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Satiricón (Satyricon)

6,7
2.424
votos
Sinopsis
En la Roma del siglo I después de Cristo, dos estudiantes, Encolpio y Ascilto, discuten sobre a quién corresponde la propiedad del adolescente Gitone. El niño escoge a Ascilto, y sólo un terremoto salva a Encolpio del suicidio. A partir de entonces, Encolpio vivirá una serie de aventuras y desventuras para conocer nuevos amores. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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19 de octubre de 2005
35 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes de nada dar las gracias a Giuseppe Rotunno (dir. de fotografía también del Gatopardo). Él tiene gran parte de culpa de que la imaginación exuberante y la escenografía de Fellini quede plasmada de forma bellísima. Es eso precisamente lo más destacado de la cinta ya que toda la grandilocuente vertiente visual es fastuosa; los peinados, el maquillaje y vestuario, el vivo contraste cromático (con colores muy “pop”) y la iluminación (las calles de la ciudad al principio de la película parecen de una historia de ciencia ficción, con azules metálicos y brumosos, grises y reflejos húmedos en las paredes), los turbulentos cielos, barcos que parecen monstruos marinos acorazados, las sombras en las paredes, el polvo arremolinado alrededor de los actores, la reconstrucción de la ciudad con enormes decorados, y unos exteriores (también artificiales en la mayoría de los casos) que provocan una malsana sensación similar a la visión del sexo que nos ofrece la película y encajan perfectamente con la atmósfera de pesadilla filmada que tiene. Interesantes las reflexiones que he leído sobre el uso del espacio, desecha Fellini el fuera de campo y la elipsis y trata de aprehender todo el espacio con el que cuenta, mostrando los decorados y los detalles en un afán exhaustivo de mostrarlo todo (“ya que lo he construido...”, imagino que pensaría).

La película nos ofrece una visión del libertinaje de la Roma imperial bastante sombría y decadente (el libro de Petronio no es más que una excusa). Está narrada (por decir algo) de forma episódica (pero dispuestos los episodios de forma abrupta, a saltos y sin rigor) y nos cuenta las distintas vicisitudes por las que pasa el protagonista, pero sin un hilo conductor que la haga entretenida y al que se pueda agarrar el espectador, que acaba siendo fagocitado por tanto exceso visual y alegórico, por el ego desmedido de Fellini, por sus sueños, ambiciones estéticas y (más que nunca) caprichos.

Una película para ver en pantalla grande. Desgraciadamente la he visto en TV (pierde gran parte de su encanto) y la nota se resiente por eso.
Bloomsday
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3 de septiembre de 2009
21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Quién sino Fellini era el director más idóneo para adaptar "El Satiricón", una de las obras capitales de la literatura latina? La desbordante imaginación del maestro italiano, su portentosa creatividad, era requisito indispensable para lograr dar aliento y vida, carne, sangre y semen, a los personajes que protagonizan las inolvidables aventuras de la novela de Petronio.

"El Satiricón" es una de las obras más originales de la antiguedad. La primera novela de Occidente y también la precursora de un estilo que mezcla la prosa y el verso. Escrita en buena parte en hexámetro dactílico, esta joya de la literatura universal parodia, no tanto las costumbres de la época imperial (como han escrito recurrentemente la caterva nauseabunda de los moralistas), sino los géneros literarios de la época, obras famosas y autores de fama. La sátira se revela, pues, esencialmente libresca, al estilo de Cervantes y los libros de Caballería. Fellini, corresponsable del guión junto a Bernardino Zapponi, sigue con relativa fidelidad la fragmentada trama de la novela. No hay en "Fellini-Satyricón" una narración coherente, convencional, sino una sucesión de episodios unidos por la presencia de los protagonistas principales, Asciltio y Encolpio. Conviene ya señalar que esta superproducción dinamita las convenciones que fundamentan al peplum. Las ínfulas historicistas del género, la aparente representación de la historia, aquí no tienen cabida. Bien es cierto que la labor de investigación que descubre la mirada atenta es abrumador. Sirvan como ejemplos la canción que canta Gitón, construida sólo con quintos y cuartos pitagóricos o las máscaras mortuorias que representan a los antepasados en la casa de los patricios suicidas. Pero tan lejos está el director de realizar un documental, como de mostrar convencionalmente un retazo del pasado clásico.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
janto
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2 de marzo de 2010
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fellini expresa la pasión, la imaginación y el simbolismo como un adolescente sensible, pero también la dispersión, la incoherencia y la teatralidad de un inmaduro.

La fotografía, los maquillajes, los colores son satirizantes, caricaturescos, sensuales, con una clara tendencia al hermafroditismo, cualidad esta que sobresale en todos los hombres, ya sea en estética como en espíritu.
Muy curiosa y misteriosa la sensación que desprenden gestos obsesivos y estereotipados. Yo no he visto ningún humano natural en toda la película, son esperpentos o procesos mentales expresados en un gesto con un temperamento hierático, como esculturas.
Me recuerda a esa enfermedad del sobrio hieratismo misterioso contagiado de los egipcios a los griegos, y quizás, susceptible a ello Fellini.

Sostiene una consecución de escenas e imágenes a veces promiscua, otras fracturante. Expresa claramente la decadencia romana, pero supera esto mismo para mostrarnos un surrealismo al estilo clásico de sus precedentes. ¿por qué ese descompuesto diálogo, acción y argumento? ¿por qué ese desenvolvimiento frío de la tragedía?

Esa palidez de la mujer embadurnada de blanco, qué bien saca a la mujer diabla locamente erótica y concupiscente. Qué bien saca en los hombres la malicia, la gula, la lujuria en sus amariconadas máscaras de mejillas sonrosadas. Dijo una vez Nietzsche en "Así habló Zaratustra" : <<¡El que conoce camina entre los hombres como entre animales que son!. Mas, para el que conoce, el hombre mismo se llama: el animal que tiene mejillas rojas. ¿Cómo le ha ocurrido eso? ¿No es porque ha tenido que avergonzarse con demasiada frecuencia?>>

Mientras no haya nadie que haya desarrollado este tipo de cine, Fellini será imprescindible, al menos para extraer algunos fotogramas preciosos, extender su misterio griego, gozar a la luz de la antorcha dionisíaca la mujer satírica y sexual, esta cuya perfección alcanza en "el Casanova de Fellini".

No lo he podido comprender bien, a veces me deja anonadado, me estremece, me deja en incertidumbre graciosa. Quizás, haya que escuchar al propio Fellini cuando declaró que "La gente quiere siempre entender, comprender las películas, pero frecuentemente esto no es lo más importante. Mi "Satyricon" ha de ser sentido, no entendido".

Felino adolescente, tienes que vencer aún tu teatralidad para hacerme sentir con tus personajes predilectos.
Ah, maldito perro, lo harías 7 años después con el más enigmatico y satirizante "Casanova".
kundalini
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25 de junio de 2012
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fellini adapta el clásico Satyricon, escrito que se atribuye a Petronio Arbitro en el siglo I D.C. del que sólo se conservan algunos fragmentos. Declaraciones del propio Fellini indican: "La gente quiere siempre entender, comprender las películas, pero frecuentemente esto no es lo más importante. Mi "Satyricon" ha de ser sentido, no entendido".
Con el guionista Bernardino Zapponi, el guión que Fellini confeccionó era discontinuo como la obra de Petronio, pero también era hacer cine con los restos arqueológicos que le inspiraron. Satyricon mezcla vanguardia y clasicismo, se trata de una superproducción que pasó por encima de las convenciones fundadas por el género peplum. La portentosa puesta en escena al estilo del teatro clásico griego se fusiona con contrastes cromáticos, actuaciones delirantes, escenografía y vestuario espectaculares. El director de fotografía Giuseppe Rotunno crea un ambiente enardecido, utiliza la profundidad de campo junto el uso del travelling que propone Fellini o el operador de cámara, para mostrar los espacios de tal manera, que mientras vemos la película es como si nos asomáramos a curiosear, contemplar los extraños rostros de los extravagantes personajes que deambulan por los espacios.
Una serie de espacios en sucesión episódica que parecen independientes, pero son los engarces que unen los bloques cuya relación es por la presencia de algunos de los personajes comunes. La narrativa lógica convencional se disuelve para dar paso a una construcción mental de todo lo que va sucediendo para terminar derivando en sensaciones y emociones. La propuesta es mostrar una época que al profundizar de forma sociológica en costumbres y comportamientos no conocemos mucho, así que todo está construido para que nos sintamos extraños, tal como nos sentiríamos si apareciéramos de súbito en la Roma del Siglo 1. Todos los escenarios están recreados, incluso muchos de los exteriores, la interpretación de los actores y la confección de los vestuarios y otros elementos desconciertan al igual que fascinan. Está película es ciencia ficción del pasado, algo único.

Gran parte de los actores eran desconocidos; algo que ayudaba a construir la recreación de ese universo de elementos extraños. La banda sonora también entra en esos parámetros, es exótica y visceral, hay algunos arreglos creados con sintetizadores que ofrecen una dimensión onírica. El argumento es relativo,se puede seguir la continuidad fragmentada, en conjunto ofrece una experiencia sensitiva. Una gran dirección por parte de Fellini con una mirada crítica en la reconstrucción de una Roma sin más dioses que la voluptuosidad y el dinero, una retrospectiva que puede aplicarse a la actualidad, donde la injusticia y la desmesura de los poderosos. Satyricon es una película única, no hay nada parecido y vale la pena adentrarse en el delirante aunque hipnótico despliegue de artificios.
Orlok (Los Criticonos)
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20 de julio de 2010
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Satiricón cuenta o, mejor dicho, intenta contar, las aventuras de dos jovenes adolescentes perdidos en la Roma más decadente del siglo primero. Comienza la cinta con la disputa entre los dos personajes, Encolpio y Ascilto, por los favores de un joven esclavo efebo llamado Gitón. A partir de este capítulo inicial la película se pierde en una serie de episodios inconexos y fragmentados, sin relación alguna entre ellos en la mayoría de ocasiones. Del mismo modo que la novela de Petronio que sirve de inspiración para esta obra de Fellini se encuentra totalmente troceada, así lo está la película.

El problema de todo esto es que el espectador al final no tiene a qué atenerse. No existe ni un solo hilo argumental sólido que le permita seguir con garantías la película. La disputa homosexual inicial (un comienzo de la película que a mí particularmente me enganchó a la primera) es la excusa inicial para desarrollar el festival inmoral y decadente que predomina durante todo el metraje y que es prácticamente su razón de ser.

Esta naturaleza del filme provoca que haya personajes que no sean ni presentados, que queden inconclusos sus papeles, que las acciones no tengan sentido... Es una lástima porque esta película tiene varios golpes de maestría. Algunos capítulos son excelentes por sí mismos, pero el punto fuerte de la película y la razón principal por la que debe verse es la fotografía y el diseño artístico. Pocas películas hay con una fotografía tan excelente y unos enclaves tan magníficos como esta. El resto de elementos cinematográficos son una expresión particular por y para Fellini, para su propia adoración.

Si Fellini hubiese dotado a la historia de un solo elemento unificador estaríamos hablando de algo realmente grande. La disputa de los dos chicos por el esclavo bien podría haber sido suficiente, pero no fue así. Este error de Fellini es precisamente lo que no he visto todavía hacer a Bergman en sus buenas películas. Bergman no cede ni un solo metro a la hora de expresar lo que desea en sus cintas, le guste al público o no. Pero siempre existe una coherencia interna que da al espectador lo necesario para sentirse satisfecho respecto a sus costumbres narrativas.

Al final Satiricon no consigue mejor representación que aquella con la que es mostrada en la misma película. Pinturas murales sacadas de su sitio, separadas entre sí, sin relación aparente. Llenas de mucha belleza pictórica y con cierto sentido individual pero no total.
asfaloth
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