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La noche de la iguana

7,5
4.816
votos
Año
1964
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Drama | Drama sureño. Alcoholismo
Sinopsis
Adaptación de un drama de Tennessee Williams. Un pastor protestante (Burton), expulsado de su iglesia, trabaja en México como guía turístico, dirigiendo excursiones formadas sobre todo por americanas maduras. En una de ellas es víctima de los intentos de seducción de una sensual jovencita, lo que le granjea la animadversión de las demás mujeres. Finalmente, el grupo llega a un hotel regentado por una vieja amiga suya (Ava Gardner). (FILMAFFINITY) [+]
Críticas ordenadas por:
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14 de mayo de 2009
60 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sudor. Shannon (Richard Burton) busca el aire fresco. El autobús opresivo y opresor circula por caminos de tierra y polvo. La humedad, el sol y el sudor. Shannon no pasa por sus mejores momentos, y lo que es peor, tampoco pasa por lo que sabe que serán los peores.

En Puerto Vallarta existe un hotel. ¡Eso es mentira! En Puerto Vallarta sólo existe Maxine (Ava Gardner). Es madura, y por eso, por primera y única vez, Gardner es humana. Su papada la trasforma en terrenal. El animal más bello de la Tierra ahora es una mujer y se llama Maxine. Creo que es la primera vez que me enamoro de la Gardner. Sexual y real. Alcohólica y libidinosa. Furibunda y acabada. Y sudor, mucho sudor que corre entre los pliegues de sus pechos, que cae gota a gota mientras hace el amor, porque aunque no se vea, Maxine practica el sexo aunque no sea con quien desea.

Y el mar. Decía yo que el mar siempre es poeta y el ron el papel donde debe plasmar sus versos. Hannah (Deborah Kerr) es el verso. Sensato, atento, fuerte y generoso. Escueto y eficaz. Quizá herido pero nunca derrotado.

Y el mar, decíamos. Se oye el golpe continuo de las olas. Se oye el viento que agita las palmeras. Se oye el sudor caer a tierra y se oye el agua de la botella. ¿Qué no es agua? Claro, si lo fuera no existiría película.
Chagolate con churros
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20 de marzo de 2007
60 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil
Realizada por John Huston, se basa en la obra de teatro "The Night Of The Iguana" (1961), de Tennessee Williams, adaptada por el propio realizador. Se rodó en escenarios naturales de Mismaloya y Puerto Vallarta (Jalisco, Méjico). Producida por Ray Stark para la MGM, se estrenó el 6-VIII-1964 (EEUU).

La acción tiene lugar en Virginia (EEUU) y en Méjico, en 1940. T. Lawrence Shanon, pastor episcopaliano, rector de la parroquia de San Jaime (Virginia), es acusado de seducir y violar a una menor. Por ese motivo y a causa de trastornos de conducta, es apartado del ministerio e internado en un centro psiquiátrico. Después de obtener el alta, encuentra trabajo como guía de una compañía de viajes turísticos en autocar, de bajo coste. La expedición que acompaña está formada por profesoras de un colegio femenino de Texas, a las que se ha unido la alumna Charlotte Goodall (Sue Lyon), menor, caprichosa y voluble.

La película se desarrolla como una suma de drama y thriller, que toca temas como el aocoholismo, el consumo de drogas, el suicidio, el paro, el subempleo, la homosexualidad femenina, la ninfomanía, la prostitución masculina y otros. Explora el complejo mundo de un espíritu atormentado, angustiado y profundamente alterado por los problemas de diversa
índole que ha tenido que afrontar recientemente y las frustraciones que han provocado en él. En un marco de desorientación y confusión, confluyen y se suman en su interior, deseos imperiosos, pero inviables, temores y miedos fundamentados, angustias psicóticas, y la pulsión vehemente del apetito sexual. De poco sirve la búsqueda de mecanismos para dominar la concupiscencia basados en las antiguas prácticas del castigo físico (andar sobre cristales rotos). No encuentra disponibles los apoyos esperados: el de un amigo fallecido recientemente; el de una antigua amante alcohólica, preocupada por otros temas; el de una persona angelical bloqueada por una pasión lesbiana reprimida. El desarrollo de los personajes y de las situaciones es acertado y profundo. La tensión dramática sigue un crescendo que Huston administra con pericia. Son destacadas las escenas del baño en el mar de Shanon y Charlotte, el baile de Charlotte en el bar de la playa con Pepe y Pedro, la crisis de ansiedad de Shanon, el sensual baño nocturno de Maxine con los dos muchachos en la playa.

La música, de Benjamin Frankel, se basa en una partitura breve, de aires dramáticos y misteriosos. Consta de 10 temas, de entre los que destacan el "Tema principal", que se superpone a los créditos iniciales, "Ana y Shanon", "Maxine y Shanon", "Las lavanderas de Méjico" y "El largo baño de Shanon". Se añaden dos composiciones de aires mejicanos: "Mexicanerías" y "Cascadas", ambas a cargo de Pepito Villa. La fotografía, del mejicano Gabriel Figueroa, sobresale por el dominio del claroscuro, composiciones de notable belleza plástica y la atmósfera opresiva que crea. Los diálogos están bien construidos y la interpretación es loable y efectiva.
Miquel
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13 de enero de 2010
31 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Toda la parte inicial, tal vez lo más flojo, es sólo el trazado de una ruta. Un hombre que quiere olvidar revive un déjà vu, y le empiezan a perseguir sus demonios interiores y exteriores. Así que preso de furia y desesperación lleva su pesada carga a su nueva iglesia: el hotel de Puerto Vallarta.

Pero en vez del sumo sacerdote que regentaba el hotel, Fred, se encuentra con su viuda. Buscaba consuelo espiritual y se topa con Ava Gardner, que nada más aparecer parece que lleve tatuado en la frente: "Born to fuck". A partir de aquí toda la atmósfera desprende carnalidad hasta en las iguanas.

Hasta que llega Deborah Kerr, con una serenidad de espíritu que da escalofríos. La narración de sus 'encuentros amorosos' te deja de piedra. Es la musa que acompaña a un poeta nonagenario.

Así que tenemos a una mujer carnal y otra espiritual. Y entre medias Richard Burton, que es las dos cosas a lo bestia. Hedonista pero que protesta si le dicen que le secularizaron, sólo le echaron de su antigua iglesia. Borracho, loco, irascible, pero que tiene compasión del demonio exterior que le persigue hasta ahí: la vieja víbora del autocar. Un animal sexual también, pero que por principios de amistad llevó a rechazar nada menos que a Ava. Aunque Burton lo hace bien, le superan las dos actrices siendo él el nudo central.

Cuando se van los mercaderes del nuevo templo, sólo se quedan los cuarentones fracasados, los que navegan sin rumbo. Los que van a presenciar el exorcismo del último poema.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Gilbert
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3 de octubre de 2009
29 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Huston siempre ha sido uno de mis cineastas predilectos. Y aunque varios factores avalan dicha afirmación, Huston forma parte de ese selecto grupo porque, fundamentalmente, su forma de entender el cine encaja a la perfección con la mía. Ya sea a través del género negro (“El halcón maltés”, “Cayo Largo”, “La jungla de asfalto”), de aventuras (“El tesoro de Sierra Madre”, “La reina de África”, “El hombre que pudo reinar”) o de proyectos de carácter más personal e intimista (“Fat City”, “Vidas rebeldes”, “Reflejos en un ojo dorado”). Un cineasta de los de antaño, con una carrera repleta de obras maestras (y algún que otro tropezón) que siempre -o casi siempre- intentó respetar una premisa básica: fabricar pelis de entretenimiento que no menoscabaran la inteligencia del gran público. El suyo.

“La noche de la iguana”, sin embargo, se aleja relativamente de esa premisa. Y quizás por ello, por apartarse de esa fórmula mágica que tantos éxitos le reportó a Huston, la peli en cuestión me parece un experimento fallido. No solo porque su talante teatral (la peli está basada en la obra homónima de Tennesse Williams) concede excesivo protagonismo a los diálogos en detrimento de la propia trama argumental (algo fundamental en todas las pelis de Huston) sino porque su tono tragicómico le resta muchos enteros a lo que yo concibo como cine genuinamente hustoniano. No negaré que quizás Williams también tenga parte de ‘culpa’, pero mi experiencia previa con otras obras adaptadas al cine de este mismo dramaturgo (“Un tranvía llamado deseo”, “La gata sobre el tejado de zinc”) no me hacían presumir, a bote pronto, que esta versión cinematográfica iba a resultar tan esperpéntica. De lo que sí estoy seguro es que el personaje interpretado por Richard Burton, el reverendo T. Lawrence Shannon, es un tío absolutamente patético. Un ser desorientado y moralmente desamparado, que lejos de generar ningún tipo de empatía con el espectador, se comporta como una marioneta que bebe y parlotea sin descanso en un infructuoso intento por paliar sus frustraciones y reprimir su propia lujuria. Que conste, no obstante, que me refiero al reverendo Shannon y no a Richard Burton. Un actor que sí me convenció sobradamente en “¿Quién teme a Virginia Wolf?” o “La mujer indomable”, por ejemplo.

Pero no todo iba a ser aciago en “La noche de la iguana”. Ni mucho menos. La bochornosa y sofocante atmósfera que Huston consigue recrear en ese hotelucho de Puerto Vallarta es magnífica, así como también algunos de sus mordaces y sarcásticos diálogos ‘marca de la casa’. Pero por encima de todo me gustaría subrayar el tremendo pálpito erótico que aportan Maxime (Ava Gardner, el animal más bello del mundo) y Charlotte (Sue Lyon, la Lolita de Kubrick) a “La noche de la iguana”. La una en la playa y la otra, en el chiringuito. Menudas lagartas.
Taylor
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30 de junio de 2011
24 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Hombre y mujer. Amor y lujuria. Ruina y salvación. Una noche, todos se encuentran".

Una película con semejante frase promocional no puede ser contenida. En efecto, haciendo honor a la aclamada obra de Tennessee Williams, John Huston nos cuenta una historia de amor, sexo, celos y conflictos vitales. Mucho ruido, muchos sentimientos, mucha pasión, “La noche de la iguana llega a un nivel de exceso en el que es difícil respirar. Pero es una genialidad.

Un sacerdote retirado tras una crisis de fe, se dedica a hacer de guía turístico en México, acompañando a un grupo de profesoras. Entre ellas, viaja una sensual jovencita que muestra interés por seducirlo. La encargada del grupo despide al ex-pastor por su comportamiento, que se refugia en un hotel regentado por Maxine, antigua amante con la que mantiene una buena relación. Allí conocerá a Hannah, mujer rígida y anticuada que viaja con su abuelo. Las relaciones del guía con todas estas mujeres le marcarán para el futuro.

La noche de la iguana es un estudio de la mujer en sus diferentes etapas vitales, y de la perdición del hombre. También vale como comedia negra repleta de pasiones conflictivas, sin perder de vista el humor satírico con que el director retrata a sus personajes, todos de una riqueza inmensa. Y es que aquí la tortura existencial no se lleva por dentro.

"Un hombre acaba de experimentar demasiado con su saldo emocional. El mío se ha agotado". Lejos de su intención de enderezar su caótica existencia, nuestro atormentado protagonista se verá inmerso en problemas angustiosos, debatiéndose entre sus tentaciones frustradas y su deseo de paz. Una noche que muestra lo más oscuro de las almas, del contraste entre los anhelantes sueños y la agridulce realidad.

La película tiene dos puntos fuertes: su procedencia teatral, que aprovecha muy bien las localizaciones caribeñas para desplegar la pasión entretejida por diálogos geniales, y un reparto extraordinario. Richard Burton, la víctima de su propia existencia; Ava Gardner, madura, sensual, desenfadada propietaria del hotel donde se alojarán; Deborah Kerr, artista etérea; y Sue Lyon, malintencionada jovencita con ojos ardientes, que destila sexo por cada uno de sus poros.

Medida al detalle, cada elemento tiene su función. Ninguna escena, por absurda que sea, ningún personaje, por secundario que parezca, ni ningún diálogo, por artificial que resulte, están dejados al azar. Desde la comicidad hasta la poesía, La noche de la iguana es, en su imperfección, un retrato perfecto de la condición humana, del errático comportamiento humano y su propia perdición.
Naran
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