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Críticas de Eduargil
Ordenadas por:
72 críticas
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8
25 de enero de 2017
53 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil
El pequeño Saroo (Sunny Pawar), de cinco años, pasa la mayor parte del día con su hermano mayor Guddu consiguiendo dinero extra, en acciones que chocan con la legalidad, para colaborar con su madre, y cuidar de su hermana pequeña Shekila. Un día, en una expedición nocturna en ferrocarril a otra ciudad, Saroo acompaña a su hermano, a pesar de las reticencias y protestas iniciales de éste. El pequeño está tan cansado que se duerme en un banco de la estación, mientras Guddu se va a un negocio no especificado y le pide a su hermano no moverse de allí hasta su regreso. Cuando Saroo despierta está tan colérico y asustado, que busca a su hermano, entra en un tren vacío y se queda dormido de nuevo, al día siguiente despierta en un vehículo fuera de servicio que se detiene en Calcuta, a miles de kilómetros, lejos de su casa y familia. Saroo aprende a vivir solo en una ciudad que habla bengalí y no entiende el hindi, tras una serie de peripecias entra en un orfanato más parecido a una cárcel, y será aquí, donde la buena fortuna entra en su vida a través de la adopción de una pareja australiana, Sue Brierley (Nicole Kidman) y John Brierley (David Wenham).

La segunda hora de la película, nos traslada veinticinco años después, un adulto Saroo (Dev Patel) en Australia, con sus estudios recién terminados en una Escuela de Administración Hotelera, parece llevar una vida idílica en una casa junto al mar, visitando ocasionalmente a sus padres, preocupado de su hermano adoptado Mantosh (Divin Ladwa) y con una relación estable al lado de su novia Lucy (Rooney Mara), sin embargo, cuando descubre las posibilidades de Google Earth, la obsesión por encontrar a su madre biológica y hermanos se apodera de su vida, y decide buscarlos contando tan sólo con sus recuerdos y una determinación inquebrantable.

La acción de la película se desarrolla entre la India y Australia, atraviesa los continentes, y nos permite conocer las diferentes formas de vida que hay en cada uno de ellos. Después de la aridez y el tumulto de la India pasamos a los paisajes abiertos de Australia dominados por grandes extensiones de agua. Todo es tan diferente como el televisor y el frigorífico del nuevo hogar de Saroo. La presencia natural y la extraordinaria interpretación de Sunny Pawar como el pequeño Saroo en la primera parte, es verdaderamente adorable y cautivadora, transmite una maravillosa y silenciosa mirada mientras descubre y aprende todo, y, lo más importante, consigue emocionarnos profundamente en esta increíble historia.

El guión de Lukes Davies (nominado al Oscar) proporciona una fabulosa conexión con la comida para que Saroo la asocie a sus recuerdos de infancia y orígenes. De pequeño en la India comía con los dedos, y parte de su férrea preparación formativa en Calcuta para su salida al extranjero implicaba aprender maneras en la mesa tanto de comportamiento como de aprendizaje para el buen uso de los cubiertos. En la Universidad de Melbourne donde estudia tiene algunos compañeros indios, y en una ocasión le invitan a comer. Curiosamente, ahora con sus nuevos amigos indios, una vez más es inducido a comer con los dedos. Asimismo, en una incursión a la cocina ve unos dulces indios colorados y brillantes, que activarán su memoria como un resorte con recuerdos del pasado, con imágenes de aquel exquisito y deseado manjar de niñez en compañía de su hermano.

Dev Patel logra de forma brillante y convincente transmitir con una gran sensibilidad y delicadeza, esa sensación de frustración, confusión, y dolorosa pérdida de alguien separado de su familia sin previo aviso, además, realiza una interpretación tan magnífica, intensa y emotiva que consigue introducirnos con suma facilidad en el interior de su personaje, y hacernos sentir en primera persona la angustia asfixiante y el profundo sufrimiento de Saroo por buscar y encontrar sus verdaderos orígenes e identidad, mientras que Nicole Kidman, con este papel podríamos estar ante un verdadero rejuvenecimiento profesional de la actriz, con el retrato de un personaje perfectamente matizado, de una madre cariñosa, comprensiva y con mucha paciencia. Una portentosa actuación de Kidman merecedora de algo más que una nominación al Oscar.

El director Garth Davis y su responsable de fotografía, Greig Fraser (nominado al Oscar) nos deleitan con amplios y hermosos paisajes, presentados a través de largas tomas aéreas panorámicas, sobre todo, de las impresionantes llanuras secas de la India Central. Garth Davis encuentra una fantástica solución usando el ojo del mundo que todo lo ve, de la herramienta Google Earth, como inspiración para el encuadre de Greig Fraser. De ahí vemos como las grúas y cámaras vienen a imitar la experiencia de desplazarse por Google Earth con lo que visualmente resulta bastante sorprendente. La nominación al Oscar a la Mejor Fotografía está mas que justificada.

Lion plantea diferentes cuestiones de peso a lo largo de los 120 minutos que dura la cinta como la pobreza, la adopción, la explotación y la más poderosa, la identidad. La película reúne todos los ingredientes para ser un auténtico éxito de taquilla, posee un toque edulcorado para suavizar el duro trasfondo del tema, tratada con mucha delicadeza y tacto para atraer al mayor número de espectadores posibles, y lleva el sello inconfundible que tanto gusta a las grandes producciones de Hollywood: "Basado en Hechos Reales", para dar mayor autenticidad, fuerza y emotividad a la narración. A pesar de saber todo eso, inevitablemente a la salida del cine, te dejará la sensación de haber visto una grandiosa, conmovedora y hermosa película que te llegará a lo más hondo de tú corazón. Y, por favor, no te levantes de la butaca tan rápido durante los créditos finales, porque te perderás el emocionante encuentro de los verdaderos personajes en la vida real.
Eduargil
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9
10 de enero de 2017
21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los rumores de un posible cierre del Studio Ghibli a mediados del año 2014 sacudió y conmocionó a millones de seguidores en todo el mundo, los cuales ya estaban muy afectados y afligidos cuando su fundador, Hayao Miyazaki, considerado el Walt Disney de Oriente, anunció un año antes a través de un comunicado su retirada como director de largometrajes. La compañía no tardaría en desmentir tales rumores sobre su desaparición tras informar que tan solo se tomaría un descanso provisional para realizar una reestructuración debido a los altos costes generados por la empresa. Pues bien, ahora vuelve con fuerza al panorama cinematográfico mundial, y lo hace con su primera coproducción internacional, La Tortuga Roja, dirigida por el director holandés Michael Dudok de Wit, y coproducida por Francia. Tres nombres propios importantes en la producción son la base en la que se sustenta este ambicioso proyecto: de parte japonesa, Hayao Miyazaki (El Viaje de Chihiro, La Princesa Mononoke, y Mi Vecino Totoro) e Isao Takahata (La Tumba de las Luciérnagas y El Cuento de la Princesa Kaguya), y de parte francesa, Vincent Maraval.

Hace más de diez años, Michael Dudok de Wit recibió un importante correo de Studio Ghibli, con dos peticiones; la primera, permiso para distribuir su cortometraje Padre e hija (2000) en Japón, por el cual recibió multitud de premios internacionales, como el Oscar al Mejor Corto de Animación o el Gran Premio en el Festival de Annecy, además de cosechar muy buenas críticas tanto de la prensa especializada como del gran público, para llegar a convertirse a día de hoy en todo un clásico y corto de culto. La segunda, una oferta para trabajar en su estudio con la posibilidad de dirigir su primer largometraje, ya que hasta ahora solo tenía en su haber la realización de cuatro cortometrajes. De esta manera, la idea de un hombre en una isla desierta que llevaba rondando la mente del director holandés desde hacía un tiempo, empezó a rodar, y así nació La Tortuga Roja. Diez años de esfuerzos ha empleado Dudok de Wit para realizar esta impresionante, emotiva y encantadora maravilla visual.

Sin utilizar ningún diálogo, nos cuenta la historia de un hombre que naufraga en una isla desierta poblada de cangrejos, tortugas y aves, cuyos intentos repetidos de escapar en diferentes balsas de madera improvisadas son malogrados por una fuerza invisible. Dicha fuerza resultará ser una gigante tortuga roja. Cuando al hombre enfurecido se le presenta la oportunidad de vengarse de esta misteriosa criatura, no la desaprovecha, y tras su posterior arrepentimiento por la acción cometida, la tortuga roja se transforma en una hermosa mujer que le hará compañía en la isla para el resto de su vida.

La escena inicial de una tormenta con un mar embravecido, en donde nuestro protagonista lucha por sobrevivir, recuerda a la famosa estampa japonesa La gran ola de Kanagawa del pintor Katsushika Hokusai donde se refleja esa dualidad existente entre la fragilidad de los seres humanos y la imparable fuerza de la naturaleza. La Tortuga Roja es un retrato de nuestro mundo, capaz de ofrecer belleza y crueldad al mismo tiempo. Esa furia y fuerza destructiva de la naturaleza actúa con mayor vehemencia y contundencia en otro episodio de la película, en el que sentimos toda su inmensidad y grandiosidad convirtiendo a las personas en diminutos, pequeños e insignificantes seres vivos.

A pesar de estar dirigida y coproducida por europeos, conserva muchos elementos y temas característicos de la factoría Ghibli, ese toque de misticismo y misterio en la historia, el respeto y el amor por la naturaleza, el paso de la infancia a la vida adulta, e inclusive intervienen unos traviesos y simpáticos personajes en forma de cangrejitos, con muchas semejanzas y similitudes a los asustadizos y curiosos Susuwatari que aparecen en Mi vecino Totoro y El viaje de Chihiro, unos seres pequeños muy oscuros en forma de bola y pelo rizado. Cuando la tortuga se convierte en una compañera humana, la película se transforma en un hermoso y lírico viaje a través de la vida, una apacible y onírica fábula llena de misterio, capturando la crisis existencial del hombre que termina aceptando su situación para enfrentarse a la isla, y aprender a disfrutar de su entorno.

El público al que va dirigido Ponyo en el Acantilado (2008) evidentemente no es el mismo que el de La Tortuga Roja, aunque hay momentos cómicos de mucha ternura, delicadeza, y muy conmovedores, no se trata de una película para niños debido a su trasfondo filosófico y existencialista donde se nos habla de la realidad de la muerte, y en la que Michael Dudok de Wit pretende transmitir que no necesitamos oponernos a la muerte, ni temerla, ni luchar contra ella ya que se trata de algo natural que forma parte del ciclo de la vida.

Todas mis críticas en:
http://timejust.es/author/barriodelensanchegmail-com/

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Eduargil
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7
22 de diciembre de 2016
21 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
En Un Hombre llamado Ove, Ove (Rolf Lassgård) es un viejo gruñón y antipático que solo quiere poder suicidarse para estar al lado de su recién fallecida mujer, Sonja (Ida Engvoll). Ella era la luz de su vida y no quiere vivir sin ella. Pero no es lo suficientemente habilidoso para conseguir llevar a cabo el suicidio ya que es interrumpido siempre en cada intento justo en el momento en que empieza a perder la conciencia. Son en estos momentos en forma de flashbacks cuando se nos revelan acontecimientos fundamentales y partes de su difícil vida que nos ayudará a entender su ira, frustración y pérdida. Además está demasiado ocupado peleando con sus vecinos y funcionarios del exterior como para morir todavía.

Nuestro protagonista tiene una especial inquina con la nueva familia que se ha mudado al lado, una mujer embarazada llamada Parvaneh (Bahar Pars), su marido y dos hijas, inmigrantes de Irán y con un sentido de la comunidad completamente diferente. Despedido recientemente de la empresa donde llevaba trabajando 43 años, y destituido como presidente de la Comunidad de Vecinos por su comportamiento extremo, Ove sigue vigilando el vecindario donde vive de arriba a abajo con patrullas realizadas a diario de forma puntual con el fin de hacer cumplir de forma escrupulosa las normas que rigen la Comunidad. Esto provocará continuas tensiones con sus vecinos.

Las escenas más profundas y divertidas de la película son los enfrentamientos de Ove con su embarazadísima vecina persa cuya sociabilidad y compresibilidad casi agresiva obliga al viejo gruñón a salir de su caparazón. El contrapunto físico existente entre ambos, Ove es alto, fuerte, de piel blanca mientras que ella es baja, delicada y de tez morena encuentra una cierta armonía con la obstinación de ambos. Al final desarrollan una química tan poderosa que Parveneh se convertirá de alguna manera en esa hija que nunca tuvo Ove.

Es una película agradable de ver con un tono tragicómico y sentimental, cuidadosamente equilibrado, muy envolvente donde contemplamos una profunda transformación espiritual de un hombre irritante con un carácter muy difícil que toma un nuevo camino para asombro de vecinos y personas cercanas a él. Observamos como Ove adopta a un gato callejero, salva a un hombre que cae en una vía de tren y permite a un camarero homosexual vivir con él en su casa después de que su homófobo padre lo echara.

La conjugación entre misantropía y el sentido del deber de Ove es parte del encanto de la película. No es una persona codiciosa sino más bien un hombre escandalizado porque su sentido rígido de la responsabilidad y la autosuficiencia no es igualada por el del resto del mundo a los que considera idiotas. Los flashbacks ayudan a enmarcar la psicología de Ove al tiempo que son utilizados para conseguir algunas lágrimas del espectador. Por poner un pero quizás se apoya excesivamente en clichés consiguiendo un desarrollo de la historia tan predecible que siempre ocurre todo aquello que uno espera que ocurra y justo cuando lo esperas.

Todas mis críticas en:
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7
15 de febrero de 2017
15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película sobre Jackie Kennedy se centra en los días posteriores al horrible asesinato de su marido, el Presidente John F. Kennedy, durante una visita a Dallas, Texas, y en concreto, en el encuentro con un periodista invitado a su casa de Hyannis Port, Massachusetts, una semana después del atentado, para realizarle una entrevista con el objetivo de hacer una crónica de la vida de la viuda afligida, y poder contar a la nación lo que pasó desde la perspectiva de Jackie.

De 1960 a 1963, Jacqueline Bouvier Kennedy fue Primera Dama del Presidente John F. Kennedy. Siempre será recordada tanto por su estilo de vestir y su glamour, convertida en icono de la moda, como por hacerse cargo de la restauración histórica de la Casa Blanca. Jackie vive en un mundo fantástico, una especie de cuento de hadas en un país imaginario que se desvaneció cuando murió su marido. De hecho, a la etapa que estuvo el matrimonio Kennedy en la Casa Blanca se la conoce como la época de Camelot, no solo por el país fantástico del rey Arturo, sino también por el musical que, según confesó Jackie en la entrevista, era la pieza musical favorita de su difunto marido.

Al igual que Sully, se trata de una historia de hora y media que gira en torno a unos pocos instantes fatales. Sin embargo, el guionista Noah Oppenheim encuentra una manera ingeniosa de mantener una intensa narración, utilizando precisos flashbacks para que observemos instantáneas de lo que sucedió antes y después del fatídico momento, a través de la entrevista realizada el 29 noviembre de 1963 a Jackie por un periodista de su confianza, sin nombre en la película, pero que rápidamente identificamos porque se realizó en la vida real.

En este juego narrativo utilizado por Larraín y el escritor Noah Oppenheim, de tejer la historia hacia adelante y hacia atrás durante la entrevista post-funeral donde vemos cómo Jackie controla la narración y le dice al periodista lo que debe y no debe publicar, contemplamos cómo ella, que conoce muy bien cómo funcionan los medios de comunicación y lo que la gente espera de ella, regresa a su famosa gira televisada de la Casa Blanca en 1961, donde habla de convertirla en la casa del pueblo, con la idea de transformar el frío edificio en un lugar más transcendental y con mayor sentido de la historia, y para ello la importancia de traer mobiliario de presidentes anteriores. Una gira televisada bien medida para captar el interés del público y mostrar que no se está derrochando el dinero.

También conocemos, a través de la entrevista, cómo Jackie procesa su dolor por la terrible pérdida, tomando la iniciativa en la planificación del mayor funeral estatal desde Lincoln, en un último suspiro para hacer que el legado de su marido signifique algo, una prueba agotadora que tuvo que llevar a cabo con dos niños pequeños, y una situación complicada por el hecho de que todo el mundo temía nuevos intentos de asesinato en la capital de la nación, por lo que las medidas de seguridad eran extremas. Ella asume en la entrevista la desoladora misión de recordar los confusos acontecimientos de aquel 22 de noviembre, donde iba sentada envuelta en sangre en una limusina con el techo abierto camino del hospital, y con la cabeza abierta del marido en su regazo.

El centro de la película es, como bien indica su título, la ex-Primera Dama, a la que da vida una intensa y magistral Natalie Portman, más que merecedora de todas las nominaciones recibidas el año pasado por este papel. Muy bien acompañada por un magnífico elenco de actores secundarios, entre los que destaca Billy Crudup como Theodore H. White, un articulista de la revista Life entrevistando a Jackie una semana después de la muerte de su marido, y el recién fallecido John Hurt, como sacerdote. Portman, además de imitar casi a la perfección el acento de Jackie, encarna de forma brillante la elegancia, el glamour y la belleza por las que era famosa la Primera Dama, como también transmite maravillosamente la vulnerabilidad y la angustia que Jackie debió sentir tras la pérdida de su marido de una manera tan horrible. Una asombrosa y poderosa actuación que pasará a los anales de la historia del cine.

CINEMAGAVIA
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8
22 de diciembre de 2016
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película de Anne Fontaine es un drama angustioso y esperanzador basado en hechos reales, cuya historia se centra en Mathilde Beaulieu (Lou de Laâge), una joven médico que trabaja para la Cruz Roja Francesa instalada en Polonia con el fin de garantizar la repatriación de los prisioneros franceses heridos en la frontera entre Alemania y Polonia. Una vez terminada la ocupación nazi, el país tiene que hacer frente a otro problema: el ejército ruso que se ha establecido en territorio polaco con unas consecuencias para la población en la mayoría de los casos igual de malas. Mathilde descubre en los meses finales de su estancia en Polonia, a través de una monja polaca en busca de ayuda, como el ejército rojo pasó por un convento violando a muchas de ellas y dejándolas embarazadas. En un principio contará con la oposición de la abadesa al cargo del convento, la Mère Abesse (Agata Kulesza) para aceptar la ayuda y con los obstáculos de algunas monjas que por razones religiosas no pueden ser tocadas ni vistas desnudas. Pero las fuertes creencias religiosas chocarán con la dura realidad y poco a poco las monjas se vuelven dependientes de Mathilde.

Las monjas se encuentran en una gran encrucijada, por un lado no pueden acudir a ningún médico ruso o polaco porque serian informadas las autoridades competentes en el poder y en el mejor de los casos implicaría ser desalojadas y quedarse sin hogar, y por otro lado si la iglesia se entera de los hechos acontecidos el convento sería cerrado de forma fulminante por sacrilegio. Por tal motivo, Mathilde acepta ayudarlas al mismo tiempo de mantener su secreto asumiendo enormes riesgos para su seguridad e integridad física.

Es un drama emocionante sobre la lucha interna por mantener la fe en situaciones extremas donde las monjas deben sostener una dura prueba de fe religiosa ante el temor de que serán castigadas por Dios por no cumplir con su voto de castidad. Es una película bellamente fotografiada en tonos oscuros y sombríos.

A continuación reproduzco el extracto completo de mi crónica de la Seminci 2016 donde hago referencia a Las Inocentes:

La segunda jornada del Festival se inició con Las Inocentes de la directora luxemburguesa Anne Fontaine que acudió por la mañana a la rueda de prensa para presentar su película. Ella nos descubre que el punto de partida del film es real, es el cuaderno de trabajo de la joven médico francesa que contaba el día a día de lo que hacía y de las personas que iba conociendo durante la guerra y en uno de ellos encontró a unas monjas a punto de dar a luz. El sobrino de la médico, fallecida un año después de haber salvado las vidas de estas monjas, conservaba el cuaderno y siempre estuvo interesado en hacer una película sobre este episodio por lo que según nos revela Anne Fontaine,”un día fueron a visitarme unos productores que me dijeron que tenían una historia para mí y me despertó mucho la curiosidad”. Los escritos de la doctora no eran muy descriptivos sino mas bien “técnicos y científicos” por lo tuvieron que poner mucho material ficticio en el guion para desarrollar una historia, nos confiesa la directora.

La última película de Anne Fontaine mantiene bastantes nexos de unión con la magnífica Ida (2013) de Pawel Pawlikowski no solo por compartir a la fabulosa actriz polaca Agata Kulesza que de juez desengañada y alcohólica pasa ahora a ser la estricta madre superiora de un convento de monjas sino también porque ambas están localizadas en la Polonia post Segunda Guerra Mundial y aparece el tema de las dudas de fe y la liturgia religiosa dentro del convento. En Las Inocentes todos los personajes principales son mujeres y nos ofrece una perspectiva únicamente femenina donde el espectro y la amenaza de la violación está presente a lo largo de la película como un espíritu sombrío flotando en el ambiente cada vez que un hombre interactúa con una mujer, sobre todo después de la situación traumática vivida por la protagonista en un control soviético nocturno de carretera que nos ayudará a comprender mejor el compromiso de Mathilda con las madres y los niños en el convento.

El relato de las monjas en el convento saca a relucir una serie de oscuros episodios acaecidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial de los que se habla poco en los libros de historia como son las abominables violaciones a las mujeres por parte de las tropas vencedoras que ocupaban los territorios enemigos y que a pesar del paso de los años siguen estando desgraciadamente en plena actualidad porque en palabras de Anne Fontaine “en los países en conflicto la violación se sigue utilizando como un arma de guerra”. La película es un drama desgarrador que pone a examen el uso de la fe y condena los fanatismos y el dogma llevado a circunstancias extremas. Está realizada con mucha sensibilidad, equilibrio, y transmite al mismo tiempo emotividad y amargura.

Todas mis críticas en:
http://timejust.es/author/barriodelensanchegmail-com/
Eduargil
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