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Siempre juntos (Benzinho)

6,3
398
votos
Sinopsis
Irene es una ama de casa de Rio de Janeiro, que tiene cuatro hijos y ha acogido a su hermana y su sobrino, víctimas de malos tratos. Junto a su marido forman un clan muy unido pero han de lidiar con muchos problemas en su día a día. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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28 de agosto de 2018
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
No voy a repetir el argumento ni voy a entrar en detalles técnicos, ampliamente comentados ya por otras personas. Hay un trasfondo social muy interesante (a destacar la escena en la que va a visitar a su antigua "señora" para llevarle la invitación a la ceremonia de su graduación y presentarle a sus hijos gemelos, que comento en spoiler), pero el guión es un tanto caótico, los personajes no están muy bien trabajados y no se entiende el objetivo de esta historia. Tal vez ello sea debido a que se centra excesivamente en Irene, un personaje cuyo histrionismo me ha resultado altamente irritante (como me ocurrió con la joven madre protagonista de The Florida Project), hasta el punto de llegar a pensar durante la proyección que el objetivo de la película era presentarnos los traumas que una madre desequilibrada puede ocasionar en su familia (comento también en spoiler) . Yo no he visto a una "madre coraje" y no es cierto en absoluto que ella lo haga todo sóla como grita a los cuatro vientos, más bien al contrario, exige a sus hijos, desde bien pequeños, un sobre esfuerzo tremendo (cuidar a los pequeños, limpiar la casa... mientras ella trabaja fuera) , descargando en ellos parte de su propia responsabilidad. Por otro lado, el drama de la hermana maltratada está apenas perfilado y aunque el marido de ésta parece realmente "chungo" (perdón por la expresión), no se le da la menor oportunidad de redención, lo que no encaja con el tono pretendidamente optimista del resto de la historia. En fin, tema muy interesante a nivel social, pero fallidamente desarrollado, en mi opinión.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
MARIANA
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26 de julio de 2018
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película que sabe reflejar muy bien la realidad de la partida, el vacío del nido y lo que supone para una madre. Mezcla el drama que vive la protagonista delante de la partida, lo miedo a la posible perdida y a lo desconocido, con el humor que supone verlo desde fuera en una cultura tan distinta a la nuestra. Posiblemente, el hecho de centrarse tanto en el conflicto de la protagonista,hace que otras tramas no se vean finalizadas del todo, como es el caso de la historia de la hermana.
Rubcc86
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5 de agosto de 2018
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
A veces el cine no necesita contar historias extraordinarias para hacer películas interesantes. A veces el retrato de la cotidianidad es suficiente si se tiene el pulso y la sensibilidad necesarias para reflejar pedazos de vida. Que es, ni más ni menos, lo que logra Gustavo Pizzi con esta película que nos introduce en el seno de una modesta familia brasileña. Y como en toda familia, hay una persona que ejerce del tronco que mantiene unidas las diferentes ramas, y que en este caso no es otra que Irene, la madre coraje que lucha a diario por mantener el clan a flote. Interpretada de manera magistral por Karine Teles, Irene personifica todo el amor, el dolor, la dignidad y las renuncias que envuelven a toda la familia. La acompañamos en todo tipo de momentos. Cuando la envuelve el orgullo por el éxito deportivo de uno de sus hijos, cuando siente el miedo a perder a uno de sus cachorros, cuando deja que la locura se apodere de ella o cuando toca fondo, física y sobre todo psicológicamente, dejándose caer para volver a levantarse. Y con ella asistimos a pequeños acontecimientos que marcan el paso de la vida. Con la sencillez y naturalidad con que uno contempla el día a día, sintiendo como propios los sueños de un futuro mejor, compartiendo los anhelos de cada uno de los miembros de esta familia dibujada con sobriedad y altas dosis de realismo.

Lo mejor: Karine Teles, cuerpo y alma de la película.

Lo peor: que el caos que impregna a la historia se apodere por momentos de la narración.
AMQE
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6 de agosto de 2018
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La realización es perfecta, las interpretaciones están bien, el ritmo no decae, la película se ve con agrado y sus 95 minutos de duración pasan como un suspiro… y eso es gran mérito porque cuando uno se para a pensar, en la pantalla tampoco ha sucedido gran cosa. O ha sucedido demasiado: más que contarnos una historia, el guion se bifurca por múltiples vericuetos imposibles de desarrollar en hora y media: la marcha del hijo mayor, la casa que se cae, la casa en construcción, la casa de la playa, el graduado de Irene, los proyectos del marido, la hermana de la protagonista y el cuñado maltratador… Todo queda en una nebulosa porque todo está al servicio de una premisa: Irene madre-de-familia. Y como en El Padrino, la familia es lo primero: centro del universo, principio y fin del mundo, útero matricio (como sugiere la imagen recurrente del primogénito y la madre flotando en una colchoneta). El lugar donde siempre cabe alguno más sean cuales sean las circunstancias, porque al final el amor paterno-materno-fraterno-filial lo puede todo. Un panegírico de la familia-clan cuya argamasa es la madre abnegada. (Tanto es así que en la película prácticamente se obvian otras relaciones: amigos, novias, vecinos... Cuando asoman parecen parte del decorado; si tienen algún protagonismo, caso del cuñado o del entrenador del hijo mayor, se nos presentan como seres iracundos y brutales. Y es que fuera de la familia todo es peligroso y sombrío.)

La propia indefinición del guion hace que lo que se presentaba como drama coquetee con la comedia y lo que parecía realismo social acabe teñido de surrealismo: estamos ante una familia tan humilde que habita una casa tan en ruinas que sólo se puede acceder a ella por una ventana, pero a la vez poseen otra en la playa para ir de vacaciones y se están construyendo una tercera (a lo mejor esto es lo habitual, pero para los que no conocemos a fondo la cultura brasileña resulta chirriante). Tampoco queda muy verosímil la inopinada marcha del hijo mayor a Alemania para jugar al balonmano que articula gran parte de la historia. Incluso los arrebatos de Irene cuando se ve superada resultan afectados y poco creíbles, como el cabreo del marido en un momento de la película: se respira tanto amor, tanta unión ante las dificultades de la vida, tanta felicidad —en suma— que el hartazgo es inconcebible. Hemos asistido a una puesta en escena tan idealizada que cualquier salida de tono desentona. Y nosotros también salimos “desentonados” del cine, a enfrentarnos a nuestra vida de occidentales de familia raquítica, hijo único y abundancia material.
Juan Pini
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22 de abril de 2018
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quiero realizar un análisis diferente del que ha realizado la crítica acerca de la película brasileña donde se ha insistido en dos aspectos: la familia y dentro de ella la poderosa figura de la madre, cuya energía nace de la fragilidad de la situación. De hecho, tras su participación en el festival de Sundance, esta cinta fue galardonada con la Biznaga de oro a la Mejor película iberoamericana en la 21ª edición del Festival de Málaga, lo fue también con la Biznaga de plata al Premio especial del jurado de la crítica en base a los siguientes argumentos, que copio literalmente: “su emotiva aproximación a la familia y por su capacidad de conmover sin caer en los sentimentalismos, y por su mirada femenina llena de verdad”.
Y uno comparte esos argumentos, pero creo que hay algo más, de lo que podemos destacar en primer lugar la barrera cada vez más difusa entre la ficción y el documental. Los documentales tienden a convertirse en nuestros días en docudramas con un cierto hilo argumental en su desarrollo y las ficciones miran con ojos cada vez más golositos las posibilidades del documental en cuanto referentes de la realidad. No necesitamos salirnos del arriba mencionado Festival de Málaga para descubrir el magnífico largometraje Casa Coraggio (2017), de Baltazar Tokman, un director que ha hecho carrera en los documentales y que se ha aventurado al mundo de la ficción aplicando técnicas fílmicas que pertenecen a su experiencia previa y logrando una película donde las influencias mutuas entre realidad y ficción son constantes. Señalar que esta cinta fue galardonada con la Biznaga de plata a la Mejor película iberoamericana en Zonazine y que a los organizadores de esta sección les costó trabajo decidir si se trataba de un documental o de una ficción.
Hay un marcado esfuerzo en el cine de ficción contemporáneo por acercarse a la realidad tal cual sin apoyarse en una narración inventada, como es el caso del conocido neorrealismo italiano, sino incorporando elementos narrativos a la vida cotidiana para mejor resaltar los aspectos que se quieren destacar. Un caso muy curioso a respecto es el de la cinta cubana Sergio & Sergéi (2017), de Ernesto Daranas, Premio del jurado joven al mejor largometraje de la sección oficial del tantas veces mencionado Festival de Málaga, y donde se parte de un hecho real para componer una sátira de lo que fue la situación en la isla caribeña en los momentos inmediatamente posteriores a la desaparición de la Unión Soviética.
Pero no es sólo un caso de “intrusismo” técnico de la ficción en el documental, y viceversa, a lo que asistimos en el cine en estos momentos, es que las temáticas también son similares, pues ambos, largometrajes y documentales han puesto el foco en las cuestiones cotidianas que nos rodean. No es ya la génesis de las cuevas de Nerja, por ejemplo, lo que interesa a los realizadores documentales, sino la problemática de las personas transexuales o los mendigos en Seattle. No son ya las puestas en escena épicas lo que se ve en los largometrajes de los Festivales (lo de las salas en los centros comerciales es otra cosa). Díficilmente Ivanhoe o Robin Hood llegarán al Festival de Málaga, ya que nos estamos moviendo alrededor de este certamen recién concluido, sino los deshaucios o la emigración impuesta a los jóvenes para buscar un futuro laboral en otro país de la Unión Europea. Muy pocas producciones de época o fantasía pura se ven en los grandes acontecimientos cinematográficos del mundo. Alguna hay, lo admito, y el caso más inminente es el de La forma del agua (2017), de Guillermo del Toro, que también fue homenajeado en el festival malagueño, pero otro tipo de películas se han impuesto en nuestros días.
Los guiones han perdido el valor argumental que les caracterizaba en los así llamados años dorados de la fábrica de sueños. Ya no se hilvanan acciones para desarrollar una historia en sentido propio, sino que son las cuestiones candentes de nuestro tiempo lo que se plasma en la pantalla, desarrolladas de manera discontinua, como fogonazos de la realidad.
Y todo lo anterior sería aplicable a Benzinho, que goza de un enorme valor expositivo, como también disfruta The Florida Project, con quien también comparte otra cuestión y es el ambientar la trama en uno de los epicentros del turismo brasileño, es decir, la ciudad de Petrópolis, a cuya sombra las familias malviven, se hacinan, cuando el filme de Baker sitúa la acción junto al parque de la Disney en Florida. Pero además, Petrópolis fue una ciudad imperial inventada por el emperador Pedro I en el primer tercio del siglo XIX, puesto que, como ya sabemos, el colonialismo en Brasil no se resolvió en repúblicas, según aconteció en las posesiones hispanas (lo del emperador Maximiliano en México fue un anacronismo fugaz).
Gustavo Pizzi pasó su infancia en Petrópolis, pero ya nos aclararon en la rueda de prensa que Benzinho no tiene valor autobiográfico. Considero por ello que estamos sin duda asistiendo en esta película a una metáfora de la descomposición de la sociedad brasileña, donde la vida no se despliega a golpe de samba, sino más bien bajo lamentos de blues. No puede casual que la casa donde mora la familia que se retrata se halla en permanente estado de desmoronamiento y la nueva que quieren construir con muy torpes fundamentos no pasa de una quimera remota.
Sin embargo, sí hay algo que distingue radicalmente Benzinho de The Florida Project y es que frente a las vidas detenidas que aquí se muestran, el filme brasileño ofrece la imagen de una familia como un avispero, en constante movimiento, entre otras cosas quizá porque nadie tiene un sitio fijo en esa casa: hay más personas que rincones, lo cual es una característica de las familias humildes cuyo espacio vital se reduce a lo mínimo. Si utilizáramos un símil astronómico, diríamos que la familia en esta cinta es como los cuerpos celestes, que han de estar en constante movimiento para no caerse.
Fco Javier Rodríguez Barranco
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