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El ojo del Diablo

7,1
581
votos
Sinopsis
La castidad de Britt-Marie, hija de un pastor protestante, le provoca a Satán una verruga en un párpado. Para deshacerse de ella, manda a la Tierra a don Juan para que seduzca a Britt-Marie. (FILMAFFINITY)
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user-icon Archilupo   Llanes (España)
Buena
31 de Marzo de 2008
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Según un proverbio nórdico, una muchacha casta es un orzuelo en el ojo del Diablo.
Con función distanciadora, un profesor nos presenta y comenta una comedia en tres actos y una escena final:
En su despacho del inframundo, un Satán con aire de subsecretario, furioso por el estado de su ojo, encarga a Don Juan una misión, a cambio de una reducción de condena: ir a la tierra, en la época actual, y seducir a la hija de un piadoso reverendo, antes de que llegue virgen a la noche de bodas.
El seductor acepta y los consejeros satánicos le inidican que a la mujer escandinava conviene acometerla adoptando un carácter mediterráneo. En compañía de su ayudante Pablo y de un diablo experto, Don Juan aparece junto a la casa del clérigo, dispuesto a usar todos sus trucos de conquistador.
Mientras el conflicto entre virtud, amor y deseo da lugar a enredos y peripecias, Bergman aprovecha para hurgar burlonamente en el lado puritano de la mentalidad sueca y tirar algún que otro dardo a la institución matrimonial, dando rienda suelta a una incisiva vena satírica.
En el reparto brilla la fresca belleza de Bibi Andersson, que ofrece intensos primeros planos.
Para reforzar en varios pasajes la agilidad de la narración, se usan fragmentos de caprichos para clave de Domenico Scarlatti.
Así como Shakespeare descansaba de las tragedias con alguna comedia, Bergman también se lo permite en medio de sus densos dramas, y crea entretenidas obras como ésta.
Archilupo
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user-icon Vivoleyendo   Huelva (España)
Muy buena
25 de Junio de 2011
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bergman abandona por una vez el tono hondamente dramático y trágico, y toma un rumbo diferente, un pequeño paréntesis en lo que venía siendo últimamente una filmografía inquietante, dura, de dificultosa digestión, y que lo seguiría siendo en las décadas venideras.
Pero he dicho pequeño paréntesis, sí. Porque una comedia a lo Bergman no es una bufonada al uso. No habrá risas. Ironía a espuertas y mucha sátira, pero no risa distendida. El humor en el sueco es de doble filo. Es el que precede al nudo en la garganta, la sonrisa del que compone ese gesto fingido para no llorar, para disimular que por dentro está roto. Es una mueca algo retorcida de sarcasmo.
Pero no deja de ser una categoría de sentido del humor. El Satán burlón con su orzuelo en el ojo y ese infierno paródico y bastante civilizado donde cumplen sus castigos los grandes pecadores muestran rasgos de picardía que Bergman también poseía.
El diablo tiene un orzuelo que es como un aviso de que hay decencia en la Tierra. Como un alergeno que le provocara una reacción. Satán no tolera que una chica joven, guapa e inteligente siga siendo virgen y de espíritu limpio. Todo un atentado contra los principios corruptos que, lógicamente, rigen en el infierno.
Y como el casanova Don Juan se encuentra ahí cumpliendo condena desde hace centurias por haber rendido tantas honras femeninas a sus pies, el demonio le propone una misión para reducir la pena (sin que en el cielo se enteren, claro): subir a la Tierra y seducir a la veinteañera Marie, la única hija de un pastor luterano que se va a casar pronto con su prometido. Don Juan es enviado junto con su sirviente, Pablo.
El director sueco propone una visión de cielo e infierno como las dos caras de la misma moneda, como el mismo perro con distintos collares. Antagonistas de fachada pero en realidad separados por un corto paso.
En medio de ambos, la Humanidad. Bergman apunta el descubrimiento más bello y optimista que puede ofrecer, aunque pueda parecer que la oscuridad vence a la luz. No es una concesión corriente en una película bergmaniana, porque su pesimismo suele ganar la partida.
Ese descubrimiento es el libre albedrío.
Un corazón humano libre no se puede comprar, no se puede dominar, no se puede controlar.
Ni Dios, ni el Diablo, tienen poder sobre el corazón de Marie. Ni sobre el de Don Juan. Ni sobre el de Pablo. Ni el del pastor, ni el de su esposa Renata.
Tanto uno como otro creen que somos fichas en su gran tablero de ajedrez. Se equivocan…
De rara belleza, la tengo ya como una de las películas más hermosas de la Svensk Filmindustri.
Vivoleyendo
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user-icon lancefre   Córdoba (España)
Pasable
9 de Octubre de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me ha parecido más una obra de teatro que un filme; pero bueno, en blanco y negro y atendiendo al tema religioso del diablo que intenta corromper a una joven virgen prometida en matrimonio, sirve para pasar un rato. Se ve con paciente curiosidad, activa el sentido del humor y nos rasca con algunos ramalazos críticos.

"La castidad de una mujer es como un orzuelo en el ojo del diablo."

"La vida puede ser muy triste si uno nunca miente."
lancefre
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user-icon manuel   Zürich-Varsovia (Polonia)
Buena
5 de Agosto de 2008
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una comedia en Bergman, resulta gracioso pero lo es, es una comedia incluso hubo algunos momentos en donde me salió alguna que otra carcajada.
A pesar de que pretende hacer una comedia, Bergman utiliza dicho género para analizar un tema que tanto y tanto, al igual que la muerte le obsesionaba, la infidelidad.
La infidelidad aquí la trata desde el lado más mundano hasta el lado religioso o espiritual que tenemos siempre que hablamos de infidelidad.
El cielo y el infierno vienen a nosotros siempre que de otra mujer u hombre a parte de nuestra relación amorosa se presentan en nuestra vida.
Bergman analiza los planteamientos religiosos que tenemos siempre que de sexualidad hablamos y del “infierno” o “diablos” cuando de infidelidad se trata.
Dos temas que tanto y tanto dan que hablar a Woody Allen, fiel seguidor del cine de Bergman al igual que Bergman tuvo una buena trayectoria amorosa y obsesiva con sus actrices o digamos sus “musas”.
Bergman nos presenta esta obsesión de una manera cómica y sarcástica, muy poco típico en él donde siempre resulta árido y severo a pesar de que aquí utiliza poca escenografía, tiene escenas al más puro estilo teatral, la película está dotada de ese toque sarcástico.
Una manera original de tratar el tema y aunque pueda parecer nada profunda, los temas que trata y el contenido sobre ellos es tan real como la vida misma, temas obsesivos en el amor y en la infidelidad, en las relaciones entre las personas cuando de amor se trata, una manera poco peculiar de tratar el tema.
Bergman analiza el tema también en otra de sus películas pero no se atrevió a dirigirla sino que simplemente escribió el guión y Ullmann lo dirigió, me refiero a una de mi películas favoritas, Infiel, en esa película podemos ver como Bergman, en su guión se acerca al mismo tema de las ganas de infidelidad que toda persona, por naturaleza, tenemos pero de una manera realmente dramática.
Tal como nos comenta en El ojo del diablo, son otras las razones las que nos frenan, como la conciencia, el amor hacia otra persona u otras tantas razones que aunque parezcan que no se habla de ella por el tono tan sarcástico, la película trata, para ser normal en Bergman, temas muy profundos.
manuel
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user-icon ruanorosa   Córdoba (España)
Buena
26 de Agosto de 2010
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
No entiendo esta película como una obra menor, como se apunta por ahí; sí me parece sin embargo distinta y poco habitual para Bergman, aunque no deja de tener su evidente marchamo. Se trata de una comedia, sí, pero no precisamente de una comedia ligera; la carga expositiva es incluso superior a la de algunas otras obras, aunque en esta ocasión no luzca de la misma manera. Tal vez trata el tema con excesiva frivolidad, pero el enfoque así lo requiere, aunque esto reste empaque al mensaje. El bien y el mal se disputan una "presa", y para ello se entregan a un duelo que no es tal: el bien parte ganador, y sólo debe mantener posiciones. Es el mal el que envite buscando resultados, que resultan ciertamente inesperados.
ruanorosa
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