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Eden: Lost in music

6,2
1.288
votos
Sinopsis
En la década de los 90, la música electrónica se desarrolla a gran velocidad. En la excitante vida nocturna parisina, el joven Paul da sus primeros pasos como DJ. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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21 de septiembre de 2015
15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Años noventa. El mundo de la música – y sus múltiples soportes y modas – evoluciona a velocidad de vértigo. Y tener talento no basta o no es lo determinante. Y entre los músicos y sus consumidores va construyéndose un nuevo perfil mediático, el pinchadiscos o DJ, que añade su creatividad, su ingenio y su personalidad a ese mundo etéreo e inasible de los sonidos, al mundo de la noche y sus ramificaciones. Quizás ha llegado el momento de mirar atrás sin ira y ofrecer un retablo desapasionado de lo que fueron aquellos años y de algunos de los protagonistas (que no estrellas) de aquellas convulsas sesiones, que basculan entre el paraíso y el infierno, entre la gloria y la condena, entre el éxtasis y la adicción.

Pero la intención y la atención fluctúan sin demasiado equilibrio ni concierto. Podríamos estar ante un relato generacional, pero los años se suceden en cascada, sin nada que señale ni la evolución ni el estancamiento de sus protagonistas. Como si hubieras tenido que haber estado allí para captar los matices y sintonizar con los mensajes que sin lugar a duda se lanzan, pero que se quedan sepultados tras una narración voluble, sin cadencia, sin compás, sin consonancia ni resonancia. Hay demasiado huecos, tiempos muertos, silencios y sobrentendidos que dificultan el visionado y te trasladan a un mundo del cual no te hace partícipe, ni te da sus claves. Es como si todo lo relevante ocurriera fuera de campo y tuvieras que imaginarte lo que no hay, lo que no ves, lo que no entiendes.

El interés estriba en que la mirada clínica, fría, casi quirúrgica de la directora ofrece un sinfín de situaciones que por su mera acumulación acaban configurando un tapiz sonoro sobre el que resalta todo lo que nos hurta a la mirada y oculta a la narración. El rompecabezas laborioso va configurándose escena a escena, que en sí mismas carecen de mordiente o de peso o de interés, pero la suma tenaz de los episodios arrítmicos nos va ofreciendo un mosaico de lo que pudo ser y no fue, de lo que hubo. Vacío y vacuidad. Y queda un regusto áspero a descalabro, a esterilidad, a acorde inconcluso, a pozo sin fondo. La sima del naufragio tiene olor a azufre infernal pero sin la teatralidad ni el histrionismo del melodrama.

Quizás demasiado larga e irregular, demasiado glacial e impasible, propensa a insuflar abulia en vez de energía, deja insatisfecho y con la sensación de que para semejante viaje no hacía falta tanto trasiego infecundo.
antonalva
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21 de noviembre de 2014
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hansen-Løve, una de las voces más creativas e interesantes de la actualidad, ha diseñado su cuarta película a modo de homenaje a su hermano, un músico que vivió un periplo similar a la evolución que sufre el protagonista de 'Eden'. Con todo, la cinta supera sus referencias personales, culturales y musicales, y se impone como una descripción mayor: el retrato de toda una generación de 'peterpanes' que se niegan a crecer, que viven el presente sin pensar en el mañana... hasta que el paso del tiempo da un vuelco a todo.

Junto a todo lo dicho, Hansen-Løve hace gala de su repetido amor por los procesos creativos y artísticos: basta comparar 'Eden' y su febril descripción de la pasión por la música y los tejemanejes de la industria musical con el peso que tiene el cine en el protagonista de 'El padre de mis hijos' para darse cuenta que estamos ante dos films con bases idénticas, aunque en un principio pueda parecer que 'Eden', precisamente por remitir a una órbita juvenil, es mucho más intrascendente. Al fin y al cabo, los mejores directores son los que demuestran una gran capacidad de adaptación a distintos ambientes y personajes, siempre sin traicionar sus señas personales: eso es precisamente lo que define la escueta pero prometedora trayectoria de Hansen-Løve, y ese es además el detalle que hace de 'Eden' una película tan especial.

Hansen-Løve no es la primera ni la última que habla de los estragos del tiempo, pero la expresión de ese tiempo resulta muy singular. Su mensaje es crudo, nada rompedor, bastante obvio incluso, pero sorprende por su envoltorio. Formalmente, Hansen-Løve consigue que su película resulte chispeante, tan hipnótica como una noche en una sala de fiesta. El espectador se imbuye tanto del ambiente desfasado y nocturno que dibuja la película en sus espléndidos planos secuencia que a mitad del trayecto, cuando la película da un bofetón con la mano plana a su protagonista, cuando la narrativa pasa de la borrachera a la resaca, el quiebro resulta doloroso.

'Eden', en último término, habla de algo muy complejo: de cómo nuestras pasiones pueden paradójicamente eclipsar nuestras vidas, destruirlas, vampirizarnos; de cómo la búsqueda del edén utópico del título, de un hedonismo imposible, acaba por desvirtuar nuestro camino y distanciarnos de nuestra esencia. En resumen, una película aparentemente pequeña, pero rodada con estilo y sensibilidad. Hasta la fecha, la mejor película de Hansen-Løve.

@Xavicinoscar, Cinoscar & Rarities
Xavier Vidal
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6 de mayo de 2015
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Eden a ratos roza la sublime y en ocasiones –las más- se convierte en tangencial a lo mediocre. Es la aguja que recorre los surcos de ese maxi fulero que su protagonista pincharía en cualquiera de las fiestas de su ruinoso club que resulta sonar a algo que no es un doce pulgadas de Roulé Music. El sello de Thomas Bangalter, el listo y válido de los Daft Punk, no aparece a través de sus sonidos en ninguna ocasión durante todo el metraje, y eso es de llevarse las manos a la cabeza. No por fetichismo mío ni por afán de conferir cierta verosimilitud a lo narrado –que en cierta manera es deseable en la medida que Eden recoge las vivencias del hermano de la directora, Mia Hansen-Love, e intenta enmarcarlas en su contexto temporal y geográfico, la Francia noventas que viese nacer, despuntar y exportar el french touch, subgénero house -, sino por ver dónde apuntan las intenciones de su responsable. Esas reflexiones sobre lo cíclico del tiempo –evidenciadas con la repetición de pautas de costumbres en las novias del protagonista-, ese querer invocar una suerte de eterno retorno con leves variaciones en sus patrones tanto para modas musicales como vivencias humanas, se podría haber expuesto de forma bien simple y congruente con lo acontecido en Francia soltando los dos maxis de Roulé que se fundamentan en la repetición ad infinitum de un loop con leves matices de inicio a fin, el So Much Love To Give de Together y el Together de idéntica formación. Thomas Bangalter parece haber dedicado gran parte de su labor en la ingeriería del baile a demostrar que pequeños miniciclos forman un todo condenado a repetirse, que inicio y final están más próximos que separados, algo que luego enunciaría con el One More Time de Daft Punk en modo autoconsciencia –que sí que suena en el film- y que con Get Lucky ya remacharía, pues allí enuncia un ”all ends with beginnings” del todo inequívoco mientras construye música del siglo XXI usando la de 4 décadas atrás. Y que todo esto del tiempo también lo enuncia mejor que Mia Hansen un fragmento del Finally de Kings Of Tomorrow que ella deja sonar sabiamente, ”times marches on never ending”.

En cierta manera similar a la enorme 24 Hour Party People de Michael Winterbottom (en cuanto a usar para narrar a alguien que no fue el gran protagonista en un momento y escena musical relevantes pero que sí que estuvo allí desde el principio, durante y en la caída), los paralelismos no son pocos entre ambas, si bien esto se debe a que cada boom sociológico musical a partir de mil novecientos cincuenta presenta respecto a cualquier otro comprendido entre dicho periodo y hoy día una infinitud de similitudes, o mejor dicho, unos elementos diferenciadores que tienden a cero. Pero mientras Michael reflexionaba sobre la construcción de las leyendas y los mitos usando la cultura pop reciente británica, Mia Hansen aporta cero, a lo sumo un chiste chusco y arquetípico de puro manido (que si es de forma autoconsciente para ir en línea con eso del tiempo entonces chapó), el que se da cuando la vieja se cruza con Paul llegando por la mañana y le reprende por joven sin saber que es viejo –vueltecita de tuerca fulera ahí- y el momento gente hablando del Showgirls de Verhoeven, casi más un desencadenante de guiños y codazos al cuadrado que un ubicar de forma inteligente la trama en un contexto temporal dado, porque si esto lo haces a lo ella, es decir, tras haber puesto el típico intertítulo de rigor ubicando el año de la acción, un poco patán sí que eres. Lo mismo con el pizarrín y los subrayadores, modo mierder de mentar a Marker insinuando que vas a cascarte una reflexión de las suyas y luego el resultado es este.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Jark Prongo
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22 de septiembre de 2015
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Son los años 90. La música evoluciona a pasos agigantados y con ello, jóvenes que un día sueñan en triunfar dentro de la tendencia que impera en ese momento. Estoy hablando de la música electrónica – del French House-, de esa que inspiró a tanta gente e hizo que surgieran los primeros maestros de ceremonias en las discotecas. Y es en este contexto es donde Mia sitúa a su protagonista, basado en la vida de su propio hermano, Paul, un joven que quiere ser DJ.

La película adopta un relato episódico, con títulos en cada una de las partes, para contarnos cómo va evolucionando la vida de Paul. Así , comienza en los años 90, cuando era un joven aspirante y tenía un gran futuro por delante, y termina en el 2013 con muchas experiencias vividas.

Mia no quiere que nada sea artificial. Nos muestra todo para que no falte nada. Vamos a presenciar todas las etapas por las que pasa Paul. Desde que empieza creando música en su casa hasta pinchando en macrodiscotecas en el centro de Nueva York.

Es una película que trata sobre el ascenso y la decadencia. Cuando todo parece conseguido, un simple hecho puede derrumbar todo lo que has hecho. Y es que al igual que los humanos evolucionamos, la música también sufre este proceso. Un artista siempre ostenta en sus manos una bomba de relojería, que no es otra que la moda. Debe ir modificando su estilo en función de lo que quiera el público imperante.

Eso es lo que le ocurre a Paul una vez entrado en el siglo XXI, que se niega a cambiar. Tanto artísticamente como psicológicamente (y físicamente). De joven te gusta experimentar – tal vez por ello se metiera en el mundo de la música electrónica-, probar cosas nuevas, encontrarse en lugares distintos, con otro ambiente; pero eso no puede durar toda la vida. Paul comete el error de no querer madurar, de romper relaciones y cambiar de mujer cada poco tiempo, de estar consumiendo droga interrumpidamente durante veinte años, de solo querer perseguir sus sueños sin preocuparse de la realidad , y por ende tirar su formación académica, de querer seguir viviendo en pisos de una sola habitación, de depender de su familia. No es casualidad que lo único que vemos evolucionar en la película sean las cosas materiales. Al fin y al cabo, Paul se sigue comportando como un adolescente.

Tal vez el problema de la película está en ese trato tan realista que se le da. Intenta ser un relato generacional de que aquellos jóvenes que vivieron en los 90, pero siempre desde una perspectiva objetiva y alejada. Mia se excede en mostrarnos todo de la vida de Paul pero se le olvida darle el mismo trato al contexto donde se sitúa el joven; no hay ni siquiera ecos de nostalgia.Lo que no falta son los silencios, los tiempos muertos y los momentos reiterativos que impiden que la película coja garra. Más de dos horas de duración que pueden ser largas.

https://cinedeautorblog.wordpress.com/2015/09/22/eden/
cinedeautor
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7 de octubre de 2015
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Voy a ver esta peli animado por las buenas críticas. El comienzo es prometedor, unos jóvenes acuden a una rave semi clandestina. Empiezan a pasar minutos de metraje: un joven quiere ser DJ. Escenas de disco y música house. Saludos a los colegas. Se meten porros y coca. Tiene una novia más bien sosa. Pasan más minutos de metraje. Un joven quiere ser DJ. Escenas de disco y música house. Saludos a los colegas. Se meten porros y coca. Tiene otra novia más bien sosa. Pasan más minutos de metraje. Un joven quiere ser DJ. Escenas de disco y música house. Saludos a los colegas. Se meten porros y coca. Tiene otra novia más bien sosa. Pasan más minutos de metraje. Un joven quiere ser DJ… Miro el reloj. Vamos por el minuto 56. Bostezo.

Os podéis ahorrar el resto… y toda la película.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
clapton
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