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Phoenix

6,4
2.955
votos
Sinopsis
Nelly Lenz, una alemana judía superviviente de Auschwitz, regresa a su Berlín natal con la cara desfigurada y acompañada por su gran amiga Lene Winter, de la Agencia Judía. Nelly pide a un eminente cirujano que le reconstruya el rostro para que sea lo más parecida a como era antes. Recuperada de la operación empieza a buscar a su marido Johnny, un pianista. Pero el reencuentro no es lo que ella esperaba. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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22 de septiembre de 2014
25 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Christian Petzold sabe cómo jugar sin marcar las cartas y con "Phoenix" consigue todo aquello que (en mi opinión) su película anterior, "Bárbara", había simplemente sondeado: capturar una situación y generar interés en ella más allá de la primera lectura contextual. En su nuevo trabajo hay un amor nada disimulado hacia su protagonista, una impecable Nina Hoss, que interpreta un doble papel bastante particular para representar a la figura de una mujer presuntamente muerta... que resulta ser ella misma. El planteamiento es una locura pero se lleva a buen puerto con total naturalidad, dada la entrega de actriz, realizador, y demás personas implicadas, funcionando con una supuesta ligereza sobre una base terriblemente perturbadora. No ya la idea de la muerte representada per se ("Vértigo" otea en paralelo a sus imágenes) sino también por el propio desarrollo de los personajes y cómo ahondan en lo más triste del ser humano: codicia, u olvido. Un amour fou desolador.

Con una dirección ajustadísima, ese "Phoenix" al que punta Christian Petzold se representa en múltiples formas: como esa Berlín destruída por las bombas y hecha cenizas, hasta ese club nocturno donde Nelly vuelve a ver a Johnny, pasando por su propia transformación física (y ese vestido rojo de contrastada tonalidad con respecto al resto de elementos); todo lo anterior es simplemente una forma de simbolizar un título idóneo pero la película toca más teclas de la forma correcta: un retrato del holocausto únicamente secundario, sin forzar, usándolo como excusa para ir por otros caminos en los que la historia hace parada acertadamente: la construcción de su protagonista es particularmente brillante, cerrándose el film además de la mejor forma posible. "Phoenix" es una representación jugando a representarse, un ave que resurge de sus cenizas para darse cuenta de que el motivo por el que lo estaba haciendo era uno errado. No es una película excepcional pero Petzold, indudablemente, sabe hacia dónde dirigirse y qué atajos le convienen más para evitar los mayores males de este tipo de cine (pista: la pornografía emocional). Para mí es, desde luego, mejor que "Bárbara".
Caith_Sith
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3 de junio de 2015
18 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por fin llega a nuestras salas Phoenix, la última película de Christian Petzold, avalada por el Premio FIPRESCI en el último Festival de San Sebastián. Si bien no es la gran película que en cierto modo podría esperarse, sí puedo decir que es un excelente acercamiento a las verdaderas consecuencias del holocausto, exento de manipulación y muy lejos de caer en el pornodrama emocional, en el que tan fácil es caer en una cinta de estas características. Petzold vuelve a contextualizar la historia en el turbio pasado de su país, dotándola en todo momento de una sobriedad y elegancia casi academicista que contrasta con su trasfondo turbador. Una mirada atrás hacia una Alemania (país y población) en ruinas.

Nelly (Nina Hoss), una superviviente de Auschwitz, regresa a su Berlín natal con la cara desfigurada, acompañada por Lene (Nina Kunzendorf), de la Agencia Judía y amiga suya antes de la guerra. Nelly decide someterse a una operación para reconstruir su cara, de la manera más fiel posible a como era antes de la guerra. Una vez recuperada, Nelly comenzará la desesperada búsqueda de su marido, Johnny (Ronald Zehrfeld), que está convencido de que ésta murió en el holocausto junto al resto de su familia. Pese a las advertencias de Lene, que asegura que Johnny fue quien la delató a los nazis, Nelly no cesará en su intento de encontrarle. Pero cuando se produce el reencuentro, Johnny no la reconoce. Ella aceptará hacerse pasar por su mujer, es decir, por ella misma. Esta situación recuerda, salvando las distancias, a una obra maestra como es Vértigo (sí, sé que no soy el primero ni el último que lo dirá).

El primer problema que plantea Phoenix es la dudosa verosimilitud de su guion, donde cada cual tomará un diferente posicionamiento. No dudo que este motivo sea capaz de sacar a más de uno de la historia, pero tampoco creo que sea algo tan inverosímil como algunos dicen. Además de que desconocemos cómo era su rostro antes de la guerra, hay que tener en cuenta la absoluta negación llevada a cabo por los protagonistas, fruto de la culpa y del amor: ella, incapaz de admitir la posibilidad de que su marido la traicionase; él, convencido de que murió y abrumado por la culpa y la evidente posibilidad de que sea la verdadera Nelly. Ambos necesitarán pruebas irrefutables para admitir unos hechos y una realidad que parecen obviar.

El “Fénix”que da nombre a la película adquiere diferentes formas en ésta: una Alemania en ruinas que debe empezar de cero; una joven que necesita la reconstrucción de su cara y, a la vez, de una identidad perdida en los campos de concentración; una relación amorosa destruida por culpa de la guerra; y un club nocturno de nombre coincidente con el título, y en cuyo interior cada uno se busca la vida como bien puede. También se podría aplicar al vestido rojo de Nelly en el primer encuentro con su ex marido, pero no confirma esa condición de Fénix: no la reconoce.

La bellísima y cuidada puesta en escena llevada a cabo por el alemán, contrasta completamente con el fondo desolador de la historia. La (casi) primera mitad de la historia es brillante, con la presentación de la frágil Nelly, fantásticamente interpretada por la actriz fetiche de Petzold, Nina Hoss. La composición de un personaje de remarcada fragilidad, que, con el devenir de los acontecimientos, adquirirá un cariz totalmente desgarrador. Y no olvidemos a una también genial, aunque con una escasa presencia en pantalla, Nina Kunzendorf; ni a un muy buen Ronald Zehrfeld, como réplica a la interpretación de Hoss. Desgraciadamente, la película adolece de una progresiva pérdida de fuelle desde el encuentro decisivo de la pareja (el segundo). En la segunda mitad adquiere un tono casi teatral, con una narración que parece desprovista de la intensidad que sí tenía en un principio. Cuando parece que ya sólo queda asistir al desperdicio de una buena historia, un final de esos que ponen los pelos de punta se encarga de subsanar con éxito ese bajón que parecía no tener solución. Una total demostración de sutileza -en todo el film, aunque aquí especialmente- y talento de Petzold. Así, aunque supongo que involuntariamente, la película actúa también como ave fénix.

No es redonda, pero es un estupendo reflejo de Alemania una finalizada la II Guerra Mundial, y de una de las tantas personas que lo perdieron todo. Como bien dice el personaje de Johnny en una escena: “Nadie se fija en los que vuelven de los campos de concentración. Nadie los va a reconocer”. Phoenix es una de esas películas que, sin saber muy bien por qué (quizá por tener uno de los mejores finales de los últimos tiempos), tiene toda la pinta de ir a permanecer en mi memoria y a mejorar con el paso del tiempo.

Crítica publicada en @dfcinema: http://dfcinema.com/2015/06/02/phoenix-volver/
Marty Maher
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13 de junio de 2015
17 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay películas cuya recepción crítica positiva (a veces incluso acompañada de un público crédulo) es un arcano indescifrable. Esta cinta encarna a la perfección y sin complejos semejante enigma. Cuando fallan fondo y forma, cuando los actores apenas prestan sus cuerpos ausentes a unos diálogos tan inverosímiles como superfluos, cuando la trama es tan descabellada como insulsa, cuando te importa una higa lo que acontece en pantalla y te preguntas a qué tanto incienso y tanto boato si lo que se ve es tan famélico y falso que produce hastío y hasta vergüenza ajena.

Vayamos por partes. La trama es irreal, casi onírica, una fantasía desaforada que podría haber tenido un pase si se hubiera abordado como cine fantástico o como una propuesta más allá de lo convencional. Pero la inventiva descabellada se da de bruces y de tortas con un pretendido realismo inmisericorde y patibulario, produciéndose una incongruencia irreconciliable. El realismo sucio (pero de baratillo, de un cartón piedra reciclado y cutre que añade delito a la afrenta) pertenece a otra película diferente y antitética a la trama soñadora que se nos ofrece. No casan ni con cola, ni la palmaria contradicción entre ambas ilumina recovecos insospechados o nos añade una dimensión inaudita. Sencillamente es un fallo garrafal.

Meter, malamente y con calzador, a Hitchcock en un filme neorrealista de pacotilla es una vileza que no merece ni señalarse como desvarío. Además los diálogos son risibles de tan serios y ceñudos que gravitan, fingiendo una severidad y trascendencia de la que carecen. Y los actores se las ven y se las desean para dar vida a unos personajes tan plúmbeos como desdibujados, con reacciones extremas, silencios enfáticos y rostros contorsionados de importancia pomposa. No hay ni un atisbo de humildad en este repelente engendro que cae de lleno en la cursilería de lo ampuloso y sobrecargado de puro atracón de insignificancia.

Para ser justos hay una escena extraordinaria: la última. Quizás por eso algunos guardan un grato recuerdo del conjunto, pero es un espejismo. No se borran casi cien minutos de tedio porque durante los postreros tres se alcance la bóveda celestial. La cinta se cierra con un aquilatado broche de diamantes: te transporta y convence, te sobrecoge y te zarandea, alcanzando una excelencia encomiable con la ausencia de diálogos (basta la emocionante interpretación de una canción) y con una dirección afilada, perfecta, contundente. Fundido en negro. Lástima que el resto sea tan calamitoso.
antonalva
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15 de noviembre de 2014
10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuesta entender cómo sabemos perdonar antes al que nos hace daño que aceptarnos a nosotros mismos. No hay peor ciego que el que no quiere ver, o muchas veces necesitamos meter el dedo en la yaga para creer, como Tomás. La permisividad, el perdón, la culpa y la dignidad se mezclan en un personaje que, sin entenderlo, aunque se le pueden buscar las razones, intenta retomar el hilo de una vida sabiendo que nada volverá a ser como antes.... y aún así, ¿cómo retomarlo?. Aunque con momentos donde el ritmo es pausado en demasía, o donde personajes relevantes no se presentan hasta donde debieran, el guión nos intenta trasladar el contraste y el impacto emocional del momento posterior al horror nazi. Personajes intensos, bien recreados y crecidos en la película, una historia con un fondo intenso bien reflejado en retazos de una vida cualquiera...
Bolseiro
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8 de junio de 2015
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Herr Petzold nos trae una película libremente inspirada en una retorcida novela de Hubert Monteilhet (autor también de "Las mantis religiosas", por ejemplo.)

En el destruído Berlín de la postguerra Nina Hoss, como los demás supervivientes, vaga buscando un nuevo nacimiento.

Gran interpretación, gran ambientación, gran película. Sin duda Petzold merecería ser más conocido en España.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
golondrina europea
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