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Sólo el cielo lo sabe

7,3
2.639
votos
Año
1955
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Drama. Romance | Melodrama
Sinopsis
Una viuda de buena familia inicia un romance con su apuesto jardinero. A pesar de pertenecer a dos mundos completamente diferentes deciden casarse, pero su amor tropieza con el rechazo de los hijos de la mujer y de su círculo social. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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27 de mayo de 2012
53 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
[Advertencia previa: aunque las líneas que siguen no contienen, propiamente, spoiler, sí menciono secuencias que desvelan parte de la trama. La visión que ofrezco de ellas es bastante personal y configuran mi interpretación emocional de la película.]

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‘All that Heaven Allows’ (Todo lo que el cielo permite), empieza con un picado en el que vemos la torre del reloj. Hay algo triste e implacable en la combinación de la fijeza del reloj y el color de las hojas del otoño.

Esa observación desde lo alto, tan por encima de los hombres, recuerda al primer capítulo de ‘La regenta’, con Fermín de Pas oteando desde el campanario.

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La primera vez que Cary y Ron entran juntos en la casa del molino, hay a la izquierda una escalera vieja que apunta hacia lo alto.

– ¿Qué hay arriba? –pregunta Cary.
– No lo sé, no he vuelto a subir desde que era niño. Estará sucio y lleno de telarañas.
– No me importa.

Cuando Cary se dispone a subir, un pájaro se echa a volar y ella cae en los brazos de Ron. Es el preludio del primer encuentro de sus labios.

Al terminar la escena, la cámara se queda con el pájaro –una paloma– y con su arrullo concluye la secuencia.

Ese lugar, no visto, tiene para mí el sabor de una promesa de felicidad.

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La segunda vez que aparecen juntos en la casa del molino, se ve una luz pequeña azul en el lugar al que apuntaba la escalera.

– Esas escaleras van hacia el almacén. Allí pienso poner el dormitorio –dice Ron.

Creemos que la promesa ha comenzado a tomar forma. Pero, cuando las escaleras entran de nuevo en cuadro, la luz azul ha desaparecido. La sensación que deja la secuencia es agridulce.

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La tercera vez que aparece por dentro la casa del molino, la cámara se sitúa en el desván; es como si el lugar de la promesa les observara desde arriba, inaccesible.

La secuencia finaliza con un plano de Ron sentado en la escalera y abatido, con los puños en el rostro.

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La cuarta vez que aparece el interior de la casa del molino, Ron yace tumbado en el sofá. La luz azul –el cielo– queda afuera, en el jardín, al otro lado de la inmensa cristalera. Esta vez Ron y Cary no están solos. Las otras presencias resultan agobiantes –reina la oscuridad y los encuadres comprimen el espacio.

Siento que no hay rastro del lugar de la promesa.

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Decía Douglas Sirk, hablando de esta cinta, que, en su opinión, es bien poco lo que el cielo nos permite.

A pesar del aparente happy end, una sutil capa de tristeza impregna la escena que cierra la película. Como una sensación de paraíso no alcanzado, perdido para siempre. La puesta en escena y la configuración exacta de los interiores, son, en Sirk, excepcionales; dan la clave de los personajes retratados. Y, sin embargo, nunca llegamos a ver la habitación (o habría que decir el cielo) de los dos amantes.

En ese no lugar cristaliza la “extraña fascinación de sueños soñados por cámaras y hombres”.

En ese no lugar habita el cine.
Servadac
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12 de octubre de 2007
27 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Melodrama realizado por Douglas Sirk. Escrito por Peg Fenwick, se basa en un argumento de Edna L. Lee y Harry Lee. La secuencia inicial se rueda en Stonington (Connecticut) y el resto en los Universal Studios. Producido por Ross Hunter, se estrena en diciembre de 1955 (EEUU).

La acción tiene lugar en una pequeña ciudad de provincias, Stoningham (NY), entre mayo y diciembre de 1954/55. La película focaliza la atención en la vida de Cary Scott (Jane Wyman), viuda desde hace poco, de posición acomodada, de mediana edad, madre de un hijo (Ned) y una hija (Kay) de entre 18 y 20 años. Acostumbrada a vivir a la sombra de un marido dominante, está sumergida en la soledad y en el pasado, sale poco de casa y no tiene aficiones activas. Sirk, hábil retratista, ofrece una excelente descripción del personaje.

El film presenta una acerada y dura crítica social. Denuncia las reacciones interesadas y egoistas y la mentalidad acomodaticia de muchos, que ante situaciones nuevas no hacen ningún esfuerzo para entender y comprender. Explica cómo muchas personas, incluso con formación, viven sometidas a una mentalidad rígida, estrecha y mezquina, de espíritu vacío y comportamientos hipócritas y mediocres. En muchos casos los que se postulan como triunfadores en la lucha por la vida esconden en su interior frustraciones personales y profesionales lacerantes. La visión de Sirk es sombría y pesimista. Cuando los comportamientos personales no se ajustan a las reglas comunes activan prejuicios sociales que dan lugar a situaciones de marginación y exclusión social. El anáisis de Sirk se refieren a un lugar y tiempo determinados. Por extensión, es válido en relación a otras circustancias que se den asociadas a prejuicios colectivos excluyentes. El realizador defiende el amor no sujeto a convenciones y prejuicios. El amor no conoce reglas, ni restricciones, ni barreras de raza, lengua, religión, situación económica y estatus social. La obra elogia el amor elegido libremente, en especial en el caso de la mujer. Añade la defensa del derecho al amor y a la sexualidad de las personas mayores o de mediana edad. Las propuestas de Sirk, que hoy parecen ingenuas, en su momento suscitaban controversia. La adecuada comprensión del film requiere que el espectador se sitúe en el tiempo y época de su producción.

La música, de Frank Skinner ("Winchester 73", A. Mann, 1950), aporta una emotiva partitura orquestal, con solos de piano, que amplía y refuerza los sentimientos agitados del film. La melodía central está tomada del último movimiento de la 4ª Sinfonía de Brahms. La fotografía, de Russell Metty ("Espartaco", Kubrick, 1960), ofrece colores, niveles de luz y encuadres acertados y justos. Los ambientes opresivos, que se constrastan con otros abiertos y luminosos o cambiantes, están bien construidos. Las interpretaciones de Jane Wyman, Rock Hudson y Agnes Moorehead, son convincentes.
Miquel
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10 de enero de 2011
20 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Entre bombas y platillos, a uno, a veces, se le olvida que el cine es "puesta en escena", y que eso compete básicamente al director. "Puesta en escena" es un concepto poco utilizado en España, no así en otros países. Y quizá por eso muchos directores españoles atienden a otros elementos como la música, el montaje, la interpretación, etc, antes que al encuadre. No es que esos elementos no sean fundamentales y no deban ser trabajados, pero lo primero que debe "componer" un director es lo que hay dentro de los límites de un visor, o un objetivo o una pantalla.

"Solo el cielo lo sabe" es una película de grandísimos encuadres. Douglas Sirk era un virtuoso en esa faceta. Esta película no tiene el reconocimiento de otras como "Escrito sobre el viento" o "Imitación a la vida", seguramente porque es un melodrama (hablamos siempre de melodramas con Sirk) menos enrevesado. Pero precisamente gracias a su simplicidad argumental, destaca especialmente esa faceta de "pintor de encuadres" que, en mi opinión, es la mayor virtud de este excelente director. Si en otras películas tenía historias muy potentes, con muchos personajes, largas en el tiempo, cargadas de acontecimientos, aquí Sirk cuenta solo con un sencillo argumento. Y tiene entonces la oportunidad de recrearse en las imágenes con las que nos cuenta la película. Desde el punto de vista de la puesta en escena, de la composición de los planos, del uso del color con intención expresiva, esta película está al nivel de las películas de Sirk consideradas obras maestras.

Yo soy un fan de la simplicidad, de la claridad en los datos que una película transmite, lo cual no está reñido en absoluto con la complejidad de los carácteres o la sutileza de los mensajes. Habiendo visto esta película varias veces, me sigue impactando la potencia con la que las emociones están transmitidas, la contundencia del idioma con el que Sirk nos cuenta, paso a paso, esta sencilla historia de amor casi prohibido, surgido en medio de una sociedad hipócrita y aburrida que, sin perder la sonrisa y las maneras, no tiene otra cosa que hacer que meterse en las vidas ajenas para gobernarlas. Existen lecturas subyacentes en la película claramente expuestas. El discurso de Sirk, animando a buscar la armonía interna en la vida, la verdadera libertad como seres humanos, se repite en varias de sus películas, en especial en "Obsesión", pero es, sin duda, la fuerza del melodrama y el modo tan "cromático" como está expuesto lo que hace tan atractiva "Solo el cielo lo sabe".
(Sigo sin desvelar)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Uma
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20 de abril de 2010
13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siguiente película a la magnífica "Obsesión", con misma pareja protagonista. Como en aquella, pero aquí todavía mejor, Sirk hace maravillosa una película de resbaladizo argumento, propicia al folletín convencional y al sentimentalismo azucarado (una adinerada viuda se enamora del hijo del que fuera jardinero suyo toda la vida, un muchacho mucho más joven que ella) gracias a su sublime exquisitez y elegancia a la hora de hacer cine: la dirección/elección de actores, la puesta en escena, el empleo de un sencillo argumento que se va agigantando en busca de un catálogo de intensidad emocional espléndido, su anchura de miras para no quedarse en la epidermis de lo que puede contar, y su capacidad de ahondar en aspectos más relevantes (en este caso, lugares comunes en sus brillantes melodramas también: su radiografía, elegante pero crítica, de la alta sociedad americana y de sus corsés puritanistas, la contaminada y puta manía de prejuzgar y chismorrear del ser humano, la facilidad con que éste se divierte/gusta para destruir lo ajeno).
Son todos vértices por los que agarrar una excelente película de un autor mayor en la Historia del Cine, que hizo siempre trabajos muy por encima de los materiales con que contaba y que hace que a uno le salga una sincera exclamación: ¡Viva el melodrama!.
kafka
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12 de diciembre de 2007
16 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Cuando hay mucha gente en la habitación nadie quiere hablar de amor” dice Nacho Vegas en una de sus canciones. Exactamente eso es lo que ocurre con los espectadores actuales de los melodramas clásicos. El melodrama es un género tan exagerado, tan radicalmente exacerbado en sus planteamientos formales y de contenido que provoca risas vergonzantes y avergonzadas entre el público. En Sólo el cielo lo sabe un espectador actual tiene que lidiar contra las
fórmulas de los cincuenta que enfatizan todas las acciones. La música puntualiza los estados de ánimo, los diálogos son grandilocuentes y prototípicos, los colores saturados, los personajes son clichés andantes (la amiga comprensiva, la chismosa, el hijo emprendedor, la hija estudiosa). . Financiado por los estudios de Hollywood, Douglas Syrk es uno de los pocos directores que traza sus propios proyectos en la conservadora industria yanqui de la época, digno de elogio a priori.

Rock Hudson está pletóricamente acartonado (y esta vez no como defecto),macho vigoroso convertido a buda de las montañas. La mejor escena de la película sin discusión: cuando el hijo le regala a la madre una televisión para que olvide a Rock Hudson, ¡qué mujer podría olvidar a Hudson con un televisor! La recién introducida televisión en la América de los cincuenta sirve para consolar y entretener a desvencijadas viudas.

Hoy todos nos llenamos la boca con nuestras supuestas mentes abiertas y preclaras aunque en realidad la situación no ha variado un ápice. Los jardineros se han transformado en inmigrantes ilegales (negros, amarillos o sudamericanos) y la burguesía ya no acude a fiestas de traje, vestido de noche, bigote y puro sino que lleva los pantalones desgastados, faldas abullonadas, barba de tres días y cocaína (vease al mejor Easton Ellis). Las clases sociales hoy sobreviven y los ricos siguen casándose entre ellos. Ahí es donde reside el pilar fundamental por el que ataco el conservadurismo inherente del film: su pretendida e ilusoria unión idealista de la humanidad a través del amor puro, del amor que rompe barreras para sí, no para los demás. Desde nuestro punto de vista marxista discutible cuanto menos sería la estrategia de Hollywood, si arriesgada y suicida o interesadamente liberal. Se han producido no pocas películas de esta temática desde entonces (Pretty Woman mismamente). Un ejemplo más claro fuera de este ámbito: Nike protagonista de multitud de campañas contra el racismo. ¿Acaso no le interesa a Nike poder importar mano de obra inmigrante negra que trabaje por dos chavos, asfixiando a la clase obrera y así reducir los costos de la producción de sus prendas?¿Podría ser que la revolución constante de las fuerzas productivas en el capitalismo produzca interesadamente películas como Sólo el cielo lo sabe en su propio beneficio?
Héctor Muniente
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