que queremos saber de los personajes individualmente.

Lejos ya de la puesta en escena, The Office ofrece muchísimo más, si aún podría caber en el lote. The Office nos deslumbrará con guiones míticos que nos llevaran a experimentar todo tipo de sensaciones. Reiremos como nunca, nos escandalizaremos, sentiremos compasión y por supuesto muchas de las ocasiones veremos como brota esa lagrima interior y nos derrumbaremos. Ver The Office se convertirá en toda una experiencia cargada de emociones.

Otra de las cosas que podemos añadir a esta fabulosa serie son las interpretaciones. Los actores encarnan los personajes de forma maravillosa que puede que hasta los encasillemos de por vida en esos papeles. El juego con la cámara y como varían las posturas de los personajes cuando son observados nos traslada a un mundo mágico.

Por último decir, que realmente es indispensable verla en versión original, no solo por que se potencian los diálogos si tienes un poco de dominio del inglés o porque las interpretaciones sean más fieles sino porque en la versión doblada cortan 10 minutos de metraje. No se realmente quien haría tal barbarie en contra de una genialidad de tal calibre, pero desde mi gusto crítico destruye por completo la obra.

Les presento The Office, una de las mejores obras de las que van a poder disfrutar que aunque les parezca raro me atrevo a decir que ya rompió la barrera del tiempo.
Ian
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6 de noviembre de 2009
21 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
...porque es lo que consigue este mediocre jefe en su oficina cada vez que se empeña en ser gracioso: caras largas, silencios incómodos, y sobre todo, una sensación de ridículo tan bochornosa que incluso hasta a mi me hacía apartar la mirada para no ver la reacción del resto de personas de su oficina.

Reconozco que en el primer episodio no terminaba de pillar muy bien el tipo de humor que se gasta Ricky Gervais (que hace de jefe y co-protagonista principal) y Stephen Merchant. Sin embargo, tiene algo que atrapa y terminas queriendo más:

- Personajes muy bien caracterizados y que actúan con mucha naturalidad al suponerse que la cámara les está filmando.

- Los episodios son autoconclusivos, si bien en cada episodio que ves terminas sabiendo más de los personajes y las frikadas de cada uno, lo que la hace bastante dinámica a pesar de desarrollarse mayoritariamente en el interior de una oficina.

- Pinceladas de drama que sirven de contrapunto al humor, sin caer en ningún momento en la cursilería.

- Una preciosa historia de amor, muy real y emotiva, que hace que estés deseando ver como acaba y le pone la guinda a un final muy acertado.

- 14 episodios, 12 de los cuales duran unos 28 minutos y los 2 episodios finales alrededor de 45 minutos; lo cual no permite darte tiempo a cansarte de las payasadas que ves.

No apta para todos los públicos. Quien sienta curiosidad por saber a lo que se expone, que vea el primer episodio y podrá hacerse una idea de su formato, porque el resto de episodios siguen la misma línea.

Un saludo.
Autillo
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9 de diciembre de 2009
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
The office (UK) comienza precisamente en donde acaban la mayoría de las series, en el patetismo y la autocrítica; de ahí mismo es donde Ricky Gervais y Stephen Merchant aprovechan la originalidad del absurdo para llevar a nuestra rutinaria vida, una oficina cualquiera de una empresa cualquiera, el humor de lo sobresaliente y lo estrafalario como evasión de un espacio oscuro, monótono y maquinizado, canalizando todo nuestro odio en su catarsis, camino glorioso hacia escenas gloriosas y, también, a una historia de un amor imposible con el siempre idílico resquicio de la esperanza, amén de convertirse, justo al final, en un mágico cuento de hadas –el amor–, rompiendo el cansancio de esas cámaras pegadas a trabajadores cansinos y hastiados, rompiendo los moldes de un escenario completamente gris y obtuso donde los más variopintos personajes se juntan para dar lugar a un circo –el humor–. Esos son los dos pilares sobre los que se recrean los directores y donde un reparto de actores desconocidos hace maravillas y delicia con sus expresiones, palabras, y actos. Es importante rescatar el humor, y más si se hace de una forma tan hermosa y justa. Dos temporadas perfectas, con dos capítulos finales que sobrepasan lo perfecto. Martin Freeman comenta fuera de la serie que cuando se retransmitió el último episodio, su móvil sonó más de quince veces. Eran amigos que le decían “estoy llorando”. Pues bien, eso es todo: la ironía del humor y el llanto en clave de arte. De la risa a la lágrima sólo te llevan los genios de la mano, Ricky Gervais lo hace no sólo dentro de cámara, sino también fuera de ella, seguramente ahí resida la magia de que haya salido lo que ha salido: una obraza inclasificable.
Jecholls
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