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Sinopsis
Suecia, mediados del siglo XIV. La Peste Negra asola Europa. Tras diez años de inútiles combates en las Cruzadas, el caballero sueco Antonius Blovk y su leal escudero regresan de Tierra Santa. Blovk es un hombre atormentado y lleno de dudas. En el camino se encuentra con la Muerte que lo reclama. Entonces él le propone jugar una partida de ajedrez, con la es... Leer sinopsis completa
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9 de Agosto de 2007
237 de 285 usuarios han encontrado esta crítica útil.
En mi crítica me limitaré a hacer una explicación de la película en el “spoiler”. Todo lo que ahí escribo es consecuencia de lo que he pensado yo solito en una calurosa tarde de verano y no lo he contrastado con nadie mas, así que si alguien cree que me equivoco en algo o que voy muy desencaminado me gustaría saberlo.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler:
Por las películas que he podido ver de Bergman, puedo decir que sus personajes son como poco extraños; alguna de las posibles rarezas sería por ejemplo por qué hay una chica que ni siquiera habla (sinceramente creo que si un personaje en una película de Bergman no dice nada es porque no tiene nada que decir y no porque se le haya olvidado desarrollarlo). Otro ejemplo lo tenemos en la escena final en la que el caballero arrastra a la muerte a todos sus compañeros (vaya broma ¿no? Podría avisar de que viene la muerte a llevárselos a todos, o igual pensaban que solo se lo llevaría a él y por eso no tenían miedo...). Pues bien, según yo, ya que no he podido consultar esto con nadie mas, todos los que mueren son el mismo personaje. Me explico: El caballero representa el corazón, los sentimientos, es el único que tiene miedo a la muerte en la escena en la que todos la ven por fin de frente; el escudero representa la cabeza (este creo que no requiere explicación); el malvado que acaba muriendo de peste representa todas las actitudes que una persona no quiere para sí mismo, uno termina por acabar con ellas, y cuando lo hace aparece un nuevo personaje, que es la chica que ni habla ni hace nada, salvo algo muy importante, arrodillarse ante la muerte cuando la tiene de frente, basándome en este acto, creo que esta chica representa que el "personaje compuesto" está listo para morir (tras echar de sí al señor malvado), aunque sigue teniendo miedo (el caballero se tapa la cara); la mujer del caballero representa una especie de mirada limpiadora de conciencia y tranquilizadora, que tambien te prepara para la muerte; el artista que muere el primero, representa la picardía, evidentemente esta es la primera parte que muere de uno cuando sabes que se acerca el momento final (supongo que un moribundo tiene pocas ganas de hacer bromas); el herrero es la inocencia, que vuelve a ser dominante sobre la picardía cuando el comediante muere (la dominancia viene representada por la mujer del herrero, así, primero eres inocente, después eres pícaro y por último, justo antes de morir vuelves a ser inocente) y ya solo quedan los otros dos comediantes y el hijo, que basándome en la cara de ilusión permanente en toda la película y en su manifiesta inocencia, yo diría que son la descendencia del "personaje compuesto". El resto de la película serían críticas a la iglesia (o religiones) por vender una idea falsa de mas allá, y una búsqueda por parte del caballero-corazón del propio más allá, primero preguntando a la muerte sin recibir respuesta, y luego buscándolo en los ojos de la moribunda "Juana de Arco", siendo negada la existencia de este por el cerebro-escudero. Así pues, un 10 para Bergman, que nos representa la muerte de una persona desde todas sus facetas representando cada una de ellas con un personaje diferente, y que además nos hace un manual para morirnos tranquilamente y sin necesidad de mas allá.
Easter Mill  |
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24 de Octubre de 2007
132 de 167 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Primera verdad: Ingmar Bergman era un buen director, con ideas originales, inquietudes por expresar y con buenas formas de hacerlo.
Segunda verdad: Que Ingmar Bergman sea un buen director, no significa que todo lo que haga sea maravilloso, tampoco que haga malas películas, simplemente no creo que un director mantenga el mismo nivel en todas sus producciones.
Tercera verdad: El no entender una película puede hacerte verla peor de lo que es. El no entenderla puede ser o bien porque tienes un día malo, porque no estas atento o porque va dirigida a intelectos muy cultivados. El 60/70% de los intelectos no está cultivado como debería, por tanto, muchos (entre los que me incluyo) se quedan con cara de gilipollas pensando que se les escapa algo.
Cuarta verdad: Ingmar Bergman debía ser uno de esos intelectos cultivados, y como tal, debería hacer más fácil la comprensión a aquellos que no tienen ese privilegio.
Quinta verdad: La vida, la muerte y el más allá siempre han abordado miles de inquietudes sin respuesta en el ser humano durante su existencia. Después de ver "El Séptimo Sello", estas dudas siguen sin respuesta, pero al menos sabemos que ni somos los únicos preocupados, nos da pie a la tertulia posterior al visionado y nos deja imágenes, frases y sensaciones para el recuerdo.
Sexta verdad: Esas imágenes, frases y sensaciones para el recuerdo se intercalan con un ritmo lento, pesado que a más de uno en la sala de la Mostra le hizo ver un film paralelo llamado "El Séptimo Sueño" de Ingmar Duermang (yo no me incluyo en estos)
Séptima verdad: Con todo, y pese a todo, "El Séptimo Sello" es una buena película, que debería ser vista por cualquier cinéfilo pero que se me hace imposible recomendar porque no es para todos los paladares. Me gustó, no la volvería a ver seguramente, me parece un pelín exagerada la nota media... pero cuidado, sale la muerte, está a tu lado mientras haces la crítica... y con la muerte no se juega... si no quieres acabar muerto, claro.
PD: un aplauso por María, José y su Mikael. La familia más humilde y feliz que pudo tener la Edad Media.
Dragondave  |
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Miquel
Palma (Mallorca) (España)
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31 de Diciembre de 2007
99 de 110 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Film nº 18 de Bergman. Escrito por él, se basa en su obra de teatro en un acto "Trämalning" ("Pintura en madera"), de 1955. Se rueda en exteriores de Suecia y en los platós de Svensk Filmindrustri. Obtiene el Premio Especial del Jurado de Cannes. Producido por Allan Ekelund, se estrena el 16-III-1957 (Suecia).
La acción tiene lugar en Suecia a mediados del s. XIV, a lo largo de unos pocos días, anteriores a Todos los Santos (1 nov.). Antonius Block (Sydow), tras 10 años de lucha en Tierra Santa, regresa en compañía del escudero Jons (Björnstrand). Llega cansado y deprimido: en su largo viaje ha cruzado tierras devastadas por la peste. En suelo patrio se topa con la Muerte (Ekerot), un monje de hábitos negros y rostro blanquedo, aficionado al ajedrez. El caballero la reta a jugar una partida para ganar tiempo.
La desolación y la muerte hacen que el mundo se vea estremecido por estallidos de crueldad y violencia, abandono de las normas sociales, fanatismos, penitencias exageradas y egoismos sin límite. La iconografía que emplea el relato está tomada de retablos y figuras medievales que Bergman conoce a raíz de haber acompañado al padre (pastor luterano) a predicar en lugares diferentes. La iconografía incluye juglares, brujas, flajelantes, cruzados, frailes, pesebres, ángeles e imágenes de la muerte (la del film). Glosa sus obsesiones religiosas: existencia de Dios, ausencia de Dios, más allá, pecado, confesión, perdón. Se refiere, también, a temas terrenales que le preocupan: adulterio, crueldad, fanatismo. Hace uso de símbolos: fresas (juventud y erotismo), águila en vuelo estático (muerte), familia de Jof y Mia (inocencia). Da tangibilidad a elementos etéreos (viento), invisibles (demonio), íntimos (deseo) e inmateriales (maldad). Presta atención a temas que le complacen: feminidad, sensualidad, maternidad, infancia, teatro. Enmarca el relato en imágenes de gran belleza plástica, que parecen inspiradas en Durero. Muestra playas solitarias, rocas erosionadas, parajes desnudos y árboles sin hojas, que refuerzan el sentido de la acción. Celebra el deseo, el amor, la comida, la belleza (paisaje) y el arte. Rechaza el sufrimiento, la crueldad, la pena de muerte. Ofrece un discurso conceptualmente denso y fascinante. La reflexión que propone no está cerrada a toda esperanza. Parece querer decir que en el mundo, enfermo y desquiciado, dominado por la codicia y la crueldad, subsisten casos aislados de inocencia y de no inocentes dispuestos a apoyarla. El film confirma la proyección internacional de Bergman.
La música, de Erik Nordgen, aporta una partitura compleja, de instrumentos medievales. Crea melodías conmovedoras, ajustadas para no perjudicar los diálogos. Incorpora 5 canciones originales y añade un fragmento del "Dies irae". La fotografía, de Gunnar Fischer, hace uso de trucos efectistas (cuenco de leche) y de un trabajo de cámara pausado, variado y rico en recursos. Hacia el final juxtapone emotivos planos a cámara fija.
Miquel  |
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31 de Julio de 2007
153 de 220 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Como todos, por otra parte.
Un minuto de silencio por uno de los mayores pedantes, según muchos, de la historia del cine. Yo estoy en desacuerdo; Bergman es un autor, su mundo propio nos lo cede en imágenes, sus obsesiones. Eso ya es algo, eso tiene que valer de algo en un cine anquilosado como el que ahora hay, tiene que generar, al menos, un gramito de gratitud en aquellos que tenemos la mirada abatida y abrumada por tanta repetición, por tanto esquema prefijado. Te podrá gustar más o menos, conectar con él o no, pero es indiscutible su compromiso con un cine personal, su compromiso con él mismo. Un tipo sincero nunca puede ser petulante. La pedantería va unida a la impostura, a la apariencia. Lo demás son elementos puramente superficiales. Y eso no lo digo sólo por Bergman...
Bergman es un gran autor, no es un genio. Pero para mí es más que suficiente. Ojalá hubiesen muchos bergmans por ahí dispuestos a contarnos sus obsesiones de forma tan sincera y tan cualificada como ha hecho el sueco durante tantísimos años.
Que ojalá allí donde quiera que esté ahora, encuentre alguna respuesta a aquello que tanto buscó.
La película es lenta sí... Conclusión inevitable de nuestras retinas, no acostumbradas a una composición pictórica, sino a saltos constantes.
La película es aburrida sí... Conclusión inevitable de nuestra impaciencia, no acostumbrada a travellings que se mueven para buscar, no para despistar.
La muerte de Bergman nos deja un poco huérfanos a muchos de nosotros... Igual que el séptimo sello nos deja huérfanos de asideros, de respuestas, de aliento.
Eso es así, no hay más.
Bloomsday  |
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5 de Julio de 2006
98 de 117 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La temática de esta película no puede ser más trascendente: la muerte, el miedo a esta, y la vida después de ella. A Bergman no le tiembla su pulso maestro a la hora de enfrentar a sus personajes cara a cara con la muerte, pero no de una manera superficial, como estamos acostumbrados en el cine. Aquí no hay personajes que mueren tras unos simples lloros más o menos dramáticos, aquí se trata la muerte como realidad inevitable y se cuestionan sus consecuencias posteriores: ¿el cielo? ¿el infierno? ¿la nada?.
Para colmo de genialidad, la película no está ambientada en una época de modernidad en la que estas cuestiones se planteen desde un punto de vista filosófico y sirvan de charla para intelectuales (como sucedía en otra obra maestra de Bergman, "Fresas Salvajes") sino que está ubicada en una Edad Media asolada por la peste negra, regida por la sinrazón y sumida en el caos.
A modo de hermoso envoltorio de su impresionante contenido, "El séptimo sello" está plagada de imágenes de arrolladora fuerza visual y significado, que componen una atmósfera absorbente, contrastando momentos espeluznantes con otros de gran serenidad y belleza.
Imposible sacarle defectos a esta auténtica joya, que cuenta con unos personajes maravillosamente bien trazados, tan humanos que los angustiosos latidos de sus corazones casi nos sacuden a nosotros también. Estos personajes son además reflejo de las diferentes maneras de afrontar la muerte: El miedo, que empuja a Antonius (inconmensurable Max Von Sydow) a encomendarse a un Dios que su razón le dicta que no existe, o la frialdad de un Jons (no menos genial Gunnar Bjornstrand) consciente de que le espera el vacío. En representación de una vida sin miedo a la muerte: María y José, dos maravillosos personajes surgidos de la esperanza que no necesitan decidir su destino en una partida de ajedrez.
Pabloody  |
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