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| 87 de 106 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
5 de Julio de 2007 |
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Aplastantemente dura película sobre la decisión de un hombre de morir bebiendo. Es la historia de un hombre que, de alguna manera, acabó enganchado al alcohol de tal forma, que ha entrado en un camino sin retorno y ha elegido la manera en la que va a morir. El alcohol es su vida, su musa, su dolor y su condena.
Él decide dejarlo todo y marcharse a Las Vegas para vivir al límite hasta que su cuerpo no lo soporte más. Allí, conoce a Sera, una chica que se dedica a la prostitución. Es una chica dulce y amable, que no puede evitar sentir lástima por el protagonista y acaba enamorándose de él, acompañándole en su tristísimo descenso hacia los infiernos y la muerte.
La oscuridad y el tenebrismo de la fotografía en los muchos planos nocturnos, los duros y oníricos delirios etílicos del protagonista, la castigada vida cotidiana de la prostituta, que tiene que soportar los malos tratos y las humillaciones a que la someten sus clientes, la conmovedora y penosa relación sin esperanzas que se establece entre los dos, el infructuoso intento de ella por sacarlo del abismo... Mientras él acepta la compañía de ella sin darle falsas esperanzas y ella decide permanecer a su lado pese a todo... Toda la trama es mucho más trágica de lo que se pueda describir con palabras.
Es la historia, en definitiva, de dos desheredados, dos despojos de la sociedad que encuentran consuelo mutuo en su desamparo y que asumen con entereza las consecuencias de las decisiones que han tomado en sus vidas. Es la extraña y frágil dignidad de dos ángeles caídos, dos personas sepultadas en el infierno por propia voluntad o por las circunstancias.
Provoca muchos sentimientos encontrados, una gran confusión dentro de nosotros los espectadores (que vaya si los provoca, nuestra conciencia no para de trabajar), y mucha amargura. Sobre todo amargura.
Toda la historia es contada en flashback a terceras personas (y a los espectadores) por Sera.
Sólo para verla con el estado de ánimo adecuado y dispuesto para soportar mucho dolor y mucha incomodidad.
Puede que muchos de ustedes no soporten su crudeza, y no es de extrañar. A mí me dejó hecha polvo.
Vivoleyendo 
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| 38 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
18 de Febrero de 2009 |
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Séptimo largometraje del realizador británico Mike Figgis (“Miss Julie”, 1999), rodado en EEUU, es su obra más acreditada. El guión, del propio Figgis, adapta la novela “Leaving Las Vegas” (1990), de John O’Brien, única del autor y de carácter autobiográfico. Se rueda en escenarios reales de California (L.A., Burbank, Santa Mónica...), Nevada (Las Vegas) y Canadá (Halifax) y en estudio, con un presupuesto ajustado de 4 M USD. Nominado a 4 Oscar, gana uno (actor, Nicolas Cage). Producido por Lila Cazés para Lumière Pictures e Initial Productions, se proyecta por primera vez en público el 15-IX-1995 (Toronto Film Festival).
La acción dramática tiene lugar en Hollywood y Las Vegas, a lo largo de unas semanas, en 1995. Benjamin “Ben” Sanderson, guionista, pierde el trabajo a causa de su adicción al alcohol. Recibe la noticia de su despido sin sorpresas y sin hostilidad. Se traslada a Las Vegas decidido a beber sin freno hasta morir. Elige la ciudad de Las Vegas porque en ella los bares permanecen abiertos las 24 horas del día. Allí conoce a Sera (Shue), una joven y atractiva muchacha, que trabaja como prostituta. Él es un hombre desesperado, solitario, sin familia y con deseos de que su vida acabe en poco tiempo. Ella es dulce, amable, sensual, sensible y comprensiva.
El film suma drama, alcoholismo, prostitución y romance. Superpone dos historias dramáticas, la de Ben y la de Sera. Ben se halla inmerso en un proceso acelerado de autodestrucción, del que no quiere salir ni por la vía del suicidio rápido, ni por la de someterse a un tratamiento de desintoxicación y deshabituación. Sera, proviene de una amarga experiencia sadomasoquista. Su chulo, Yuri (Sands), un inmigrante letón, desaparece súbitamente. El film explora el mundo del alcoholismo en su fase más avanzada. Muestra los niveles de autodestrucción y degradación a los que puede llegar una persona, arrastrada por la adicción al alcohol. El retrato que compone, con delirios, desvaríos etílicos y alucinaciones, es impresionante y conmovedor. La descripción es seca, cortante y despiadadamente realista. No hay hipérboles, ni artificios. Las escenas que se muestran hielan el alma. Las elipsis y la suavización de las imágenes las acompañan son las justas para evitar irritación y rechazo.
El film estudia de modo sucinto pero efectivo el mundo de la prostitución femenina. Es de gran interés la descripción del universo que la rodea, hecho de perversiones, abusos, maltratos y agresiones. La prostituta suele ser una mujer que ha tenido escasas oportunidades de educación y formación y que se ha visto obligada a ejercer una profesión degradante por coacciones, violencia o tráfico de personas. Resulta patético que haya usuarios de servicios de prostitución que pretendan justificar sus agresiones a mujeres indefensas bajo el delirante pretexto de castigar la mala conducta de éstas.
(Sigue en el “spoiler” sin desvelar partes del argumento)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: El film presenta una conmovedora historia de un amor. Muestra cómo y en qué medida, incluso en situaciones extremas de desesperación, se puede encontrar alivio y consuelo dando y recibiendo amor. El film deviene una historia singular y atípica de amor, de un amor extraordinario entre dos personas atormentadas, desasistidas y abandonadas a su suerte. Es de enorme interés la descripción que se presenta de una relación amorosa entre un hombre y una mujer, que se respetan mutuamente, que no se imponen condiciones, que se tratan con respeto y libertad.
Es admirable que en los confines de la vida, dos personas humanas no especialmente cualificadas, sepan desarrollar una relación tan limpia, transparente, libre, cautivadora y auténtica. Sorprende el estoicismo de Ben y la presencia de ánimo que exhibe. No menos admirable es la serena aceptación de la voluntad de Ben por parte de Sera, su resignación ante lo inevitable, la firmeza de su afecto y la fortaleza de su ánimo. Ella seguirá su camino, pero la vida ya no será igual, porque ha conocido el amor verdadero. Es sorprendente la definición que se hace del amor: no pone condiciones, no busca ventajas, no es interesado, no impone restricciones, no coarta la libertad de la pareja, no crea dependencias. El film explica que amor es entrega, aceptación, respeto y compañía.
Las interpretaciones de Nicolas Cage y Elisabeth Shue son magníficas. La cinta, salvadas las diferencias, guarda algunos paralelismos con “La gran comilona” (Ferreri, 1973), “Días sin huella” (Wilder, 1945) y “Días de vino y rosas” (Edwards, 1962).
La música, compuesta y seleccionada por Mike Figgis, aporta una banda sonora intensa, variada y vibrante, de 25 cortes y de aires dramáticos y trágicos. En la orquesta Mike Figgis toca la trompeta y los teclados. Añade tres canciones jazzísticas de Sting: “Angel Eyes”, “My One and Only Love” y "It's A Lonesone Old Town". Incorpora una canción (“Ridicolous”), escrita e interpretada por Nicolas Cage. La fotografía, de Declan Quinn, en color, presenta imágenes nocturnas efectistas, crea planos de gran fuerza y construye secuencias de notable dureza y realismo. La filmación se hace "in situ", sin licencias y en 16 mm a causa de limitaciones presupuestarias. La visualidad es atractiva, de fuertes contrastes y muy dinámica, pero no por ello videoclipera.
Gran film sobre el alcoholismo, la prostitución y, sobre todo, el amor verdadero.
Miquel 
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| 23 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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VALDEMAR
MADRID (España)
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Su valoración:  |
18 de Diciembre de 2008 |
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¿Alguna vez has sentido que el mundo avanza y te deja atrás?
Modesta producción, con su fotografía cutre, sus defectos de montaje, sus fallos de sonido (en ocasiones la música disminuye a 33 revoluciones), pero pese a tanto desatino técnico... una de las pocas películas que he ido a ver 2 veces al cine. (La segunda fue para quitarme el mal recuerdo de la versión doblada, que era espantosa)
Enamorarse es evitable, pero a veces nos empeñamos en que nos toca enamorarnos, y buscamos una víctima, y cuando la encontranos estamos dispuestos a darlo todo por ella, tanta es la fuerza de nuestra proyección del amor...
Dos personas sin esperanza de encontrar a alguien a quien querer o alguien que les quiera se encuentran mutuamente, y se genera un vínculo tan fuerte que cada uno axifia al otro:
- Voy a salir a trabajar, dice ella.
- Voy a matarme bebiendo, dice él.
Ambos lo aceptan... se aferran... se resignan... por que és lo único que han conseguido tener... es lo que hay.
Este es uno de los escasísimos casos en que el guión supera con creces a la novela, autobiografía de John O'Brian, que escribió los dos y se pegó un tiro antes de que la película viese la luz.
Adoro esta cinta, pese a ser demoledora, deprimente y cruel. Y pese al abominable Nicolas Cage (que no es que esté mal, es solo que no le soporto)
Y adoro a Elisabeth Shue, que hasta este momento no había pasado de chica florero de comedietas ochenteras y aquí pone los pelos de punta. Sinceramente creo que su papel es mucho más complejo que el de Cage y por desgracia mucho menos llamativo (el Oscar fue a parar al abominable)
Y adoro la Banda Sonora, compuesta por Mike Figgis (que no es otra cosa que un músico de jazz metido a director de cine en sus ratos libres) Y adoro la voz de Sting, suave y melancólica cantando la estrofa de Angel Eyes, que da título a esta crítica.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: PREGUNTA: ¿Qué es una prueba de amor?
RESPUESTA 1: Que seas alcohólico. Que le exigas a tu novia que NUNCA te pida que dejes de beber. Que al día siguiente ella te sorprenda con un regalo. Que al abrirlo te encuentres una petaca.
RESPUESTA 2: Que seas prostituta y tengas un novio alcohólico que está a punto de palmarla y que te necesita hasta para vestirse. Que un día rompas una promesa que le hiciste y le pidas que ingrese en una clínica de desintoxicación. Que él haga lo único que tú no le vas a poder perdonar.... Y tú le eches de tu casa. Y así te libere de su autodestrucción, que es la tuya.
VALDEMAR 
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| 38 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Niccólito
Ferrol (España)
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Su valoración:  |
26 de Marzo de 2007 |
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Para los que creen que perder no es un fracaso, para los que encuentran la vida oscura y triste pero hermosa, para los que pasan sus días con la mirada perdida en el ayer, olvidándose del mañana, para aquellos que creen que el dinero sólo es papel y números, para todos los que jamás cambiaron una sonrisa por un grito, para los que creen que duermen duendes en los neones de una ciudad, para quién cree que la vida dura y vale lo que dura y vale amar a alguien, para el que dijo que el amor es un sentimiento terrible y desolador que destruye a la persona hasta hacerla de papel, a sólo un paso de volar en el viento o de caer sobre el suelo bajo la lluvia y que luego de decirlo no dejó de enamorarse, para todos los que valoran el tiempo y lo saben infinito pero corto, para aquellos que le dieron la vuelta a sus pasos cuando ya veían el abismo, para los que viven en él, incapaces de salir o, simplemente, convencidos de quedarse, para el que piensa que el arte es más que un momento de alegría o diversión y que, a veces, puede envolver la vida de un sentido desconocido, para los que sienten lástima por los que sufren y por si mismos pero siguen adelante, para todo aquel que se haya sentido alguna vez en paz después de tender su mano para ayudar a alguien, para el sabio que piensa y mira a sus ojos sin dejar las sombras a un lado, para él que sueña con una casa una mujer y un hijo y para él que no también. Para todos ellos, para ti y para mi Leaving las Vegas.
Niccólito 
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| 28 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Normelvis Bates
Suena Wagner y tengo ganas de invadir (Polonia)
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Su valoración:  |
10 de Abril de 2011 |
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Antes de que nadie me acuse de tener el corazón de piedra y de ser insensible al dolor ajeno o, peor aún, de ser una recatada monjita que no tolera palabras gruesas y escenas subidas de tono, debo aclarar una cosa: me encantan el sufrimiento, las putas, los tacos y el alcohol. Que no le haya puesto a esta peli más que un aprobadito raspado no tiene nada que ver con ello. Qué va. Es más, si de mí dependiera, no habría aquí una sola puta sino varias, de diversas edades, colores y nacionalidades. Si con una sola puta guapa, rubia y bien alimentada se habla de almas heridas, de descenso a los infiernos de la soledad, etcétera, imaginaos qué estupendo efecto dramático se habría logrado con un coro de cortesanas multiétnicas, mal alimentadas, magulladas y enfermas, como las que nuestros más respetables vecinos compran cada noche en esa esquina cercana hacia la que preferimos no mirar. Elisabeth Shue, en cambio, vive en un apartamento con piscina y cocina americana, come arroz integral y, por si fuera poco, acaba entrando en el dorado paraíso de los autónomos. Maldita burguesa, ya me diréis si eso es sufrir.
En cuanto a procacidades, las hay, pero no las suficientes, y siempre acompañadas de su respectivo antídoto en forma de babas y arrumacos de tortolito. Sí, ahí está la puta explicando cómo el semen de uno de sus clientes le corría por la cara y el pelo, desgarradora experiencia donde las haya, de no ser porque la puta la remata con un calamitoso “te quiero, cariñito mío” con sintetizadores de fondo. Y así, un puñado de veces. Estoy exagerando, claro, pero ya me entendéis. A Figgis le da miedo que la puta hable y se comporte todo el rato como una puta y opta por disfrazarla de vez en cuando de Doris Day. Una catástrofe, vaya, ñoña y guarra a partes iguales. Resulta curioso, además, que haya quien se escandalice por cosas tan naturales como coitos, felaciones y pajas y no por lo mal rodadas que están, con aburridos planos frontales en los que, o mucho me engaña la vista o lo que le chupa la Shue a Cage es el ombligo, o pacatas escenas de sexo en ropa interior que hacen de “Pijama para dos” el culmen del hardcore extremo.
Alcohol lo hay en abundancia, es cierto, y de todos los tipos imaginables. Hay, además, un escritor borracho, figura folklórica donde las haya, que sirve para legitimar cualquier parida del guión porque, ya se sabe, “in vino veritas”, y más si quien suelta la frase se gana la vida tecleando y uniendo palabras, algo que, por lo visto, le reviste a uno del don de la lucidez extrema. Lo terrible del caso es que Figgis, no contento con repetir la jugada del sintetizador, apuesta por subrayar los mohínes y aspavientos de Cage con una interminable retahíla de canciones de Sting a cual más flácida y deprimente. Y, dios mío, a cámara lenta. ¿Cómo no va a beber el hombre? Ni el mismísimo Bob Esponja resistiría el dolor de semejante tortura. Y eso, con botellas de por medio, sí sería un auténtico drama, huelga decir por qué.
Normelvis Bates 
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