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El hombre del brazo de oro

Drama Frankie Machine, un hombre con talento musical, sale de la cárcel y, además, consigue dejar la heroína. Su principal problema será encontrar un medio de vida honrado y evitar las drogas y el juego. (FILMAFFINITY)
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Críticas 37
Críticas ordenadas por utilidad
23 de octubre de 2007
3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
- ¿Qué quiere decir cuándo tiembla la mano del que reparte las cartas?.

La pregunta resonó con un tono de "sarcástica inocencia" en la cargada habitación donde Frankie Machine hacía otra vez de Banca en una de las timbas ilegales que solía organizar su viejo socio desde hacía ya años. Por un momento se sintió débil; sudaba, y notó que era un sudor frío el que bajaba por su frente, definitivamente necesitaba aire; así que pidió que le supliesen por un momento, y abandonó la sala.


- Sé lo que te ocurre Frankie... subamos a mi piso, allí te daré de nuevo lo que sé que necesitas...

Así le hablaba una vez en el callejón su viejo camello, constantemente le susurraba algo así cada vez que lo veía desfallecer; él no es ya nada más que otro fantasma de un pasado que parece resistirse a dejarle escapar nunca; otro de los tantos que le hacen flaquear aún ahora que es un hombre rehabilitado.


Frankie sabe que ya no necesita heroína; ha salido de la cárcel hace poco, y además de haber salido "limpio", tiene una nueva ilusión que, con suerte, podrá darle para pagar un médico a su esposa que está postrada en una silla de ruedas. Se siente culpable, pero él ahora sabe muy bien lo que quiere, ya no es como antes; ahora va ser músico de jazz... Por mucho que le persiga su viejo camello, por mucho que su esposa no avale sus esperanzas; aunque por avatares tenga que seguir trabajando temporalmente para gente turbia en el otro lado de la ley.


La única voz que le alienta es la de Molly O, que le dice siempre "tú puedes ser músico; mientras quieras, vas a serlo..."; y él sabe con toda seguridad que va a ser así. Pero sin embargo sigue sudando... y su brazo sigue temblando; ese brazo que dicen que tiene de oro, el brazo que puede abrirle una puerta a la vida sosteniendo unas baquetas o destrozársela agarrando una jeringa.


No tiembles más Frankie, no tiembles más....


Un genial guión para una buena película; la primera que he podido ver de Otto Preminger, un director al que sólo conocía gracias a una reseña que hizo un colega en su día de su película "Anatomía de un Asesinato". Ahora sin duda, pasará a estar en mi lista de "filmografías a seguir".

La única pega seria que le encuentro a esta obra reside en la elección de su actor principal; y es que me da que, con otro actor de más facultades que el señor Sinatra, esta película en vez de quedarse en buena hubiese derivado en una obra sobresaliente. Aún así, son dos horas de cine que nadie debería perderse. Muy recomendable para cualquier cinéfilo.


Un siete y pico* le dejo de nota.


Disfrútenla.


PD: Grandes personajes todos los que desfilan en pantalla, sobre todo el de Rose. Hasta el del pobre diablo Sparrow...

* y lo del pico no iba con segundas...
HEIFER
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9 de diciembre de 2019
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
*Regreso al viejo barrio

En este momento del regreso se pueden atisbar algunas características de la película. Por un lado la esmeradísima dirección artística que emula a la perfección un barrio suburbial, si bien se trata en realidad de los estudios RKO de Hollywood. El ambiente y la iluminación son intensos, proporcionando una agobiante atmósfera no muy lejana al expresionismo alemán. Pronto veremos también cómo cada vez que Frankie trata de encauzar su camino, algo o alguien se interpone para trabarle el paso. Esto hace que El hombre del brazo de oro tenga cierto espíritu también del fatalismo propio del cine negro.

*Malas y buenas compañías

Uno de los obstáculos que tendrá Frankie para su rehabilitación serán algunas personas de su entorno. Una de ellas será su antiguo camello, Louis (Darren McGavin), quien ejercerá sobre Frankie su nada desdeñable poder persuasivo para lucrarse a su costa proporcionándole dosis. Por su parte Schwiefka (Robert Strauss), un siniestro personaje que colecciona actividades ilegales, quiere recuperar a Frankie para que participe en sus partidas clandestinas de cartas; estas timbas, que pueden extenderse durante más de 24 horas, son una auténtica antesala de la droga a causa de su turbio y exasperante ambiente.

Incluso personas que deberían ser desinteresadas con él, como su esposa Zosh (Eleanor Parker), se muestran egoístas y reacios a la nueva vida que Frankie quiere emprender. El propio Frankie, aunque trata de redimirse, tiene un pasado escabroso. Adicciones aparte, dejó a su mujer en silla de ruedas en un accidente de tráfico en el que él conducía borracho. Hay un par de personajes que se muestran leales y comprensivos con Frankie. Uno de ellos es su amigo Sparrow (Arnold Stang), fiel hasta las últimas consecuencias pero demasiado amigo del latrocinio. Pero sin duda el mayor apoyo que tendrá Frankie será Molly (Kim Novak), un antiguo amor que será un baluarte ante los oscuros tiempos que están apunto de avecinarse.

*Un paso al abismo

En El hombre del brazo de oro las cosas, como era de esperar, no salen como Frankie planea. Su situación económica no es boyante, su mujer juega al chantajeo emocional con él, y el ansia de conseguir una dosis más comienza a aumentar. Frankie no lo sabe, pero su mujer en realidad finge su minusvalía y no necesita la silla de ruedas; sencillamente lo finge para atarlo a ella y manejarlo. Además Louis y Schwiefka no paran de rondarlo. ¿Hasta cuándo puede aguantar un hombre? ¿Cómo evadirse de una adicción?

En la película se deja deslizar la idea de que el entorno ejerce una presión incontrolable sobre el individuo, lo que nos deja una tesis próxima al naturalismo francés; que Frankie recaiga es casi un hecho determinista debido a una mezcla invencible de instintos y condiciones sociales. No obstante, Molly jugará un papel decisivo en lo que puede ser la salvación del alma de Frankie; moviéndose en un terreno colindante entre el amor y la amistad, se convierte en una figura beatífica y protectora.

*Un director valiente y unos actores estupendos

El hombre del brazo de oro es una buena muestra del talento de Preminger y de una de sus mejores virtudes: la valentía a la hora de afrontar temas incómodos. El director austriaco se especializó en los años 40 en película de cine negro como «Laura» (1944) o «¿Ángel o Diablo?» (1945). Con el tiempo iría tratando temas tabú como las drogas (en esta película), las cloacas de la política en «Tempestad sobre Washington» (1962), tribulaciones de la jerarquía eclesiástica en «El Cardenal» (1963)… Incluso fue valiente al querer contratar como guionista a Dalton Trumbo, en aquel entonces apestado por la Caza de Brujas, para su película «Éxodo» (1960). En El hombre del brazo de oro opta por un naturalismo desgarrador y poco complaciente, aunque de dirección exquisita. Para muestra los movimiento de cámara por las calles del barrio.

Frank Sinatra, con El hombre del brazo de oro, realiza uno de los papeles más intensos de su carrera. Refleja con una fidelidad admirable la febril desesperación del drogadicto en pleno síndrome de abstinencia. No vamos a ver chutes tan explícitos como en «Trainspotting» (1996), por ejemplo, pero sí miradas febriles, temblores, convulsiones y sudores fríos. Kim Novak, que llegaría a convertirse en una especie de mito erótico de los años 50, hace un papel interesantísimo que tiene elementos amistosos, amorosos e incluso maternales; es la única persona que se arremanga para sacar a Frankie de la drogadicción.

A destacar también el complejo personaje que hace Eleanor Parker como Zosh, la esposa de Frankie. De un lado es una persona manipuladora y posesiva que engaña a su marido con su minusvalía. Sin embargo es alguien que desprende un aroma a soledad y aislamiento tremendos, heredados de la espera a que Frankie saliera de la cárcel. Nos suscita rechazo, pero también compasión.

Conclusión

El hombre del brazo de oro funciona como intenso drama personal y como crónica de la lucha de un hombre contra un nefasto entorno. Las magníficas actuaciones y la inmejorable dirección artística dan a la película un verismo que nos zambulle sin esfuerzo en un lugar de escasas esperanzas. Preminger desafió con éxito a los códigos morales de la época y puso encima de la mesa, bien visible, un problema terrible pero común. Como guinda, tanto la banda sonora, a ritmo de jazz, de Elmer Bernstein como el diseño de los créditos del gran Saul Bass son extraordinarios.

Escrito por Mariano González
Cinemagavia
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22 de enero de 2023
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En la década de los años 50 se cultivó en el cine de Hollywood -y, de forma paralela, en el cine independiente USA-, al calor de los cambios sociales y culturales de la posguerra, y también posiblemente por influencia del cine europeo, una corriente más o menos realista y crítica que venía a ser la respuesta norteamericana al neorrealismo italiano. Esta corriente, que, por no salir del cine coetáneo, puede apreciarse en filmes como "Marty" (1955), de Delbert Mann, o en "Siempre hace buen tiempo" (It's Always Fair Weather, 1955), de Stanley Donen y Gene Kelly, se ejemplifica de una manera ejemplar en esta película de Otto Preminger, que sorprende por su acusada sordidez y por su manera abierta de afrontar un tema tan delicado como la drogadicción, aunque, eso sí, envuelto siempre en unas esperanzadas buenas intenciones que llevan el espinoso asunto al campo, tan "hollywoodiense", de la superación personal.

En realidad, es equivocado ver "El hombre del brazo de oro" sólo como un film sobre las drogas o las adicciones. Es eso, sí, pero es algo más que eso. La adicción, para Frankie Machine (Frank Sinatra en uno de los papeles más arriesgados de su carrera como actor), es el efecto, no la causa. Machine se pincha porque ésa es una de las pocas vías de escape del infierno en el que vive. Y su mundo es un infierno no sólo por el sórdido submundo en el que habita (pobreza, delincuencia, juego, falta de oportunidades laborales) sino también y sobre todo por la culpa que siente por haber dejado inválida a su mujer en un accidente. La droga le hunde aún más en ese infierno de la culpa. Por eso Machine se desintoxica cuando se marcha de ese barrio, lejos de su mujer, y se vuelve a enganchar cuando vuelve al barrio y a su hogar.

En este sentido, el personaje de Eleanor Parker, muy bien interpretado, es terrorífico, porque es absolutamente tóxico: atormenta a Machine desde una posición de falsa víctima, no quiere que Machine cambie, mejore o evolucione, y es, en fin, una auténtica torturadora. Frente a esta mujer desagradable y manipuladora, que vive interpretando un papel, y que hunde al protagonista y a quien se acerca a ella, la película plantea a otra mujer, encarnada por Kim Novak (por cierto, una actriz mucho peor que Eleanor Parker) que, en cambio, apoya a Machine y es un auténtico ángel guardián del atribulado protagonista, ayudándole, por ejemplo, a pasar el síndrome de abstinencia, es decir, a superarse, porque estamos ante una historia de superación de dificultades. Machine es un personaje perdido en un laberinto, laberinto compuesto por muchos elementos en contra (la esposa, la droga, el entorno social, el juego, la falta de voluntad de Machine) y algunos pocos a favor (la amiga interpretada por Novak, o la ilusión por convertirse en un músico).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Pedro Triguero_Lizana
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11 de abril de 2014
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si miramos en el libro de " Las 100 mejores películas de la historia ", es posible que no nos encontremos esta película. Sin embargo, el tiempo la ha convertido en un clásico o debería serlo. Lo que está claro es que es, como mínimo, una buena película.
El argumento y el guión están magníficamente bien escritos y desarrollados, con giros sorprendentes, personajes bien construidos y que tienen conflictos interesantes. Frank Sinatra se desenvuelve convincentemente en este papel y Otto Preminger realiza un ajustado trabajo, pero inteligente.
La fotografía es correcta, como el montaje o la puesta en escena, los decorados son pertinentes y la banda sonora está bien integrada.

Por desgracia, deja una extraña sensación de no haber llegado al nivel que la corresponde.
Gerardo
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5 de enero de 2020
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
1955. Simplemente e incomprensiblemente.

Fue una suerte el por saco que se diera en la Meca del cine a finales del los años 40 y principios de los 50 del siglo pasado con la necesidad de la libertad de creación en el séptimo arte. A partir del estreno en Estados Unidos del filme “El amor” (1948), de Rossellini, y las ampollas levantadas por uno de sus episodios, “El milagro”, las autoridades judiciales decidieron cambiar la ley y flexibilizar lo que podía o no podía aparecer en una pantalla de cine. A años vista, podemos decir que poco a cambiado debido al propio sistema de calificación de las películas, pero infinidad de filmes no habrían visto la luz por su crudo realismo y mordaz crítica social sin esta hecho histórico. Desde “Hombres” (1950), hasta “Johnny Guitar” (1955), pasando por “Rebelde sin causa” (1955) o “La podadora” (1955).

Otto Preminger es de los directores que puede presumir de haber dado un par de saltos históricos rompiendo sendos moldes de género en el mundo del celuloide: uno fue “Anatomía de un asesinato” (1959), el otro, anterior, “El hombre del brazo de oro”, un increíble y durísimo retrato de un yonqui, tan visceral, traumático y horrible que pocas veces se ha podido ver en el cine. Mucho menos hasta ese año. La crudeza de algunas escenas (picándose, la desesperación, la locura, el repetido mono…) son de un realismo catódico. Con una fotografía y un estilo muy similares a la también genial ‘Días sin huella’ y un magistral Frank Sinatra como Freddie, el filme de Preminger puede presumir de unos secundarios de lujo, a los que tan sólo puede desmerecer el papel excesivo e algo histriónico de Eleanor Parker, como mujer paralítica.

Determinante para toda una cultura y una sociedad patriarcal y purista que la única persona digna, sensata, firme sea una prostituta, maravillosamente encarnada por Kim Novak. Quizá es que todos somos un desastre, no hace falta pincharse.
poverello
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