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Testigo

6,2
295
votos
Sinopsis
Un enigmático hombre de negocios en nombre de una misteriosa organización se pone en contacto con Duval (François Cluzet) para ofrecerle un trabajo sencillo y bien remunerado: transcribir escuchas telefónicas interceptadas. Duval, económicamente desesperado, acepta sin preguntar sobre la finalidad de la empresa que lo contrata. De pronto, envuelto en un complot político, debe afrontar la brutal mecánica del mundo oculto de los servicios secretos. (FILMAFFINITY) [+]
Críticas ordenadas por:
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4 de junio de 2017
7 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Thomas Kruithof debuta como director con Testigo, un thriller político y algo kafkiano, donde un hombre solitario y corriente se ve envuelto en un poderoso complot. Testigo se hace eco de importantes producciones de espías de la historia del cine como La Vida de los Otros (2006) de Florian Henckel von Donnersmarck o La Conversación (1974) de Francis Ford Coppola. Estreno 9 de Junio

Testigo es la historia de Duval (François Cluzet), un exoficinista y exalcohólico sin ocupación durante bastante tiempo. Un día recibe una peculiar oferta de trabajo muy bien remunerada, con un horario de 9 a 18 horas, que le permite recuperar la reconfortante vida rutinaria de una persona activa, por lo que obedece sin cuestionar las reglas ni hacer ningún tipo de preguntas.

Las funciones de Duval consisten en transcribir conversaciones telefónicas grabadas en casetes previamente numerados, a una máquina de escribir sin el conocimiento de sus interlocutores. Su lugar de trabajo, un modesto y semivacío apartamento del que no se le permite salir en horario de oficina, además, no puede fumar en el interior a pesar de que está solo, ni decir a nadie en donde y en que trabaja, es decir estará sometido a unas normas de seguridad cercanas al absurdo. Al mismo tiempo asiste a sus reuniones periódicas de Alcohólicos Anónimos donde conoce a una mujer (Alba Rohrwacher) con la que entabla una tierna relación de amistad. La vida parece sonreír de nuevo a Duval, hasta que un día escucha unas sospechosas y comprometidas conversaciones en un casete, que le harán plantearse su continuidad en el trabajo, pero ya resultará demasiado tarde y su vida corre peligro.

Duval se da cuenta rápidamente que está metido en un entramado de confabulaciones y conspiraciones en el que están implicados políticos conocidos, entre ellos el futuro presidente. La situación se complica más aún, cuando aparece la figura de Gerfault (Simon Abkarian), un hombre que afirma ser su superior, un eslabón intermedio entre él y Clément (Denis Podalydès), la persona que le contrató. Duval es un hombre que está acostumbrado a controlar las situaciones, de hecho ha podido mantenerse alejado del alcohol, por lo que no le será muy complicado comprender y adaptarse a la nuevas reglas de juego en las que está inmerso, y sobre todo a aprender a desobedecer. Todo ello para defenderse y salvar su vida.

Estamos ante un intenso thriller político cuyo telón de fondo está inspirado en varias conspiraciones que han tenido lugar en Francia en los últimos treinta años, desde la crisis de los rehenes del Líbano en los años ochenta, hasta el escándalo de los cuadernos de notas de Takieddine, que publicó el diario Liberation para informar de que el régimen de Gadafi pudo financiar la campaña de Sarkozy. Y en general como ha reconocido el propio Thomas Kruithof en una entrevista, en la constante sospecha de la instrumentalización de los servicios secretos con fines políticos.

A partir de ahora, Testigo entra en una inquietante y tensa espiral de momentos angustiosos y claustrofóbicos en la que no sabemos realmente quien es quien y lo más desconcertante, no se puede saber en quien confiar. El personaje de François Cluzet se introduce de manera involuntaria en una complicada red de engaños muy al estilo de Hitchcock donde un hombre corriente y sencillo se ve atrapado en un poderoso complot para convertirse en un agente de inteligencia y posteriormente en un agente doble. Un solitario ciudadano de a pie contra el sistema.

Uno de los aspectos más interesantes de Testigo es la forma de gestionar las escuchas teléfonicas. En una sociedad de grandes avances tecnológicos, Thomas Kruithof y su guionista Yann Gozlan tienen la brillante idea de retornar al mundo analógico, no se utiliza ni internet ni sofisticados ordenadores sino una máquina de escribir y cintas de casete. Una eficaz forma de evitar el robo de información relevante por hackers informáticos tan en boga en las portadas de los periódicos de todo el planeta, sobre todo, tras las Elecciones a la Presidencia de Estados Unidos y Francia.

Testigo recoge el guante de importantes producciones sobre espías como La Conversación (1974) de Francis Ford Coppola o La Vida de los Otros (2006) de Florian Henckel von Donnersmarck. Todas tienen como denominador común tratar el tema del seguimiento externo y de la violación de la privacidad, sin embargo, Thomas Kruithof añade una tono y un brillo especial que la hace ser diferente. En la trama de Testigo, tanto las condiciones laborales y los medios arcaicos que utiliza Duval como el desarrollo de los acontecimientos contribuyen a crear una atmósfera típicamente kafkiana donde se nos aparece un mundo complejo, en el que Thomas Kruithof mezcla de forma brillante la intriga con multitud de situaciones angustiosas y absurdas que rozan a veces lo surrealista.

Cinemagavia http://cinemagavia.es/pelicula-critica-testigo/
Eduargil
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12 de junio de 2017
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para pasar el rato, que últimamente ya es bastante cuando se va al cine, pero que no se espere una francesa que te agarre a la butaca.
Evidentemente es una obra menor y solo la salva un cierto pulso de 'film noir'. Cuando el protagonista dice al principio ''Esto es un desastre'', me ha dado una corazonada negativa y no me equivocaba mucho. Por cierto que ese comienzo es tan absurdo como tantas otras situaciones de la cinta que la hacen naufragar bastante. Pero hay buena mano tras la cámara, la banda sonora es adecuada y el montaje interesante. A cambio París siempre da para mucho más en una película de estas. Y luego las actuaciones. Prefiero los secundarios, sobre todo Clement, a un protagonista demasiado hierático y demasiado divo. Un protagonista equívoco que casi nunca se sabe si va o viene y que en su gran riesgo, no parecer creíble, naufraga lo mismo que la película. La chica tampoco mola. El comentado Clement y el poli criollo no hubieran desentonado en las grandes de este género, por ejemplo con Le Carré.
Se puede uno dormir con perfecta naturalidad, la película induce a ello con su flujo. Solo hay un momento de impacto. Y por eso creo que el director es flojo y también, entre otras muchas cosas, porque falla retratando la violencia, lo cual es bastante imperdonable en el cine negro galo. Podía haberla sugerido perfectamente sin haberla mostrado y lo tenía fácil, o podía haberse metido en harina y haberse mojado, pero se queda en medio. Flojo.
Película del montón, pero digna al fin.
Nota al margen de la película.- Es patético que en una película como esta haya gente que se echa a reir a la mínima oportunidad. No gente joven colocada, sino gente de cierta edad que quiere reir de cualquier manera. Es una tendencia que constato en todas las películas que voy a ver, la gente se echa a reir por cualquier cosa, incluso en momentos dramáticos por cualquier bobada. O son más inteligentes, o tienen más sentido del humor o son completamente gilipollas.
Fagus
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19 de junio de 2017
7 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Puro engaño, ampulosa artificiosidad… no se me ocurre mejor manera de resumir la sensación que me ha provocado el visionado de esta alabada película francesa. Y el pecado original no está tanto en la realización – que es competente y sabe crear y mantener un clima de sospecha y peligro – sino que se debe al calamitoso guion (del que también es corresponsable el propio realizador, Thomas Kruithof), el cual supura quiebros temerarios y enredos calenturientos, como abducido por una obsesión paranoica en conspiraciones y corruptelas varias dentro de la policía francesa (o en los servicios secretos del Estado galo), que parecen fruto de unas fiebres o dengues tropicales, al infestar de cansina y rebuscada arbitrariedad cada escena de la cinta, lo cual produce perplejidad y hastío en el sufrido espectador.

Por lo tanto, si se trata de ver con total indulgencia como una sucesión de escenas ominosas que parecen bien trabadas – con un mínimo de solvente carpintería – podría tener un pase. Pero cuando se pretende seguir las florituras y adornos de la trama para ver si el deslavazado rompecabezas propuesto tiene algún sentido, el castillo de naipes se viene abajo, ya que no hay un mínimo de consistencia, ni de enjundia, ni de verosimilitud en el descabellado tiovivo que se urde con tajante desprecio por el espectador y nulo respeto por la credibilidad o, al menos, por la coherencia narrativa del relato. Ocurren algunas cosas, hay algún asesinato, hay cierta violencia repugnante y algunas escenas de suspense, pero en todo momento permanece la desagradable sensación de que asistimos a un refrito indigesto que combina el cine negro y la conjura política, pero sin saber por cual decantarse.

No basta con crear un buen personaje protagonista (y contar con un excelente actor como François Cluzet para encarnarlo) para conseguir que perdonemos los errores garrafales de una historia carente de interés, ayuna de nervio, menoscabada por sus múltiples ocurrencias arbitrarias de principiante que pretenden pasar por genialidades de maestro. La atmósfera viciada que se retrata produce una total indiferencia, la desesperación de su protagonista resulta risible de tan forzada y melodramática, su desgraciada historia personal y sus torpes escarceos sentimentales parecen un caprichoso pretexto narrativo para estirar el endeble y escaso metraje. Vamos, que estamos ante un monumento a la torpeza o un mausoleo de la fatuidad. Muy francés todo ello, pero – sobre todo – muy pesado y prescindible.

Ni enigma, ni emoción, ni misterio. El secreto a voces es su brutal nulidad presuntuosa.
antonalva
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14 de junio de 2017
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tiene todas las papeletas para que “Testigo” pase desapercibida por la cartelera. Inexplicablemente es otra de las películas olvidadas por la Academia de Cine de Francia, por lo que no ha podido utilizar ningún reclamo con los “Césars” en su casi inexistente promoción. Entre la crítica ha encontrado a muchos defensores, aunque no entiendo a los escasos cronistas que se han atrevido a acogerla con cierta frialdad, así como algunos usuarios de FilmAffinity, cuando es un film que debería ser recibido con más gratitud, sobre todo no ya entre cinéfilos, si no simplemente entre aficionados a los buenos “thrillers”, porque “Testigo” es una película que sobresale por encima de la media habitual, que suele darnos productos mediocres, tramposos y sin interés. De entrada en su contra, y para colmo, su distribuidora le ha encasquetado un título español tan poco sugestivo como alejado del original.

Es el primer largometraje de Thomas Kruithof, que junto a Yann Gozlan son los responsables de su guión. Ni que decir tiene que nos apuntamos el nombre de su director porque, si no se tuerce la cosa, que ojalá no sea así, en un futuro podría darnos películas notables. En esta “Testigo”, Kruithof ha sido capaz de imprimirle una atmósfera fantasmagórica, algo fría, pero apropiada y que nos lleva, aunque sea lejanamente, a los films del gran Melville, por ejemplo, un cine negro que ha tenido sucesión en esporádicos fogonazos. Audiovisualmente llama la atención porque está muy cuidada, pero todo esto es fruto de un trabajo previo, no casual, ya que su práctica dirección no parece la de un debutante. En cuanto a su guión parte de una idea, que aunque pueda sonar algo descabellada, aseguro que encierra mucha verdad. Al decir esto puede parecer que he trabajado para el gobierno en asuntos de índole secreta. Por Dios, no lo crean, pero sé que su punto de arranque, además de no estar demasiado trillado en el cine, es una premisa que puede surgir de una manera más cotidiana de lo que pudiera parecer. Sus guionistas además tienen el acierto de no dar más piruetas de lo debido o de dejar boquiabierto al espectador a toda costa. Le han dado el ritmo justo, veracidad y unos personajes creíbles.

Su reparto al completo está bien llevado, especialmente François Cluzet (actor que me sigue recordando enormemente a Dustin Hoffman), y que a raíz del descomunal éxito de “Intocable”, muchos pensaban que en el género dramático se quedaría reducido a una colección de “tics”, como si ya hubiera sido absorbido de por vida por este personaje, y nada más lejos, dando todo un ejemplo de contención a la par de ser capaz de conmover.

“Testigo” puede hacernos recordar ese cine denuncia- político que estuvo de moda en los setenta y parte de los ochenta con títulos tan estimables como, obviamente, “La conversación” o “El último testigo” de Pakula, así como algunas películas de Melville, Petri, Bob Swaim o Besson, por poner ejemplos. Puede que de las últimas destacables que se hicieron en esa línea fuera “The Internacional: Dinero en la sombra”, por dar varios ejemplos, y aunque “Testigo” no termine por superar muchas de las mencionadas, podría figurar con toda justicia en esta supuesta lista.
Maggie Smee
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25 de junio de 2017
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'Testigo' es un eficaz y sobrio thiller francés de espionaje político (tan de moda últimamente en la realidad) que bebe del cine setentero en que directores como Sydney Pollack o Alan J. Pakula retrataron tan bien historias semejantes, aunque eran otros tiempos. Viendo a François Cluzet transcribir las grabaciones que escucha, es inevitable recordar también otro film también de los 70 al que parece homenajear como es 'La Conversación' (Francis Ford Coppola, 1974), una de las Obras Maestras de su director y sorprendentemente uno de los films menos recordados. Así pues, 'Testigo' trae a la actualidad un tipo de cine que tuvo su éxito hace 4 décadas, pero que ahora no tiene el mismo impacto.

'Testigo' tiene un arranque genial y la primera media hora es lo más interesante e intenso, con una adecuada presentación del personaje principal y la situación a que deberá enfrentarse. A partir de ahí, pese a mantener siempre un suspense latente, el film recorre caminos más previsibles que hacen decaer nuestra atención, tanto en la trama política puramente de espionaje, como en la subtrama de índole romántico que se esboza entre el personaje de François Cluzet (61 años) y Alba Rohrwacher (38 años), con una función más mecánica que necesaria para llevarnos hacia un desenlace con un climax flojo y poco probable (tal y como está contado y del que no haremos spoiler).

'Testigo' es un film para cinéfilos nostálgicos que supone un prometedor debut en la carrera de Thomas Kruithof, que contiene unas excelentes interpretaciones de Cluzet y Rohrwacher, pero cuya rocambolesca trama tiene algunas lagunas de guion evitables que malogran parte de su necesaria credibilidad. Suspense realizado con frialdad en un entorno de crisis social para mostrar los entreseijos de la política sucia, de las luchas de poder y de la corrupción, donde las nuevas tecnologías se convierten curiosamente en un arma de doble filo.

Crítica para www.universocinema.com
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@danielfarriol
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