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El instante más oscuro

6,7
9.644
votos
Sinopsis
Drama ambientado en 1940, cuando Winston Churchill (Gary Oldman) se convierte en primer ministro británico en un momento realmente crucial de la Segunda Guerra Mundial, pues los nazis avanzan imparables conquistando prácticamente la totalidad del continente europeo y amenazando con una invasión a Inglaterra. Churchill deberá entonces explorar la posibilidad de un tratado de paz con Alemania, o ser fiel a sus ideales y luchar por la ... [+]
Críticas ordenadas por:
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12 de enero de 2018
63 de 76 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Unwanted".
Indeseado.

Así se percibía a sí mismo Churchill antes de ser nombrado primer ministro; así era percibido por el rey de Inglaterra, por su propio partido y por buena parte de la población. El desastre de Gallipolli y ciertas acciones que llevaron a la muerte por fuego de varios anarquistas lo pusieron en solfa, así como sus actitudes hacia las huelgas mineras debido a la ojeriza que tenía a los sindicatos anarquistas, socialistas y comunistas.
Pero era el único que, a parte de Hallifax, podía tolerar la oposición cuando se descabeza a Chamberlain.

La película parte en este punto y termina con el salvamento de Dunquerke. Entre tanto, podemos disfrutar de una fotografía maravillosa que remarca los claroscuros al más puro estilo de Rembrandt o Velázquez; de una banda sonora correcta y de una cinemática que tiene sus momentos más logrados en los discursos en el Parlamento.

Sin embargo, lo más destacable son las palabras y quien las pronuncia, pues fueron sus discursos (según la película, no según la Historia), las que hiceron del 'Never Give Up' ("No rendirse jamás") casi un lema nacional.
Y es Gary Oldman el que se mimetiza con el personaje, tanto en dicción (asomboroso cómo lo hace. Por favor, vedla en versión original), en lenguaje corporal y en expresión facial aún bajo las extensas capas del oscarizable maquillaje. Magnífico. Lo borda en la que, creo, es la mejor actuación de los últimos quince años.
Y con Oldman es mucho decir.

Volvendo a las palabras, donde más deslumbran es en ese momento populista en el tren, muy bien filmado y guionizado, y en las dos arengas finales, que llegan a emocionar por más palpable que sea la manipulación emocional en la que se basa la susodicha escena del tren, pues es bien sabido que el propio Churchill era firme defensor de una coalición anticomunista y para eso estaba disspuesto a pactar con la Alemania nazi bastante antes de que pasara todo esto. Concretamente, en una reunión mantenida en 1938, Von Ribbentrop (embajador de Alemania en el Reino Unido), ya le confía a Churchill que Alemania iba a invadir la URSS. Y no dice nada. Es más, se alegra.
Cosa que se le olvida mencionar a los pasajeros del tren. Curiosamente.

Pero como la vida te da sorpresas, el que estuviera dispuestísimo a pactar con Hitler contra las soviéticos, como el novio desengañado, como el fumador desengachado por fin, se revuelve como un loco y pasa a ser el mayor enemigo de lo que antes deseaba: HItler. Y los periódicos de esa época, tras poner verde a los rusos y sus atrocidades en Finlandia y otros países, de repente pasan a ser no tan malos y el demonio pasa a ser Alemania. La prensa y su objetividad, ya saben. Cosa que dura hasta hoy.
Y debido a ello (y otras razones, pues es política, donde la integridad brilla por su ausencia y dado que, como dicen en la película, Churchill solo miraba por él mismo), se opone con uñas y dientes a cualquier tratado de paz (que ocupa buena parte del film). Y tuvo razón, por demás. Y supo ganarse a los políticos y al pueblo, al menos durante la contienda, pues al acabar esta fue vencido y desalojado del 10 de Downing Street.

Nada de esto aparece en la película, por supuesto. Como el Lincoln de Spielberg, es una especie de hagiografía donde hasta sus exabruptos nos parecen encantadores y donde se le engalana con unos valores que están en el imaginario nacional y colectivo, pero no en la realidad.

En definitiva, una película dignísima de ver, cuyos 120 minutos pasan en un suspiro y donde a veces te olvidas de que Churchill está muerto gracias a la intensidad discursiva y a la interpretación de Oldman, quien opaca al resto de excelentes secundarios hasta convertirlos en meras comparsas, por más entidad que quieran darles, como en el caso de su mujer (Kristin Scott Thomas) y su secretaria (Lily James).

Creo que no os defraudará. Incluso os puede gustar.
Eso sí, olvidaos de la historia detrás de la Historia que han dibujado.
Áralan
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10 de febrero de 2018
80 de 126 usuarios han encontrado esta crítica útil
(Esta crítica me va a costar la vida hacerla. La lucha entre las risas y las lágrimas, al recordar lo visto, va a suponer un enorme obstáculo para que fluya con soltura mi prosa y su desmesura. Coraje. Lo intentaremos)
El soberano sueco fue saludado por los soldados con siete salvas.
Hay muchas formas de aproximarse a los acontecimientos históricos más señeros. Por ejemplo:
- Con sarcasmo feroz y compasivo humanismo. "Senderos de gloria". Viva.
- Con humor salvaje y libertario. Esperpéntico y voraz. "M.A.S.H". Bravo.
- Con mirada documental, muchos testimonios y largas horas de observancia pasmada. "Shoah". Bien.
- A través de series que recreen esos hechos con atenta exhaustividad. Ya sean documentales o ficcionales.
Pero sobre todo hay un modo que triunfa como la cerveza y agrada a toda la platea. La solemnidad sentimental propagandística patriotera patotera. O digámoslo de otra forma: el espectáculo circense que traduce la Historia a una gran farsa, gran guiñol o monstruos de feria que maquillados casi parecen superhéroes (de la Marvel). O casi mejor: como el concierto de un solista genial, elegido, iluminado y bendecido por la gracia de Dios que nos salva a todos del mal, la oscuridad y el miedo.
No sé por qué pero empiezo a tener la extraña sensación, dos y dos suelen ser más que tres, de que el Imperio Británico que parecía muerto y enterrado está renaciendo de entre sus cenizas como el ave Fénix. El caso es que han puesto la maquinaria de propaganda a todo trapo. ¿Quieren lavar su imagen por los últimos acontecimientos y sus dudosas actitudes como serviles del amo americano y tahúres en el espacio europeo? ¿Nada que ver?
Juntemos varios hechos (artístico-peliculeros).
- Dunkerque. Nolan. Los ingleses somos héroes y salimos de todos los atolladeros con el apoyo de nuestro hermoso pueblo.
- The Crown. Serie sobre la corona británica de alta calidad pero de evidente regodeo patrio y ensalzador de su máxima mandataria regia que casi ya a los cien nos llega. La condenada.
- Casi que la última de Branagh, aunque de producción americana, en su sorprendente desenterramiento in extremis de su diosa literata popular Christie y de sus, por añadidura indirecta, patentados métodos filosófico deductivos inductivos. Por no hablar de la un poco más fuera de fecha aunque en la misma línea cachondo histórica de cuchufleta, la recordada "El discurso del Rey".
Hagiografía o loa o genuflexión o felación serían términos ralos, chabacanos, cortos.
Nos muestran a Winston como un superhéroe de tebeo (grotesco). Por muchos momentos, aquello parecía una película de Spiderman o Superman más que el retrato de un alcohólico y rechoncho gobernante/gerifalte.
"Sobre ti recae el peso del mundo". Le comenta su santa esposa. Y claro, no pude evitar pensar en frases como "un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Es decir, reducen un asunto de una envergadura monstruosa, la Segunda Guerra Mundial en sus inicios, a las bravatas, ocurrencias y barrabasadas del bueno de Winston. La reduccion infinita de un problema gigantesco supone un proceso (anti)intelectual de simplificación, puerilidad y mala intención que casi no se puede creer (¿por quién nos toman, a nosotros, a todos, nada menos?).
Vayamos al spoiler que hay mucho más.
Nos sacan a Winston con todas las cualidades tópicas (hasta el vómito) de los grandes hombres que en el mundo han sido, mala leche, brillantez, espontaneidad, valor, generosidad, improvisación, gruñón, cachondo, enfadado, salvaje, libe y muy hermoso (en espíritu, como un mesías que nos redime).
Hasta sus, al parecer, abundantes y celebradas cagadas nos (casi) enseñan. Del cerdito (así se tratan en la tierna intimidad los sempiternos enamorados, entre mimos y delicados gruñidos -los dioses cuando se visten de humanos también son vulgares, como todos, aunque no lo parezca) todo tiene provecho y gozo.
Y hay que arroparle, darle un coro, una claque que le inspire, apoye, aliente y aplauda. Algún mediador que insista en su humanidad y cercanía, que resalte el aspecto más sentimental del brutal titán.
Para esa digna, encomiable función tenemos a la secretaria. No se puede ser más guapa, pundonorosa y buena. Le mataron al hermano y por su país ella daría su misma mano. Quiere a Winston como al Papa o a su papa. Enamorada de su fulgor y verdad, de su talento y grandeza hasta las trancas de su bella alma. Si ella le adora tanto, que es tan pura y plena, cómo tú no, truhan.
Y la santa parienta. Que no, que aquí no es un simple florero, que le da los mejores consejos y le recuerda, en los raros momentos de flaqueza del gran hombre, lo mucho que vale y lo importante que es para el futuro del mundo libre. Por si se le ha olvidado ya que anda tan ocupado que no tiene descanso ni un segundo.
Y también tiene sus enemigos (de pega, pura fachada, todos en el fondo del fondo de sus corazones le quieren mucho, así es, algunos tardaron más en darse cuenta, eso es todo), intrigas y dudas.
Y unas naciones y compays presidentes de otros países que le dejan tirado para que él tenga que luchar solo contra los malos (hay que ver... ).
A la heroica Gran Bretaña la abandonaron a su suerte Francia y los USA (y Holanda y Bélgica y... ). Así que ella/ellos tuvieron que ganar la guerra solos contra los nazis demoníacos.
¿Y los rusos algo hicieron? ¿O no? Parece que no, aquí ni se les nombra. ¿Para qué, si fueron pura comparsa, chirigota gaditana, solo pusieron los muertos, más de veinte millones, dicen? Eso fue después, casi al final, cuando Winston ya se había hecho cargo y tomado las riendas del caballo. Él solo y sus súbditos fieles. Ya, por entonces, estaba todo ganado.
¿Y los rumores que dicen que hubo al principio ciertas dudas respecto a una posible alianza con los nazis diabólicos? Nada, imposible, Winston dijo que no y no, y a callar, que a los malos ni agua. Ya los conocía. No se equivocaba. Los vio venir con su habitual perspicacia y lucidez.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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14 de enero de 2018
29 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Corren nuevos tiempos para el biopic, y eso lo sabe ya hasta el más pintado. Ahora ya no se lleva eso de contar de punta a cabo la vida y milagros de la celebridad de turno, y más bien de lo que se trata es de centrarse en un momento concreto de su existencia y desarrollarlo con profundidad, independientemente incluso de si éste supone un antes y un después dentro de la trayectoria del homenajeado. El cine nos ha dado ejemplos recientes al respecto en películas dedicadas a Lincoln, luchando para que el Congreso apruebe su famosa enmienda contra la esclavitud, a la reina Isabel, en los días posteriores al fallecimiento de Lady Dy, o a Hitchcock, intentando ligarse a Janet Leigh durante el rodaje de “Psicosis”. Dentro de esta misma variante, “The darkest hour” vendría ahora a relatarnos lo que fueron las primeras semanas de mandato del presidente británico Winston Churchill, en unos tiempos especialmente delicados para el mundo tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Son momentos cruciales también para el propio Reino Unido, que no deberá demorarse demasiado en determinar cuál va a ser su verdadera posición en el conflicto. Churchill accede además al cargo después de un vacío de liderazgo en su propio partido. No es el candidato deseado por la mayoría, y sus primeras decisiones tampoco van a ser del agrado de muchos. En esos primeros días, el nuevo presidente tendrá que lidiar entre otras cosas con la operación Dynamo que supondrá la célebre evacuación de las tropas aliadas en la playa francesa de Dunkerke, muy de moda últimamente por cierto en las pantallas de cine (¿será cosa del Brexit?)

A priori, podría presuponerse que “The darkest hour” no es sino una gigantesca excusa para hacer que su protagonista principal, Gary Oldman, arrample con todos los premios habidos y por haber, y consiga- por fin- el primer Oscar de su carrera. Lo que el tópico llama un vehículo de lucimiento, vaya. Y es cierto que Oldman está soberbio, con su dicción – ver esta película doblada es pecado mortal-, con sus gestos, con su sola presencia, con una caracterización perfecta además. Pero no es menos cierto que, afortunadamente, el film es algo más que Gary Oldman. Tampoco, en principio, el proyecto parecía encajar con la personalidad de un director como Joe Wright, y eso que su fijación por el episodio de Dunkerke le viene de lejos, como quedó sobradamente demostrado en aquel recordado plano secuencia circular que aparecía en “Expiación”. Wright hace gala de su habitual virtuosismo, que en esta ocasión resulta menos irritante que otras veces, con una esmeradísima puesta en escena y los aderezos imprescindibles de la dirección de fotografía de Delbonell y la banda sonora de Marinelli. Por si fuera poco, el guión esta vez también acompaña, y “The darkest hour” termina siendo la lección de historia amena y eficaz que todos esperábamos que fuese desde el principio.

No spoilearé la que sin duda es la escena más memorable y emotiva del film, pero nos habla de lo bien que le vendría a los políticos mezclarse de vez en cuando con el vulgo y con el pueblo llano. Tiene algo de ese espíritu humanista del cine de Clint Eastwood cuando, por ejemplo, se detiene a reflejar la dimensión moral de Mandela codeándose con su selección de ruby o con los empleados de su residencia oficial. En este sentido, yo me acuerdo también del biopic dedicado a Jorge VI- en la línea también de los dedicados a Lincoln, a Hitchcock o a la reina Isabel- aunque sólo sea por mera asociación de ideas y porque el personaje protagonista de allí aparece aquí como secundario en la trama. Qué importantes son también los discursos en esta película, no sólo vemos como se declaman, también como se ensayan o se redactan. A Churchill, un mago de la elocuencia y la oratoria (no olvidemos que ganó el Nobel de Literatura) le precedían su bombín y su puro, pero también su perseverancia, su famoso “Never, never give up”. De ella se sirvió para fraguar su leyenda; “The darkest hour” da cuenta de cómo ésta empezó a forjarse.
Juan Solo
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3 de febrero de 2018
17 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.” Al terminar de ver esta cinta británica que nada a contracorriente del pensar mayoritario y cándido que anega las mentes de tantos crédulos bienintencionados – atiborrados de consignas idealistas e ilusas arengas contra la guerra y en favor de la paz – tuve que pensar en varias citas del Quijote de Miguel de Cervantes que nos devuelven a la realidad, sin engaños ni fingimientos, y nos enfrentan a la dureza y crueldad de la vida, llamando a las cosas por su nombre, tanto si nos gusta como si no.

La figura del político Winston Churchill (1874-1965), de tan conocida y publicitada, se ha convertido casi en una marca comercial tras la que no sabemos lo que se oculta ni lo que pueda significar. Intuimos que fue alguien importante, algunos dicen que escribía bien y hay casi unanimidad al afirmar que fue un gran orador parlamentario… pero para otros fue un noble latifundista, un mimado ególatra, un obcecado enemigo del nazismo y un defensor de sus privilegios sociales. Quizás todos tengan algo de razón, pero su importancia histórica viene marcada porque fue uno de los primeros y más vehementes opositores a Hilter, quien vio desde el inicio lo que estaba en juego durante los años treinta del siglo XX: la supervivencia de la libertad y de las democracias liberales europeas bajo la amenaza totalitaria, expansionista y batalladora del resentido racista austriaco que se había hecho con el poder en Alemania.

Esta película se centra en las primeras semanas de su mandato como primer ministro del Reino Unido – mayo de 1940 – cuando los éxitos militares y anexionistas del demente Adolf Hitler parecían no tener fin ni contención posible, cuando parecía más sencillo negociar una rendición incondicional (para salvar la vida) en vez de enfrentarse a la bestia y poner freno al desatino enloquecido de un maniático inculto y populista (lo cual podría significar la muerte casi segura). Pero supo poner en pie lo imposible: una defensa quijotesca contra la barbarie y el odio, primero con palabras, luego con hechos, finalmente con la victoria.

Quizás la dirección de Joe Wright pueda pecar de alambicada y preciosista, pero es innegable que dota de agilidad y fluidez a un relato que por previsible corría el riesgo de perderse en una maraña de discursos y sermones rancios. Además cuenta con la complicidad inestimable de un Gary Oldman inconmensurable, de una fotografía angustiosa y de una música perfecta. El resultado es mucho mejor de lo que uno se pudiera imaginar. Apasionante y necesaria.
antonalva
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16 de enero de 2018
15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Biopic de Churchill, de cómo fue elegido y alzado como gran líder de la nación y estandarte de los aliados, para luchar en uno de los acontecimientos más importantes de la historia y más adaptado al cine. Pero vayamos a lo gordo, el período concreto, a Dunkerque.

Es imposible, primero, mostrar mis sospechas a la auto-publicidad que se hacen dos películas entre ellas, estrenadas casi a la par. Una, la de Nolan, que habla de la parte de campo, los hombres de a pie que de forma valiente hicieron su parte, y la otra, la de Wright, que nos cuenta el mismo hecho, pero desde el punto de vista político y de salón, donde no te manchas las manos sino la honra, que tratan a miles de soldados como trato yo a mis personajes del Sims.

La película es como una clase de historia magistral, si estas interesado en el período histórico aguantas 50-60 minutos atendiendo y disfrutando del aprendizaje, si tienes clases de dos horas necesitas un descanso o al menos poder interrumpir y hacer preguntas. En biopics tan correctos suelen incluirse amoríos o heroicidades, más lejanos de la realidad, pero haciéndola más accesible, aquí poco se sale de lo marcado, exceptuando alguna escena de su mujer o de su secretaria, pero cortas y directas. Por un lado, me hubiera gustado algo más que el simple hecho de intentar no dormirme, pero sin llegar a incluir escenas familiares sin sentido en la trama. A falta de una crítica constructiva mejor yo hubiera acortado el metraje.

Los hechos que acontecen y las personalidades de los personajes históricos son datos que se pueden comprobar, y que probablemente amantes de la historia lo harán y criticarán. No conozco muy bien al director, pero espero que haya sido lo más fiel posible y que todas las escenas donde el público reía con los comentarios de Churchill no hayan salido solo de la pluma de un guionista, para intentar mantener al espectador atento, sino que en la intimidad este personaje hablaba catalán y todo. Yo no tenía a Churchill como un personaje gracioso.

La película mantiene una apariencia claustrofóbica. Churchill la mayor parte del tiempo está encerrado en un búnker, camina por pasillos estrechos y mal iluminados, al más estilo “El hundimiento”, incluso el palacio y sus conversaciones con el rey son tristes y oscuras. El problema es cuando insiste en meter algunas escenas que chirrían, intentando hacernos ver lo que había en la calle, pero sin venir muy a cuento ni quedarnos muy claro cuál era la verdadera sensación que se vivía en las calles, más parece que el director quiera lucirse con el travelling ese feo o las escenas abriendo y cerrando zoom que un sentido lógico. Y qué decir de la escena del metro, en muchas ocasiones lo más absurdo de una biografía es lo más verídico, mientras que lo trivial y recurrente se embellece y modifica para la gran pantalla, por lo que no me cabe duda de que ocurriera, pero poner el metro de CGI y darle un diálogo a todos los pasajeros tipo Espartaco... Que el rey Jorge le diera ánimos y que él lo celebrara yéndose de putas para volver todo borracho al parlamento y declarar la república hubiera sido un clímax menos vergonzoso. Otro recurso, poner las fechas de esos días. Esto aporta una sensación de contrarreloj, de que todo se va a ir al carajo, pero ponerlo en pequeño en una esquina, visible pero discreto, me parece una decisión más acertada que en Arial Black 100 ocupando toda la pantalla. Y, para terminar, el final, por no terminar por el principio. Churchill dedica todo el tiempo a dar grandes discursos y la mayoría son de los que te llenan el espíritu, pero el parlamento levantándose haciendo la ola tampoco creo que fuera la respuesta que esperaba cuando escribía su discurso.

Terminar hablando de Oldman, un actor tan bueno que olvidas quien es durante esta película, solo al alcance de grandes como el que sale en el nombre del padre, ese tío que era el último mohicano, pero que en realidad no, porque el último mohicano era el otro, ese tío. También le tendrá que agradecer (si le premian) a los/as maquilladores/as con un trabajo de OSCAR. Imposible no comparar con dos casos recientes de maquillaje hiperrealista como son “J. Edgar” de Eastwood, que solo merece nuestras risas, y Hitchcock, que tampoco es un gran maquillaje, pero Hopkins tampoco se esforzó mucho.

En general, un biopic correcto, es decir que te aburre en gran parte, pero sales con una sensación de haber aprendido algo, no sé muy bien el qué, pero se agradece. En cuanto a pronósticos, mejor actor y maquillaje, además es el estilo que le va a la academia. En todo lo demás espero que haya alguien que lo haya hecho mejor porque si no lo llevamos claro.
DcMaligno
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