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Ayer, hoy y mañana

7,0
1.447
votos
Sinopsis
Film que consta de tres episodios protagonizados por Sophia Loren y Marcello Mastroianni. El primero narra la historia de una napolitana que vende cigarrillos de contrabando y que está permanentemente embarazada, pues mientras esté en ese estado no entrará en la cárcel. En el segundo episodio, Loren encarna a la esposa de un millonario. Y en el tercero, vive un intenso romance. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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6 de septiembre de 2008
26 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película simpática, agradable, fácil de ver; pero que no pasa de buena o quizás notable.

Dividida en tres historias (tituladas con nombres de féminas: Adelina, Anna y Mara) va sobre tres tipos de mujeres italianas, y en cada una de ellas Sofía Loren hace de protagonista deslumbradora.

En la 1ª, una madre amenazada por la ley de ir a la cárcel por no haber pagado unas multas, decide quedarse embarazada año tras año, para así esquivar a la justicia.

En la 2ª, una dama millonaria circula por la carretera en un Rolls Roy con un hombre perteneciente a un estatus menor que ella, al que quiere seducir y tirarse una canita al aire.

En la 3ª, una mujer dedicada a vender su espléndido cuerpo a hombres muy bien situados económicamente, pasa por la anécdota de ver como su vecino, un joven seminarista se enamora de ella hasta el grado de entrarle una especie de locura y querer abandonar sus estudios sacerdotales y encoñarse a la bella (¡qué digo locura, mejor decir CORDURA, pues digno y racional es querer abandonar un vía obtusa como la del sacerdocio por abrirse al amor y al arco iris de la existencia terrena). Esta es, de las tres narraciones, la más humorística, la que tiene momentos más provocadores de risa, ironía y relajo, la que comprende un mayor contenido de enjundia filosófica.

¡Tres brindis por Sophia Loren, ella sí que se merecía el oscar, no la película en sí!

Fej Delvahe
Fej Delvahe
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6 de agosto de 2005
22 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dirigida por Vittorio De Sica, la obra se divide en tres episodios, fruto de la colaboración de tres personajes estelares: De Sica, Sophia Loren y Mastroianni.

La primera historia (de 10 años atrás) es la de un matrimonio napolitano que sobrevive gracias al trabajo de la mujer (Adelina), que se dedica a la venta callejera de tabaco de contrabando, mientras el marido (Carmine) se encuentra a gusto en el paro. Una multa debida a la ilegalidad del negocio desencadena una serie de acontecimientos que llevan a la esposa a concebir un hijo cada quince meses, al objeto de evitar la cárcel. Tras el nacimiento del octavo hijo, el marido exhausto por la falta de sueño, no está en condiciones de procrear un nuevo vástago. Después de rechazar las proposiciones del seductor Pasquale, Adelina decide entregarse para cumplir la condena.

El segundo relato está protagonizado por una mujer (Anna) adinerada y caprichosa, residente en Milán, casada con un empresario adicto al trabajo, al dinero y al éxito, que la tiene mimada pero descuidada. Dispone de un nuevo Rolls y de un amante a la medida (Renzo), que la entretiene por dinero. Un accidente de tráfico sirve la ocasión para que Anna, ante la indolencia de Renzo, acepte la ayuda de un automovilista con el que desaparece. Renzo, resignado, sigue su camino en pos de nuevas aventuras.

El tercer relato, situado en Roma, cuenta la historia de una prostituta independiente (Mara). Al ser vista desde la terraza por el nieto de los vecinos, un estudiante de cura, éste decide abandonar su vocación. A petición de la abuela, Mara hace una promesa de castidad durante dos semanas para implorar que el seminarista rectifique, como en realidad sucede. Entretanto llega a su casa el cliente Rusconi, solvente y enamorado de ella. Ante él, Mara hace el célebre número de striptease (elegante, sexy e irónico), que interrumpe poco antes de finalizarlo, al recordar su promesa de castidad temporal.

La triple historia enlaza un hilo argumental que el director trata con cariño, sutileza, ironía y humor de la mejor calidad. Las tres historias son, de hecho, tres versiones de una sola realidad: la fuerza de la mujer latina, práctica y decidida, frente a las ilusiones y fantasías seductoras de los hombres. El director aprovecha la ocasión para presentar Nápoles, Milán y la magnífica plaza Navona, de Roma, vista siempre desde lo alto, con ojos de ángel.
Miquel
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1 de noviembre de 2008
14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras numerosas comedias, Sophia Loren logró su máxima catadura dramática en Dos mujeres. Poco después, también dirigida por De Sica, exhibió un gran dominio de una difícil combinación de farsa y melodrama napolitano en Filomena Marturano, junto a Mastroianni, como tantas veces. Y después llegaron, estos tres episodios, estas tres mujeres: Adelina, Anna y Mara.

Aquí la belleza espectacular de Loren y su enorme talento como actriz se brindan en un triple homenaje creado por hombres que la adoraban. Desde el siempre admirable Vittorio De Sica al último guionista, desfilan personajes del teatro, la literatura y el cine que se entregaron de lleno para formalizar estas tres joyas de alta y ligera comedia, tres arquetipos femeninos que en manos de la Loren rompen todos los esquemas. El propio Mastroianni no duda en servir a su gran amiga como mero partiquino, partenaire sumiso de la diva en los dos primeros episodios, para ponerse a su altura en un brillantísimo ejercicio de comedia de interiores en la última historia.

La música de Trovaioli es espléndida, perfectamente encajada en el ambiente de cada historia. Y, además, el maestro se da el lujo de componer un personaje junto a la divina Sophia en el segundo episodio. La realización, el ritmo, la perfecta síntesis dramática de la comedia bufa y el punto irónico popular... todo logrado con la trascendencia de la sonrisa que a veces se borra momentáneamente o se queda para siempre.

No se la pierdan: pasen y vean a tres chicas de postín que dominan el mundo con su habilidad, su belleza y su capacidad de entrega para cualquier misión en la que crean. Y su maestro De Sica une las historias con amplias, generosas panorámicas sobre los tejados de las diversas ciudades: el alma del pueblo está presente con su candor y su sencillez, su manera de sobrevivir a todos los embates del destino. Y todo, diáfano, divertido y a la vez profundo en el marco inigualable de una aparente comedia ligera.
horacio
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11 de junio de 2007
14 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Simpática comedia donde el lucimiento de Sophia Loren se encuentra muy por encima del resultado final de la película, con un humor demasiado ingenuo que no ha aguantado el paso del tiempo. Una comedia que no ha envejecido bien pero donde sigue siendo más que agradable el ver a su pareja protagonista. El a veces maestro de Sica nos ha enseñado mejores cartas. El mejor episodio de los tres, el último.
enyel
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1 de octubre de 2009
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
La mujer y el hombre (latinos e italianos, en este caso) observados bajo la mirada de tres distintos prismas, que producen variaciones en la personalidad de ella y -más bien pocas- en la de él. De cómo diferentes mujeres llevan a su terreno al macho o lo sacan de él cuando les place. El sexo como pilar central del imperio de la dominación, de la domesticación del ser masculino por parte de la fémina. Sexo encarnado, nunca mejor dicho, por el bello, generoso y exuberante chasis de la Loren; un cuerpo invitador e incitador al disfrute, a la inmersión incondicional en el goce corporal, al intercambio de favores cárnicos.

Como he apuntado al principio, parece como si importara menos la condición personal del hombre en las tres historias, pues el personaje tiene en ellas el nexo común de querer lograr la fogosa fusión de su cuerpo con el de la Venus de turno. En cambio, dicha Venus posee como medio poderoso la debilidad, el apetito del macho, por el manjar sicalíptico. En divertida forma se nos ilustra con: Una mujer que hace de embarazos continuos e ininterrumpidos su inmunidad frente a la cárcel; otra de vida insatisfecha y ávida de aventura; por último (en la más lograda historia), vemos como una hetaira autónoma con piso, con la pura y simple abstinencia sexual mediante, puede hacer que un mozuelo vecino y seminarista recapacite sobre sus intenciones de dejar todo, y que un ardiente cliente se quede, el pobre, compuesto y sin cana al aire.

En conclusión, los hombres tenemos el sexo como un fin. Ergo: Las mujeres lo tienen como un medio: Nuestro fin es su medio. Por lo demás, bienvenidos al mundo de Sophia Loren, esta "mamma italiana" capaz de encender pasiones en el espectador. Esto último, empíricamente comprobado con un servidor como cobaya.

P.D.: Impagables los aullidos que pega Marcello Mastroianni durante el célebre y celebrado striptease de ella.
Joan
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