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El silencio del mar

7,2
606
votos
Sinopsis
Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Durante la ocupación de Francia por las tropas alemanas, un anciano y su sobrina deben compartir alojamiento y convivir con un afable oficial nazi. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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25 de septiembre de 2010
36 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
En el cine, al igual que en la literatura, la figura del intruso que irrumpe en una comunidad, familia u hogar, ha tenido muchas versiones y perspectivas, si bien de entre todas ellas pueden destacarse dos, de carácter moral; así, en ocasiones el intruso es vehículo del bien, y su llegada anuncia tiempos mejores, esperanza o salvación (muy habitual en los westerns, como "Raíces profundas"). Sin embargo, en otras tantas, el intruso trae el mal consigo, o bien es el mal encarnado (¿qué otra cosa es Robert Mitchum en "La noche del cazador", por ejemplo?).

En el filme que nos ocupa el intruso es un oficial alemán que se aloja como huésped indeseado en una casa habitada por un tío y su sobrina, situada en una zona rural francesa durante la ocupación nazi en la segunda guerra mundial. La película explora los sentimientos de los dos pobladores de la casa hacia el oficial, en el que concentran el odio y el desprecio que en ellos, y por extensión en gran parte de la sociedad francesa, genera la ocupación. Lo llamativo es que ese desprecio se materializa en incomunicación; el intruso es concebido como una bestia, como un ser inhumano, natural prolongación de la barbarie nazi, y por tanto no merece que se le dirija la palabra. Pero aún más importante que esto es la reacción del oficial, un hombre sensible, culto y educado, que en los "solitarios" discursos que pronuncia en presencia de sus mudos "anfitriones", expresa su esperanza en un futuro de paz y de entendimiento entre franceses y alemanes, al tiempo que deja ver la atracción amorosa que en él provoca la sobrina.

La película carece prácticamente de diálogos, estructurándose en torno a la voz en off del tío, que recuerda la estancia del oficial, y en los ya mencionados discursos que este último realiza en el acogedor salón de la casa, en los que la única respuesta que recibe es la del tiempo que pasa, materializado en el constante y omnipresente tic tac de un reloj. El escenario sólo cambia con el eventual viaje del oficial a París, viaje que constituye una fatal toma de conciencia para este personaje, que constata entonces su soledad, tanto física como espiritual.

Pese a tratarse de una opera prima, el talento de Melville, tantas veces glosado en otras obras suyas, está ya presente; es impresionante su facilidad para transmitir emociones y estados de ánimo con primeros planos y planos de detalle (las manos), y lo natural que en su forma de filmar resulta esto, cuando en otros realizadores parece forzado. Si a ello unimos buenas interpretaciones, una magnífica fotografía y el interés de lo narrado, sólo queda disfrutar de esta estupenda película.
Continúa en spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Quatermain80
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31 de julio de 2010
23 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo cierto es que Melville estira una buena idea de manera ejemplar, pero acaba por estirar tanto la cuerda que esta termina por ceder. Además, Melville siempre es un director de interiores, y todo lo que consigue dentro de la casa, lo pierde cuando graba el París ocupado.

En sí, la idea del silencio como desprecio y la reconciliación paulatina de dos enemigos me parece interesante, pero al realizador le preocupa más curar el amor propio herido que hermanar a dos pueblos. Y por eso percibo un excesivo chovinismo que me impide disfrutar de las muchas cosas buenas que tiene este trabajo.

Como debut no deja de ser muy interesante. Bandera de la Nouvelle Vague, por esos planos de los que Melville hacía gala entre las paredes de una habitación, la fuerza de los primeros planos y, por el uso maravilloso de los elementos que componen la estancia: como el reloj o la biblioteca.

Howard Vernon (von Ebrennac) será el primer personaje de Melville que pondrá en una balanza su código moral frente al trabajo encomendado, y comparte la desesperación existencial que luego acompañaría a casi todos los personajes principales en las películas noir de Melville.
Chagolate con churros
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23 de marzo de 2011
18 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
84/27(18/03/11) Fascinante ópera prima del iconoclasta Jean-Pierre Melville. Una obra que es casi teatro y en la que apenas dos personas hablan, es una extraña cinta que nos habla del entendimiento de los pueblos en las condiciones más adversas. Se desarrolla en una casa de una villa a las afueras de París durante la ocupación nazi, esta vivienda está ocupada por un francés (buen Jean-Marie Robain) y su sobrina (correcta Nicloe Stephane), en ella se instala a la fuerza un teniente alemán, un idealista Werner von Ebrennac (Soberbio Howard Vernon), que en la vida civil era músico, la forma de combatir al invasor del tío y la sobrina es no dirigirle la palabra, a pesar de esto todas las noches va a la salita donde están ellos, y se esfuerza, de modo muy educado, por hacerles entender que los alemanes no son el enemigo, les suelta soliloquios sobre la forma de entender el mundo que tiene, habla de cómo la cultura puede unir a las naciones, les dice que ellos no han venido a destruir si no a sumar y hacer renacer Francia. El film está basado en una novela de Jean Marcel Bruller publicada en 1942 en Francia bajo la ocupación, lo hizo con el seudónimo Vercors, cuento un hecho real que le ocurrió al escritor, como curiosidad está rodada en el interior de su casa, donde sucedieron los acontecimientos. Melville dota al relato de una atmósfera asfixiante, impregnada de un sórdido pesimismo, donde los monólogos de Werner poseen en eco doloroso, nos penetra su pasión, su sentimiento, sus argumentos rebosan emoción y están inundados de un optimismo utópico. La cinta te deja huella por el uso del silencio, te angustia el no escuchar al tío y sobrina, de, el que no hablen a alguien tan amable y que la única respuesta que tenga sea el doloroso tic tac del reloj, esta forma de que el invasor sea el agredido por el invadido resulta turbador, como se puede sentir lástima por un nazi, sentimos su conmovedora soledad, esto hace que nos cause empatía, pues parece ser puro de corazón que no sabe realmente en que está metido. Es una cinta donde se le da la vuelta al estereotipo de nazi, no se le caricaturiza, se le dota de sentimientos para de esta forma poder confrontarlo con la desgarradora realidad y de este modo el mensaje llega diáfano. Reseñable para entender la personalidad del teniente es su analogía que hace con la situación al contar la historia de Bella (Francia) y Bestia (Alemania), el autoengaño de muchos alemanes. Recomendable a todos los que gusten de un notable drama original y minimalista antibélico. Fuerza y honor!!!
TOM REGAN
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15 de septiembre de 2011
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gracias a la recomendación de mi amigo Rick Blaine (el de la Casablanca de España :D) he descubierto recientemente esta joyita para mí semidesconocida, pese a ser del reconocido cineasta francés Jean-Pierre Melville.

Como únicas pegas le pongo algunos detalles de la típica pedantería francesa en las artes (esos primerísimos planos, esa voz en off excesivamente presente -y a veces innecesaria-, y por supuesto y ante todo, el chovinismo francés, ejemplificado en la admiración que el (aún iluso) nazi, marcadamente francófilo (¿?) demuestra por su país de (forzada) acogida temporal cuando habla de la literatura y las artes. En un momento dado él afirma que de cada gran país europeo se podría mencionar inmediatamente un caso singular, destacando sin embargo que en el caso de Francia habría problemas para quedarse con uno sólo. Y eso, ponerlo en boca de un nazi, es si cabe más chovinista.

Pero salvo estos detalles, casi inevitables en el cine galo de la época, y más cuando se trata el tema de la ocupación nazi de su país (la gran herida histórica para el orgullo francés), es una estupenda película, que te va metiendo en ella a medida que transcurre, y que a su manera también es de intriga, al hacernos partícipes de la tensión entre ese locuaz oficial alemán demostrando su "amour pour la France" y el denso e implacable silencio de sus forzados anfitriones.
Amor Perro
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21 de septiembre de 2005
14 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bellísima película acerca de la hipotética y feliz concordia entre pueblos. Minimalismo de Melville, de nuevo los grises de Henri Decae, y la ausencia total de demagogias. De las llamadas otras lecciones de historia.
cassavetes
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