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Críticas de Chagolate con churros
Ordenadas por:
748 críticas
7
28 de octubre de 2009
535 de 643 usuarios han encontrado esta crítica útil
Zorra.

Es decir, que me toca recordar. De eso va todo esto. A esto nos evocan los 500 días, los muchos años y las constantes estaciones. Y la vida, claro. Los fracasos, las esperanzas, los 500 te quiero y los 1000 te odio. Y las lágrimas. Aunque fueran de mentira. Los dibujos en la mesa, las flores marchitas, los susurros en la feria, los gritos en el cine, los engaños físicos... y mentales.

Las esperas, los acelerones, las llamadas y despedidas. Los sombreros y chalecos, las burbujas de jabón, los rayos de sol y las gotas de lluvia. Las cartas de amor y desamor, las expectativas y realidades. Las copas y los bares, la playa y los pechos. Y la música.

Y los sueños. En la cama y en la clase. En la calle y en el coche. Y ellas. Y yo.

Los olores, los amigos que no se escuchan, las carreras por los grandes almacenes y los atardeceres a su lado. Y los amaneceres,; y las sonrisas anchas.

Las muñecas de trapo, los cromos alabeados y los cines de verano. Las bragas con lacitos y las calzas hasta las rodillas, las faldas con olor a naftalina y las cuevas de murciélagos. Ahh y los disfracesde superhéroes, las máscaras reales... e imaginarias. La nata... y las fresas. Los destinos. La carretera llena de curvas y las playas escondidas. Los juegos de mesa y las absentas naturales. Los cigarrillos enriquecidos y los idiomas imposibles. Lo imposible de lo nuestro. Y la culpa.

Cuando todo el puñetero planeta me las recuerda. Cuando no existe canción o película sin historia, cuando sólo yo existo porque nadie me comprende. Entonces aparece alguien que te cuenta una historia parecida. Y sonríes, porque a pesar de todo el fatalismo, sufrimiento e incomprensión “la vida puede ser maravillosa.”
Chagolate con churros
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5
23 de enero de 2011
380 de 527 usuarios han encontrado esta crítica útil
No miento si confieso que mi idea preconcebida era ponerle un ocho aún sabiendo que posiblemente no lo mereciera. No miento si confieso que tengo afinidad por el tema que trata y tampoco mentiría si con media sonrisa reconozco que iba a empezar la crítica con una historieta sobre una piedra, un tobillo y lo que entonces fueron los dos días más largos de mi vida.

Acabo de encontrar la dirección postal de Danny Boyle por Internet. Posiblemente sea falsa, pero merece la pena intentarlo. Voy a enviarle una copia de “Touching The Void” del señor Macdonald. A estas alturas no vamos a solucionar nada pero yo, me quedo más tranquilo.

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- Cuando James Franco grita, no escucho nada. La música amortigua sus alaridos.

- Cuando James Franco siente sed, no me transmite su necesidad. El maquillaje y una cámara corriendo no me engañan.

- No padezco la desesperación de sentir pasar el tiempo. Películas como esta, ver pasar los minutos, debe de ser una agonía. Algo realmente complicado si el plano no reposa.

- Boyle mata el silencio. No existe y con ello desaparece el miedo.

- Cuando está sólo en la inmensidad, oímos canciones sin personalidad. El director enmudece el rugir de la Naturaleza: no existe viento (en un cañón, es quizá el silbido más penetrante que hay en el Planeta). E incluso, en una de las escenas con más potencia, no escucho la fuerza del agua lo suficiente para sentir pavor.

- La tierra no mancha. No notamos una capa de polvo pegada al personaje (como Bogart en “El Tesoro de Sierra Madre”). Sólo vemos vestuario.

Recursos como los flash-backs, un montaje paralelo en las alucinaciones del protagonista y la docena de planos por minuto, desnaturalizan la tragedia. Puede que eso sea, al fin y al cabo, lo que busque el espectador de hoy en día: ver un espectáculo sin que aparezca empatía. Es, mal que nos pese, a lo que nos han acostumbrado los boletines de tele-información.

Entretiene, es corta y una actuación, que a pesar de los obstáculos creados por el director, es convincente; pero dado el potencial, no hay perdón posible. En “Buried”, a pesar de sus fallos, estuve dentro de una caja. Note la respiración, la angustia por un aire que se acababa, la fisicidad del plano. Aquí no.

Tanto plano innecesario y Danny Boyle no me firma un primer plano de una nuez muerta de sed. Boyle nunca ha pasado sed. Os lo digo yo.
Chagolate con churros
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7
4 de febrero de 2008
335 de 437 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quizá esta película levantara en mí, sensaciones de desasosiego, de fuerte afinidad o de ímpetu por la aventura. Quizá lo hubiera hecho hace algún tiempo. Pero os voy a narrar un hecho que pudo cambiar mi opinión sobre ciertas cosas, entre estas, la película.

Tengo un amigo, cuya madre es todo corazón. Es buena gente, educada, inteligente y servicial. Fue también, en su momento, una segunda madre para mí cuando yo vivía en aquel lugar. Recuerdo que yo estaba en la cama de un hospital y ella, venía a verme con regularidad, dejaba que mi madre se tomara un descanso y fuera a casa. Esta mujer un día, con lágrimas en los ojos me dijo que su otro hijo (el hermano de mi amigo) llevaba ocho días sin decir nada. Estaba sólo de vacaciones por Marruecos.

La mujer, desconsolada, no llegaba a comprender porqué le costaba tanto coger un teléfono. Yo intentaba consolarla diciéndole que era un país muy seguro, con gente hospitalaria y con pocos teléfonos. Nada de esto era falso, pero también yo sabía que si querías llamar podías hacerlo.

Al cabo de una semana el volvió sin haber dado señales de vida. Cuando yo le pregunté por qué, me contestó que no tenía que dar cuentas a nadie. Que por eso desaparecía. Entonces comprendí que no era cuestión de desintoxicarte de este mundo computerizado, que no era cuestión de una búsqueda existencial o de abrazarse a largos periodos de silencio. Era egoísmo. Pensé para mí cuantas veces pude caer en este error, en cuantos viajes, mi madre se sentó al lado del teléfono esperando una llamada.


En “Into the Wild” hay una frase que resume quizá todo esto: “A veces, los hijos pueden ser muy crueles con los padres”. Tal vez por ello, no congenio con el protagonista, tal vez por ello, me cae hasta mal. Emile Hirsch hace bien su trabajo, consigue que quiera darle una patada y espabile.

Con una road movie, Sean Penn plasma con acierto, la experiencia enriquecedora del viaje y la aventura de adentrarse en lo desconocido. De la mano de uno de los más grandes escritores de aventuras, Jack London, el protagonista nos desvela, en casi siempre innecesarios flashback, trazos de sus relaciones familiares para que podamos recomponer su presente y quizá, entenderle. También me pareció innecesario el no mantener la linealidad en la historia, algo que se está poniendo muy de moda.

Aunque la labor en la dirección de actores es muy significante (además de su actor principal, podemos también gozar con una soberbia actuación de Hal Holbrook) a Penn se le escapa un poco el excesivo metraje de una historia que debería haber durado mucho menos.

(sigo sin desvelar nada)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Chagolate con churros
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4
25 de septiembre de 2008
366 de 521 usuarios han encontrado esta crítica útil
- Diga
- Hola, és el despatx del senyor Allen?
- ¿Perdón?
- ¿Qué no habla catalán?
- No.
- ¡A vaya! Quisiera hablar con el señor. Allen? Soy el alcalde be Barcelona Jordi Hereu.
- Aquí Allen.
- ¿No tiene secretaria?
- Ahora mismo está poniéndome una demanda por acoso sexual.
- Quiero que ruede una película en la bella Barcelona.
- ¡Ummm! ¿Qué me ofrece?
- Tres millones de euros de los contribuyentes.
- Creo que no. Me apetece regresar a Manhattan.
- OK, señor Allen. Le ofrezco un trío con Scarlett y Penélope.
- Mañana empezamos el rodaje.
- Pero que salga Barcelona bonita ¿eh noi?
- Claro, claro… un trío.

Al genio empieza a fallarle la cabeza. Piensa más en hacer turismo que en rodar una película. Piensa más en beber buen vino que en escribir un buen guión. Yo es que, a su edad, ya hubiera pensado en la jubilación y estaría con mi chata paseando, no sólo por Barcelona, sino por todo el mundo. Si quiero ver Barcelona, me voy allí. Si quiero verlo pero no puedo ir, me pongo el Canal Viajar que es más o menos lo mismo que esta película pero sin pagar por ello.

Supeditar un guión a una ciudad da como resultado “Vicky Cristina Barcelona”. A esta película no es que le falte sal, como dice Bardem en un momento de la historia, es que le falta el puchero entero. La película empieza como una conjunto de postales de la bella Barcelona, luego, pasa a enseñarnos lo bonito que es Oviedo (tener el príncipe de Asturias ha servido para que Oviedo sea conocido en todo el mundo) y Avilés. Todo esto sin mucha miga, sin mucha sal y sin nada de genialidad.
Cansado de hacer turismo, la película se asienta sobre un triángulo amoroso en el que dos amigas (completamente distantes en cuanto al amor se refiere) pretenden el mismo hombre (macho ibérico, seductor y bohemio pero con más dinero que el Bofill). Esta parte se me antoja torpe y acelerada. En un plis plas, una contrae matrimonio, la otra contrae pareja y los días pasan felices.

Entonces llega Penélope. La muy denostada Penélope Cruz, y consigue en esa tercera parte resucitar una película que me parecía más muerta que viva. Sea su personaje, sea porque realmente interpreta de manera veraz y cómica a una artista maniática, lo cierto es que salva a la película de un descalabro monumental. Arrulla a los que a su lado están y demuestra que no es tan mala actriz como muchos la señalan. Aunque seguirán cayendo críticas haga lo que haga. En España el triunfo está mal visto y ya hemos visto como el propio Bardem, tuvo que defenderse hace poco de las consabidas envidiosas críticas.

De todas formas, ni la Cruz puede conseguir que esta película no me parezca una comedia romántica a lo Nancy Meyers. Con algo de calidad pero que dista mucho de lo que se espera de W. Allen.
Chagolate con churros
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9
27 de octubre de 2007
196 de 220 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tenía pendiente esta crítica desde hace mucho tiempo, pero la enormidad me creaba un nudo en el estómago. “Beautiful girls” cambió mi forma de ver cine. A parte de algunos clásicos que caían por casa o echaban en televisión (hablamos del 96 cuando la banda ancha era un sueño y nuestro módem hacía un sonido endiablado que ahora recordamos con nostalgia) había un tiempo en que mis visitas a una sala de cine no distaban mucho del box office americano. Solía ir todos los miércoles (día del espectador por aquel entonces). Ese frío día quedé con mi colega en la puerta de un cine con tres salas. Allí mirando la cartelera decidimos, o él decidió entrar a ver una película donde salían “chicas guapas”.

Salí del cine en silencio. Sin tener muy claro lo que había visto, lo que había sentido.
- No hay tiros –le dije sonriendo mientras volvíamos a casa muertos de frío.
- No.
- No hubieron bombas.
- No.
- ¿Y las persecuciones? –él, siempre parco en palabras, se encogió de hombros.
- No ha estado mal ¿no?
- No lo ha estado. Estaban muy buenas.
- Sí –dije yo pensando en Natalie Portman.

Ya en casa mientras me quitaba la ropa y me iba a la cama seguía pensando que había visto. Pensar después de salir del cine no era algo a lo que estuviera acostumbrado. Ya tumbado y mirando al oscuro techo me dije que esa película me había gustado mucho. Pero aún no sabía por qué.

Era tremendo. El despertador sonó y mi cabeza en lo primero que pensó fue en Portman patinando sobre hielo, en Uma Thurman pescando en una cabaña, en Michael Rapaport quitando la nieve que horas antes había almacenado sobre la puerta de un garaje (que escena más bonita señores), en una impresionante y pavorosa Lauren Holly, en Rosie O'Donnell dando lecciones magistrales mientras hacía la compra, en un piano, en la nieve, en el color champagne… en Natalie Portman… y en Natalie Portman.

“Beautiful girl” es una película enorme con un guión soberbio y una banda sonora magistral que en mi cabeza uno no llega a entender como puede estar descatalogada en España: Billy Paul, Pete Droge, the Diamonds, Ottis reading versioneado por Roland Gift y todas y cada una de la piezas musicales que encajan a la perfección.

Fabuloso elenco de actores que como se dice están en estado de gracia. Tocados todos por una gran varita mágica. El rescate interpretativo de Timothy Hutton que no podía despegarse de su papel de “Gente corriente” (Robert Redford, 1980) es impresionante y su relación con la fabulosa Natalie Portman algo que quedará en los anales de la historia.

A partir de entonces, pensar en los cines se convirtió en algo habitual.
Chagolate con churros
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