El glorioso caos de la vida
6,2
1.276
Drama. Romance
Milla, una adolescente gravemente enferma, se enamora de un traficante de poca monta llamado Moses, dando así comienzo a la peor pesadilla que jamás han experimentado sus padres. Sin embargo, a medida que Milla descubre lo que realmente significa el amor, todos aquellos que están a su alrededor aprenden de ella cómo vivir como si realmente cada día fuese el último. Lo que podría haber sido un desastre para la familia Finlay pronto se ... [+]
27 de junio de 2020
27 de junio de 2020
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
La ópera prima de la directora australiana Shannon Murphy conjuga luminosidad y penumbras en una historia que narra cómo una adolescente de 16 años vive su primer amor y termina el colegio mientras padece una enfermedad oncológica.
Por Nicolás Bianchi
Una joven de 16 años, que sufre un cáncer grave, se enamora de un vagabundo drogadicto de 23 años, al que sus padres, un psiquiatra y una pianista que vive pasada de psicofármacos, primero intentan repeler pero luego aceptan como compañía de su hija. Con todos esos elementos en juego la directora australiana Shannon Murphy compone su ópera prima, Babyteeth (2019), que oscila entre el esplendor de la vida, la amenaza de la muerte y el frenesí colorido de las intoxicaciones.
Milla (vibrante interpretación de Eliza Scanlen) es una colegiala que está a punto de tomar el tren con sus compañeras cuando Moses (Toby Wallace) se cruza en su camino. La nariz de Milla comienza a sangrar, lo que ya marca una salud frágil, y Moses, un joven demacrado por la adicción, le ofrece ayuda, se saca su camisa, la limpia y la conforta. En ese momento se produce algo así como un amor desparejo a primera vista. Milla encuentra auxilio, Moses la forma de colmar algunas de sus necesidades ya que luego de actuar de enfermero le pide, cándidamente, si no le podría facilitar algo de dinero.
Por Nicolás Bianchi
Una joven de 16 años, que sufre un cáncer grave, se enamora de un vagabundo drogadicto de 23 años, al que sus padres, un psiquiatra y una pianista que vive pasada de psicofármacos, primero intentan repeler pero luego aceptan como compañía de su hija. Con todos esos elementos en juego la directora australiana Shannon Murphy compone su ópera prima, Babyteeth (2019), que oscila entre el esplendor de la vida, la amenaza de la muerte y el frenesí colorido de las intoxicaciones.
Milla (vibrante interpretación de Eliza Scanlen) es una colegiala que está a punto de tomar el tren con sus compañeras cuando Moses (Toby Wallace) se cruza en su camino. La nariz de Milla comienza a sangrar, lo que ya marca una salud frágil, y Moses, un joven demacrado por la adicción, le ofrece ayuda, se saca su camisa, la limpia y la conforta. En ese momento se produce algo así como un amor desparejo a primera vista. Milla encuentra auxilio, Moses la forma de colmar algunas de sus necesidades ya que luego de actuar de enfermero le pide, cándidamente, si no le podría facilitar algo de dinero.

La película está estructurada en capítulos que se anuncian por medio de un título en la pantalla. La forma en que Shannon los nombra es importante, en distintos momentos señala, por ese medio, lo que se destaca en las escenas que seguirán. Luego del encuentro de la pareja de jóvenes la película presenta a los adultos. Henry (el siempre destacado Ben Mendelsohn) es un psiquiatra centrado y profesional que convive con su mujer Anna (Essie Davis), quien a la vez es su paciente. Ambos son los padres de Milla, y como tales, ven en Moses una amenaza, un riesgo demasiado alto.
La película logra su tono, luego de algunos devaneos iniciales, cuando se presenta el primer capítulo en el que Milla atraviesa un tratamiento de quimoterapia, elemento que pone en perspectiva a toda la narración. La cámara de Shannon logra sus mejores momentos cuando se tranquiliza, cuando deja de intervenir tan marcadamente en la actividad de los personajes. Hay suficientes elementos dispuestos como para que una mirada extra de parte de la dirección pueda agregar algo significativo a escenas que ya de por sí están muy cargadas.
La película logra su tono, luego de algunos devaneos iniciales, cuando se presenta el primer capítulo en el que Milla atraviesa un tratamiento de quimoterapia, elemento que pone en perspectiva a toda la narración. La cámara de Shannon logra sus mejores momentos cuando se tranquiliza, cuando deja de intervenir tan marcadamente en la actividad de los personajes. Hay suficientes elementos dispuestos como para que una mirada extra de parte de la dirección pueda agregar algo significativo a escenas que ya de por sí están muy cargadas.

Dada la enfermedad de Milla, cada personaje encuentra alguna forma de fugarse momentáneamente del presente. Está claro que el reparo de ella es Moses, mientras que su madre toma pastillas que la colocan a un costado de la realidad y su padre experimenta un extraño interés por una de las vecinas del lugar, una mujer embarazada que requiere de su ayuda para algunas tareas domésticas. En Babyteeth sucede mucho al mismo tiempo y el cáncer queda como el esqueleto de fondo que adhiere a la trama, pero el romance o la adicción ocupan en gran parte del film el centro del relato.
En este sentido, no se trata de una película de una adolescente que padece un cáncer, sino que es un film sobre una chica que se enamora por primera vez, sobre personajes que sufren adicciones, sobre ciertas asimetrías en las parejas que no siempre se pueden procesar amablemente y, además, sobre el cáncer en una mujer de corta de edad, que está en el último año del colegio secundario. El color que despliega Shannon en las recorridas nocturnas de los jóvenes, el juego con las luces y cierta mirada poética sobre los pájaros australianos, le dan al film un reflejo de lo que muestra, o sea, una serie de momentos muy particulares y únicos de la vida de Milla, que atraviesa una etapa de descubrimiento y crecimiento mientras a la vez enfrenta a su muerte.
El título de la distribución en español del film es El glorioso caos de la vida, y, aunque suene sumamente aparatoso, es acertado. Sobre todo por la palabra caos. La narración tiene un vértigo por momentos descontrolado porque su personaje principal atraviesa un trance mortal pero a la vez hay una celebración de la vida ya que Milla intenta exprimir intensamente sus días. Babyteeth no es una película perfecta pero muestra habilidad para sostener una historia compleja sin desbarrancar ni caer en una seguidilla de golpes bajos.
En este sentido, no se trata de una película de una adolescente que padece un cáncer, sino que es un film sobre una chica que se enamora por primera vez, sobre personajes que sufren adicciones, sobre ciertas asimetrías en las parejas que no siempre se pueden procesar amablemente y, además, sobre el cáncer en una mujer de corta de edad, que está en el último año del colegio secundario. El color que despliega Shannon en las recorridas nocturnas de los jóvenes, el juego con las luces y cierta mirada poética sobre los pájaros australianos, le dan al film un reflejo de lo que muestra, o sea, una serie de momentos muy particulares y únicos de la vida de Milla, que atraviesa una etapa de descubrimiento y crecimiento mientras a la vez enfrenta a su muerte.
El título de la distribución en español del film es El glorioso caos de la vida, y, aunque suene sumamente aparatoso, es acertado. Sobre todo por la palabra caos. La narración tiene un vértigo por momentos descontrolado porque su personaje principal atraviesa un trance mortal pero a la vez hay una celebración de la vida ya que Milla intenta exprimir intensamente sus días. Babyteeth no es una película perfecta pero muestra habilidad para sostener una historia compleja sin desbarrancar ni caer en una seguidilla de golpes bajos.
3 de julio de 2020
3 de julio de 2020
11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una extraña historia de amor poco convencional es la que nos ofrece esta película australiana dirigida por Shannon Murphy describiéndonos sin ninguna lógica o significado, lo que muchas veces parece totalmente inexplicable en situaciones de la vida cotidiana. Una relación amorosa un tanto incomprensible.
La película sigue a una adolescente de dieciséis años con una enfermedad terminal llamada Milla, que un día esperando al tren conoce a Moses, un traficante de drogas que vive en la calle, inexplicablemente se enamorara de él. Sus padres, Henry y Anna no salen de su asombro cuando se presenta en casa con Moses, provocando muchas situaciones complicadas por ver la clase de persona que es. Pero Milla ve algo en él, que hace que su vida apagada por el cáncer resurja con algo de esperanza.
La joven actriz Eliza Scanlen sabe dotar a su personaje de la fragilidad e inocencia de su juventud, de la que todavía conserva un "diente de leche" (Babyteeth) como indica su título original. Mientras que en el polo opuesto el desagradable adicto Moses que está interpretado por Toby Wallace, ofrece un papel provocador, con algo de encanto infantil.
El padre de Milla es psiquiatra (Ben Meldenshon) y su madre es una pianista que no ha vuelto a tocar una nota desde que su hija enfermo, convirtiéndose en una adicta a las pastillas. Los dos al ver el cambio que ofrece Milla con una alegría por vivir alguna experiencia antes del trágico desenlace, aguantaran el tipo por conformar a su hija.
La película es agridulce provocándote sensaciones encontradas, parece que ya la has visto anteriormente y sabes perfectamente como va a acabar. Pero la curiosa historia del cambio de madurez de la protagonista tiene algo que te llega a conmover con un resultado bastante satisfactorio.
Destino Arrakis.com
La película sigue a una adolescente de dieciséis años con una enfermedad terminal llamada Milla, que un día esperando al tren conoce a Moses, un traficante de drogas que vive en la calle, inexplicablemente se enamorara de él. Sus padres, Henry y Anna no salen de su asombro cuando se presenta en casa con Moses, provocando muchas situaciones complicadas por ver la clase de persona que es. Pero Milla ve algo en él, que hace que su vida apagada por el cáncer resurja con algo de esperanza.
La joven actriz Eliza Scanlen sabe dotar a su personaje de la fragilidad e inocencia de su juventud, de la que todavía conserva un "diente de leche" (Babyteeth) como indica su título original. Mientras que en el polo opuesto el desagradable adicto Moses que está interpretado por Toby Wallace, ofrece un papel provocador, con algo de encanto infantil.
El padre de Milla es psiquiatra (Ben Meldenshon) y su madre es una pianista que no ha vuelto a tocar una nota desde que su hija enfermo, convirtiéndose en una adicta a las pastillas. Los dos al ver el cambio que ofrece Milla con una alegría por vivir alguna experiencia antes del trágico desenlace, aguantaran el tipo por conformar a su hija.
La película es agridulce provocándote sensaciones encontradas, parece que ya la has visto anteriormente y sabes perfectamente como va a acabar. Pero la curiosa historia del cambio de madurez de la protagonista tiene algo que te llega a conmover con un resultado bastante satisfactorio.
Destino Arrakis.com
5 de agosto de 2020
5 de agosto de 2020
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Milla es una adolescente gravemente enferma que se enamora de un joven delincuente llamado Moses, dando así comienzo a la peor pesadilla que jamás han experimentado sus padres. Milla despierta a una nueva vida, una que no sabe si podrá vivir, y quiere hacer de todo. Juntos, hacen todas las locuras de adolescencia que Milla se había perdido por culpa de su enfermedad.
La australiana Shannon Murphy (‘On the Ropes‘) debuta en la pantalla grande con esta comprometida comedia dramática. La historia guionizada por Rita Kalnejais es muy buena, divertidísima pero triste a la vez. Es capaz de sacarte una carcajada cuando tienes lágrimas a punto de caer. La enfermedad es un tema de fondo, no lo principal. El trabajo de Murphy es sobresaliente. Destacan los planos donde Milla mira directamente a la cámara, te hace cómplice y te da mucho en qué pensar.
Todos los personajes principales están muy bien, destacando la propia Milla, por su complejidad. Moses y los padres de Milla también están muy trabajados. Apenas tira de secundarios, que suelen ser planos y cumplen su función.
Además de la historia, el equipo principal es el otro punto fuerte de la película. La joven pareja formada por Eliza Scanlen y Toby Wallace son geniales, se meten en el papel haciéndolo muy creíble. Wallace fue recompensado con el premio Marcello Mastroianni como mejor actor emergente en el Festival Internacional de Cine de Venecia de 2019. Ben Mendelsohn y Essie Davis interpretan a los padres con un resultado espectacular.
La ambientación y la fotografía cumplen sin destacar. En cambio, la banda sonora es muy variada y acertada, para mostrar los diferentes estados de la vida de Milla: cuando baila, cuando toca, cuando sufre,…
‘El glorioso caos de la vida‘ (‘Babyteeth‘ en el original) es una gran película australiana con la que tus emociones irán en una montaña rusa. Sentirás el dolor de la enfermedad y disfrutarás con las locuras de adolescencia de los protagonistas. Imprescindible.
https://concdecultura.com/bcn-film-fest-el-glorioso-caos-de-la-vida-locuras-de-adolescencia/
La australiana Shannon Murphy (‘On the Ropes‘) debuta en la pantalla grande con esta comprometida comedia dramática. La historia guionizada por Rita Kalnejais es muy buena, divertidísima pero triste a la vez. Es capaz de sacarte una carcajada cuando tienes lágrimas a punto de caer. La enfermedad es un tema de fondo, no lo principal. El trabajo de Murphy es sobresaliente. Destacan los planos donde Milla mira directamente a la cámara, te hace cómplice y te da mucho en qué pensar.
Todos los personajes principales están muy bien, destacando la propia Milla, por su complejidad. Moses y los padres de Milla también están muy trabajados. Apenas tira de secundarios, que suelen ser planos y cumplen su función.
Además de la historia, el equipo principal es el otro punto fuerte de la película. La joven pareja formada por Eliza Scanlen y Toby Wallace son geniales, se meten en el papel haciéndolo muy creíble. Wallace fue recompensado con el premio Marcello Mastroianni como mejor actor emergente en el Festival Internacional de Cine de Venecia de 2019. Ben Mendelsohn y Essie Davis interpretan a los padres con un resultado espectacular.
La ambientación y la fotografía cumplen sin destacar. En cambio, la banda sonora es muy variada y acertada, para mostrar los diferentes estados de la vida de Milla: cuando baila, cuando toca, cuando sufre,…
‘El glorioso caos de la vida‘ (‘Babyteeth‘ en el original) es una gran película australiana con la que tus emociones irán en una montaña rusa. Sentirás el dolor de la enfermedad y disfrutarás con las locuras de adolescencia de los protagonistas. Imprescindible.
https://concdecultura.com/bcn-film-fest-el-glorioso-caos-de-la-vida-locuras-de-adolescencia/
3 de julio de 2020
3 de julio de 2020
24 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bueno.
Por dónde empezar.
La guionista pensó que sus experiencias vitales (eso parecen), levemente parcheadas en estructura narrativa, valían para hacer película.
Y podría haber sucedido, si el valor emotivo de la historia no fuera tan penosamente marginal, la supuesta originalidad del experimento un apestoso regurgitado de otros referentes mejores, y hubiera un puñetero personaje comprensible en algún lado de su metraje, que son dos horas pero se sufren como cinco.
Ojo, no digo un personaje "querible" (porque yo, chapado a la antigua, pienso que sin conectar a una persona no tienes guión ni nada que se le parezca), si no que, en un esfuerzo de ver cine modernuqui, pienso en personajes "comprensibles".
Porque parece haber, de un tiempo a esta parte, una absoluta plaga de cine indie pagado de si mismo que se piensa que cuanto más respondones y rebeldes sus protas, más llama la atención, como si fuera un niño chico. Y un papel así te lo defiende y te lo deshuesa un James McAvoy o una Jessica Chastain, no los dos insufribles modelos de pasarela que tenemos aquí.
[¿Qué tal habría ido coger de prota una chica a la que no le quedara bien la calva? ¿O pillar a un chaval difícil de mirar, de dientes torcidos, para el papel de drogadicto, en vez de un Calvin Klein mugriento?
Pensamiento que me viene así a bote pronto, porque pedimos diversidad a películas de millonazos y bazofias como esta tienen el sota-caballo-rey de siempre]
El caso: no hay ni un solo minuto en que el drama de baratillo llegue a ninguna parte, porque la directora, listísima y alternativa ella, elige filmar todo para nunca meternos en el dolor y la pena de una paciente de cáncer terminal, y en su lugar acumula postales de Instagram mil veces vistas, plagiadas y fotocopiadas, documentando un romance adolescente que quiere creerse paradigma de lo super guay y no llega ni a mierda en los zapatos de 'Last Christmas' (por poner un ejemplo así reciente).
OHGUAULACHIQUISEPONEUNAPELUCAAZULCHICLE.
Me da igual.
De verdad.
A estas alturas del partido, me parecería oasis refrescante que una de estas películas "de cáncer" supuestamente sensibles, se atreviera a mostrar una protagonista pasándolo mal, haciendo esfuerzos para todo, sudando como una gorrina y tratando de mantener la dignidad que pueda en una situación así.
Pero no, esta muchacha va divina y peligrosa siempre. Luciendo unas pelucas que ni Beyoncé, entallada en unos ""outfits"" de morirse, la más sensual de la fiesta aunque al principio hagan un amago de pintarla como patito feo que quiere salir de su cáscara.
Eso, y la naturaleza semi-improvisada de una mayoría de escenas, me hacen pensar que directora y guionista no solo no respetan mi discutible inteligencia, sino que encima pretendían colar un cagarro indie a pasear por festivales para ver si sonaba la flauta de la crítica más moderna y alternativa.
Lamentable es poco, y lo diré así de tajante: amo el cine, respeto el cine, pero si estos son los estrenos que nos vienen post-pandemia mientras otras joyas están sentadas en el banquillo, se me puede ir a la mierda el cine.
Luego, los títulos.
Wes Anderson nos tiene ya bien entrenados.
Pone un título curiosón, un marco pulcramente recto, y ya nos tiene enganchados al "qué pasará".
Aquí, sin embargo, la cabeza alcornoque de Shannon Murphy pilla un plano medio estable (te me compras un trípode, que están baratitos, de verdad), calza una sobrada de poema tuitero y se cree que hace cine inteligente.
Enhorabuena si no quieres rajar la pantalla al cuarto o quinto título, porque yo me he quedado con las ganas.
(Inciso: cuando llegas a un punto en que metes un título cada dos-tres minutos, igual te tienes que cortar un poco, o replantearte que tu técnica es una soberana estupidez)
¿Los demás?
Bien, gracias, Ben Mendelsohn y Essie Davis, en el papel de padres sufridos, hacen bueno cada minuto de sus presencias, aunque estén metidos en la más pestilente de las ponzoñas, y si no estuvieran aquejados de diálogos tontainas diría que merece la pena solo por ellos.
Particularmente, me gusta que Mendelsohn elija darlo todo aunque la cámara no vaya con él: son esos cachitos de calidad a los que hay que agarrarse en la más absoluta de las nadas.
Siento como si hubiera escrito mucho sin decir realmente demasiado.
Y bueno, es que la película es así: inconexa, mal rematada, aburridísima, claveteada de rasgos de estilo (como los personajes de ingenio afilado) que llevan años sin usarse bien.
Pero lo que realmente me enfada, me encabrona. me abomina, es el intento de glamourizar el cáncer, la drogadicción, una relación abusiva de mierda con un pringoso que no tiene escrúpulos en mentir o abusar, y la idea de que no importa si eres un padre de mierda, porque a tu hija se le pasa si le haces una fiesta con globos y piñata.
Ala, que la disfrute quien pueda.
Y quien quiera, que le casque unas cuantas estrellitas de esas que puedan poner con tipografía super chuli en el tráiler para cazar a otros.
Por dónde empezar.
La guionista pensó que sus experiencias vitales (eso parecen), levemente parcheadas en estructura narrativa, valían para hacer película.
Y podría haber sucedido, si el valor emotivo de la historia no fuera tan penosamente marginal, la supuesta originalidad del experimento un apestoso regurgitado de otros referentes mejores, y hubiera un puñetero personaje comprensible en algún lado de su metraje, que son dos horas pero se sufren como cinco.
Ojo, no digo un personaje "querible" (porque yo, chapado a la antigua, pienso que sin conectar a una persona no tienes guión ni nada que se le parezca), si no que, en un esfuerzo de ver cine modernuqui, pienso en personajes "comprensibles".
Porque parece haber, de un tiempo a esta parte, una absoluta plaga de cine indie pagado de si mismo que se piensa que cuanto más respondones y rebeldes sus protas, más llama la atención, como si fuera un niño chico. Y un papel así te lo defiende y te lo deshuesa un James McAvoy o una Jessica Chastain, no los dos insufribles modelos de pasarela que tenemos aquí.
[¿Qué tal habría ido coger de prota una chica a la que no le quedara bien la calva? ¿O pillar a un chaval difícil de mirar, de dientes torcidos, para el papel de drogadicto, en vez de un Calvin Klein mugriento?
Pensamiento que me viene así a bote pronto, porque pedimos diversidad a películas de millonazos y bazofias como esta tienen el sota-caballo-rey de siempre]
El caso: no hay ni un solo minuto en que el drama de baratillo llegue a ninguna parte, porque la directora, listísima y alternativa ella, elige filmar todo para nunca meternos en el dolor y la pena de una paciente de cáncer terminal, y en su lugar acumula postales de Instagram mil veces vistas, plagiadas y fotocopiadas, documentando un romance adolescente que quiere creerse paradigma de lo super guay y no llega ni a mierda en los zapatos de 'Last Christmas' (por poner un ejemplo así reciente).
OHGUAULACHIQUISEPONEUNAPELUCAAZULCHICLE.
Me da igual.
De verdad.
A estas alturas del partido, me parecería oasis refrescante que una de estas películas "de cáncer" supuestamente sensibles, se atreviera a mostrar una protagonista pasándolo mal, haciendo esfuerzos para todo, sudando como una gorrina y tratando de mantener la dignidad que pueda en una situación así.
Pero no, esta muchacha va divina y peligrosa siempre. Luciendo unas pelucas que ni Beyoncé, entallada en unos ""outfits"" de morirse, la más sensual de la fiesta aunque al principio hagan un amago de pintarla como patito feo que quiere salir de su cáscara.
Eso, y la naturaleza semi-improvisada de una mayoría de escenas, me hacen pensar que directora y guionista no solo no respetan mi discutible inteligencia, sino que encima pretendían colar un cagarro indie a pasear por festivales para ver si sonaba la flauta de la crítica más moderna y alternativa.
Lamentable es poco, y lo diré así de tajante: amo el cine, respeto el cine, pero si estos son los estrenos que nos vienen post-pandemia mientras otras joyas están sentadas en el banquillo, se me puede ir a la mierda el cine.
Luego, los títulos.
Wes Anderson nos tiene ya bien entrenados.
Pone un título curiosón, un marco pulcramente recto, y ya nos tiene enganchados al "qué pasará".
Aquí, sin embargo, la cabeza alcornoque de Shannon Murphy pilla un plano medio estable (te me compras un trípode, que están baratitos, de verdad), calza una sobrada de poema tuitero y se cree que hace cine inteligente.
Enhorabuena si no quieres rajar la pantalla al cuarto o quinto título, porque yo me he quedado con las ganas.
(Inciso: cuando llegas a un punto en que metes un título cada dos-tres minutos, igual te tienes que cortar un poco, o replantearte que tu técnica es una soberana estupidez)
¿Los demás?
Bien, gracias, Ben Mendelsohn y Essie Davis, en el papel de padres sufridos, hacen bueno cada minuto de sus presencias, aunque estén metidos en la más pestilente de las ponzoñas, y si no estuvieran aquejados de diálogos tontainas diría que merece la pena solo por ellos.
Particularmente, me gusta que Mendelsohn elija darlo todo aunque la cámara no vaya con él: son esos cachitos de calidad a los que hay que agarrarse en la más absoluta de las nadas.
Siento como si hubiera escrito mucho sin decir realmente demasiado.
Y bueno, es que la película es así: inconexa, mal rematada, aburridísima, claveteada de rasgos de estilo (como los personajes de ingenio afilado) que llevan años sin usarse bien.
Pero lo que realmente me enfada, me encabrona. me abomina, es el intento de glamourizar el cáncer, la drogadicción, una relación abusiva de mierda con un pringoso que no tiene escrúpulos en mentir o abusar, y la idea de que no importa si eres un padre de mierda, porque a tu hija se le pasa si le haces una fiesta con globos y piñata.
Ala, que la disfrute quien pueda.
Y quien quiera, que le casque unas cuantas estrellitas de esas que puedan poner con tipografía super chuli en el tráiler para cazar a otros.
9 de febrero de 2022
9 de febrero de 2022
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gran historia, pero creo que mal ejecutada, la trama, el argumento, la historia está bastante bien, tiene todos los ingredientes para enganchar, pero está contada de una manera que llega aburrir, se hace sosa por momentos, muchos de los personajes no llegan a trasmitir todo lo que deberían y creo que podían haberla sacado mucho mayor partido.
Aun con todo lo que os acabo de contar, es una película que merece la pena ver y desde luego creo que no te dejará indiferente.
Aun con todo lo que os acabo de contar, es una película que merece la pena ver y desde luego creo que no te dejará indiferente.
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