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El fantasma y la señora Muir

7,7
5.806
votos
Sinopsis
Lucy Muir es una joven viuda que decide irse a vivir a orillas del mar, a una casa encantada que perteneció al capitán Gegg, un marinero cuyo fantasma se le aparece. Al principio, el capitán utiliza los mismos trucos que le sirvieron para librarse de otros inquilinos, pero con Lucy no funcionan. (FILMAFFINITY)
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17 de febrero de 2006
79 de 85 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tercer largo de Mankiewicz, basado en la novela homónima (1945) de R.A. Dick, pseudónimo de Josephine Aimée Leslie. Se rodó en Carmel-by-the-Sea y Palos Verdes (California) y en estudio. Fue nominada al Oscar a la mejor fotografía en blanco y negro. Se estrenó el 26-VII-1947. El productor fue Fred Kolhman.

La acción tiene lugar en los primeros años del s XX, en Londres y en el chalé "La gaviota", situado frente al mar en el término de Whitecliff, en la costa sur de Inglaterra. Narra la historia de una viuda joven, Lucy Muir (Gene Tierney), madre de una niña de unos 5 años, Anna (Natalie Wood), que decide dejar la casa de la suegra en Londres para ir a vivir en un lugar próximo al mar. Elige una vivienda aislada, acristalada y luminosa, en la que vive el fantasma de su antiguo propietario, el capitán Daniel Gregg (Rex Harrison).

La película muestra cómo una relación entre un hombre y una mujer puede evolucionar desde el enfrantamiento a la amistad y al amor. En ello tiene un papel determinante la fortaleza y la habilidad de Lucy para dominar a un fantasma iracundo. La exploración de los arcanos del amor humano es objeto de tratamiento en obras posteriores del autor. Lucy debe elegir entre el amor físico y tangible de Miles y el amor intangible y espiritual de Daniel. En el primero encontrará satisfacción carnal y en el segundo, un amor lleno de pasión emocional y plenitud espiritual. No se aclara si Daniel es un producto de la mente de Lucy y Anna, alimentada por el entorno, o es una realidad sobrenaural auténtica. La película combina varios géneros: comienza como una pieza de horror, continúa como una comedia romántica ligera y termina como un relato fantástico. Son destacables las escenas del baño en la playa, el primer encuentro visual de Lucy y Daniel y la despedida de la suegra y la cuñada.

La música, de Bernard Herrman ("Vértigo") se integra de tal modo en la narración que pasa a formar parte de ella. La partitura es de aire intensamente romántico. Evoca misterio, intriga, turbulencias, calma y amor. La fotografía, de Charles Lang, luce un excelente dibujo, marcado por la combinación de luces, sombras, reflejos, brillos y contraluces. La cámara se mueve con agilidad para encontrar los detalles a destacar. Las vistas panorámicas amplias son fuente de imágenes de gran hermosura. Resalta la belleza serena y limpia de la protagonista. El guión explora las relaciones amorosas con brillantez. Puntea el metraje con humor, que humaniza al fantasma y hace grato el relato. La interpretación de Gene Tierney es, posiblemente, la mejor de su carrera. Harrison y Sanders ofrecen intervenciones magníficas. Se agradece la presencia de Natalie Wood, de 8 años, como Anna niña. La dirección construye una obra sorprendente, que sumerge al espectador en un mundo cautivador de amor y fantasía.

Película de magnífica fotografía, excelente música y grandes interpretaciones. Pletórica de fantasía y fino humor, cuenta una singular historia de amor.
Miquel
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31 de octubre de 2008
66 de 77 usuarios han encontrado esta crítica útil
Querida Lucy,

somos un destello de tiempo entre dos abismos de triste inmaterialidad: ayer, mañana.

Si sólo poseemos el presente, ¿cómo amarnos?, ¿en qué barco o luna pasajera?, ¿en qué caricias de papel?

Caminamos separadamente, por el anverso y el reverso de una misma hoja en blanco inacabable. Olvidamos, sabiendo que del otro lado de la hoja está el vacío.

===

Mi querida Lucía,

tú eres y yo fui. Levantemos juntos un puente de palabras. Crucemos de la mano su lectura.

===

Lucía, Lucía,

no digas que fue un sueño.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Servadac
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9 de noviembre de 2009
53 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
O puede que sí.
¿Se puede romper un corazón que ha dejado de latir? Esta es una de las frases más bonitas que he escuchado en una banda sonora. En la de "La novia cadáver", de Tim Burton.
Porque si algo tienen en común ambas películas tan diferentes es el amor más allá de la vida y de la muerte.
El capitán Gregg está muerto, pero ha decidido seguir vagando por la dimensión de los vivos para no separarse de sus recuerdos de lobo de mar. Sólo hace notar su presencia cuando hay intrusos que invaden su antigua casa, y no precisamente para darles la bienvenida. Pero un día llega la señora Muir.
Ni siquiera un espíritu huraño como el del difunto capitán Gregg puede sustraerse al extraordinario imán de una bella entre las bellas.
El romance surge impronunciable, secreto, entre miradas acariciadoras, chispas, palabras que hablan de un mar próximo y lejano, de sueños y de recuerdos, pero, sobre todo, en silencio, de tantas cosas que se perderán sin haberlas vivido.
El capitán siempre añorará todo lo que no podrá contemplar junto a ella.
Deseará no estar muerto.
Rex Harrison, atrayente como nunca me lo había parecido antes, borda a ese capitán de modales toscos y ojos de fuego que encarna la personificación de la aventura y de lo irresistible.
Gene Tierney es pura hermosura exótica y más que sobresaliente, en el papel de una mujer testaruda e independiente que encuentra al hombre de su vida de una manera muy peculiar.
O tal vez soñó que lo encontraba.
Como podría soñarlo cualquiera.
A lo mejor el capitán Gregg es el espejismo de ese amor que esperamos encontrar.
Aquí tenemos también un trasfondo de soledad. Ese océano vasto que subraya lo desconocido y lo peligroso, portador de un aura romántica y temible, pero que también es la bandera de los solitarios. Como Lucy y como Daniel. Almas en busca de compañía. Qué más da estar vivo, o muerto.
Bernard Herrmann, sublime. Poniendo el marco musical idóneo a un precioso romance ultraterrenal.
Puede que amar no sea sólo privilegio de los vivos.
Vivoleyendo
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30 de marzo de 2008
51 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los seres humanos viven en la esfera del tiempo; los espíritus, en la eternidad.
¿Es posible el amor entre ellos, dado que la muerte separa sus respectivos mundos?
Sobre esta pregunta dramática se asienta con melancólico aplomo el film de Mankiewicz.
La joven viuda Muir, Lucía (G.Tierney), al abandonar Londres con su pequeña hija (Natalie Wood diminuta) para alejarse de la familia política, del mundanal ruido de las cuñadas, llega hasta 'La Gaviota', una casa solitaria en los acantilados de Whitecliff-by-the-Sea, y queda fascinada por su "espíritu", aunque éste ha ahuyentado a varios inquilinos anteriores.
El espíritu se concreta en una voz, la de un lobo de mar, el capitán Gregg, último dueño de la mansión. Es inmaterial e intangible, pero la película le dota de figura, la de un apuesto Rex Harrison.
Ansiosa por instalarse, la viuda demuestra ser valerosa y tenaz. El intemperante marino cede en su plan de echarla, y se llega a un momentáneo equilibrio. La casa acepta a las nuevas inquilinas y el espíritu se estabiliza como una presencia hogareña.
Pero la señora Muir no es una muerta. Pertenece a un mundo con acontecimientos que se suceden en el tiempo, hacia un largo futuro hecho de anhelos: la hija que crece, la necesidad de ingresos, los negocios en la ciudad: mundo de los vivos, de los incluso-demasiado-vivos...
El campo del capitán Gregg es la eternidad, donde no se siente el escozor de los celos, ni la punzada de la nostalgia.
Para atenuar esa nostalgia que late constantemente mientras los hechos van ocurriendo, todo en el film es elegante y vigorosa melancolía. Buena parte la crean la envolvente música romántica de Herrmann, maravillosa (incluye significativa cita del 'Adagio' de Samuel Barber), y la fotografía de Charles Lang, contribución también inigualable.
De los acantilados blancos procede otra música, que se adivina: el oleaje rítmico, su rumor constante.
Desde 'La Gaviota', un catalejo bien lustrado apunta siempre hacia el horizonte, la frontera de ultramar. De allí, y sin la menor ostentación, parece obtener profundidad esta inmensa película.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Archilupo
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24 de septiembre de 2008
35 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
“No te leas la sinopsis por que no tiene nada que ver con lo que te vas a encontrar”. Eso fue lo que me dijo quien me pasó la película para que la viera, y le hice caso. Pues lo que describe la contraportada del DVD poco tiene que ver con la maravilla que es.

“El fantasma y la señora Muir” es una de las historias de amor mejor contadas. De manera cruzada y con un ritmo pausado (pero en absoluto lento) que da tiempo a que el espectador pueda digerir todo con tranquilidad, presenta distintos tipos de relaciones afectivas.
El amor entregado y poderoso de una madre, el amor falso, el amor primero, y como no, el amor verdadero, el platónico, el que siempre será y nada, absolutamente nada podrá destruir.
Todo bien envuelto en un halo romántico digno del mejor de los retratos finiseculares, el fantasma, la casa en el campo, la fotografía, los contrastes de luces y sombras, ¿A quién no le viene a la mente la pintura romántica mientras observa las vistas a través los ventanales del hermoso dormitorio de Lucia?
Y al mismo tiempo todo está sutilmente marcado por la modernidad que se muestra a través del personaje de Lucy. La señora Muir en más de una ocasión nos recuerda con su fuerte carácter, su imagen de mujer adelantada a un tiempo que parece atrapar al resto de personajes. Estos a pesar de ser simples (que no simplones) están bien dibujados, son amables, cercanos, tiernos, incluso aquellos que podrían resultar desagradables se construyen de tal manera que acabas compadeciéndote de ellos.

Es una historia de amor no al uso pero la única que realmente perdurará por toda la eternidad.

En definitiva, una bella película que no creo tarde en volver a ver.
Jackie_Brown
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