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| 6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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A parte de si filósofos tenían razón o no (no me interesa), personalmente creo que la pregunta por el sentido de la vida tiene razón de ser cuando se tiene delante a la misma muerte. Si vamos a morir, entonces nos preguntamos por qué o para qué vivimos.
Scott (Grant Williams) parece sufrirlo mejor que nadie. Sólo que él no muere… empequeñece. Y su disminución es tan inexplicable, imponente, angustiosa y fatal como la muerte. Lo arranca poco a poco de la vida que lleva. De su trabajo, de su mujer, de su supuesto dominio del mundo, de sí mismo.
Su lucha contra la muerte (perdón: contra su merma) se traduce en demostrarse a sí mismo que sigue siendo capaz de dominar su mundo. Porque esa es la imagen que tenía Scott de sí mismo antes de su funesto encuentro con la niebla. Orgulloso hombre de “su” yate, de “su” mujer, de su éxito. “American Dream” de los años 50. Aunque tampoco ha llovido mucho desde entonces. De hecho, parece ser el camino por excelencia de autoafirmación humana desde los inicios de la hominización. Somos “homo faber”.
Ergo, tanto antes como ahora, ahora ante la muerte, Scott sólo es capaz de confirmar su identidad como “hombre”, dominando. Domina su angustia escribiendo. Domina a su mujer desde su casa de muñecas (una simbólica metáfora sobre la impotencia y la tiranía doméstica). Domina el sótano con los instrumentos que fundaron la civilización y disputa con las bestias la supremacía de su humanidad. Porque ante todo se trata de no menguar más, de no morir.
Cuanto más dominio, más humano; cuanto más humano, más soledad. La desquiciante huida hacia delante no le brinda la paz. El espíritu de dominio le impide ver verdaderos valores. El amor de su mujer. El calor de la amistad. “El cielo es igual de azul para los enanos”. Desde el sótano, contempla con anhelo, a través de una rejilla (otra brillante metáfora sobre los estrechos parámetros de la mentalidad humana), un pájaro en libertad, en medio de la naturaleza. Pájaro y hombre. Naturaleza y dominio. Libertad inalcanzable y esclavitud paradójica. Como humano, es capaz de soñar la paz y la libertad pero no de alcanzarlas.
Sólo cuando acepta lo inevitable, cuando se acepta a sí mismo, cuando es capaz de renunciar a su dominio y a la falsa imagen que se desprende de éste, Scott es capaz de vencer la prisión que se ha autoimpuesto. Y reconciliarse, así, con la vida y el mundo.
“El increíble hombre menguante” es una película maravillosa, una de mis favoritas… y del que “La mosca” (David Cronenberg, 1986) es su oscuro reverso.
Especialista Mike 
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Normelvis Bates
Suena Wagner y tengo ganas de invadir (Polonia)
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Su valoración:  |
1 de Septiembre de 2009 |
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Qué entrañable película. Recuerdo como si hubiera sido ayer la impresión que me produjo la primera vez que la vi, en “Mis terrores favoritos”, aquella estupenda selección de clásicos del cine fantástico, el terror y la ciencia ficción que presentaban Chicho Ibáñez Serrador y Luisa Armenteros allá por los primeros 80, y aunque no estoy muy seguro, creo que hasta hace unos días no había vuelto a verla. No me ha defraudado. En el interior del bonito estuche metálico con libreto incluido con que la han reeditado, se oculta una película que apenas necesita de sus simpáticos efectos especiales o de giros argumentales sorpresivos para trasladar al espectador a un territorio de horror primigenio, al tuétano mismo de uno de los miedos primordiales del ser humano: su completa desaparición física (vivida aquí, en una cruel vuelta de tuerca, a cámara lenta) y su disolución final en el universo.
La excusa argumental, como en tantas otras películas de género de la época, es lo de menos y se despacha en unos pocos fotogramas: la exposición de protagonista, durante unos breves segundos, a una extraña nube tóxica, que aparece súbitamente enmedio del mar y con cuyo origen apenas se especula, es la culpable de que el pobre Scott Carey vaya encogiendo hasta quedar reducido al tamaño de un diminuto insecto. Lo que me ha parecido más interesante de la película, sin embargo, no ha sido tanto, vista ahora, la parte fantástica del brillante guión de Richard Matheson, que no deja de ser una mera convención del género al cual pertenece, sino el alto grado de amargo realismo de sus consecuencias, el drama doméstico que desencadena la enfermedad de Carey, los cambios de humor y la irascibilidad del protagonista, su inmensa soledad, solo aplacada por el breve oasis que supone su amistad con una enana de circo, las trifulcas conyugales con una esposa tan estoica y sacrificada que el espectador siente que la supuesta muerte de su marido es para ella más una liberación que una tragedia. Este realismo adquiere, además, tintes de cruda sátira social si pensamos en el perfil del personaje principal, el típico americano nacido y educado para triunfar en la vida, un exitoso y acomodado publicista, con una hermosa esposa, una bonita casa con jardín y un adorable gato, muy en la línea de los protagonistas de las novelas de Richard Yates o los cuentos de John Cheever y semejante a personajes como el de Dennis Quaid en “Lejos del cielo”, que ve cómo su vida pasa de ser un plácido crucero en yate a un espantoso e interminable naufragio en el sótano de su casa, donde se ve obligado a despertar su ingenio, adormecido por la clase de vida que la sociedad le había impuesto hasta entonces, para no correr el riesgo de ser aniquilado y reducido a la nada por un universo hostil que conspira constantemente contra su existencia.
Tres hurras, pues, por esta película, y un minuto de silencio por el alma del pobre Scott Carey, esté donde esté y sea cual sea su tamaño.
Normelvis Bates 
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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ANTOINE
PALENCIA (España)
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Su valoración:  |
23 de Enero de 2006 |
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El infortunado Scott Carey (Grant Williams) padece una extraña enfermedad, que poco a poco va reduciendo su tamaño, hasta convertirle en un liliputiense que nos hace evocar la simpática historia de "Gulliver en el país de los gigantes", del maestro de novelas de aventuras que fue Jonathan Swift, aunque esta historia es muy distinta y se basa en una novela del propio guionista (Richard Matheson). Podemos imaginarnos la impresión que produce un fenómeno como éste, pero seguramente no igualaríamos la rica imaginativa que se desarrolla en esta película de aventuras y ciencia ficción que dirige magistralmente Jack Arnold. Multitud de efectos especiales y trucajes cuya perfección aún puede admirarse si se tiene en cuenta la época en que se produjo la película, con muchas escenas impactantes (de las que destacaría, como más espectaculares, las contiendas del diminuto héroe contra un gato y contra una araña, que, a su lado, parecen imponentes y feroces gigantes). Una auténtica delicia.
ANTOINE 
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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manulynk
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
2 de Mayo de 2008 |
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Durante los años de la guerra fría, además de los típicos films de espías, creció y se desarrolló dentro de cine fantástico un género, o más bien subgénero, de bajo presupuesto (o série B) en el que, normalmente, el hombre era amenzado por un agente exterior (alienígenas, o bichos radioactivos diversos.
Dichos films, además de la modestia en el presupuesto, también compartían una cierta modestia en los argumentos y desarrollos de la historia, aunque de lo que andaban más sobrados era de imaginación. El director Jack Arnold, con este film dió una vuelta de tuerca al género para ofrecernos un film que partía desde un planteamiento diferente
El protagonista del film, Scott Carey (Grant Williams), mientras está veraneando junto a su mujer, es afectado por unas gotas radioactivas. A raíz de esa "lluvia", sufre un cambio molecular que le hace disminuir de tamaño contínuamente.
Todo el film está planteado y estudiado a partir de este hecho. A medida que el protagonista empequeñece, el resto de los objetos de su hogar crecen. Esto lo plantea en diversas fases, por las que vamos asistiendo paulatinamente. Arnold nos ofrece una puesta en escena ejemplar, perfectamente estudiada, y con unos efectos especiales realizados de forma artesanal pero tremendamente efectivos, con los que consigue captar el interés del espectador por la suerte de su protagonista. De hecho esta es la base del film ya que no encontraremos caras conocidas en el reparto, por lo que prestamos más atención al hecho en sí, que no a los personajes.
Por otro lado,
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: el director nos hace ver cómo a medida que el protagonista mengua, su hogar y los objetos cotidianos que le rodean, que en principio deberían ser los que deberían proporcionarle seguridad, se van tornando cada vez más amenazantes: una trampa para ratones, un teléfono, unas tijeras, una pequeña fuga de agua, etc. Hasta incluso los animales domésticos (el gato que tienen) o una inocente araña, se convierten en enemigos feroces (todo ello mostrado con una técnica totalmente artesanal y mucha imaginación). Aquí radica la originalidad del film, no son extraterrestres ni personajes extraños sino que es la misma amenaza de lo cotidiano con lo que nos crea un gran desasosiego.
De esta forma, Arnold ofreció un film fantástico, dotado de gran originalidad, que en realidad no se parecía a nada de lo visto hasta entonces, y que de hecho no se parece a nada de lo visto después. Aún así es una verdadera joya del llamado cine fantástico de série B.
manulynk 
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Ariesmarlon
Santa Cruz de Tenerife (España)
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Su valoración:  |
12 de Julio de 2011 |
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Inolvidable e imprescindible obra maestra del cine fantástico del irregular Jack Arnold, que se
apoya en el guión del gran Richard Matheson, de su propia novela homónima, con el que
logra esta joya de la serie B, que entre otras cosas presume de sencillos pero geniales
efectos especiales para la época. Fascinante pesadilla, denuncia contaminante y lucha
por la supervivencia con bastante ingenio por parte del protagonista, que nos narra
en voz en off, esta agónica y apasionante historia, amenizada con una inquietante
música por parte de Joseph Gersgenson acompañada por solos de trompeta a
cargo del trompetista Ray Anthony. Original y modesta propuesta de cine
fantástico y de ficción, abismal tanto en lo grande como en lo pequeño,
en sus iconicas imágenes cinéfilas de película de culto en su género.
Desde que comienza este clásico lo que menos hace es menguar,
si no todo lo contrario, aumenta en emoción e incertidumbre
hasta terminar con un reflexivo y memorable discurso final.
Gigante y espléndido Jack Arnold en lo que sin lugar a
dudas fue su mejor trabajo para la gran pantalla.
Encantadora y entretenida "miniatura" de la
Universal Pictures, un ejercicio de
ingenio digno de ver.
Muy buena.
Fin
Ariesmarlon 
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