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Sed de escándalo

Drama El editor de un importante periódico quiere aumentar sus ventas y para ello decide sacar a la luz un caso de asesinato de hace 20 años. La autora fue Nancy Voorhees, que disparó contra su amante. Pero ahora, años después, ella es una feliz madre de familia que no quiere remover su pasado. (FILMAFFINITY)
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Críticas 6
Críticas ordenadas por utilidad
23 de junio de 2015
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la copiosa producción de los años 30 de Mervyn Leroy –veintisiete títulos entre 1931 y 1936- abunda el cine de denuncia social –recordemos dos de sus obras maestras: “I Am a Fugitive From a Chain Gang” (1932) y “They Won't Forget” (1937)- donde critica con acidez casi nihilista el mundo de la justicia, el sistema carcelario o como es el caso, la cara más negra y despreciable del periodismo, cuestión esta inherente a tal oficio y por tanto de permanente actualidad. Un diario que pierde ventas y se decide por el camino del sensacionalismo y la sensiblería reabriendo un caso de homicidio justificado veinte años atrás, pese a la débil opinión en contra de su editor jefe que trata de ahogar sus escrúpulos literalmente lavándose las manos –una metáfora un poco tosca- o sencillamente embriagándose. Esta decisión provocará indeseadas consecuencias.
Pese a no llegar a la excelsitud de las obras anteriormente citadas comparte con ellas una impresionante denuncia, nada complaciente, construida mediante un dramatismo seco, directo al mentón, que no deja indiferente y con una serie de escenas (ver spoiler) resueltas con enorme brillantez cinematográfica. El trabajo de actores es verdaderamente bueno con un E.G.Robinson como enérgico editor, un ruín y cínico Boris Karloff, una brillante Marian Marsh como hija que protagoniza una escena final de alto nivel, la digna Aline MacMahon, secretaria del editor ("Eres como una conciencia con patas") y, sobre todo, un prodigioso H. B. Warner como su padre. Un clásico.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Gould
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20 de noviembre de 2015
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
De las primeras películas, junto con ‘Un gran reportaje’ (Lewis Milestone, 1931), que tratara la temática relacionada con el mundo del periodismo, ‘Sed de escándalo‘ supuso la segunda colaboración consecutiva, tras ‘Hampa dorada’ (1931), del tándem formado por Mervyn LeRoy y Edward G. Robinson, director y actor protagonista, respectivamente.

Hinchecliffe (Oscar Apfel), editor del periódico neoyorquino Evening Gazette, se encuentra preocupado por los escasos resultados que obtiene el tabloide al seguir una política éticamente correcta. Para revertir la situación decide recurrir a una serie de prácticas mezquinas, entre las que destaca el cambio editorial hacia una línea puramente sensacionalista. Es aquí donde entra en acción Randall (Edward G. Robinson), que se encargará de dirigir la publicación del caso Voorhees, una trama de asesinato cerrada hace 20 años. Entonces Nancy Voorhees (Frances Starr) disparó contra su amante pero ahora, años después, ella es una feliz madre de familia que no quiere remover su pasado.

Estupendo melodrama con tintes de cine negro perteneciente a la prolífica filmografía que Mervyn LeRoy realizó durante los años 30, llegando a filmar más de una veintena de títulos en dicha década y destacando la problemática social como principal temática en obras como ‘Soy un fugitivo’ (1932) o ‘Ellos no olvidarán’ (1937), en los que denunciaba los sistemas carcelario y judicial respectivamente, sumándose así la cinta que nos ocupa como crítica del ámbito periodístico.

Nos encontramos ante un film que evidencia características propias de los primeros años del cine sonoro, destacando las estupendas actuaciones de gran parte del reparto (un astuto Boris Karloff, el comprensivo H.B. Warner o una atormentada Marian Marsh, por ejemplo) y mostrando una gran vitalidad en su técnica narrativa.

Así mismo, la película hace gala de una serie de escenas brillantes tanto a nivel técnico como narrativo, véase una de las primeras pantallas divididas del cine que nos narra el desesperado contacto telefónico entre Nancy Voorhees y la redacción de la Gazetta, o la entrevista trampa que Isopod (Karloff) hace a la familia, entre otras.

En suma, una buena película en contra del sensacionalismo periodístico perfectamente trasladable a la actualidad que cuenta con muchos puntos apreciables e interesantes, y que cierra con una reflexión final al mostrarnos la última edición del periódico tirada entre el barro que es recogido al empezar un nuevo día; el amarillismo venció llevándose por delante a una familia decente, mientras los dirigentes de los tabloides, representados en G. Robinson, se lavan las manos.

Blog -> lacintablanca.com
Fleming22
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25 de junio de 2017
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dirigida por Mervyn Leroy, estuvo interpretada por Edgar G. Robinson, Marian Marsch y H. B. Warner. Estuvo nominada en esta única categoría.

En ella se cuenta la historia de un periódico sensacionalista y carroñero, en horas bajas y que encuentra en un caso de un asesinato ocurrido hace 20 años la manera de aumentar las ventas. La implicada en dicho crimen, felizmente casada y con una hija a punto de casar, intentará por todos los medios que el caso no sea reabierto. Habrá trágicas consecuencias.

Excelentes interpretaciones de la totalidad del reparto, todos tienen su momento de lucimiento: Edgar G. Robinson como el editor sin escrúpulos, arrepentido cuando ya no hay remedio; Boris Karloff como el reportero que provoca que la noticia vuelva a la actualidad; la implicada en el asesinato (Frances Starr), incapaz de soportar que el caso sea nuevamente abierto o el marido de esta (H. B. Warner) tratando de fingir tranquilidad para no estropear la felicidad de la hija de ambos (Marian Marsh) por su inminente boda. Y esta en su visita a la redacción del periódico con todos los carroñeros celebrando las ventas.

Pese a los años transcurridos hasta hoy, la historia sigue vigente. No hay más que ver los sensacionalistas programas de la actualidad para ver que nada ha cambiado.

Se estrenó en Estados Unidos el 26 de septiembre de 1931. Siendo la premiere el 10 de ese mismo mes en la ciudad de Nueva York
jesus
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9 de agosto de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cine se puso a hablar y empezó a decir las verdades del barquero.
¿Queremos estar informados?. No, no es cierto. Lo que queremos es ! estar escandalizados!.
El periódico La Gazette, así lo comprende cuando observa que no se come una mierda en su tirada nacional dedicándose, única y exclusivamente, a publicar noticias con rigor y exactitud.
! Interés humano! ( me resulta graciosísimo el empleo de este eufemismo). ! Este periódico necesita noticias de interés humano que conecten con el público y hagan aumentar la tirada!, exclama el jefe de la editorial.
Edward G. Robinson no parece tenerlo muy claro al principio pero es un profesional y, además, hay que comer.
Decidirán volver a airear un trapo sucio ocurrido 20 años antes acerca del asesinato cometido por una mujer a su amante.
Y los perros empiezan a seguir el rastro...Y conseguirán una noticia de interés inhumano capaz de desbancar a todos los periódicos del país en sus ventas.
LeRoy hace un gran trabajo. Tiene algunas escenas francamente brillantes para la época( spoiler), personajes bien definidos y diálogos muy certeros.
G. Robinson impecable, como siempre, compone un gran personaje. Lo mismo digo de muchos secundarios, Aline MacMahon,( siempre me ha gustado esa secundaria), hace de Pepito Grillo pero nadie le escucha. También están muy bien Boris Karlof y H.B. Warner y Marian Marsh, deliciosa y fantástica. La peli se nota que estaba tratando de adaptarse al nuevo medio, porque tiene aspectos y algunas interpretaciones del cine mudo ( por lo menos en Frances Starr), frente al culto al diálogo propio de estos primeros años, pero sigo diciendo, éstos son muy buenos lo que hace que la cinta se siga con mucho interés.
Es significativo cómo G. Robinson se lava las manos varias veces en el transcurso del film, no sé bien si como señal de indiferencia como Pilatos, o como deseo de purificar su alma por el surgimiento de escrúpulos.
Se han hecho muchas cintas sobre este tema a lo largo de la Historia. La denuncia al periodismo sensacionalista se sigue repitiendo una y otra vez. Y las noticias de interés inhumano siguen arrasando una y otra vez.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Izeta
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25 de septiembre de 2021
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
343/21(21/09/21) Notable drama a reivindicar por lo pionero y visionario (donde el referente para lo malo era el oligopolio d3e medios de comunicación creado por el muchimillonario William Randolph Hearst, sí, el que veladamente era “Ciudadano Kane”), dirigido por Mervyn LeRoy (que gustaba de hacer cine combativo), uno de los primeros alegatos en contra del periodismo amarillista (y que posteriormente proliferaron), el periodismo carroñero, el sensacionalismo de los medios de comunicación que buscando lectores no dudan en echar a los ‘leones’ a quien sea, manteniendo desde su estreno hace 90 años (10/Septiembre/1931) una vigencia total, extrapolable a hoy día potenciado primero con la televisión (en España el mayor reflejo es T5), y atomizado esto con las redes sociales, el mundo no aprende y siempre hay gente ávida de comer basura mediática (‘Comed mierda, millones de moscas no pueden estar equivocadas’). Presenta muchos de los aspectos del sub género periodístico que se convertirían en clichés enésimas veces, como un editor de periódico endurecido, un reportero sin escrúpulos y un elenco de periodistas malhumorados y ciudadanos indignados.

Hinchecliffe (Oscar Apfel), mandamás del periódico neoyorquino Evening Gazette, se encuentra preocupado por los escasos resultados que obtiene el tabloide al seguir una política éticamente correcta. Para revertir la situación decide recurrir a una serie de prácticas mezquinas, entre las que destaca el cambio editorial hacia una línea puramente sensacionalista. Es aquí donde entra en acción Randall (Edward G. Robinson), que se encargará de dirigir la publicación del caso Voorhees, una trama de asesinato cerrada hace 20 años. Entonces Nancy Voorhees (Frances Starr) disparó contra su amante pero ahora, años después, ella es una feliz madre de familia que no quiere remover su pasado.

El guión de Byron Morgan se basa en la obra escrita por Louis Weitzenkorn tras su paso como editor de Bernarr McFadden 's New York Evening gráfico, un tabloide sensacionalista de la década de 1920, la obra tuvo 175 funciones en Broadway en 1930-1931. Presenta muchos de los aspectos de tales películas que más tarde se convertirían en clichés, incluido un editor de periódico endurecido (interpretado por Edward G. Robinson), un reportero sin escrúpulos (interpretado por el gran villano Boris Karloff) y un elenco de periodistas malhumorados y ciudadanos indignados. Es una condena completa del periodismo amarillo

Una incisiva denuncia contra este mundillo trituradora de personas para alimentar diez minutos a gente sin escrúpulos hambrientos de dramas humanos que en realidad no saben el daño que hacen retroalimentando a estos `carroñeros’, ello en un desarrollo muy dinámico, con personajes maravillosamente construidos, con situaciones que transpiran emociones, en un arco de evolución de caracteres estupendo, con diálogos ágiles, y esto hay que encumbrarlo aún más por estar aun en ‘pañales’ el cine sonoro, teniendo el director ingenio para ofrecernos escenas punzantes tanto a nivel dramático como estético, con una cámara para su tiempo muy móvil, para la posterioridad probablemente la primera vez que en pantalla grande se dividía (en tres) para conversaciones telefónicas (o las tomas a través de ventanas).

Tiene en su arrollador protagonista (nacido en Bucarest) Edward Goldenberg Robinson a su apoteósico escaparate como el editor Joseph W. Randall, un ciclón electrizante, una fuerza desatada de la naturaleza que derrocha carisma a cada sublime intervención, uno de los mejores actores de la Historia del Cine, en una de sus mejores intervenciones (jamás fue ni tan siquiera nominado al Oscar por alguno de sus papeles, lo cual habla a las claras de la trivialidad de estos galardones; le dieron uno honorífico dos meses antes de su muerte en 1973). Tiene un arco de desarrollo soberbio, teniendo para si el discurso en el clímax que da sentido a la cinta (aunque se nota su origen teatral), con diálogos-látigos, maravilloso el mantra del rol de lavarse las manos asiduamente, y al final lo hace con jabón, cual si la mancha fuera mucho mayor, Homérico. Era la segunda colaboración con el director, con el que a principios d ea´ño había estrenado la exitosa y sobre todo icónica para el actor, “Little Caesar”; Tenemos al inglés Boris Karloff (su nombre real era William Henry Pratt) como el ‘buitre’ reportero T. Vernon Isopod, extraordinario como el lascivo y viscoso periodista que no duda en escudriñar en ingenuas personas para conseguir su carroña, todo un sutil manipulador. En noviembre de este año se haría inmortal en el con su encarnación de “El Monstruo de Frankenestein”; Está Marian Marsh con un rol que estalla en una climática escena en el despacho del editor, sacando toda su rabia y dejando en el aire la gran pregunta del film, muy buena; Aline MacMahon (debutando en cine) como secretaria del editor, la hierática Ppito Grillo de su jefe ("Eres como una conciencia con patas", le dice), crea con una gran expresividad el reflejo doliente de lo que piensa Randall. "Creo que siempre se puede hacer que la gente se interese en la crucifixión de una mujer" llega a decir; ; H. B. Warner excelente como el sufriente esposo, teniendo su zenit cuando debe ocultar a su hija y yerno una tragedia poniendo buena cara, formidable; Frances Starr está muy bien como el objetivo de las ‘hienas’.

El editor del periódico William Randolph Hearst se sintió muy ofendido por la película, que interpretó como un ataque apenas velado contra él y su operación, lo que le dio críticas negativas en sus periódicos y presionó a los cines para que no lo mostraran. La película fue nominada en los 5º Premios de la Academia a Mejor Película, pero perdió ante “Grand Hotel”.
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TOM REGAN
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