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España España · Madrid
Críticas de Áralan
Ordenadas por:
44 críticas
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9
27 de diciembre de 2017
240 de 282 usuarios han encontrado esta crítica útil
A pesar de lo que nos desean mostrar en el cine y la televisión, las estadísitcas no mienten: Estados Unidos tiene el peor índice de éxito en la resolución de delitos. El 85% de los robos, el 66% de las violaciones y el 33% de los asesinatos quedan sin encontrar un culpable. Esto es peor si se tiene la desgracia de vivir en un lugar donde la tasa de resolución de delitos es baja. Concretamente, tienes el doble de posibilidades de sufrir un robo, una violación o un asesinato.

Ebbing (Missouri), por tanto, conjuga la tormenta perfecta: un pueblo del Estados Unidos profundo donde una violación con asesinato lleva un año sin ser resuelta. La madre (una colosal Frances McDormand), harta, decide tomar la iniciativa y publicitar a lo grande la incompetencia policial (o lo que ella entiende por incompetencia). Porque el asesinato de su hija tiene que ser resuelto. Debe ser resuelto. Como sea. La búsqueda de la verdadera justicia es capital.

Y aquí empiezan las sorpresas, porque el reparto no es arquetípico. Todo lo contrario. Huye de buenos, malos, lágrimas y procedimientos policiales. Cada cual está dibujado con una profundidad poco frecuente y siempre al servicio de la historia, desde el sheriff (un estupendo Woody Harrelson) hasta el ayudante (un estelar Sam Rockwell). Lo que es más, la evolución que van sufriendo está trazada a la perfección en un ejercicio magnífico de guion y montaje. Nada chirría. Todos son humanos, buenos y malos. Contradictorios. Cada acción y reacción tiene lógica tanto narrativa como cinematográfica. Está todo en su lugar. La banda sonora, magistralmente elegida, ayuda a situarte en la psicología y en la zona, así como la dirección, que logra hacer fluir todo lo que cada uno lleva dentro hasta parecer que eres tú, el espectador, quien está viviendo el propio drama y empiezas a cambiar tus puntos de vista sobre los personajes una vez llegas a conocerlos, como hacen los propios personajes.

Tres anuncios en las afueras, también, es toda una bofetada al estilo de vida estadounidense. No es eso lo que la hace muy buena. Estoy seguro de que el resto de sociedades del mundo son igualmente penosas, aunque sí es cierto que EEUU presume siempre de ser idílico y alguien les tiene que sacar de vez en cuando de su propio autoengaño. No me intreresa este mensaje, aunque fundamente la psicología de la historia. Me importa cómo refleja la búsqueda de la justicia y cómo reaccionamos cuando no la encontramos; es más, cuando sospechamos que nunca podrá llegar.

No os la perdáis.
Áralan
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5
1 de enero de 2013
226 de 261 usuarios han encontrado esta crítica útil
De Steven Spielberg siempre se espera una soberbia puesta en escena, aspecto que en esta película se cumple a rajatabla tanto en espacios interiores como exteriores.
Se espera también que se rodee de buenos actores para una cinta con este tema, como es la aprobación de la 13ª enmienda (la abolición de la esclavitud), y en este aspecto también Daniel Day-Lewis (concuerdo con quien aconseja verla en versión original) lo borda. Los secundarios también son correctos, pero sus papeles, salvo Tommy Lee Jones a ratos, no dan para lucirse.
Y poco más.
Las dos horas y media de duración se centran en las negociaciones y tretas para conseguir la aprobación de dicha enmienda, siendo la mayoría de los momentos repetitivos, con demasiados acontecidos y chascarrillos contados por Lincoln; repetitivo también es (una vez más) el tema del hijo que no está y con pocos momentos que te hagan respaldarte en el sillón mínimamente emocionado o interesado.
De Lincoln también se esperan buenos discursos [por supuesto, en esta película no podían poner un texto suyo muy incómodo para todos que reza:«Diré, entonces, que no estoy y nunca he estado a favor de ninguna forma de igualdad social y política entre las razas blanca y negra; que no estoy y nunca he estado a favor de votantes o jueces negros ni de cualificarlos para que ocupen cargos ni para que contraigan matrimonio con personas blancas, y diré, en adición a esto, que hay una diferencia física entre las razas blanca y negra que creó prohibirá para siempre que esas dos razas vivan juntas en términos de igualdad social y política. Y hasta donde no pueden vivir de esa forma, mientras permanezcan juntos, debe existir la posición superior e inferior, y como cualquier otro hombre estoy a favor de la posición superior asignada a la raza blanca.» (The Writings of Abraham Lincoln. Abraham Lincoln)], pero salvo dos momentos, como decía, las palabras van, vienen y se diluyen en el recuerdo, dejando esta posición incómoda de Lincoln citada justo arriba en boca de Tomy Lee Jones en una intervención en el congreso.
Para mi gusto no tiene el suficiente ritmo (y quien piensa que las negociaciones políticas no pueden tener ritmo, que qué diablos pido, le recomiendo -fervorosamente- El Ala Oeste de la Casa Blanca), se hace a muchos ratos muy lenta y te mantienen pegado a la pantalla casi exclusivamente Daniel Day-Lewis y Tomy Lee Jones.
Por supuesto, olvidaos de veracidad histórica acerca de las verdaderas causas de la guerra y de las verdaderas razones de la abolición de la esclavitud, que no están ni por asomo esbozadas en el personaje protagonista. Preparaos a asistir a una especie de hagiografía, con todo lo que la palabra conlleva.
Espero que a vosotros os guste mucho más que a mí, de verdad.
Áralan
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10
8 de abril de 2012
140 de 152 usuarios han encontrado esta crítica útil
Como cinéfago, he visto muchas películas sobre el tema. Como profesor, me han gustado muy pocas. Caben en los dedos de una mano. Y me sobran dedos. Para mí, esta película es magnífica, alejada de idealismos y recomendable para profesores, alumnos, padres, administración... para todos, pues todos hemos tenido profesores, hemos sido alumnos, algunos son padres y otros pocos pertenecen a la administración. Con mucha voz en Off, con una estupenda interpretación de Brody y unos secundarios de lujo, la película es descarnada, no se corta y va directa al tema: el verdadero problema de la educación no es la educación, si no cómo profesores, alumnos, padres y administración llegan a ella, cómo cada cual intenta sobrevivir en el mundo y cómo, ya sea por unas razones o por otras, se siente una desafección, un desprendimmiento, un desinterés en el espacio común donde todos confluyen, pues muchos otros problemas pesan más que la realidad del aula. ¿Qué se consigue, entonces? ¿Qué se pretende? ¿Y cómo nos enfrentamos a ello? ¿O hemos decidido sobrevivir sin enfrentarnos?
Pocas veces una película tan sencilla como bien narrada me ha dejado tantos minutos sin parpadear, algunas veces con un nudo en la garganta, y con un sentimiennto de decir ¡joder, qué buena! al finalizarla.
Áralan
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3
25 de enero de 2010
222 de 334 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me parece muy bien que Haneke crea que una sociedad autoritaria generó una generación que aceptó de forma natural el nazismo, que es lo que nos venden dentro y fuera de las pantallas, pero eso no se le cree ni su padre ni la Historia, ya que todos los países fueron autoritarios y reprimidos y no generaron fascismo ni nazismo (el cual se explica mejor como humillación nacional más que como trauma infantil) y ahora se empieza a comprobar que los chicos violentos, más del 60% (entonces y ahora) no tuvieron abusos ni violencia ni problemas especiales que no tuvieran otros. Sólo con esos datos debiera haber cambiando el preámbulo, pero bueno, allá él con su marketing y su pajilla mental.

Quitando eso, la pelílcula se hace demasiado pesada por el tempo cinematográfico, que llega a hacerse monótono más que crear el ambiente que se supone quería crear. Con esa forma, asistimos a los abusos del intocable y tópico cacique sobre su servidumbre, apecto que se filmó mucho mejor en Los santos inocentes hace mucho, mucho tiempo (¡pero si incluso aparece un deficiente psíquico!), al más tópico todavía cura que reparte hostias de las dos clases a diestro y siniestro, al más tópico aún tema de la masturbación, al indispensable pederasta y al que no podía faltar: el de la cara de pasmado y bueno como él solo en el personaje del profesor, que desahoga la violencia contenida.
Y no contento con eso, el final lo acaba como, cuando y donde le sale de los huevos. Vamos, que lo terminó ahí como lo podía haber terminado en otro lado.

Eso sí, hay tres momentos estelares (la conversación del médico y la asistente, la conversación sobre la muerte con el niño y el interrogatorio) enmarcado en una fotografía preciosa en blanco y negro, pero para ver exposiciones fotográficas, prefiero a Eugene Smith o Sebastiao Salgado y no pago casi 8 euros. Para eso me voy a una sala de exposiciones.

Así, una película que ya estoy empezando a olvidar, que jamás volveré a ver y que no me entretuvo apenas.
Áralan
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9
20 de diciembre de 2015
126 de 169 usuarios han encontrado esta crítica útil
Terminada de haberla disfrutado hace escasamente veinte minutos, la sensación es la de haber visto algo grande, desde la espléndida fotografía que te coge de las tripas desde el primer fotograma, pasando por la crudeza de las escenas (inolvidable ya la de la primera batalla y la lucha con el oso) hasta las interpretaciones, donde DiCaprio da un nuevo recital en una consecución de primeros y primerísimos planos enmarcados en panorámicas boscosas, montañosas y fluviales de quitar el hipo.

Y Tom Hardy da la réplica a un magnífico nivel.

La historia (seca, cruda, realista y real) versa sobre dos temas ancestrales: la supervivencia y la venganza. Aquí, al contrario que en los western clásicos, no hay blancos buenos ni indios malos; aquí, al contrario que en los western "modernos" estilo Bailando con lobos, no hay indios buenos ni blancos malos. Aquí solo hay gente tratando de sobrevivir en un mundo áspero que los humanos hacen más cruel con unos actos que acarrean consecuencias. No hay justicia, solo acción-reacción. No hay honor, solo sed de sangre. Sin embargo, en este infierno que el propio hombre crea, la venganza y la supervivencia son lo único que puede hermanar a unos hombres heridos (como demuestra la magnífica secuencia del bisonte derribado y devorado a cuatro manos por quienes unos segundos antes no veían nada más en su existencia).

Iñárritu no da ningún respiro. Al mejor estilo de Shakespeare o Canción de hielo y fuego, es mejor no encariñarse con ningún personaje. Lo que pasa es la vida, no la idealización de la existencia o de cómo debería ser. En esa vida, DiCaprio nos ofrece estrategias de supervivencia (alguna toma puede recordar a El Imperio contraataca, por cierto. Sí, sí, a Star Wars... y sabréis cuál) que ríete tú de lo que has visto hasta ahora mientras Iñárritu lo filma desde su propia perspectiva, que a mí me parece de lo más adecuada y con unos hallazgos de mucho alcance.

En definitiva, una gran historia, una magnífica puesta en escena, alguna que otra metáfora visual acertadísima, un guion donde priman y se encumbran los silencios (no quiero decir que el texto sea malo, solo que los silencios son mejores) y unas interpretaciones soberbias.

Sí, sí. Quiero decir que, en mi humilde opinión, nadie debería perdérsela. Dicho de otra forma: me ha gustado.

Mucho.
Áralan
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