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| 51 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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GVD
Madrid (España)
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Su valoración:  |
13 de Marzo de 2008 |
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John Ford le puso fecha de caducidad al western con esa obra maestra que es "El hombre que mató a Liberty Valance" en la que ese territorio en bruto en el que el poder se impone a golpe de revólver, comenzó a extinguirse por la llegada de ferrocarriles, de hombres de negocios... De la civilización. El poder deja de ser impuesto por la fuerza y se emplea el dinero para esto. Muere una época a la que yo no habría concedido mayor importancia de no ser porque el cine la inmortalizó inmejorablemente en mi retina. John Ford anunció este fin, Peckinpah lo explotó.
Lo que en principio sólo se trata del progreso de un territorio acaba adquieriendo tintes de tragedia y poesía en manos de Peckinpah. Se trata de la auténtica decadencia de un imperio, ante la cual sólo se pueden optar por dos vías: adaptarse o resistir. Y aquí es cuando entra otro de los temas fundamentales de Peckinpah: la amistad traicionada. Aquí, evidentemente, se trata de la de Pat Garrett y Billy The Kid.
Mientras que Garrett planea llegar a viejo, para lo que decidirá adaptarse a los tiempos cambiantes, Billy hará lo que ha hecho siempre: lo que le salga de los huevos. Estas dos actitudes les llevarán a que el primero sea contratado para matar al segundo.
Y lo que viene después no se trata de persecuciones con tiros y acción espectacular, sino de resignación, tristeza y melancolía. Todos siguen su cometido aun sabiendo que esto signifique traicionarse a sí mismos o morir. Matan a desgana y mueren sin llanto. Todo esto aparece arropado por una atmósfera sombría y crepuscular, y por un halo poético intensificado por la soberbia música de ese monstruo que es Bob Dylan.
Uno acaba comprendiendo que Pat Garrett ni llegó a viejo ni murió como se nos muestra en la escena que abre la película, sino que ya estaba muerto desde tiempo atrás: se mató a sí mismo o, más bien, lo mató Billy the Kid. Y yo, lo único que puedo hacer ante tal despliegue de maestría, es rendirme ante Peckinpah, el cine y la vida. Obra maestra.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Y no, Virginia, no se me olvida mencionarte. Gracias por darme ganas de ver más del viejo Sam.
GVD 
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| 46 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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mister jones
The Big Smoke (Reino Unido)
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Su valoración:  |
15 de Junio de 2007 |
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...por la triste nostalgia que desprende en cada escena.
...por esa música maravillosa.
...por los personajes, cada uno de ellos buscando su sitio en aquel duro mundo.
...por los diálogos........"Los tiempos podrán estar cambiando, Pat. Pero yo no".
...por su historia.
(Por favor, mirad la versión que se ha editado en DVD recientemente...evitad esas re-re-montajes chapuceros que hechan cada dos por tres en la tele).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: ...
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...Pat Garrett dispara a Billy...
...y al espejo.
El plano del espejo roto con su reflejo indica
que Pat no solo se ha llevado a Billy...
...sino también a una parte de sí mismo.
Y despues...
...tristeza.
Y un niño tirando piedras al verdugo
que se aleja en caballo
del cuerpo del que fué
su amigo.
mister jones 
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| 28 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Harry Lime
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
22 de Mayo de 2006 |
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Fragmento de dialogo de “Pat Garrett y Billy the Kid” que sintetiza de forma magistral, con solo una pregunta y una respuesta, el sentido último de esta nueva obra maestra de Sam Peckinpah, donde su autor lleva más lejos aún que en “Grupo salvaje” sus temas de referencia, la amistad traicionada y el final de un tiempo sin futuro, que ya es el pasado, regido por un estricto código ético-moral como forma de entender y vivir la vida. Film mutilado y remontado hasta desvirtuar su esencia -algo frecuente en el cine del director- ha sido afortunadamente recuperado en la versión definitiva que su autor quiso y no pudo hacer. Un Peckinpah lúcido, consciente de la agonía final de un género condenado a desaparecer como el viejo oeste, sublima un material a priori convencional y rinde un sentido homenaje de admiración a un tiempo pasado en uno de los films más hermosos, nostálgicos y tristes vistos en una pantalla. Western crepuscular, autentico poema visual de inusitada belleza y lirismo, Peckinpah revisita la relación y el último enfrentamiento entre el sheriff Pat Garrett y su antiguo camarada de correrías William Bonney. Historia trágica y fatalista de una amistad que sobrevive más allá de la traición y la muerte, asistimos a la tragedia interna de unos seres desesperanzados atrapados entre el pasado y el futuro, entre un mundo que se acaba y otro nuevo que nace. Caras distintas de una misma moneda, uno escogerá la libertad y la muerte, el otro envejecer pagando un alto precio por ello. Los dos han llegado al final de su camino, uno lo sabe, el otro empezará a intuirlo en el preciso momento en el que siente la necesidad de disparar sobre su propia imagen reflejada en un espejo, en un plano sublime de sobrecogedor lirismo. Con un soberbio y preciso guión lleno de sugerentes metáforas “Pat Garrett y Billy the Kid” se transforma bajo la mirada serena y comprensiva de Peckinpah en un canto de respeto y admiración a un estilo de vida -que también es el suyo- que se fue y que no volverá. Un James Coburn extraordinario y un más que notable Kris Kristofferson magistralmente dirigidos por Peckinpah insuflan un poderoso halito vital, teñido de resonancias de tragedia griega, a unos personajes que alcanzan cotas de gran estatura ética y moral. Inolvidable y melancólica banda sonora de un inspirado Bob Dylan, muy mediocre como actor, que ha pasado con letras de oro a la leyenda y la mítica del cine.
Joya absoluta del cine a redescubrir y reivindicar, de visión obligada en VOS.
Francesc Chico Jaimejuan
Barcelona 23 de mayo de 2006
Harry Lime 
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| 24 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Comenzaré diciendo que película que vi era la versión del director. En pocas ocasiones, son en las que para mí, el montaje del director consigue mejorar la película. No puedo jugar si es este el caso, pues la cinta estrenada en los cines no la he visto.
No es esta película el mejor western de Peckinpah, pero es una cinta impresa con su sello personal y con dosis de mucha calidad y escenas rodadas con un gran sentido visual. Peckinpah crea unos excelentes personajes, bueno, no es que los cree, digamos que rescata y persigue la leyenda del lejano Oeste. Empezando por Pat Garrett interpretado por un enorme James Coburn que a mi juicio se merienda a Kris Kristofferson haciendo de “Billy the kid”.
Peckinpah vuelve a manchar la imagen de violencia desmesurada, de diálogos pulidos y personajes con principios inquebrantables. Es hermoso, pero no consigue mantener la dosis de tensión durante todo el metraje. Ciertos momentos la película decae en espacios muertos y ni la excelente banda sonora consigue solventar esos momentos.
Bob Dylan, no sólo pone la BSO, se estrena en pantalla grande con un personaje extraño y silencioso. No aporta mucho, tampoco desentona.
“Pat Garrett y Billy the kid” necesita algo más de ritmo, pero no dejará indiferente, porque este director jamás lo hace.
Chagolate con churros 
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| 23 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bloomsday
AA-licante (España)
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Su valoración:  |
7 de Febrero de 2009 |
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Me viene a la mente cierto pensador decimonónico lanzando objeciones -busco el término exacto y ahora vengo...- fisiológicas a la música de un compositor. “Fisiológicas”; eso pone en el libro consultado. No mencionó fórmulas estéticas preconcebidas, habló del ritmo y de cómo debe afectar a la sangre.
De alguna forma, creo, al referirnos a esta cinta hemos de tomar esa perspectiva también -quizás siempre, pero hoy toca hablar de Sam Peckinpah-, apartando los comentarios sobre la narrativa abrupta, la ilación de escenas, las acotaciones sobre el oeste y los guiones; y observando atentamente la pretensión de composición musical, una puesta en escena vitalista que busca un impulso creador, un baile eléctrico, crepuscular y folkie, dibujando en lo artístico una vivencia, una sensación. No tanto una historia que contar llevada de la mano.
Alejado del manierismo caricaturesco de Leone, pero desde el recurso también a lo episódico, Peckinpah procede a una especie de deconstrucción de su propia visión del western para así, por partes, dejar que esta historia se cuente sola.
Bloomsday 
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