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El amor después del mediodía

7,6
1.816
votos
Sinopsis
Un joven ejecutivo encuentra a un antiguo amor que hace tambalear la estabilidad de su matrimonio. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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16 de mayo de 2009
41 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sexto y último film de la serie “Los cuentos morales”, de Éric Rohmer (Nancy, 4-IV-1920). El guión es original del propio Éric Rohmer. Se rueda en escenarios reales de París y en estudio. Producido por Pierre Cottrell y Barbet Schroeder para Les Films du Losange, se estrena el 29-IX-1972 (Francia).

La acción dramática tiene lugar en Paris entre enero y mayo de 1972. Frédéric (B. Verley) es un joven abogado, casado felizmente con Hélène (F. Verley). Son padres de una niña y esperan el nacimiento del segundo hijo. Viven en la periferia de Paris en un barrio de profesionales de clase media. Frédéric trabaja en Paris, donde comparte despacho con Gérard (Ceccaldi). Un día recibe la visita inesperada de Chloe (Zouzou), antigua novia de un amigo, a la que no veía desde hacía 6 años. Frédéric es serio, formal, responsable, constante y leal. No ha engañado nunca a su mujer. Es aficionado a la lectura, le encanta la ciudad (que le relaja y le permite ensimismarse en sus pensamientos) y trata de enriquecer su vida rutinaria fantaseando con las mujeres hermosas que ve por la calle. Chloe es inestable, impulsiva, voluble, sensual, atractiva, frágil, voluntariosa, seductora y de ideas muy liberales sobre el amor y el sexo. Cree en el amor libre, cambia de pareja con frecuencia y quiere un hijo sin padre, que sea sólo suyo. Piensa que la poligamia sucesiva es un derecho natural del varón y que la poliandria sucesiva es el derecho equivalente de la mujer.

El film suma al drama elementos de romance, comedia y fantasía. Analiza el amor de pareja estable después de 3 o 4 años de vida en común. Desarrolla un análisis tranquilo, sereno, natural y desapasionado. La vida rutinaria de una pareja estable no es ni un paraíso de felicidad, ni una vida de muerte en vida. De igual modo, la vida de parejas efímeras y sucesivas, basadas en el amor libre y la ausencia de compromisos, no colma las ansias humanas de felicidad, ni es la solución óptima y válida para todos. Frédéric cree que la fidelidad es importante en la pareja y que vale la pena luchar por ella. Los sacrificios que exige se ven sobradamente compensados por sus ventajas. Chloe desprecia la vida tranquila y rutinaria de la pareja burguesa y cree en la superioridad de la vida bohemia y de las experiencias sexuales múltiples.

La narración se hace desde el punto de vista de Frédéric, al que corresponden los papeles de protagonista masculino y narrador. La acción avanza a impulsos de pequeños detalles y de situaciones comunes, exentas de connotaciones altisonantes o exageradas. Con la ayuda de unos personajes complejos y en parte contradictorios, de gran densidad psicológica, el realizador compone una interesante y bien elabora exploración interior de los mismos. Sus relaciones evolucionan y avanzan con suave gradualidad y profundidad.

(Sigue en el “spoiler” sin desvelar partes del argumento)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Miquel
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11 de junio de 2009
32 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
El director francés minimalista, cotidiano y experto en explorar las mentes y las almas de sus sujetos, me ha proporcionado una más que agradable velada con las obsesiones, las dudas y las tentaciones que asaltan a un hombre casado. Los espectadores somos los observadores y los confidentes de sus pensamientos más íntimos, de su devenir diario y de sus secretos.
La desarmante sencillez y la espléndida naturalidad en todos los aspectos (guión, narración, interpretación de los actores, fofografía, puesta en escena, música...) hacen de este drama (porque yo más bien lo definiría como drama, mucho más que como comedia) uno de los mejores de toda la carrera fílmica de Rohmer.
Nos encontramos cara a cara con las reflexiones que cualquiera que esté atravesando por la etapa del protagonista elaboraría en su mente. Un discurso personal desgranado con una lucidez deslumbradora. Su amor por su mujer, en la que cree ver a todas las mujeres. Su callado y vivo interés por todas las que contempla por la calle, con las que comparte un instante de reconocimiento y atracción absoluta en el intervalo en que sus ojos se cruzan para continuar inmediatamente cada uno por su lado.
Es feliz en su matrimonio y con su hija, pero la estabilidad y la seguridad de su situación inyectan en él la sombra de las tentaciones, de la aventura, imagina cruces pasajeros con féminas cuyo aliciente es empaparse de ellas brevemente, sin un mañana. Estar casado con su esposa le ofrece ese mañana tranquilizador, que no necesita en sus roces imaginarios con beldades tan sensuales como desconocidas.
La repentina aparición de una antigua amiga despertará con intensidad esos deseos ocultos, le hará flirtear con los bordes del adulterio...
Un hombre casado, joven y atractivo, que advierte sobre sí la opresión del mediodía simbólico de su vida matrimonial estable, y de esos mediodías melancólicos del burgués trabajador que almuerza en solitario en el mismo café de siempre, mirando por los ventanales a los transeúntes, destellos fugaces de vidas que él no podrá conocer.
Esos mediodías en los que las horas muertas del paréntesis en el trabajo le hacen sentirse extrañamente solo y al miemo tiempo acompañado por la multitud que desfila incesantemente al otro lado del ventanal.
Esos mediodías en los que su anhelo más íntimo es poseer a todas las mujeres del mundo, en los que rozar lo prohibido con Chloé y dejar de representar el papel de marido para ser, simplemente, el hombre que en el fondo es.
Vivoleyendo
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1 de diciembre de 2006
18 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando acabo de ver esta película me quedo con la sensación de haber visto una obra de un acabado perfecto. Que borda su propio discurso y lo proyectado por el director. Donde nada falta ni sobra. Pero el que no pueda reprochar nada a esta cinta, no explica esa sensación de perfección que nombré antes. Supongo que ese acabado se deberá a la destreza del realizador a la hora de usar determinados recursos cinematográficos, que a mi, como simple aficionado al cine, se me escapan, siendo materia para cinéfilos mas versados o sesudos estudiosos del séptimo arte.
Acabaré recomendando esta película por la simple razón de que me ha encantado.
irian hallstatt
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16 de septiembre de 2008
13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿ Que pasa por la cabeza de un hombre, felizmente casado cuando se siente atraído por otras mujeres, con las que ni tan siquiera ha hablado ni conoce de nada?
Esto es lo que le pasa al personaje protagonista de el amor después del mediodía, del genio Rohmer, en sus cuentos morales número seis.
Muy, muy buena película sino la mejor aunque tiene unas cuantas del sensacional director francés.
Recomendada para los amantes del cine de autor con mayúsculas.
A destacar la escena final en la habitación, junto con los diálogos.
Chapó, maestro Rohmer.
Rohmer
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24 de febrero de 2010
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
064/26(19/02/10) Eric Rohmer nos ofrece aquí el último ‘Cuento moral’, una magnífica reflexión sobre la tentación de la infidelidad, de cómo un hombre de vida acomodada, Frederic (Bernard Verley) casado felizmente con un hijo, puede llegar a ser acariciado por la manzana de del paraíso, pues él es un ‘Adán’ que se encuentra en el Edén, que es París, su ciudad ideal, tiene todo lo que desea, pero ‘La serpiente-demonio’ que es una vida tan plena como rutinaria le ofrece en bandeja ’El Fruto Prohibido’ que es la bella y sexy Chloe (deliciosa Zoezoe). El argumento gira en torno a Frederic , un joven abogado parisino, casado y con una hija, son felices, es un tipo que fantasea con las mujeres que ve por la calle, pero sin plantearse en serio engañar a la esposa, solo es una especie de juego inocente, pero un día aparece una antigua amiga, Chloe, hacía seis años que no la veía, ella es todo lo contrario que él, es vehemente, fogosa, sensual, insegura y partidaria del amor libre, sin posesiones ni ataduras, y que anhela al hombre que no puede alcanzar, comienza a establecerse entre ellos una relación que está destinada al adulterio. Como en Rohmer es habitual realiza una puesta en escena minimalista apoyado en la gran fotografía del español Néstor Almendros, que en los momentos de tentación se produce en lugares pequeños para resaltar la sensación de claustrofobia anímica del protagonista. El film posee algunas escenas de una delicadeza exquisita, como botón de muestra cuando juega Frederic con su bebe, subiéndose el jersey a la cabeza, para después conectarlo con otra escena en la que se ve él en la misma situación y es lo que le hace reflexionar sobre lo que está a punto de hacer. La historia es la eterna confrontación entre la fidelidad, la monogamia frente a amor libre, almas bohemias. La cinta se mueve por los lugares comunes que transita el director francés, es decir, gente sin problemas económicos, burgueses cultos, que se debaten en un mar de dudas filosóficas éticas. Recomendable a los que gusten del cine reflexivo de Rohmer. Fuerza y honor!!!
TOM REGAN
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