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Críticas de Eduargil
Ordenadas por:
64 críticas
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8
25 de enero de 2017
51 de 64 usuarios han encontrado esta crítica útil
El pequeño Saroo (Sunny Pawar), de cinco años, pasa la mayor parte del día con su hermano mayor Guddu consiguiendo dinero extra, en acciones que chocan con la legalidad, para colaborar con su madre, y cuidar de su hermana pequeña Shekila. Un día, en una expedición nocturna en ferrocarril a otra ciudad, Saroo acompaña a su hermano, a pesar de las reticencias y protestas iniciales de éste. El pequeño está tan cansado que se duerme en un banco de la estación, mientras Guddu se va a un negocio no especificado y le pide a su hermano no moverse de allí hasta su regreso. Cuando Saroo despierta está tan colérico y asustado, que busca a su hermano, entra en un tren vacío y se queda dormido de nuevo, al día siguiente despierta en un vehículo fuera de servicio que se detiene en Calcuta, a miles de kilómetros, lejos de su casa y familia. Saroo aprende a vivir solo en una ciudad que habla bengalí y no entiende el hindi, tras una serie de peripecias entra en un orfanato más parecido a una cárcel, y será aquí, donde la buena fortuna entra en su vida a través de la adopción de una pareja australiana, Sue Brierley (Nicole Kidman) y John Brierley (David Wenham).

La segunda hora de la película, nos traslada veinticinco años después, un adulto Saroo (Dev Patel) en Australia, con sus estudios recién terminados en una Escuela de Administración Hotelera, parece llevar una vida idílica en una casa junto al mar, visitando ocasionalmente a sus padres, preocupado de su hermano adoptado Mantosh (Divin Ladwa) y con una relación estable al lado de su novia Lucy (Rooney Mara), sin embargo, cuando descubre las posibilidades de Google Earth, la obsesión por encontrar a su madre biológica y hermanos se apodera de su vida, y decide buscarlos contando tan sólo con sus recuerdos y una determinación inquebrantable.

La acción de la película se desarrolla entre la India y Australia, atraviesa los continentes, y nos permite conocer las diferentes formas de vida que hay en cada uno de ellos. Después de la aridez y el tumulto de la India pasamos a los paisajes abiertos de Australia dominados por grandes extensiones de agua. Todo es tan diferente como el televisor y el frigorífico del nuevo hogar de Saroo. La presencia natural y la extraordinaria interpretación de Sunny Pawar como el pequeño Saroo en la primera parte, es verdaderamente adorable y cautivadora, transmite una maravillosa y silenciosa mirada mientras descubre y aprende todo, y, lo más importante, consigue emocionarnos profundamente en esta increíble historia.

El guión de Lukes Davies (nominado al Oscar) proporciona una fabulosa conexión con la comida para que Saroo la asocie a sus recuerdos de infancia y orígenes. De pequeño en la India comía con los dedos, y parte de su férrea preparación formativa en Calcuta para su salida al extranjero implicaba aprender maneras en la mesa tanto de comportamiento como de aprendizaje para el buen uso de los cubiertos. En la Universidad de Melbourne donde estudia tiene algunos compañeros indios, y en una ocasión le invitan a comer. Curiosamente, ahora con sus nuevos amigos indios, una vez más es inducido a comer con los dedos. Asimismo, en una incursión a la cocina ve unos dulces indios colorados y brillantes, que activarán su memoria como un resorte con recuerdos del pasado, con imágenes de aquel exquisito y deseado manjar de niñez en compañía de su hermano.

Dev Patel logra de forma brillante y convincente transmitir con una gran sensibilidad y delicadeza, esa sensación de frustración, confusión, y dolorosa pérdida de alguien separado de su familia sin previo aviso, además, realiza una interpretación tan magnífica, intensa y emotiva que consigue introducirnos con suma facilidad en el interior de su personaje, y hacernos sentir en primera persona la angustia asfixiante y el profundo sufrimiento de Saroo por buscar y encontrar sus verdaderos orígenes e identidad, mientras que Nicole Kidman, con este papel podríamos estar ante un verdadero rejuvenecimiento profesional de la actriz, con el retrato de un personaje perfectamente matizado, de una madre cariñosa, comprensiva y con mucha paciencia. Una portentosa actuación de Kidman merecedora de algo más que una nominación al Oscar.

El director Garth Davis y su responsable de fotografía, Greig Fraser (nominado al Oscar) nos deleitan con amplios y hermosos paisajes, presentados a través de largas tomas aéreas panorámicas, sobre todo, de las impresionantes llanuras secas de la India Central. Garth Davis encuentra una fantástica solución usando el ojo del mundo que todo lo ve, de la herramienta Google Earth, como inspiración para el encuadre de Greig Fraser. De ahí vemos como las grúas y cámaras vienen a imitar la experiencia de desplazarse por Google Earth con lo que visualmente resulta bastante sorprendente. La nominación al Oscar a la Mejor Fotografía está mas que justificada.

Lion plantea diferentes cuestiones de peso a lo largo de los 120 minutos que dura la cinta como la pobreza, la adopción, la explotación y la más poderosa, la identidad. La película reúne todos los ingredientes para ser un auténtico éxito de taquilla, posee un toque edulcorado para suavizar el duro trasfondo del tema, tratada con mucha delicadeza y tacto para atraer al mayor número de espectadores posibles, y lleva el sello inconfundible que tanto gusta a las grandes producciones de Hollywood: "Basado en Hechos Reales", para dar mayor autenticidad, fuerza y emotividad a la narración. A pesar de saber todo eso, inevitablemente a la salida del cine, te dejará la sensación de haber visto una grandiosa, conmovedora y hermosa película que te llegará a lo más hondo de tú corazón. Y, por favor, no te levantes de la butaca tan rápido durante los créditos finales, porque te perderás el emocionante encuentro de los verdaderos personajes en la vida real.
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9
10 de enero de 2017
20 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los rumores de un posible cierre del Studio Ghibli a mediados del año 2014 sacudió y conmocionó a millones de seguidores en todo el mundo, los cuales ya estaban muy afectados y afligidos cuando su fundador, Hayao Miyazaki, considerado el Walt Disney de Oriente, anunció un año antes a través de un comunicado su retirada como director de largometrajes. La compañía no tardaría en desmentir tales rumores sobre su desaparición tras informar que tan solo se tomaría un descanso provisional para realizar una reestructuración debido a los altos costes generados por la empresa. Pues bien, ahora vuelve con fuerza al panorama cinematográfico mundial, y lo hace con su primera coproducción internacional, La Tortuga Roja, dirigida por el director holandés Michael Dudok de Wit, y coproducida por Francia. Tres nombres propios importantes en la producción son la base en la que se sustenta este ambicioso proyecto: de parte japonesa, Hayao Miyazaki (El Viaje de Chihiro, La Princesa Mononoke, y Mi Vecino Totoro) e Isao Takahata (La Tumba de las Luciérnagas y El Cuento de la Princesa Kaguya), y de parte francesa, Vincent Maraval.

Hace más de diez años, Michael Dudok de Wit recibió un importante correo de Studio Ghibli, con dos peticiones; la primera, permiso para distribuir su cortometraje Padre e hija (2000) en Japón, por el cual recibió multitud de premios internacionales, como el Oscar al Mejor Corto de Animación o el Gran Premio en el Festival de Annecy, además de cosechar muy buenas críticas tanto de la prensa especializada como del gran público, para llegar a convertirse a día de hoy en todo un clásico y corto de culto. La segunda, una oferta para trabajar en su estudio con la posibilidad de dirigir su primer largometraje, ya que hasta ahora solo tenía en su haber la realización de cuatro cortometrajes. De esta manera, la idea de un hombre en una isla desierta que llevaba rondando la mente del director holandés desde hacía un tiempo, empezó a rodar, y así nació La Tortuga Roja. Diez años de esfuerzos ha empleado Dudok de Wit para realizar esta impresionante, emotiva y encantadora maravilla visual.

Sin utilizar ningún diálogo, nos cuenta la historia de un hombre que naufraga en una isla desierta poblada de cangrejos, tortugas y aves, cuyos intentos repetidos de escapar en diferentes balsas de madera improvisadas son malogrados por una fuerza invisible. Dicha fuerza resultará ser una gigante tortuga roja. Cuando al hombre enfurecido se le presenta la oportunidad de vengarse de esta misteriosa criatura, no la desaprovecha, y tras su posterior arrepentimiento por la acción cometida, la tortuga roja se transforma en una hermosa mujer que le hará compañía en la isla para el resto de su vida.

La escena inicial de una tormenta con un mar embravecido, en donde nuestro protagonista lucha por sobrevivir, recuerda a la famosa estampa japonesa La gran ola de Kanagawa del pintor Katsushika Hokusai donde se refleja esa dualidad existente entre la fragilidad de los seres humanos y la imparable fuerza de la naturaleza. La Tortuga Roja es un retrato de nuestro mundo, capaz de ofrecer belleza y crueldad al mismo tiempo. Esa furia y fuerza destructiva de la naturaleza actúa con mayor vehemencia y contundencia en otro episodio de la película, en el que sentimos toda su inmensidad y grandiosidad convirtiendo a las personas en diminutos, pequeños e insignificantes seres vivos.

A pesar de estar dirigida y coproducida por europeos, conserva muchos elementos y temas característicos de la factoría Ghibli, ese toque de misticismo y misterio en la historia, el respeto y el amor por la naturaleza, el paso de la infancia a la vida adulta, e inclusive intervienen unos traviesos y simpáticos personajes en forma de cangrejitos, con muchas semejanzas y similitudes a los asustadizos y curiosos Susuwatari que aparecen en Mi vecino Totoro y El viaje de Chihiro, unos seres pequeños muy oscuros en forma de bola y pelo rizado. Cuando la tortuga se convierte en una compañera humana, la película se transforma en un hermoso y lírico viaje a través de la vida, una apacible y onírica fábula llena de misterio, capturando la crisis existencial del hombre que termina aceptando su situación para enfrentarse a la isla, y aprender a disfrutar de su entorno.

El público al que va dirigido Ponyo en el Acantilado (2008) evidentemente no es el mismo que el de La Tortuga Roja, aunque hay momentos cómicos de mucha ternura, delicadeza, y muy conmovedores, no se trata de una película para niños debido a su trasfondo filosófico y existencialista donde se nos habla de la realidad de la muerte, y en la que Michael Dudok de Wit pretende transmitir que no necesitamos oponernos a la muerte, ni temerla, ni luchar contra ella ya que se trata de algo natural que forma parte del ciclo de la vida.

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7
22 de diciembre de 2016
18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
En Un Hombre llamado Ove, Ove (Rolf Lassgård) es un viejo gruñón y antipático que solo quiere poder suicidarse para estar al lado de su recién fallecida mujer, Sonja (Ida Engvoll). Ella era la luz de su vida y no quiere vivir sin ella. Pero no es lo suficientemente habilidoso para conseguir llevar a cabo el suicidio ya que es interrumpido siempre en cada intento justo en el momento en que empieza a perder la conciencia. Son en estos momentos en forma de flashbacks cuando se nos revelan acontecimientos fundamentales y partes de su difícil vida que nos ayudará a entender su ira, frustración y pérdida. Además está demasiado ocupado peleando con sus vecinos y funcionarios del exterior como para morir todavía.

Nuestro protagonista tiene una especial inquina con la nueva familia que se ha mudado al lado, una mujer embarazada llamada Parvaneh (Bahar Pars), su marido y dos hijas, inmigrantes de Irán y con un sentido de la comunidad completamente diferente. Despedido recientemente de la empresa donde llevaba trabajando 43 años, y destituido como presidente de la Comunidad de Vecinos por su comportamiento extremo, Ove sigue vigilando el vecindario donde vive de arriba a abajo con patrullas realizadas a diario de forma puntual con el fin de hacer cumplir de forma escrupulosa las normas que rigen la Comunidad. Esto provocará continuas tensiones con sus vecinos.

Las escenas más profundas y divertidas de la película son los enfrentamientos de Ove con su embarazadísima vecina persa cuya sociabilidad y compresibilidad casi agresiva obliga al viejo gruñón a salir de su caparazón. El contrapunto físico existente entre ambos, Ove es alto, fuerte, de piel blanca mientras que ella es baja, delicada y de tez morena encuentra una cierta armonía con la obstinación de ambos. Al final desarrollan una química tan poderosa que Parveneh se convertirá de alguna manera en esa hija que nunca tuvo Ove.

Es una película agradable de ver con un tono tragicómico y sentimental, cuidadosamente equilibrado, muy envolvente donde contemplamos una profunda transformación espiritual de un hombre irritante con un carácter muy difícil que toma un nuevo camino para asombro de vecinos y personas cercanas a él. Observamos como Ove adopta a un gato callejero, salva a un hombre que cae en una vía de tren y permite a un camarero homosexual vivir con él en su casa después de que su homófobo padre lo echara.

La conjugación entre misantropía y el sentido del deber de Ove es parte del encanto de la película. No es una persona codiciosa sino más bien un hombre escandalizado porque su sentido rígido de la responsabilidad y la autosuficiencia no es igualada por el del resto del mundo a los que considera idiotas. Los flashbacks ayudan a enmarcar la psicología de Ove al tiempo que son utilizados para conseguir algunas lágrimas del espectador. Por poner un pero quizás se apoya excesivamente en clichés consiguiendo un desarrollo de la historia tan predecible que siempre ocurre todo aquello que uno espera que ocurra y justo cuando lo esperas.

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8
23 de diciembre de 2016
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Comanchería es la fascinante historia en el oeste de Texas de dos hermanos, un padre divorciado (Toby) y un exconvicto (Tanner) que trazan un peligroso plan para salvar la granja familiar de una ejecución hipotecaria tras la reciente muerte de la madre al no poder afrontar el pago. Por las mañanas a primera hora, Toby (Chris Pine) y Tanner (Ben Foster) deciden robar varias sucursales del Texas Midlands Bank (El mismo banco que amenaza con apropiarse del rancho y las tierras familiares) en ciudades pequeñas durante varios días para evitar riesgos y complicaciones, asegurandose tambien de robar solo pequeñas cantidades y nunca billetes de 100 dolares que al estar marcados dejan rastro. El hombre encargado de detenerlos es el veterano sheriff Marcus (Jeff Bridges), que está a sólo unas semanas de la jubilación y dispuesto a tener una retirada triunfal con su último caso.

Rápidamente nos damos cuenta tanto de los carácteres contrapuestos de ambos hermanos, mientras que Toby es tránquilo y metódico, Tanner es impulsivo e impetuoso, como de las verdaderas intenciones de cada uno de ellos, para Toby todo el plan trazado es con el objetivo de proporcionar una estabilidad y seguridad económica a sus hijos, mientras que para Tanner robar bancos y poseer armas de fuego le aporta subida de adrenalina y diversión. La relación entre los dos hermanos y el misterio existente detrás de cada una de sus vidas que poco a poco vamos descubriendo a medida que se va desarrollando la trama es uno de los aspectos mas estimulantes de esta película junto a la peculiar persecución del sheriff Marcus.

El viaje de Toby y Tanner transcurre por dilatadas carreteras, atravesando colinas sin límites, enmarcado dentro de terrenos secos y polvorientos, recorriendo vastos paisajes desérticos, pequeños pueblos degradados con ásperos habitantes y rincones olvidados por la Gran Recesión y la pobreza. Es muy significativa una pintada en la fachada de un pueblo al comienzo de la película en la que leemos "Tres veces en Irak, pero no hay dinero para nosotros" que nos pone sobre aviso del terreno que vamos a pisar. A continuación aparece el cartel de una sucursal del Texas Midlands Bank, comienza la acción.

Nuestros protagonistas, son dos bandidos provistos de pistolas en territorio comanche, donde sus habitantes están acostumbrados desde sus ancestros a resolver los asuntos con el uso de las armas, por ello, el verdadero peligro no reside en las fuerzas de autoridad sino en un temible campo de batalla de balas civiles en la que los ciudadanos pueden aprovechar la acción de estos delincuentes para afinar su punteria. Aquí vemos reflejada claramente una cierta hipocresia y contradicción de la población debido a que por un lado contemplamos como admiran y sienten cierta veneración hacia todo aquel que se enfrenta contra el poder abusivo del banco, al que consideran un ladrón, como lo demuestra unos interrogatorios de la policia en una hamburgueseria cercana y testigo directo de uno de los atracos, y por otro son capaces de poner su vida en peligro en un tiroteo para defender los intereses del banco. Estamos ante la América profunda, el último vestigio de la genuina América consumida por el mundo de las finanzas. El personaje de Jeff Bridges representa de alguna manera la muerte del viejo oeste.

Estamos en una zona donde las granjas familiares pasan duras penas para llegar a final de mes. El ficticio Texas Midlands Bank es el verdadero villano, tirano y usurero, aprovechándose de la gente que está luchando por sobrevivir. El guionista de esta tensa e ingeniosa historia, repleta de diálogos inteligentes, Taylor Sheridan, también lo es de una de las mejores películas del año pasado, Sicario. Ambas parecen estar interralacionadas entre si, cuyas acciones se desarrollan a pocos kilometros de distancia, sin embargo pasamos de la peligrosa y temerosa frontera mexicana a una inquietante tranquilidad texana. Comanchería es un thriller mas previsible y carece del factor sorpresa de Sicario, sin embargo nos mantiene siempre despierto el interés, sin bajar la guardia, debido a que en el fondo subyace una crítica contra la exclusión social y financiera, y como consecuencia de ello, desde un principio simpatizamos con los dos bandidos, quizás porque nuestro rico refranero nos recuerda que "Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón".

Comanchería se nos presenta como un western moderno con coches y camionetas en lugar de caballos, utilizando personajes complejos con estereotipos desgastados, donde David Mackenzie sigue la estela de producciones de finales de los años 60 y principios de los 70 que vieron en el western una oportunidad de difundir y extender su crítica sobre la sociedad américana y sus valores, como El Pequeño Gran Hombre (1971) de Arthur Penn o Grupo salvaje (1969) de Sam Peckinpah. Es una amarga y cínica reflexión sobre el concepto arraigado existente en el viejo oeste sobre la tierra y la propiedad, además del papel importante que juega como símbolo identitario de la sociedad americana.


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9
22 de diciembre de 2016
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después del irregular debut en inglés del director coreano Park Chan-wook con Stoker (2013) vuelve a sus orígenes, a su lengua materna con La Doncella, adaptación de la novela Fingersmith, escrita por la galesa Sarah Waters y ambientada en el Londres victoriano del siglo XIX, para trasladar la acción a la Corea de 1930 bajo el yugo de los invasores imperialistas japoneses. Sin embargo, el sentido de la hipocresía sexual de la época y la lucha feminista se mantienen firmemente en ambos relatos.

La historia gira fundamentalmente en torno a cuatro personajes. Sook-Hee (Kim Tae-ri) es una ladrona cuya madre fue ahorcada y vive con una pandilla de maleantes y timadores que manejan un lucrativo negocio de bebés utilizados para la adopción en el mercado japonés. Ella será captada por un consumado estafador (Jung-Woo Ha), el cual se hará pasar por un apuesto y rico aristócrata japonés bajo el nombre de Conde Fujiwara. Ambos trazan un meticuloso plan para apoderarse de la herencia de una noble japonesa huérfana, Lady Hideko (Min-hee Kim) y luego encerrarla en un manicomio. La delicada e ingenua Lady Hideko ha sido severamente criada y educada por su pervertido tío Kouzuki (Jin-woong Jo) que también tiene interés por arrebatar la herencia de su sobrina.

La película consta de tres partes, llena de detalles y sorpresas constantes, cada sección aumenta y enriquece la historia y ofrece una perspectiva diferente de los hechos, con una impecable puesta en escena acompañada de continuos cambios en el tiempo, la línea de la trama se retuerce sobre sí misma más de una vez y sucesivamente se revela una nueva cara de la historia. La trama se inicia desde la visión de Sook-Hee que entra en la casa como doncella personal de Hideko con la intención de persuadir a esta para que se fugue con el Conde Fujiwara y liberarse de la sofocante vida con su tío. Pero surge un pequeño imprevisto que pondrá en peligro el plan trazado inicialmente debido al enamoramiento de Sook-Hee hacía Hideko. Esta primera parte termina de tal forma que socava y pone en duda todo lo visto hasta ahora.

En la segunda parte vemos la historia a través de los ojos de Lady Hideko donde descubrimos sorprendentes revelaciones sobre su personalidad y lo que implican realmente las lecturas de esos libros tan raros de su tío. A partir de aquí, de forma fascinante la película da un giro, se acumulan las traiciones, los flashbacks revelan trucos secretos y sórdidas historias, las alianzas se reconfiguran constantemente, y deja de ser la historia de un robo con engaño para convertirse en otra bien distinta y que conoce muy bien Park Chan-wook, un cuento de venganza por mujeres humilladas cuyo objetivo no es otro que el patriarcado. La tercera y última parte revela cuál es el plan que realmente se concreta.

En la gran mansión donde se desarrolla el núcleo de la trama, Park Chan-wook realiza de forma sutil una minuciosa descripción de los diferentes espacios de la casa para reflejar la mezcla de culturas y estilos que caracterizó a Corea en su momento. Se trata de una combinación de influencias occidentales, en concreto victorianas, con otra parte japonesa y más tradicional dentro de un entorno formado por espeso bosque coreano.

La película profundiza en la sexualidad, la perversidad y la violencia pero más como un examen de la naturaleza humana y la forma en que la cohabitación forzada a menudo puede provocar manifestaciones inesperadas, siempre con un gran sentido estético y prestando una especial atención a los más pequeños detalles visuales donde destacan los colores saturados. La duración y el contenido de las escenas de sexo, cargadas de gran sensualidad y erotismo puede interpretarse de forma errónea y dar la sensación de estar viendo un porno suave y no sólo un thriller erótico. Las dos actrices que interpretan a Lady Hideka (Kim Min-Hee) y Sookee (Kim Tae-ri) poseen una química perfecta, una elegante y bella complicidad, una vibrante y eléctrica intensidad sexual, que consiguen convertir la pornografía en algo sublime, en arte en su máxima expresión. Posiblemente la escena más erótica de la película implica poco más que un dedal y un diente.

Todas mis críticas en:
http://timejust.es/author/barriodelensanchegmail-com/
Eduargil
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