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Críticas de Cinemagavia
Críticas 3.994
Críticas ordenadas por utilidad
7
25 de mayo de 2023
231 de 282 usuarios han encontrado esta crítica útil
*El retorno de Jonathan Glazer

Jonathan Glazer no es un cineasta común. Gran maestro de la técnica y con un gusto particular por personajes heridos, se curtió en el teatro y en el mundo del videoclip antes de estrenar en año 2000 su primer largometraje: Sexy Beast. Cuatro años después, Birth. Y hubo que esperar nueve para su siguiente película: la aplaudida Under The Skin. Desde entonces, llevábamos una década sin noticias de un nuevo lanzamiento en la gran pantalla del director británico... Hasta que se confirmó su presencia en el Festival de Cannes con La zona de interés (The Zone of Interest), adaptación de la novela homónima del recientemente fallecido Martin Amis. Desde que se anunció su nombre, se situó su película como una de las más esperadas de esta edición del Festival. Y su estreno no ha dejado indiferente.

La novela de Martin Amis relata la historia de un oficial nazi en la II GM que se enamora de la mujer del comandante de su campo de concentración. Sin embargo, en la película de Glazer queda muy poco de esto, más allá de situar la acción en el mismo contexto. De hecho, el cineasta británico propone un enfoque muy distinto y particular: limitarnos a contemplar el día a día de la familia del comandante del campo de Auschwitz, Rudolf Höss (Christian Friedel) y su esposa (Sandra Hüller), pero sin salir de la casa y de los dominios que tienen situados en el propio complejo.

*Otra mirada hacia el horror

Resulta curioso que este año se hayan estrenado en el Festival de Cannes dos películas sobre la Segunda Guerra Mundial caracterizadas por la manera tan particular en la que enfocan el conflicto. Y aún más si consideramos que su tratamiento es, grosso modo, el mismo. Si Occupied City de Steve McQueen (de la que hablamos aquí hace unos días) optaba por hablar sobre la situación de Amsterdam durante el conflicto sin utilizar ni una sola imagen o audio de la época, La zona de interés (The Zone of Interest) nos presenta el horror de los campos de concentración sin alejar nunca su mirada de la familia nazi protagonista.

Sólo intuimos el horror a través de lo que se ve de fondo o mediante el ruido. Son, por lo tanto, dos películas unidas por en su apuesta por el fuera de campo. Una decisión formal que, si bien no hace por sí misma mejor a una película, sí que le otorga un rasgo distintivo. “No hay nada que dé más miedo que lo que no podemos ver”, parecen decirnos ambos cineastas británicos.

*Una precisión milimétrica

Jonathan Glazer ha ido puliendo con el paso de los años el apartado técnico de sus películas y La zona de interés (The Zone of Interest) es, hasta el momento, la mayor muestra de su virtuosismo en términos compositivos. La gran parte de los planos de la película, que parecen sacados de un sistema de videovigilancia, son de una precisión milimétrica. Los cambios de plano se suceden a raíz del movimiento de los personajes y mientras tanto la cámara órbita con lentas panorámicas y travellings. La cotidianeidad de la familia está rodada con una perfección casi asfixiante, que contrasta enormemente con lo que hay de fondo.

La casa de los protagonistas, como la de muchos altos cargos del ejército alemán, está ubicada en el mismo Auschwitz. Por lo tanto, en muchos de los planos de la película se perciben por detrás las fábricas y los edificios del complejo. Es la viva representación del contraste, acentuada más si cabe (y ahí es donde es más potente el resultado) a través del sonido.


Los dos primeros planos de la película sintetizan muy bien el modus operandi. Una larguísima pantalla en negro acompañada por una escalofriante melodía de Mica Levi (impecable la dupla que forma con Jonathan Glazer) que es interrumpida por una estampa de la familia nazi disfrutando del día en un río. El horror de lo que es simplemente sugerido, frente a lo vulgar de lo visible. Como decíamos, la película se dedica a repetir este proceso durante su metraje, generando situaciones realmente incómodas y escenas de logrado malestar.

*Un dispositivo medidísimo, pero con grietas

El problema, que lo hay, es que Jonathan Glazer no consigue ser totalmente constante a la hora de generar ese sentimiento. Si bien la desazón persiste, también lo es el tedio al no lograr ir más allá de su premisa. Si en Occupied City hablábamos de un efecto de pesar logrado por la acumulación de metraje, lo cierto es que en La zona de interés (The Zone of Interest), no hay una progresión en la generación de tensión. Hay secuencias cumbre, pero están seguidas por otras donde la nada (en el peor sentido) empieza a ser latente.
Tampoco ayudan algunas decisiones de guion que terminan llevando la acción a otro escenario. Se entiende su propósito argumental, pero también provoca un cierto sentimiento de traición con lo previamente establecido. Porque, si bien desde casi el primer momento sabemos que la acción se sitúa en el marco de la Segunda Guerra Mundial, pierde "gracia" si se abandona el contexto de la rutina familiar y se pasa a uno ejecutivo-militar. Y si bien en el tramo final llega una secuencia muy efectiva por lo rupturista que es en términos espaciales y sobre todo temporales (de nuevo el sonido, aquí en forma de silencio, es clave), la película ya se encuentra un poco mermada. El cierre (de nuevo, Mica Levi), eso sí, es muy potente por invitar de nuevo a la sugestión.

Volvemos a la oscuridad y frente la música-alarido de los créditos finales queda la sensación de haber visto una pieza peculiar, que pone de manifiesto el talento de su director y que nos acerca de una forma especial al horror del Holocausto, pero también una película que no consigue quitarse de encima la sensación de ser, antes de nada, un ejercicio de estilo. Un trabajo admirable en cuanto a dispositivo, pero quizás ineficaz a la hora de generar impacto. En cualquier caso, una obra digna de un director que alegra volver a ver en activo.

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Escrito por Juan Galarza López
Cinemagavia
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8
21 de octubre de 2020
219 de 295 usuarios han encontrado esta crítica útil
*Pfff, ajedrez, muy aburrido

Quizás muchos hayan pensado al ver el tráiler de la ficción o al leer la sinopsis como el nombre del subtítulo que da lugar a este párrafo de la crítica. Es correcto, lo entiendo, no a todos les va a gustar la temática de la serie y el desprestigio que a veces se le realiza a este maravilloso deporte mental tampoco ayuda. Pero antes déjenme decirles que deben de darle una oportunidad a Gambito de dama. Es un viaje de siete episodios increíble, vertiginoso, y muy emocionante.

Sin embargo, he de decir que Gambito de dama no va a nadar en el mundo del ajedrez, todo lo contrario, va a zambullirse y a bucear, quizás demasiado para los meros aficionados de este deporte. Pero no se asusten, la serie no va a dejar a nadie atrás, a pesar de que se citen numerosos maestros ajedrecistas, a la par de numerosos complicados nombres de jugadas, el espectador menos experto va a poder seguir con facilidad el transcurso de la historia. Y, es más, os aseguro que tras finalizar la serie alguno habrá aprendido un par de cosas que desconocía de este deporte, e incluso, le entrará el gusanillo de echar unas partidas.

La serie se siente como un producto serio y profesional que intenta aunar tanto a los que no practican este deporte, como a los que sí. Puedo suponer que los eruditos la van a disfrutar mucho mejor que cualquier espectador normal, ya que se hacen muchas referencias a los profesionales del mundillo, y se hablan mucho de tácticas y jugadas que alguien sin esos conocimientos no puede entender.

*Defensa siciliana en ‘Gambito de dama’

En Gambito de dama la defensa siciliana es una de las aperturas de ajedrez que más se nombran porque nuestra protagonista, Elisabeth, la juega excepcionalmente. Pero ¿por qué la va también a nuestra protagonista?

Pues bien, por regla general, según he leído la defensa siciliana no es para todo el mundo, suelen ser jugadores dispuestos a correr riesgos durante la partida y a ganar con las negras. Hay mucho caos en el tablero porque conlleva posiciones desequilibradas. Por lo tanto, los jugadores muy metódicos que calculan todo perfectamente y son muy posicionados no suelen jugarla. Con esta explicación pretendo resaltar lo bien que define a nuestra protagonista la defensa siciliana.

Elisabeth es alguien con un comportamiento algo irregular, muy lanzada hacia delante, atrevida, sin miedo, y, sobre todo, juega para ganar. Por eso creo que la defensa siciliana define perfectamente su carácter.

*Muy buen apartado técnico

Visualmente Gambito de dama resulta espléndida. Hay un gran trabajo en el diseño de época que consigue brillar a lo largo de toda la ficción. Otra cosa que destaco es el conseguido retrato del diseño artístico de las distintas localizaciones que veremos en la serie. París, México y Rusia lucen maravillosas con su propio diseño de época que capta la esencia y el estilo de cada zona.

Por otro lado, quiero destacar la dirección de Scott Frank y la perfecta fotografía de Steven Meizler. En cada capítulos veremos elegantes movimientos de cámara, tan precisos como si de los movimientos de una partida profesional de ajedrez se tratara. Un muy buen uso de la iluminación que otorga un bello contraste en determinadas escenas, un lujo como muchas veces el uso de la luz habla solo. Por ejemplo, en la escena del sótano, donde el contraste de las luces y las sombras es muy agresivo, se diría que esa oscuridad son los traumas del pasado de la niña, mientras que la luz narra el esperanzador futuro que le espera a nuestra protagonista que va a descubrir su pasión. Asimismo, comentar lo bien centradas y equilibradas que están muchas de las escenas.

Tampoco quiero dejar sin destacar los efectos especiales de la serie. En ningún momento estos tratan de otorgar una espectacularidad innecesaria a la acción. Se acude a ellos en momentos muy determinados y siempre para completar la narración, realmente se siente muy necesario el uso de estos para exteriorizar determinadas cosas. Destaco el gran uso de este recurso sin llegar nunca a ser excesivo, realmente quedé enamorado de esas imágenes visuales del ajedrez en el techo de la habitación.

*Las partidas de ajedrez

Al ser una serie de ajedrez veremos muchas y muchas partidas. Esto supone un verdadero peligro para la ficción, ya que una mala filmación de estas supondría una gran pérdida de ritmo, podrían sentirse demasiado repetitivas y cansar al espectador. Pero Gambito de dama salta estos obstáculos casi sin rozarlos. Cada partida se siente distinta, ágil, y suele innovar en la forma de filmarlas para evitar la sensación de repetición. He de decir que se realizan muy bien las elipsis temporales, tanto en las partidas como en el resto de la historia.

Me ha encantado que algunas veces opte por narrar con un plano/contraplano la partida de ajedrez a través de los rostros y miradas de los personajes. Simplemente con sus expresiones acompañadas del sonido que producen las piezas al chocar con el tablero el espectador es capaz de saber cómo va la partida.

*No todo es ajedrez

El guion de Gambito de dama tiene como elemento principal al ajedrez y los numerosos torneos que se suceden. Pero no solo se limita a eso. Desde el inicio hasta el final se va construyendo un gran personaje, el de Elisabeth. Una construcción que tiene como cimiento los traumas del pasado de la joven, estos golpearan intensamente en la vida de nuestra protagonista quien los exterioriza con la adicción al alcohol y a las pastillas tranquilizantes. Todo el rato parece darse un combate interior en la protagonista por superar sus problemas de adicción, pero no lo hará hasta que supere sus traumas.

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Escrito por Javier Atienza
Cinemagavia
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8
23 de marzo de 2023
210 de 278 usuarios han encontrado esta crítica útil
*John Wick sigue ampliando su universo

Si algo tiene John Wick 4 es que es una película absolutamente espectacular. Ha pasado de ser una franquicia que empezó como una pequeñísima película de acción (tan pequeña que en España no llegó ni a distribuirse) hasta esta cuarta parte que se convierte en una película de acción internacional con mucha localización real, escenas de acción con una cantidad ingente de extras y mucho, pero que mucho, dinero. Si bien es cierto que cuadruplica el presupuesto de la primera sigue sorprendiendo que solo haya costado 90 millones de dólares.

John Wick 4 tiene posiblemente el peor argumento de la saga, simplemente porque continúa desde lo que se planteó en la tercera y nos mete a un nuevo villano para ponerle cara al malo y darle una excusa a Wick para recorrer el mundo matando a gente. Pero lo cierto es que sí que explica un poco mejor ese lore que se han ido inventando sobre la marcha y que iban ampliando en cada entrega. Lo cierto es que si han conseguido algo es contar lo suficiente para que la película tenga sentido pero dejar muchas cosas al aire para recuperar en los spin-off, o al menos eso parece.

En la película John Wick 4 conoceremos más cosas sobre las familias criminales de Japón, la familia de kosovares que adoptó a Wick, los alemanes, los franceses y también sabremos algo más de esas leyes inamovibles a las que se hacía referencia en anteriores entregas.

*Más acción y menos drama en una extensa duración

Decir que John Wick 4 es quedarse corto. Recordemos que la primera parte duraba una hora y cuarenta minutos. Las duraciones de la saga han ido incrementándose hasta llegar a esta cuarta parte que llega a las tres horas de duración. La pregunta es: ¿son necesarias las tres horas para una película de John Wick? La respuesta es clara: no. Ahora bien, la película no se hace larga por su ritmo, se hace larga porque te das cuenta de que tienes hambre, ganas de ir al baño y de que sales muy tarde del cine. Pero tiene un ritmo tan absolutamente endiablado y es tan entretenida que no se hace larga.

Creo que puedo decir sin quedarme corto que de las tres horas que dura John Wick 4, al menos dos son de pura acción. Incluso me llegaría a apostar que pueden ser dos horas y cuarto. El tema es que cuando la estás viendo se disfruta cada instante pero al salir hambriento del cine te das cuenta de que si en cada escena multitudinaria de acción hubieras quitado diez minutos de John matando a masillas de la misma forma veinte veces y hubieras hecho un corte con las muertes más imaginativas seguramente te podrías quedar con una versión de dos horas y media. Tranquilamente. Y creo que eso juega en contra de la película.

¿Recordáis que todo esto empezó con la muerte del perro de John? La película casi que tampoco. Sí, es cierto que se hace mención a la mujer de John y hay una escena dedicada a intentar hacer al personaje más profundo pero tengo que hace la siguiente reflexión. La primera película era una película de acción brutal que tenía un buen drama de fondo. Simple pero efectivo. Pero la saga ha ido perdiendo la parte dramática para centrarse solo en las escenas de acción. Y como más han ido ampliando el lore menos verosímil se ha vuelto. A veces hasta parece una parodia de la propia John Wick.

No es spoiler porque sale en los primeros cinco minutos pero me he dado cuenta de que hemos pasado de un John matando a gente en discotecas en John Wick a uno montado a caballo por el desierto en traje y corbata persiguiendo a gente a caballo en John Wick 4. Hemos pasado de una película de acción que intentaba ser verosímil a un universo que parece sacado de un cómic o un videojuego.

*Viejos y nuevos amigos

Si algo hace grande el universo de John Wick son sus secundarios carismáticos. Puede que esta sea la entrega que se lleva la palma. Obviamente recuperamos a Ian McShane y Lance Reddick de nuestro Continental favorito. También tenemos a Laurence Fishburne, que repite su histriónico personaje.

Pero menudas incorporaciones tenemos en John Wick 4. Para empezar la familia de Japón formada por Hiroyuki Sanada y Rina Sawayama, de los que te quedas con ganas de más. Tenemos un nuevo tipo de sicario (y es el que representa a los amantes de los perros en esta entrega) interpretado por Shamier Anderson, al que quiero ver ya en la película de Ballerina. Y para mí la guinda de pastel de esta película que son Scott Adkins y Donnie Yen. Adkins consigue hacer su propia versión del Pingüino, que no está tan lejos de la de Collin Farrell en The Batman; y que decir de Donnie Yen, que hace de un asesino a sueldo ciego que recuerda mucho a su personaje en Rogue One.

No soy tan fan de el villano interpretado por Bill Skarsgård. Tampoco de su guardaespaldas interpretado por Marko Zaror.

*Conclusión

Chad Stahelski y Keanu Reeves nos han entregado otra gran película de acción con su propia versión del el Pingüino y posiblemente con la mayor cantidad de escenas de acción alucinantes del cine de acción actual. Podemos decir que solo Tom Cruise puede superar a la película John Wick 4. Está claro que hay que agradecerles el enorme trabajo en intentar hacer cine de acción sin efectos especiales, especialmente en los tiempos que corren, y con un presupuesto tan ajustado. El único punto negativo es que parece que no han sabido dónde frenar. El universo de John Wick seguirá expandiendo y esperemos que dure muchos años más.

Escrito por Daniel Buron
Cinemagavia
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7
24 de octubre de 2018
249 de 367 usuarios han encontrado esta crítica útil
Behind the curtain, in the pantomime

¡Menudo festín! Bohemian Rhapsody escala la mesa, arrastra el mantel. Se coloca sobre la inmensa fuente entre las patatas, la manzana asada y la base de miel. El comensal, el crítico, saca su gorda lengua y la pasa alrededor de esos labios tan finos. ¡Qué gloria! Esos diálogos blandos y con pústulas, una delicia. El montaje, rayado por las líneas de las varillas del horno, otro manjar verdoso cortesía del pinche John Ottman (sospechosos habituales) –qué ganas tenía de clavarte estos amarillentos dientes-. Algunos trozos están en su punto y otros todavía supuran.

Las venas, las arterias y los tendones de una de las piernas de Bohemian Rhapsody relampaguean como goma elástica cuando el crítico la arranca. Muerde con sus ojos febriles e ignora los cubiertos mientras llena de baba a Rami Malek y a Bryan Singer. Mi querido Singer, a ti te voy a hacer responsable. Es un director extraordinario, pero cuando el crítico le abre el pecho a la criatura: hay una réplica, un corazón de vaca. Malek, –¡Ay Malek!- solo con leer tu nombre y ver tu fotografía en la carta ya sabía que ibas a poner todo tu empeño. El crítico ensancha sus fauces cuando las puertas del quirófano se abren.

Does anybody know what we are living for?

Sí. ¡Sí! Los diálogos no están a la altura. Sí, a veces el montaje se embarra. ¡Sí, la primera media hora es apresurada y áspera! ¡Y sí, la historia llena de tópicos te va a hacer la boca agua! No solo la historia. ¿Quieres que en una escena triste llueva? ¡Lloverá! ¿Quieres que haya clichés y momentos en los que llevarte la mano a la frente? ¡Los habrá! Te voy a hablar también de lo demás. Del fantástico reparto que te va a sacar los eructos. De la dirección de Singer que puebla la cinta de creatividad –aunque tú, que ya te has atiborrado, no has sabido verlo. Porque tú dirás que esta película debió dirigirla Damien Chazelle- y de brío, pero te daré la razón: Bryan Singer no se ha arrancado el alma, no dona su sangre a la criatura, pero tampoco le hace falta.

Ya lo has dicho; ya lo hemos dicho. Me veo reflejado en tus pupilas densas y veo que yo también soy un monstruo, soy igual que tú, crítico. Pero quiero traicionarte y pienso hacerlo. No te voy a hablar de fotografía, no te voy a hablar de guion ni de todas esas cosas que tanto te interesan. No te voy a dar un número para que te regodees en imbd. Yo tengo otra cosa que darte.

Todavía quieren escapar los pelillos poco masculinos de mis brazos. Vibra mi esternón mientras esos fantasmas ya bajan las escaleras del cine. También me reído. Me he emocionado, ¡yo que reprocho faltas a los diálogos, a la historia y al guion! Y joder, es que no me puedo levantar. No me puedo levantar mientras la voz de Freddy Mercury siga por los altavoces de la sala. Qué puto gusto. Ya sea el crítico, el aficionado o el proyeccionista. No os marchéis y fingid que no sois tan altivos y faltos de gusto.

I’m never giving in / On with the show

Tengo cientos de notas llenas de injurias que se repiten; también halagos. Las tengo porque es una película floja. Aprobada. Del montón, corriente. ¿Y qué hago ahora si no obligo al crítico a decir que me he pasado sonriendo los últimos quince minutos?, ¿y si no reafirmo claramente que me ha hecho reír y llorar? ¡Qué hipócrita es el crítico! ¿Acaso es posible no seguir sonriendo cuando acaba la película y todavía palpas la electricidad de tus nervios? Tengo que cerrar este juego estúpido de censor.

No puedo ir paso por paso analizando a cada miembro del reparto. Ni juzgar a Anthony McCarten por su guion adornado con badenes. Las emociones de Bohemian Rhapsody son más grandes que la calidad de la propia película. Más grandes que la fotografía de Newton Thomas Sigel (Drive) o que la caracterización de los protagonistas, pero no mayores que todos y cada uno de los temas elegidos de Queen –primera y última vez que menciono al grupo, están por encima de la crítica-.

Conclusión

Ve al cine a sentir, a disfrutar. No importa que seas crítico, que quieras devorar la película junto a tu acompañante, eso vendrá después. Mientras estés en la sala: escucha, huele, siente. Lee los detalles que no conocías de la historia, atiende a los acordes ya clavados en tu cerebro. Y sobre todo: canta, tararea, recita junto a una de las mejores bandas sonoras que vas a escuchar en toda tu vida. ¿Qué quieres saber? ¿Si merece la pena ir al cine a escuchar a este maravilloso grupo por los altavoces de la sala? Ve. Mata al crítico; que se atiborre.

Escrito por Daniel Gonzalez Fernández

https://cinemagavia.es/bohemian-rhapsody-critica-bryan-singer-pelicula/
Cinemagavia
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8
22 de diciembre de 2023
174 de 228 usuarios han encontrado esta crítica útil
*No era sencillo tras Una joven prometedora

Tiene que ser muy complicado enfrentarse a tu segundo largometraje tras el éxito de tu debut, pero aquí Emeral Fennell sale más que airosa con Saltburn. Una historia que poco tiene del relato de venganza tan perspicaz y poco tratado que excelentemente personificó la siempre estupenda Carey Mulligan. Es cierto que la directora británica sigue por la senda de la provocación y que no se olvida de añadir a su creación un toque de venganza. Puede que simplemente justicia poética. Aunque aquí el cogollo de la cuestión versa especialmente sobre la clase.

Saltburn es la lujosa finca de una familia de súper ricos. De esos que de tan ricos tienen que pensar en formas de pasar el rato. Felix (Jacob Elordi) es el hijo que estudia en Oxford y que entabla una peculiar amistad con Oliver (Barry Keoghan) un chico de otra clase social que también estudia allí. El caso es que tras contarle Oliver su supuesta penosa vida familiar, el chico guapo y extremadamente rico invitará al pobre y recatado a su mansión. Lugar lleno de lujos y excesos con personajes tan llamativos como el de la madre, Elsbeth (Rosamund Pike), una especie de antigua modelo o influencer.

*Los que muchos quieren y solamente unos pocos tienen

Desde el principio son claras las referencias que Saltburn comparte con otras obras como por ejemplo El talento de Mr. Ripley. Con ese impostor que se cuela entre el brillo y el esplendor de un ecosistema de gente rica y guapa. Queriendo pertenecer de algún modo a un mundo que nota inaccesible. Es cierto que aquí no hay un Jude Law reluciente, pero el aparentemente apocado e introvertido Tom Ripley tiene mucho del Oliver creado por Fennell. Siempre deslumbrado por la popularidad y atractivo de Felix. Dispuesto a utilizarlo casi todo con tal de hacerse un hueco en la pirámide.

Y si para ello hay que utilizar el sexo, aquí la cinta tiene muy claro que a este tipo de círculos se entra con todo o no se entra. Por lo que Olivier se servirá de su cuerpo como un arma para acceder a los lugares más insospechados. Ya que entre este tipo de personajes el exceso parece la norma. O al menos lo que muestra Emeral Fennell (que de esto debe saber por sus orígenes) es una especie de abandono festivo en el que las fiestas, el alcohol y todo tipo de desfases se van sucediendo. Sin ningún tipo de barrera. Ya que el estrato social aquí retratado no tiene más preocupación que la de pasarlo bien. Preocuparse de sus hortensias. Meterse con los caros cuadros que adornan sus paredes interminables. Y si eso, advertir a sus invitados de que se afeiten, aludiendo a la fealdad de las barbas.

*Pero de repente el pobre se destapa

Por eso, cuando los personajes de Saltburn se dan cuenta de que están ante un lobo con piel de cordero ya es demasiado tarde. Porque son incapaces de prevenir nada. Sus vidas les resultan tan ajenas a cualquier tipo de peligro o dificultad que se sienten imbatibles. Nunca piensan que alguien pueda osar arrebatarles el lugar de privilegio que durante siglos han ostentado y por ello viven si alcanzar a sentir preocupación. Pero para su sorpresa los ricos malcriados y despreocupados también pueden tener depredadores dispuestos a ir hasta el final y arremeter con todo.

Ese será el caso de Oliver, que aquí está magníficamente interpretado por Barry Keoghan. El papel que hace este actor es absolutamente inquietante. Te lo crees desde principio a fin. Gracias seguramente a ese físico tan particular que le permite transitar desde la aparente inocencia hasta la enajenación. No desmerece tampoco la interpretación de Jacob Elordi como el guapo y deseado Felix. Es realmente interesante como el guion traza la relación entre ellos dos. Pudiendo ser amor. Teniendo mucho de deseo. De un deseo enfermizo y torturador por encajar y ser visto.

Y como madre una Rosamund Pike divertida y muy distinta a sus roles habituales. En un ejemplo de gran dirección de actores. Todos ellos resultan creíbles y dan el tono. Aunque si por algo destaca la película es por su humor muy negro y su estilo indudable. Se percibe gran preocupación por crear secuencias de belleza innegable. Algo que Saltburn logra plenamente. Teniendo momentos de un disfrute total. Desde los inicios en Oxford hasta ese final inolvidable con un Keoghan en cueros recorriendo cada estancia de la lujosa finca. Es cierto que el guion no tiene la profundidad o los giros de su debut. Más o menos te vas haciendo una idea de lo que va a suceder. Los mayores esfuerzos están puestos en la forma, pero el resultado es tan disfrutable que te vas enganchando sin remedio.

*Conclusión

En resumen, Saltburn es una película muy recomendable sobre una familia de ricos malcriados en la que se cuela un joven extraño. Siempre es tarea dificultosa afrontar una segunda película, más si viene precedida por un éxito como Una joven prometedora, pero aquí Emeral Fennell sale victoriosa. Apostándolo todo a su estilo apabullante y muy atractivo, la película se lee como un retrato sobre la clase. Sobre ese lugar que solamente unos pocos pueden disfrutar. Un retrato sobre la pelea por encajar. Por ser aceptado en un mundo elitista y absurdo. Sobre el deseo que puede tornarse locura. Una estupenda película protagonizada de forma salvajemente fascinante por Barry Keoghan.

Escrito por Laura Tabuyo Acosta
Cinemagavia
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