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España España · san sebastian
Críticas de Izeta
Críticas 1.450
Críticas ordenadas por fecha (desc.)
8
12 de julio de 2024
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
No es de extrañar que "El último mohicano" se convirtiese en un gran éxito en los 90 porque sus responsables supieron muy bien conjugar las nuevas demandas del público más comercial con los relatos actualizados de las viejas novelas clásicas de aventuras, aglutinando en su interior romance, heroísmo, batallas épicas y lirismo en un contexto histórico de cuidada ambientación y elaboradas escenas, narrativa clásica apelando a la nostalgia, un producto, en fin, convenientemente fabricado para satisfacer a un amplio espectro de público, hombres, mujeres, niños... "El último mohicano" es un héroe de cuento más de los muchos que han poblado nuestras fantasías épicas.
Aunque viéndola ahora después de muchos años no he podido evitar pensar que dudo mucho que esta película se lo lleve tan de calle al público actual.
El relato aunque juega al revisionismo y trata de ser políticamente correcto según los cánones de aquella década (los indios son los nobles, leales, inteligentes y bravos en general, aun el mismo villano hurón tiene sobradas razones para ejecutar su rastrera venganza, mientras que los británicos y los franceses, en pugna entre ellos, son traicioneros, mentirosos y antipáticos), los guionistas se las ingenian de maravilla para hacer equilibrios y conseguir que nos parezca natural que Lewis, uno de los mohicanos junto con su hermano y padre adoptivo, preste sus servicios a la corona inglesa bajo la excusa de su enamoramiento de la hija del coronel (Madeleine Stowe) pero haciéndonos ver que conserva su independencia y que es libre como un pajarito, como todo buen héroe que no se somete ante nada ni ante nadie y que sólo combate en las causas justas. Como en esta película el enemigo son los franceses y los nativos indios se encuentran divididos en las diferentes tribus donde algunos se alían a la causa francesa (los hurones) y otros a la británica (mohawks, mohicanos, granjeros colonos etc...), no hay peligro de que nuestras nuevas y modernas simpatías entren en conflicto. Los malos son los franceses, hay un único indio malo (los demás están totalmente desdibujados o no son importantes en la trama) y los ingleses son la opción aliada menos mala dentro de la fatalidad colonizadora del hombre blanco que invadió sus tierras. Lewis no es leal a Inglaterra sino que está en contra de los hurones que combaten junto a Francia. Eso era muy importante dejarlo claro en los 90.
Decía pues, que a pesar de la corrección política expuesta en la visión acerca de los nativos, otra cosa me parece el tratamiento del romance que compone un fábula rosa (y perdonen ustedes) digna de Corín Tellado. Es decir, el acaramelamiento es excesivo, superior. Se les va de las manos en su afán de ofrecer la conquista del amor en un entorno lleno de peligros. Frases rimbombantes en medio de las batallas, promesas eternas que se abren paso en medio del dolor...Este amor trágico y apasionado recuerda mucho a historias del pasado, novelescas, literarias, no tengo absolutamente nada en contra de ellas, al contrario, las disfruto a menudo pero en esta peli me resulta forzado, poco natural, prefabricado al fin. Digamos que el héroe rescata demasiadas veces a la doncella indefensa, no hay más profundidad en esos personajes tan estereotipados. Y un poco agrada, mucho empalaga.
Pero otra cosa es la acción, los encontronazos y las diversas batallas que recrean en el film. Me gustan esas peleas, las emboscadas, el asedio, las luchas y las persecuciones (excepto algunas escenas recreadas a cámara lenta que también me resultan rimbombantes).Pero en general la película tiene la suficiente dosis de acción y épica para dejar satisfecho al más reticente, todo ello recreado en diversos escenarios, bosques, llanuras, ríos, cascadas, un asedio en un fuerte y muchísimas cosas más.
Digamos para resumir que Mann ha captado muy bien la esencia de las viejas películas de aventuras y las ha recreado con mucho rigor y respeto ofreciendo un espectáculo grandioso en cuanto a ambientación, paisajes, acción, vestuario, respeto por cierto rigor histórico y música (su banda sonora es inolvidable), pero que no se ha esmerado mucho en otorgar más personalidad a sus personajes fuera de dibujarlos con unos trazos gruesos en los que quedan delimitados. El héroe salvador, la doncella valiente en apuros, el hermano y padre leales, la hermanita frágil, el coronel inflexible, el militar rival (curiosamente, este es el personajes que más matices y aristas plantea, ya lo verán) y el nativo vengativo. Personajes, todos, convertidos en estereotipos. Y es ahí donde nos sustraen los resquicios de autenticidad o naturalidad que debe poseer todo film para convertirse en algo más que en un producto de entretenimiento. Y eso que las interpretaciones son muy buenas. Lewis consigue convencernos con su magnífica actuación que es un héroe novelesco e incluso puede dar el pego como atractivo galán, así que figúrense cómo ha de ser la calidad de su actuación para lograr que los espectadores lleguemos a considerar que es casi guapo.
De todos modos, nunca me hagan caso con respecto a las quejas que a menudo expongo en las críticas porque luego no suelo ser coherente con ellas. Ya ven a esta película le planto un ocho. Es que, a pesar de sus defectos, esta historia siempre me atrapa. No debería ser tan quejica.
Izeta
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5
11 de julio de 2024
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después del éxito alcanzado por Doris en sus comedias con Hudson, Grant y demás, los productores siguieron probando suerte colocando a Doris esta vez junto a Rod Taylor en otro intento de comedia de enredo marital en la línea de las que protagonizara anteriormente, pero no hubo suerte. Un guion poco inspirado y bastante plano en su parte central da al traste con una película que ni aun los esforzados actores que la pueblan consiguen levantar.

La historia se muestra indefinida y bastante poco consistente. A un inicio que parece querer enfocarse en los problemas adaptativos culturales con los que se encontrará un joven matrimonio norteamericano, recién instalado en Londres por motivos de negocios (Taylor es vendedor de lana y ha de tratar de abrir mercado para la venta de su producto en Europa), le sigue el enredo típicamente marital de desacuerdos entre la pareja, discusiones, problemas de celos y malentendidos pero sin que medie la menor chispa ni fortuna con situaciones alargadas hasta el exceso (ese viaje a París y la borrachera de Doris), con los actores desaprovechados (Hermione Baddeley se encuentra desperdiciada y aun el propio Taylor encuentro que tiene poco que hacer) y un ritmo bastante moroso en su parte central con gags alargados en exceso hasta la extenuación, hacen perder el interés del espectador que va a encontrar más reconfortante distraerse contemplando ese casoplón impresionante que la pareja llama "casita de campo" y que, al parecer, (lo dicen ellos, ¿eh?) aun se encuentra patas arriba debido al caos de la mudanza y a que no disponen de una mesa de comedor georgiano "decente" jejejejeje ( terrible carencia que constituirá uno de los problemas desencadenantes del enredo).

La otra parte del malentendido irá a cargo del bastante ausente Taylor y de sus cenas europeas de negocios que, al parecer y contrariamente a las costumbres "más serias y responsables" de los americanos, sólo pueden cerrar sus tratos en medio de bacanales y juergas, amantes y líos varios, ya que no hay nada más inspirador para cerrar contratos millonarios internacionales que la mirada sensual de una curvilínea secretaria bailando el twist a tu lado.
Otra cuestión a destacar podría ser el vestuario de Day que brilla impresionante a lo largo de este film. Sobre todo el vestido ese naranja reluciente protagonista del gag de la aceituna, y que destaca sobremanera. Por contra, yo siempre he solido flipar con algunos de los sombreros que le plantaban a la rubia en sus muchas películas. Algunos eran preciosos pero otros, !Madre mía, qué barbaridad!
Por resumir una película algo sosa y plana, emuladora de sus grandes éxitos anteriores pero lejos de alcanzarlos. Con un buen inicio prometedor, una meseta poco interesante y un final que trata de alzar el vuelo aunque ya tarde. Se ve con agrado pero no deja huella. Sé que la olvidaré pronto.
Izeta
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7
10 de julio de 2024
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
No deja de ser curioso este western que parece reunir en su historia elementos y temas muy dispares retratados en otras películas aglutinándolas en una sola sin que por ello pierda solidez ni coherencia.
Una historia que comienza con la llegada de un forastero (Macdonald Carey) sucio y mugriento a la ciudad portador de un magnífico revólver que resalta envuelto en una cartuchera adornada con hebillas de plata. Al forastero apenas se le ve de lo cubierto de polvo que está pero el revólver brilla orgulloso atrayendo la atención de los lugareños hacia su persona.
El viejo vaquero cansado, busca un lugar para establecerse y vivir el resto de sus días en paz pero su revólver no se lo va a permitir. El Colt Wesson 45 parece atraer problemas allí donde va. Los primeros en el saloon donde se introduce. La dama que regenta el local creerá reconocer en él a un afamado pistolero y los vaqueros sentados en la mesa del rincón enseguida crearán problemas a su dueño. Un revólver así siempre está maldito.
Esto no habrá sido más que el comienzo.
A través de la chica del saloon en seguida descubrirá que la ciudad se encuentra dominada bajo el poder caciquil de una familia del condado y que el vaquero al que ha disparado es uno de ellos. Y comienzan los problemas.
El sheriff del pueblo, ya lejos de la juventud, aplica la justicia de una forma harto discutible, como si fuera un funcionario. Donde se encuentren los problemas él no estará allí para enfrentarlos y dará por buenos todos los desafíos que ayuden a limpiar la ciudad si hay testigos (no importa qué o quiénes) que puedan darlos por válidos.
Audrey Tootter en un papel sorprendente mitad mujer fatal maquinadora pero con ambiciones legítimas querrá aprovechar la destreza del vaquero para aplicar justicia y deshacerse de los maleantes. Para ello planeará con ayuda del hombre que la corteja (James Craig), el enfrentamiento entre el clan familiar y el forastero.
Estos, por su parte, con el viejo cabeza de familia al frente de ellos, tratarán de vengar la muerte de uno de los suyos y aun habrá sitio para dirimir ciertas rencillas familiares internas, a cuenta del matrimonio de uno de los hijos con una india del que todos reniegan. Otro detalle sorprendente más de esta historia. Uno de los malos protagoniza una historia de amor preciosa.
Buenos que actúan como malos. Malos que actúan como buenos. Hombres de paz haciendo la guerra. Sheriff pacíficos que juegan a las damas. Malas buenas o buenas malas. Misticismo y superstición. Cobardía. Humor y amor. Muchos duelos y un gran tiroteo final. Un western extraño como poco. El hombre o la pistola. La leyenda del Colt Wesson 45.
Izeta
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7
8 de julio de 2024
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ha sido gracioso.
Me he puesto a ver esta película sin tener ni idea ni de lo que iba, ni de quién trabajaba ni nada.
Al cabo de unos minutos, todo me empezó a resultar increíblemente familiar pero no encontraba la razón.
Estaba seguro de no haberla visto antes porque ver a Jack Palance en este tipo de papel de protagonista junto a Winters o a un Lee Marvin tan joven apuntando maneras, ya sabía que seguramente nunca me habría tropezado con ella.
Estaba comenzando a disfrutarla pensando que no estaba nada mal la historia pero sin lograr desprenderme de la sensación del dejá vu, cuando aparece Lori Nelson y ahí ya, !Y se hizo la luz!. !El último refugio de Raoul Walsh!.
Descubrir que estas viendo un remake de una peli famosa es una experiencia contraproducente para aquel porque inevitablemente tu imaginación se va a poner a compararlas y lo más probable es que la última salga perdiendo en ella.
La única manera de disfrutarla es, o bien por no haber visto la anterior o bien porque su recuerdo permanece lejano y borroso en el tiempo.
En mi caso así ha sido. Hacía muchísimos años que no veía la de Walsh así que mi experiencia con esta película podría decirse que no ha sido mala. Reconozco que estaba disfrutando de Palance hasta el momento en que se me ha colado Bogart en mi cabeza. Y entonces ya ahí, !pobre Palance!, nada que hacer.
La Winters no. La Winters se sostiene se meta en donde se meta porque aunque Lupino componga un personaje maravilloso, bastante romántico y trágico y demuestre tener gran química con Bogart, Winters siempre revestía a sus personajes con esa mezcla singular de bondad patética que la hacía única y la película adquiría un matiz angustioso e incómodo para el espectador, !pobre Winters!, y siempre conseguía despertar nuestra compasión.
Desde luego se podría decir que este remake es totalmente innecesario porque resulta una versión literal en la que no cambia nada. La historia discurre igual, los diálogos son los mismos y las escenas también. Lo único que cambia es el formato a color y los actores por supuesto. Y el toque romántico trágico de aquella, brilla por su ausencia en ésta que es un pelín más cruda y llana, supongo que porque sus actores son más terrenales y por ende, la película también lo es.
Aun así es un remake más que decente y se puede disfrutar precisamente porque apenas cambia nada. Por qué se considera el color como una ventaja en este tipo de films es para mí un misterio, vale que las montañas se ven estupendas a todo color pero fuera de eso no supone ninguna mejora, el glorioso blanco y negro de aquellos años envuelve a sus actores en un halo romántico que de ningún modo posee ésta. Y en eso pierde.

En fin, si tenéis la de Walsh muy presente en vuestra memoria, dejad pasar algún tiempo antes de acercaros a ésta y veréis cómo sí la disfrutáis, la cinta no está nada mal. Por el contrario si sois furibundos admiradores de la primera y de esos que se conocen hasta el último fotograma de la misma harías bien en evitarla porque no os va a aportar nada distinto ni mejor ni más interesante. A vuestra bola, chicos.
Izeta
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6
5 de julio de 2024
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Este lujoso y crítico melodrama realizado en la década en la que su género alcanzó el cénit, los 50, gracias a los grandes especialistas que lo cultivaron, Sirk, Stevens, Daves, Kazan, entre otros, no parece haber dejado tanta huella entre sus aficionados y he estado intentando encontrar la razón de ello, ya que en principio se diría que posee los mismos atributos que aquellas.
Una ambientación y puesta en escena elegante, lujosa, cuidada.
Un argumento, basado en una novela de John O`Hara, que critica el establishment de la burguesía americana y a la familia, la corrupción política, la hipocresía, las convenciones y falsa moral que habita en ellas.
Unos actores inmejorables y muy bien escogidos para interpretarla y, por último, una trama que contiene la suficiente dosis de escabrosidad, drama y problemas familiares internos como para satisfacer la avidez del público por ellos.
Una telenovela de qualité con todas las de la ley, en suma.
No he tenido la oportunidad de leer la novela en la que se basa pero doy por supuesto que se encuentra mutilada y comprimida dada la precipitación con la que discurren ciertos acontecimientos en la historia.
La trama comienza con un funeral y grandes personalidades del mundo de los negocios y la política se reúnen para rendir su homenaje a un ser muy querido por todos ellos.
Pero en un par de minutos, comenzaremos a ver el polvo que desprenden sus impecables trajes de luto, sus rostros cariacontecidos, la dignidad del dolor de su viuda y todo eso...
Partiendo de un largo flash back, Diane Varsi, hija del difunto Cooper, rememorará todo lo que ocurrió en los últimos cinco años en el seno de la familia y que, al parecer, dio lugar a la escena en la que se encuentran.
Primer error. Comenzar una historia de estas características por su final es desposeerle de gran parte de la fuerza dramática que poseen estas historias. A su potencial público telenovelero no le puedes decir cómo va a acabar el protagonista, esto no es cine negro, aquí se viene a llorar y a sufrir, para eso preparamos la caja de kleenex y la mía ha permanecido intacta, ya lo ven y eso que soy de lágrima fácil.
Una historia de ricos, los cuales también lloran.
Cooper es un exitoso hombre de negocios y todo parece irle bien. Hasta que vemos a la arpía de su esposa, Geraldine Fitzgerald y !huy!, sólo verle la cara ya adivinamos que tiene una escoba metida por el culo y que Cooper la lleva clara con ella.
Y así es. La bruja no tiene bastante con todo lo que tiene, que es mucho, y pretende que su marido se meta en política para aspirar nada más y nada menos que a la presidencia del país. Cooper, por su parte, ya saben, es un buen chico, demasiado, y parece regirse por todo lo que ordena su esposa sin ningún convencimiento por su parte o así nos lo pintan en el film. Se meterá en chanchullos políticos y todo eso sobornando a sus amigos para que lo promuevan con el fin de alcanzar el cargo de vicegobernador.
Naturalmente, de un matrimonio así tienen que salir dos hijos algo problemáticos.
El chico, Ray Stricklyn, es una suerte de James Dean. Adolescente rebelde que no encuentra su sitio, quiere ser músico y claro, eso, nanay de la China en una familia así. O a Yale o nada.
La hija, por su parte, se enamora de otro músico, trompetista de jazz, un chaval de lo más guapito pero eso en esa familia y con la bruja de su madre, es lo mismo que si Tamara Falcó se liara con Santiago Segura. Totalmente inaceptable. Para colmo, se queda embarazada y se casa con él. Ya veremos cómo resuelven el asunto sus progenitores, todo tiene solución en esta vida si se hace con la mayor discreción.
¿Sabéis por qué no me termina de convencer a mí este correcto melodrama?
Porque Cooper no me parece un personaje al cual pueda yo dirigir mis simpatías sin reservas. Que vale que su mujer es la persona más desnaturalizada del mundo y sus amigos unos canallas pero Cooper se deja manejar aquí con una facilidad pasmosa. Se supone que por su buen talante, su integridad y sólidos valores se convierte en una presa fácil de ellos pero !leches!, un poco más de firmeza, criterio y sensatez no le hubiera venido mal que, al fin y al cabo, es el cabeza de familia y algo puede tener que decir o hacer. Es decir, por decirlo suavemente, es un poquito calzonazos.
Todo el mundo en esta historia se empeña en resaltar la magnífica labor de Fitzgerald como bruja sin matices. Y es que es así. Su personaje no tiene matices de ningún tipo. Es la mala, malísima de la Historia, !pobre Cooper! que se ve empujado a la bebida por ella. !Pobre Cooper! que se ve impelido a liarse con la jovencita por ella. !Pobre Cooper! que instiga a su hija a abortar por ella (la censura no lo muestra pero es así). !Pobre Cooper!, que es un caballero en un mundo donde no necesitan a los caballeros...
Pues no. Cooper es un caballero sí, pero también es un sinsorgo. Un poco más de firmeza de carácter, temple y de no dejarse dominar hubiera resuelto sus problemas al instante. Yo no puedo echar toda la culpa a Fitzgerald, Cooper también cuenta y es por eso que este melodrama me deja totalmente seco y frío, a pesar del magnífico envoltorio bajo el cual se adorna.
No he mencionado a la bella Suzy Parker, la muchacha con la que mantiene el romance que también hay que creerlo, ya ves tú, por muy fino y elegante que nos lo muestren.
En fin. Un melodrama de apariencia bella, elegante, lujosa, tratado con delicadeza como ha de ser pero que, a mí, no me ha terminado de convencer.
Izeta
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