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Críticas de Quatermain80
Ordenadas por:
406 críticas
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7
5 de mayo de 2017
49 de 65 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace unos años tuve ocasión de leer el libro en el que se basa esta película, por lo que estaba ya avisado de qué podía esperar. Visto el filme, cabe aclarar que a diferencia del libro, construido como una investigación que es una aventura de por sí, opta por narrar las expediciones y vicisitudes del explorador Percy Fawcett sin hacer ninguna referencia al presente.

La película trata no solo de narrar una historia de aventuras y exploración, que también, sino de penetrar en las motivaciones y circunstancias que llevan a un hombre a emprender una tarea semejante y a hacer de ella su máximo objetivo vital. Hay, por tanto, una reflexión en torno a la audacia, que aparece aquí encuadrada en las coordenadas ideológicas del imperio británico, basadas tanto en el interés económico como en el científico. Pero además se intenta mostrar qué claves personales impulsan al héroe, y también éstas son hijas de su tiempo, empezando por el sentido del honor y continuando por una idea del destino que roza lo obsesivo.

Así pues, una aventura que empieza siendo más terrenal y prosaica, va adquiriendo con el paso del tiempo matices nuevos y significados menos evidentes. Tal vez el más importante, por simbolizar excelentemente la esencia de la aventura, gire en torno a la idea de búsqueda. Así, la ciudad perdida de Z, obsesión de Fawcett, es importante no sólo como meta; lo fundamental en ella es que, real o imaginada, apenas intuida o soñada, debe ser buscada.

La realización, haciendo gala de un elegante clasicismo, penetra en la selva con todas las consecuencias; intenta mostrarla tal como es, con su dureza extrema, pero también con sus recompensas, todas ellas relacionadas con lo que un espacio para la aventura puede proporcionar (los hallazgos, la belleza natural, el encuentro con los otros...). Las distintas expediciones que se muestran siguen esa progresión paulatina desde lo real y prosaico hasta lo onírico, especialmente en el último viaje, en el que este rasgo es quizá más evidente. Por momentos el espectador se reencuentra con imágenes y sensaciones ya vistas o sugeridas en películas como Aguirre, la cólera de Dios, Fitzcarraldo (ambas de Herzog) o Apocalypse Now, de Coppola.

Por lo demás, la ambientación, puesta en escena, interpretaciones y guión (por este orden), presentan un elevado nivel de calidad, y tanto la fotografía como el sonido me parecen excepcionales, por lo bien que captan o sugieren la esencia de cada entorno y situación, ya tengan lugar en la selva, en una mansión señorial o en "la tierra de nadie" de los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial.

Concluyendo, es una película que nos da la oportunidad de revivir el placer de esos grandes clásicos de la aventura sin por ello renunciar a otras lecturas y posibilidades. No obstante debo aclarar que, en lo que a mi concierne, lo fundamental es esa idea de la búsqueda, no importa si cierta o no; porque es la búsqueda de lo insólito lo que hace imprescindible que ahora y siempre, volvamos a hablar de aquellos aventureros...
Quatermain80
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7
2 de mayo de 2017
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una entretenida y eficaz cinta a cargo de Lelouch, quien ya había trabajado con Trintignant en la más célebre y exitosa Un hombre y una mujer. El título en castellano resulta poco apropiado, pues el protagonista es más bien un granuja o sinvergüenza, y en modo alguno posee los rasgos característicos de los personajes del cine negro, mucho más inclinados a la violencia y la fatalidad. Por eso mismo, cabe señalar que el filme es una afortunada mezcla de cine policíaco o thriller con claros toques de sátira y comedia, propuesta ya ensayada con éxito anteriormente en el cine francés (ahí están ejemplos como Gángsters a la fuerza, de Lautner o El embrollón, de Molinaro, ambos genialmente protagonizados por Lino Ventura).

La película huye de la narración lineal de acontecimientos, presentando numerosos saltos temporales entre el presente (las acciones de Simón tras huir de la cárcel) y el pasado (se explica el golpe que acaba con él en prisión y con una gran suma de dinero “esperándole” fuera). Las diversas peripecias abordadas en el filme, aunque propias del género negro (secuestros, rescates, amenazas, persecuciones…), son objeto de un tratamiento suave, “blanco”, en el que la violencia es más aparente que real, del mismo modo que los personajes son mostrados desde un punto de vista amable. De ahí que, aunque sustentándose en las apariencias del Polar, la película sea en realidad un entretenimiento para todos los públicos, y basta atender al tratamiento del secuestro para percatarse de ello, pues en ningún momento teme el espectador por la vida del niño, algo que en un Polar clásico no ocurriría. Igualmente, el protagonista, aunque con rasgos propios del género negro (es calculador, desconfiado, etc.), incorpora otros poco habituales (es también afectuoso y leal), y para colmo es abogado. La trama se desarrolla pues, de forma discontinua, y juega a la confusión con el espectador, si bien lo hace de manera agradable, sin que ello moleste en exceso.

Bien protagonizada por Trintignant, actor siempre eficaz y ya probado en este tipo de papeles (y en otros), encuentra buen acompañamiento en el resto del reparto, siendo destacadas las interpretaciones de Charles Gérard (Charlot) y de Aldo Maccione (con su breve pero cómica interpretación del preso italiano). Un guión correcto y eficaz, con buenas frases para caracterizar a los personajes, y algunas secuencias francamente ingeniosas (especialmente todo el tinglado del secuestro y la muy peculiar boda en prisión) redondean un filme que sin ser novedoso ni tener pretensiones, supone un producto excelente de seguro entretenimiento.
Quatermain80
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7
6 de abril de 2017
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Perteneciente a esa espléndida generación de cineastas polacos surgida en las décadas de los 50 y 60, Kawalerowicz destaca como uno de sus máximos representantes, si bien al igual que otros un tanto opacado por la celebridad de Polanski o Wajda. Pese a haber podido disfrutar de pocas películas suyas ninguna me ha parecido decepcionante, y esta que aquí se comenta no escapa a esa regla general, si bien me parece inferior a otras realizaciones suyas, como Madre Juana de los Ángeles o Faraón.

Película que se desarrolla casi íntegramente en un tren –lo que constituye de por sí un subgénero cinematográfico-, destaca principalmente por el acertado retrato de personajes, cuyos rasgos psicológicos son hábilmente sugeridos y mostrados, cobrando en ello un mayor protagonismo las imágenes que el guión, por lo general escueto y poco revelador. Son las miradas, gestos y actitudes, a veces sólo apuntadas o apenas esbozadas las que nos informan con alguna certeza acerca del carácter de los protagonistas, mientras que el guión mantiene siempre cierta reserva o misterio sobre sus circunstancias. Así, apreciamos personajes apesadumbrados, nerviosos, interesados o sobrios, pero nunca se nos dice todo de ellos, ni llegamos nunca a conocerlos del todo. Es ese vago misterio el que interesa al realizador, que se centra especialmente en las relaciones entre hombres y mujeres, fijándose para ello en varias parejas, las cuales sugieren distintas emociones, ya sean la atracción, el hastío, la compasión, etc; todos ellos son ejemplos de los variados deseos humanos insatisfechos. Precisamente por esto resulta interesante el recurso del asesino oculto en el tren como McGuffin, pues su importancia estriba en cómo afecta a los demás personajes, y son sus diversas reacciones lo que le interesa resaltar al director, afán plenamente logrado en una secuencia en exteriores –magnífica- a la que ya han hecho justa referencia mis predecesores.

Si la descripción de personajes es lo fundamental, ello se logra, además de por lo ya mencionado, gracias a la portentosa labor interpretativa del reparto, siendo excelentes todas las actuaciones, si bien yo destacaría las de las dos protagonistas femeninas, que pivotan, por decirlo así, en torno a Jerzy, el protagonista masculino que interpreta León Niemczyk (siempre recordado por su estupenda interpretación en El cuchillo en el agua, de Polanski): Marta, llena de misterio y tristeza (pocas miradas inspiran más ternura que las de este personaje), soberbia creación de Lucyna Winnicka (quien ya había estado magnífica en la anterior Madre Juana de los Ángeles), y la mujer de nombre desconocido, infelizmente casada con un tedioso abogado, que se siente atraída por Jerzy, y en general, por cualquiera que no sea su esposo, muy bien interpretada por Teresa Szmigielówna. El resto de secundarios, todos ellos bien descritos desde el guión o las imágenes completan el cuadro con irreprochable eficiencia y acertados toques de humor.

El talento cinematográfico de Kawalerowicz es aquí menos vistoso que en otras películas suyas como las ya referidas, verdaderos espectáculos visuales (Faraón es, en este sentido, una experiencia fascinante), pero no por ello debe pasarse por alto su magnífica utilización de los espacios (algo que es clave en este subgénero fílmico), que por su estrechez obligan a los personajes a encontrarse y relacionarse. Además, recurre hábilmente a los pasillos para lograr acertados efectos en la profundidad de campo, y nos regala secuencias brillantes (como la ya mencionada) y planos hermosos, ya sea por su composición y punto de vista (algunos cenitales) o por su efecto dramático (Teresa en la playa).

En conjunto una muy interesante película, llena de sugerencias y sensibilidad, buena muestra de las capacidades de un gran director, que merece ser más conocido.
Quatermain80
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La comuna (Paris 1871)
8,1
404
Documental
8
12 de marzo de 2017
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siempre interesado por el papel que los medios –especialmente los audiovisuales- tienen en la representación de la realidad, Peter Watkins utiliza en esta ocasión un proceso histórico complejo como la Comuna de París para reflejar esa inquietud, al tiempo que nos propone una audaz y alternativa identificación entre pasado y presente.

Lo más fascinante de este filme es que su factura es absolutamente consecuente con las preocupaciones o reflexiones que suscita todo proceso histórico. Así, desde el comienzo queda claro que la narración no puede ser unívoca, unidireccional o restringida; si de lo que se trata es de reflejar una situación revolucionaria en la que la comunidad tiene un protagonismo esencial, la película debe ser deudora de esa realidad, evitando incluso la claridad de un discurso o narración más sencillos o tradicionales. De ahí que sea la multitud el sujeto principal del filme, y que quienes la encarnan no sean meros arquetipos, sino que participen de la creación de sus personajes, estableciendo un diálogo con ellos que sirve, de paso, para poner en relación los problemas del pasado con los del presente. Poner eso en pantalla, trasladarlo a imágenes, es la tarea de esa televisión comunal, que viene a encarnar lo que Watkins defiende, esto es, que los medios, el cine, etc., deben servir para dar voz a todos, sin exclusión, y que sólo eso permite un acercamiento libre y crítico a la realidad. No obstante, el propio proceso revolucionario puede poner en peligro esta aspiración, como bien se refleja en el momento en el que la propia televisión comunal es sometida al nuevo poder centralizado revolucionario.

En contraste, la televisión nacional representa lo que hoy en día encarnan los medios de comunicación de masas: el mensaje enlatado, perfectamente diseñado para su consumo por parte de un público al que se trata de domesticar en la pasividad y falta de todo sentido crítico mediante técnicas conocidas pero de indudable éxito: el experto de cabecera, el reportaje sesgado, los protagonistas escogidos, todo ello aderezado por un formato narrativo que aúna la sencillez del mensaje con la demonización o caricaturización del contrario.

Es notable el distanciamiento que impone Watkins desde el principio, en que ya nos queda claro que todo lo que se nos va a mostrar es una representación, pues así nos los dicen los propios actores, que se presentan como tales ante las cámaras, para seguidamente dar paso a un recorrido por los escenarios recreados. A lo largo de la película, la cámara, casi en permanente movimiento, transita de espacio en espacio, de grupo en grupo, dando voz a la multitud, aquí encarnada por otra multitud de actores no profesionales, quienes no vacilan en manifestar su opinión acerca de lo que interpretan y de por qué lo hacen. Todo ello es posible gracias al previo y concienzudo trabajo de investigación desempeñado por Watkins y todos los que intervienen en la realización e interpretación del filme.

Con casi seis horas de metraje, resulta meritorio haber podido rodar todo el filme en apenas trece días, más si cabe dada la complejidad de los temas abordados y el acierto e interés con que están trabajadas las variadas líneas argumentales y reflexivas del mismo. Para concluir creo necesario recomendar un documental que en gran medida plasmó realmente lo que aquí se representa: no es otro que La Batalla de Chile, de Patricio Guzmán. Ambas obras encarnan lo que los medios de comunicación o el cine pueden conseguir si se lo proponen: no sólo dar voz a la multitud, sino ser, también, parte activa y crítica de esas voces.
Quatermain80
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8
4 de enero de 2017
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Durante mucho tiempo fue lugar común concebir la Historia como un camino, y por tanto, como un progreso más o menos inevitable, concepción que conducía a la celebración del presente como única opción posible. Afortunadamente otras opiniones y visiones se han desarrollado –bien es verdad que con muchas dificultades-, y es así que sea acaso más preciso comprender los procesos históricos como encrucijadas, esto es, como procesos no necesariamente lineales, en los que varias posibilidades se abren, sin que existan a priori caminos exitosos o fallidos.

Este valioso documental ilustra bastante bien –a mi parecer- esta última concepción, pues su propia factura e intención responde a una visión abierta de un proceso hoy ya histórico como lo fue la transición española a la democracia. Mediante una hábil yuxtaposición de debates, entrevistas, imágenes de archivo, fragmentos de películas, dramatizaciones y voz en off, se logra una amplitud de perspectivas que no sólo refleja fielmente la situación histórica concreta, sino que se erige también como ejemplo de cine político alternativo, en el que no hay un relato cerrado, unívoco.

El espectador encontrará en el filme un mayor protagonismo de los partidos o sensibilidades opositores al régimen franquista, decisión deliberada por parte de la dirección, que quería dar visibilidad a las opciones y opiniones que en 1976/77 tenían aún pocas posibilidades de darse a conocer ante la opinión pública (no hay que olvidar que todavía no se habían celebrado elecciones, ni existía constitución democrática). Es interesante contrastar las esperanzas, proyectos y programas de quienes intervienen en el documental, pues cuarenta años después resultan en unas ocasiones llamativas, en otras bastante reveladoras. Los temas que se abordan son muy variados, desde la forma del estado al eurocomunismo, pasando por el papel de los sindicatos, la posible unidad de la izquierda, los nacionalismos, etc.

La realización combina diversos medios para acercarse a su presente, que varían entre las imágenes de archivo (para las manifestaciones obreras), las entrevistas y debates (con actores relevantes de la política, los sindicatos, etc.) y fragmentos dramatizados (que ilustran fundamentalmente la violencia y represión que ejercen las fuerzas de orden público). Por el contrario, las partes que se dedican a recordar el franquismo tienen a un actor y su voz en off como hilos conductores, bien aparejados con imágenes reveladoras de algunos aspectos del Régimen (Valle de los Caídos, palacio de El Pardo, Belchite, la despoblación rural, fragmentos de la película Raza, etc.).

En conjunto es una obra excelente, que consigue plasmar de manera eficaz y asequible la realidad compleja de un país centrándose en una de sus más importantes encrucijadas recientes (al fin y al cabo, en términos históricos cuarenta años no son muchos). Y es que el mero hecho de percibir la importancia de esa encrucijada y filmarla como tal son méritos suficientes como para valorar muy positivamente la cinta.
Quatermain80
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