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Playtime

7,5
2.878
votos
Sinopsis
Un grupo de turistas americanas hace un viaje por Europa, que prevé la visita de una capital por día. Al llegar a París, se dan cuenta de que el aeropuerto es exactamente igual al de Roma, de que las carreteras son idénticas a las de Hamburgo y que las farolas guardan un curioso parecido con las de Nueva York. En resumidas cuentas, el escenario no cambia de una ciudad a otra. Y ya que no pueden conocer París, se conformarán con pasar ... [+]
Críticas ordenadas por:
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29 de diciembre de 2006
35 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta es una de las cumbres de Tati, sino la mejor muestra de su cine. Es decir, absolutamente genial. Lo que pasa es que aparte de genial se hace pesada. Tati no hace comedias desternillantes, como keaton o Chaplin, con gags que rizan el rizo y momentos explosivos de carcajadas. Tati hace un humor más sutil, más insinuado, que apela a la inteligencia del espectador (no es que Keaton y Chaplin no lo hicieran, pero era otro estilo). Su humor funciona más por acumulación, pequeños gags que dibujan una sonrisa en el espectador, que se van sumando para lograr un todo realmente poderoso en su mordaz ironía.

En Playtime pasa lo mismo que en otros films del francés, pero si cabe en mayores proporciones. Tati es un cineasta pausado, que utiliza grandes planos generales con mucho movimiento interno. Su estilo puede llegar a empalagar. El lento tempo de Playtime realmente lo hace. Los planos generales con mucha información interna, quizá demasiada en determinados momentos, también. Además las secuencias se alargan y alargan sin ayudar en absoluto a esta sensación. Lo que le pasa a Playtime, además, es que a esto se le debe sumar un guión con nula progresión dramática. Asistimos a una sucesión de gags en varios espacios sin involucrarnos emocionalmente, aquí no hay personajes con objetivos que cumplir ni nada por el estilo, de hecho no hay trama prácticamente. El personaje de Hulot aquí anda más perdido si cabe que en otras películas, no sabemos que pinta y su función como enganche no cuaja.

Pese a todo, mi nota es alta porque realmente Playtime es muy genial. Tatí es un virtuoso. Su agudo humor visual solo es comparable con los citados Keaton y Chaplin. Tatí compone estupendamente y filma los espacios que da gusto (aunque aquí por momentos en el restaurante nos desorientemos un poco). Su inventiva es tan sublime que al no hacer ostento de la misma y al usar gags tan insinuados lo más normal es que se te pasen por alto muchos en el primer visionado. Además Tatí utiliza el sonido que da gusto, además de dirigir estupendamente a sus actores. Mordaz crítica a lo absurdo de la vida moderna y a la estúpida homogenización de las ciudades (impagable los gags de los carteles de las agencias de viajes anunciando distintas ciudades con la fotografía del mismo edificio). Genial.
K
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3 de agosto de 2008
17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tati lo tenía claro, podía estar equivocado, pero lo tenía claro. Hay gente que sin tenerlo claro se pone a dictar leyes para todo y toma decisiones con la creencia de ser un dios, y luego ya veremos. Esas personas son las que están subidas en los coches de la rotonda, dan vueltas y vueltas, son la pareja del que va en la moto subiendo y bajando como en los caballitos del tío vivo.
Tati nos muestra al indeciso, va, viene, entra, sale... Pero es él. Los demás son los borregos que llegan de viaje y son conducidos por el guía turístico de aquí para allá. No hacemos más que lo que nos dicen en la tele, por ejemplo, el guía de hoy día. Esa es la verdad.
Pero aquí Tati nos enseña otras personas, personas trabajadoras, obreros, los que se dedican a servir; ellos son los que resuelven si nos damos cuenta. El camarero sienta a los clientes, decide, y éstos esperan. El cocinero en su ventanuco es Napoleón, el portero les abre la puerta a los demás y se lo creen (no hay puerta). El cliente que se cae del taburete lo hace una y otra vez, porque le ayudan a levantarse, es un ser anónimo, pequeño y vestido de negro, pero como siga alguién vendrá y le plantará para que no se mueva. Coño, si se lo estaba pasando bien.
Las casas son de cristal, en realidad se reflejan unas de otras y los movimientos de un individuo repercuten en el del vecino, es un vaivén como las olas del mar.
Y ojo al dato, otra crítica: el camarero que se rompe los pantalones sufre el acoso de los buitres de sus compañeros. Como la vida misma. El obrero que tiene un percance será el objetivo de los demás, no pararán hasta dejarle en harapos. La vida misma.
fantomas
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13 de julio de 2006
21 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
En los primeros compases de Safety last (1923), el personaje de Harold Lloyd parece un preso que, tras los barrotes de la prisión, se despide de sus seres queridos mientras la horca le espera y un cura reza por él. Luego, la cámara sorprende al espectador, deshace el equívoco y muestra la realidad, Harold se halla realmente en una estación y espera al tren que le llevará a la ciudad. Jacques Tati nunca hubiera planteado el gag de este modo, él mostraría al señor Hulot en la estación y, en un momento dado, la composición del cuadro sugeriría al espectador que el personaje parece un reo camino del cadalso. Tati no oculta la realidad para descubrirla posteriormente, sino que el espectador observa la realidad tal cual y según el punto de vista que se adopte surgirá el gag. Otro famoso gag: el del cortometraje Pay day (1922) en el que Chaplin utiliza el retroceso de las imágenes en sentido de avance para mostrar a Charlot en lo alto de un andamio capturando con asombrosa habilidad los ladrillos que le lanzan desde abajo, cada vez de modo más sorprendente, hasta el filo de lo imposible. Seguramente Tati, cumpliendo una de sus máximas del gag, la de la concisión, habría limitado la escena a un par de ladrillos, sin recrearse en el aumento gradual de la dificultad de la labor. En puridad, seguramente Tati ni siquiera habría empleado un recurso tan alejado del realismo como el de retroceder las imágenes.

Playtime es la película más radical de Tati, en la que los planos de conjunto son más de conjunto y las tomas largas son más largas, con el fin de que puedan definirse varios gags en un mismo entorno y casi a la vez, y de que cualquier personaje pueda cobrar el protagonismo, o perderlo, en cualquier instante. El mismo Hulot, cuyo deambular coincide con el del filme, aparece y se desvanece como el humo de su pipa. Incluso un falso Hulot, de los varios que pululan por la parisina jungla de cristal de Playtime, puede adueñarse del gag en cualquier espacio del plano.
Kick'Em Ars
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25 de abril de 2013
20 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Durante casi dos horas, ‘Playtime’ se opone a la convencionalidad: decorados vanguardistas, ausencia de planos medios y primeros planos (ni siquiera llegamos a ver de cerca el careto de Hulot), ambigua narración que parece no conducir a ningún lado, etc. Cada escena rebosa creatividad, bien por algún detalle sutil (el tipo del local que viste a la chica del ropero mientras ésta a su vez le quita el abrigo a una clienta), bien por el conjunto de todos los elementos (las dos casas de cristaleras inmensas a cuya vida interior accedemos sin necesidad de que la cámara ejecute más movimientos que unos leves desplazamientos a derecha e izquierda). La imagen se impone sobre el diálogo, y la palabra hablada a veces se mueve entre lo banal y lo ininteligible (como en toda juerga, por otra parte), aportando un tono singular a la película. Mientras tanto, algo parecido a la posmodernidad: ciudades de características idénticas, lugares impersonales, sistemas complejos (los paneles), cubículos a modo de oficina, la técnica poniendo trabas a la comunicación… Todo ello aliñado con un humor que a veces peca de muy sofisticado y a veces de muy tontorrón.

¿Qué más? Ah, sí, que me he aburrido soberanamente. Hacia la última media hora he permanecido con un ojo en la pantalla y con el otro en el contador de minutos del reproductor, en plan estrabismo crónico, levantándome diez minutos antes del final para alcanzar el plástico del DVD y comprobar cuántos minutos de sufrimiento tenía por delante.

Por consiguiente, estoy en un dilema: en el instante de puntuar, ¿me ciño a los aspectos más objetivos de la película (la encomiable propuesta experimental, minuciosamente trabajada por Tati), o hago caso a la vivencia subjetiva? Me inclino ante el cine que procura ser distinto y cuya alternativa estética está plenamente justificada (el sacrificio de una trama en su sentido más tradicional sirve a otro modo de hacer cine donde el magnetismo narrativo queda sustituido por la disección de los objetos y los espacios físicos), pero la sensación de agobio y el tedio mayúsculo (me pregunto, por cierto, si algo de eso no buscaba el amigo Jacques) están ahí.

En resumidas cuentas:
Reconozco por mí mismo los atributos y el mérito cinematográfico de 'Playtime'.
Más allá de algunos resoplidos, no he esbozado la menor sonrisa.
No he llegado a articular ninguna reflexión, y no creo que se deba a una presunta incapacidad propia.

Posiblemente la capacidad de sorprender de ‘Playtime’ caducó al cabo de unos años, después de que el avance imparable de la era postindustrial tirase por tierra la hipótesis de los salones-escaparate de Tati y previsiones análogas, como la de Woody Allen en ‘Sleeper’, amén de conceptos como el de no-lugar (Augé). Queda entonces la apreciación técnica y el respeto a la tentativa.

Pero seamos honestos, ¿qué vale una película que, incluso con su genio desbordante, ni hace reír, ni hace pensar, ni hace disfrutar con el argumento y escasamente lo consigue con sus virtudes técnicas? ¿Qué vale?
Telefunken
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27 de mayo de 2012
13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Jacques Tatí fué uno de esos locos entrañables que antenponen sus ideas a sus intereses personales.

Playtime es un experimento maravilloso sobre las posibilidades del cine. Diferentes situaciones suceden simultaneamente en un mismo plano, por lo que el espectador debe elegir qué hechos observar, explorando la profundidad de campo con la actitud conveniente. Para ello Tatí rodó la película en 70 mm (lo cual debía facilitar la claridad del visionado de los múltiples elementos), hizo construir varios decorados inmensos para controlar hasta el menor movimiento y jugó a ser un Diós travieso.

En su momento, se estrenaron copias reducidas a 35 mm, porque no todas las salas estaban equipadas para el formato de 70 mm, lo cual ayudó a que la película fuera mal vista y mal comprendida.

Quizás no sea una película para personas poco amantes del revisionado, ya que se expande y cobra más y más sentido en sucesivas revisiones.
Abracadabrista
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